sábado, 14 de mayo de 2011

Mi hanno lasciato il tuo maglione verde (Me dejaron tu pulover verde)*



Mi hanno lasciato il tuo maglione verde

quando te ne sei andata.



Quell'estate si è portata via

il cielo tiepido che con le sue notti

ci riparava dal mondo intero nel nostro letto



Quanta gioia conosceva il mio desiderio

nel tuo sorriso

nei palmi delle tue mani

nei tuoi soffici capelli che percorrevano con delicatezza

tutto il mio corpo.



Mi hanno lasciato il tuo maglione verde

quando te ne sei andata



Lasciandomi il tuo aroma

che migliaia di volte,nel sentirlo,mi faceva quasi svenire

evocando il tuo sguardo

rimpiangendo la tua nudità

la trasparenza delle tue labbra

e quelle parole che il tempo non potrà cancellare.



Perchè né l'odio

né la tirannia della morte

sono riusciti ad allontanare il mio amore

nemmeno le mie carni dolenti cedettero all'intento

che mi venisse rubato il tuo ricordo



Mi hanno lasciato il tuo maglione verde

quando te ne sei andata

Ma non sono riusciti a portarti via

perchè starai con me

per sempre.


Miguel Angel de Boer


A Maria Haydée Rabunal,studentessa in medicina di Cordoba,amata sposa e compagna.
 
(*) Traducción de Marcela Filippi - Roma, Mayo 2011 - Gracias querida Marcela!!
  Foto: Mary y Miguel, año 72´ o 73´ aproximadamente

ME DEJARON TU PULOVER VERDE

Me dejaron tu pulóver verde

cuando te fuiste



Llevándose el verano aquel

el del cielo tibio que con sus noches

nos guarecía del mundo entero en nuestro lecho



Cuánta dicha encontraba entonces mi anhelo

En tu sonrisa

En las palmas de tus manos

En tus suaves cabellos recorriendo con ternura

todo mi cuerpo



Me dejaron tu pulóver verde

cuando te fuiste



Dejándome tu aroma

que mil veces olí desfalleciente

evocando tu mirada

añorando tu desnudez

la tersura de tus labios

y esas palabras que no podrá borrar el tiempo



Porque no pudo el odio

ni la avasallante muerte

desterrar mi amor

ni mi carne dolida cedió al intento

de que me robaran tu recuerdo



Me dejaron tu pulóver verde

cuando te fuiste

Pero no pudieron llevarte

porque estarás conmigo

para siempre.


Miguel Angel de Boer

A María Haydée Rabuñal, estudiante de Medicina, cordobesa, querida esposa y compañera.



jueves, 12 de mayo de 2011

Descuido

Me ocurrió el viernes, unos minutos después de las 10 de la mañana, antes de prepararme para ir al hospital. Como todos los días, me levanté temprano, estuve leyendo los diarios on line, bajando material, estudiando un poco. Ya me había duchado y desayunado. Aún no me había vestido. Con la ropa de salir quiero decir. Estaba con: camiseta, pantalón de pijama, medias y las pantuflas que uso en invierno. Como la noche estuvo ventosa y por la mañana temprano también, decidí pasar el escobillón para sacar el polvo acumulado en la puerta de entrada a casa. O de salida. O sea la principal, la que da hacia la calle, pequeño jardín de por medio. Se trata de una puerta metálica, muy maciza, con una también muy maciza cerradura, de esas que de afuera solo se pueden abrir con la llave. Cuestión que empecé a pasar el escobillón y a sacar la tierra hacia fuera. Pero como aún había algo de viento, el mismo la volvía es esparcir hacia adentro. Decidí entonces no sólo sacarla sino también esparcirla un poco más hacia afuera. Es decir a la pequeña parcela de césped que tengo a modo de jardincito. Entusiasmado barrí con rapidez y fuerza, para arrojarla lo más lejos posible. Fue entonces que - aún ignoro si fui lo hice en un descuido o pasó por algún golpe de aire - se cerró la puerta. Estando yo afuera, claro. Sin llave, claro. Sin nada con que abrir la puerta, claro. Sin celular. Sin nada mas que el escobillón en la mano y medio en pelotas. Con unos 12 grados de temperatura, o menos, viendo a la gente y los vehículos pasando por enfrente tratando de invisibilizarme. En una millonésima de segundo creo me dí cuenta de todo. En otra millonésima de segundo sentí primero un pequeño vahído. Un amague de desvanecimiento. Simultáneamente un deseo angustioso de llorar desconsoladamente. El mismo que no solo sentía sino que daba rienda suelta con todos mis pulmones cuando era chico, en cualquier situación que me superaba, sabiendo que de inmediato acudirían en mi auxilio y protección. Pero como ya soy un tipo grande no lo hago más porque me da mucha vergüenza. Fue entonce que, tratando de evitar la hiperventilación que, lo sé, anuncia un ataque de pánico, me dije que lo mejor era tratar de ver como lo resolvía. Por empezar no tenía sentido romper un vidrio pues casi todos son grandes ventanales y me parecía una solución muy reactiva. Y posiblemente costosa. Veamos me dije. La única persona que tiene una copia, está trabajando a más o menos dos mil kilómetros de distancia. No tengo su número de teléfono y si lo tuviera tendría que conseguir de donde llamar. Lo mismo para ubicar a un cerrajero. Bueno. Bien. Muy inteligente el planteo. Ahora, me dije, desde cual teléfono vas a llamar, señor inteligentón. Bueno, hay varias opciones, continué mi reflexión. En lo del vecino. En el centro odontológico o en la AFIP que están a cada lado de casa. En cualquier negocio de los que están enfrente, cruzando la vereda. Veamos. Lo del vecino es una buena opción. No tengo que exponerme tanto. A lo sumo me verán los que pasan por casualidad. Dicho y hecho. Salí, tratando de caminar como si estuviera normalmente vestido y toqué el timbre. Nadie respondió. Volvía a tocar. Nada. No están, concluí sagazmente. Bueno. A ver. Si voy al centro odontológico casi seguro que tengo que bancarme que me vean no sólo los que atiende, sino los pacientes que están esperando. Descartado. En la AFIP, una repartición pública, que aparezca su vecino psiquiatra, escritor, etc, en pijama, pantuflas, camiseta, diciendo que quedó afuera por descuido, puede motivar esas carcajadas como sólo suelen emitir los empleados públicos. Es decir, voy a convertirme en un hazmerreír de por vida, pensé. Paso. Me queda cruzar la calle e ir alguno de los negocios de enfrente. Si. Otra no hay. Bueno, si. Desaparecer o morirme de un síncope. Pero no. Vamos todavía. Con la misma decisión con la que debe actuar alguien que se tira por primera vez en paracaídas luego de un curso veloz, me ajusté el piyama y me dirigí a un negocio de artículos de belleza que está casi enfrente, en donde alguna vez compré algún jabón o alguna otra cosa. Había tres jóvenes empleadas. Creo que si hubiera entrado Bin Laden, no se hubieran impactado tanto. Yo, con la mayor naturaleza que puede tener un ser viviente les comenté, así como al pasar, lo que me estaba sucediendo. Adelantándome a cualquier inferencia, hipótesis o conclusión sobre mi persona, les fui describiendo mi atuendo, explicando porque no me había alcanzado a vestir, mientras ellas miraban ora mis pantuflas, ora mi camiseta, tratando, supongo de discernir, de organizar en su mente, dentro de sus posibilidades, lo que estaban presenciando y escuchando. Cuestión que luego de enterarme que no sabían de ningún cerrajero, de que al intentar entrar en Internet se percataron de que estaban sin conexión, y de que tampoco tenían una guía telefónica, les solicité con total naturalidad - volviendo a superar mi inminente crisis de llanto infantil que quería asomar- que por favor fueran a buscar una guía en algunos de los negocios próximos. Mientras una de ellas lo hizo, las otras siguieron acomodando mercadería, mientra yo interiormente rogaba que no entrara ningún cliente, que en general suelen ser clientas. Ya con la guía en mano llamé al cerrajero y luego de agradecer, también con absoluta naturalidad, a las amables y perplejas damas, crucé nuevamente a casa a la espera de mi salvador. También lo llame a Gaby, el secretario del hospital, avisándole que no iba a poder ir al servicio contándole lo que me estaba pasando. Casi me destroza el oído con la carcajada que largó y supongo que, a esta altura, todo el hospital debe estar enterado de lo que me pasó. Pacientes incluidos. Sigo. Como mencioné estaba muy frío, pero por suerte en ese momento asomó el sol durante unos minutos, lo que me evitó congelarme mientras aguardaba. Obviamente los minutos me parecían horas, por no decir meses. Acompañado de fantasías y dudas como “vaya a saber si viene”, “habrá anotado bien la dirección” y cosas por el estilo, referidas al cerrajero. Pero cuestión que llegó. Mi primera intención fue saltar y abrazarlo llorando de alegría. Ya, en ese momento, estar medio en pelotas no me significaba ningún tipo de incomodidad. Cosa que no fue lo mismo para el cerrajero. De lo que me dí cuenta cuando por la forma en que me miró. Pero no sé que cara habré puesto porque me saludó y comenzó hablar como si yo estuviera vestido de traje y corbata. Tal su indiferencia a mi precaria, por no decir ridícula, caricaturesca, presentación. Ahí nomás se puso a trabajar y yo pensé: salvado. Error. Transcurrían los minutos, para mí horas, y no lograba abrir la puerta. Yo lo veía metiendo alambres, destornilladores y distintos implementos, de esos que parecen tan simples pero que solo saben usar los que saben, sin resultado. Luego de no sé cuanto tiempo, vi que tomaba un martillo dispuesto a desvencijar la cerradura, y en un rapto de lucidez desesperada le sugerí, a tiempo, que antes probara con la puerta del garage. Con un brillo de alegría en la mirada al ver que era otro tipo de cerradura, más simple, supongo, fue y la abrió en un santiamén. La alegría nos desbordó a ambos y estuvimos a punto de abrazarnos, pero por suerte no lo hicimos. Porque cuando abrí la puerta, que se abre para afuera, quedaba apenas una hendija, porque mi coche estacionado en la entrada, impedía que pudiera abrirse más. Es decir, como para que pudiera pasar yo o el cerrajero. El espacio era ideal para un niño no muy obeso o para un enano no muy grande. Pero no para ninguno de nosotros. De modo que teníamos una puerta abierta inútilmente y la otra cerrada. Es en esas situaciones que uno siente que los años no pasan en vano. Que si se ha sobrevivido a peripecias tales como una dictadura, o tantos sinsabores, como uno se va a poner a llorar porque no puede entrar a su propia casa quedando afuera medio en bolas, cagado de frío y acompañado de un cerrajero que no puede abrir una cerradura. Y seguramente a él le pasó algo parecido. No sé si porque se dio cuenta de mi desesperación o mas bien a mi incipiente pero notable abatimiento. O tal vez porque escuchó el gruñido lastimero de mi perro, Boogie, que lógicamente quedó atrapado adentro sin entender nada. Que iba de puerta en puerta seguramente creyendo que todo era un juego, hasta que se dio cuenta que el tiempo pasaba y comenzó a inquietarse. El asunto es que no sé porqué motivo el cerrajero arremetió contra la cerradura nuevamente y en apenas unos pocos minutos pudo abrir la puerta. Le agradecí como se puede a agradecer a alguien que nos salva la vida luego de días de estar flotando en una balsa a la deriva. Le pagué con yapa y volví, feliz, a la tranquilidad de mi hogar. Ya era como la una de la tarde.Todavía tenía que ir trabajar a mi consultorio. Me sentía tremendamente dichoso, tremendamente agotado, tremendamente pelotudo y la verdad: todavía me parece mentira lo que pasó. Además de increíblemente gracioso. Por eso me decidí a escribirlo. Y a compartirlo

Je.

Miguel Angel de Boer

Comodoro Rivadavia, Mayo 8, 2011



jueves, 28 de abril de 2011

CATORCE DESTELLOS (y uno mas) (*) (**)



Cuando las fauces del abominable horror

hincó su fetidez maligna

rasgando a la patria gimiéndola

enmudecida

espantada

indiferente

los pétalos comenzaron a olvidar su belleza

la ternura se derrumbó entristecida

y con ella

la alegría

las palabras

los pensamientos

los sueños

Y nos fuimos quedando solos

con feroces pesadillas

incansables

indecibles

pavorosas

sin estrellas

ni amaneceres

embotados de dolores indolentes

castañeando nuestras almas

disimulándonos

desmemoriándonos

insiéndonos

La vida parecía morir eternamente

y los besos extenuados

se caían

junto a las miradas aquellas

a pedazos

Fue entonces

Que

catorce destellos

(y uno mas)

catorce corazones

(y uno mas)

iniciaron

con frágiles

pequeños

tenaces

miedovalientes

pasos

en ronda

el retumbo

prodigioso

invencible

de corajes

de dignidades

de justicias

de verdades

y de amor

DE ESE AMOR

que nos acunó

que nos acuna

que nos acunará

por siempre.



Comodoro Rivadavia, Abril 30, 2002



(*) A las Madres de Plaza de Mayo, a 25 años del comienzo.
(**) 28 de Abril 2011:  se cumplen 34 años de la primera ronda


Poema premiado en el XIX Congreso Argentino de Psiquiatría, organizado por la Asociación de Psiquiatras Argentinos en el 2003 y publicado en “Poemas y Canciones” Ed. Ultimo Reino - 2003 - Ciudad de Buenos Aires - Argentina







viernes, 22 de abril de 2011

LA ULTIMA TENTACION DE CRISTO (•)


"Cristo te amo

no porque bajaste de una estrella

sino porque me enseñaste

que el hombre es un Dios

Y aquél que está a tu izquierda en el Gólgota

el mal ladrón

también es un Dios"

(Poema atribuido a Ernesto "Che" Guevara. Escrito en Ñancahuazú, Bolivia)





Quien haya tenido oportunidad de ver el hasta ahora "auto-censurado"(?) film de Martin Scorsese, convendrá en que es una bella y conmovedora película.

Más allá del rigor histórico (¿acaso tal cosa será posible con la figura de Cristo?) y tal cual lo ha aclarado su director y también el autor de la novela Nikos Kazanzakis, el relato despliega, en contenido e imágenes, una tierna mezcla de devoción y respeto.

Porque lo que nos muestra Scorsese no es sino - nada menos - que la lucha entre los aspectos humanos y divinos de Cristo, que si bien - en una lectura hecha, si se me permite el término, de mala fe - puede afectar los sentimientos de almas intolerantes, el modo en que está planteado el desarrollo del conflicto, hace de este Cristo (tantas veces llevado a la pantalla) un ser creíble, en tanto lo acerca, piadosamente, a la realidad de la vida humana.

Desde el comienzo al final Jesús se debate - atravesado por el dolor inefable de los elegidos - entre los deseos y apetencias de su naturaleza como hombre y el llamado divino a cumplir con su misión.

Pero ¿No es esta la lucha en que está sumido la especie humana toda, entre el amor y el odio, el egoísmo y la solidaridad, la destrucción y la creatividad?

Porque no es sencillo para este Cristo, como tampoco lo es para el pobre Judas ( “Dios me dio el trabajo más fácil", le dice Jesús cuando lo conmina a traicionarlo) cumplir con el mandato que se le instaura. Debe descubrir y aceptar, en la infinita soledad y desamparo que esto implica, que es el Mesías.

No se trata del simple cumplimiento de una imposición garantizada en su desenlace. No basta el que sea reconocido por Dios, sino que debe poder reconocer ese reconocimiento. Esto significa - y en esto radica la fuerza del relato - que su decisión es el producto de un arduo esfuerzo que debe realizar por sí mismo ("no te pedí ser elegido", dice), para así lograr la renuncia a sus aspectos carnales, terrenales, en pos de la expiación ineludible, no para divinizarse él mismo, sino para divinizar al ser humano todo. ("Para juntar a Dios con el hombre" explica, y se explica)

Más no en un sacrificio vano, como una víctima inocente e ingenua, sino como ofrenda libremente elegida, con conciencia y responsabilidad plena del acto asumido.

Y en esto Scorsese logra transmitir lo que es - entiendo - el misterioso, por lo inescrutable, testimonio encarnado en la historia: lo divino cobra su real dimensión (se realiza) en tanto se enraíza en la maravillosa existencia humana, del mismo modo que lo humano - la carne, el cuerpo - adquiere su verdadera significación en la medida en que accede a una proyección espiritual, simbólica.

El cuerpo y el alma así, no se contraponen sino que se integran, en tanto aspectos de una dimensión que hace del ser humano, una regocijante empresa que busca ser reafirmada en su trascendencia.

Así como Adán, según la historia bíblica, hubo de renunciar, a partir de una Tentación - también - al paraíso (espiritualidad pura ) para fundar la cultura humana , Cristo debe renunciar a su historicidad terrenal ("Padre del cielo y de la tierra - dice dirigiéndose a Dios, momentos previos a su muerte - el mundo que creaste y podemos ver es hermoso, y el mundo que no vemos también, perdóname por no saber cual es más hermoso") para acceder El - y por El todas las criaturas vivientes - al reino de la salvación. Su "Ultima Tentación" es la más difícil de soportar, pues debe abdicar, sacrificar, en la cruz, su condición humana.

Próximos a la Navidad, en estos tiempos donde el individualismo, la codicia, la ausencia de una moral y una ética solidaria, la "divinización" de lo material, son la "terrenalización" que se nos impone ( y nos "tienta"), la historia que nos muestra Scorsese es el testimonio de un hombre-divino, Cristo, que nos muestra que sólo en tanto reconozcamos la inmensa potencialidad espiritual que tenemos, a pesar de nuestra pequeñez y nuestras limitaciones, que sólo en la medida en que ejerzamos la misericordia hacia nuestros semejantes, seremos también misericordes con nosotros mismos.

Y que en nuestro amor, en nuestra sed por la libertad y la justicia, se acrecienta - en la misma medida - nuestro espíritu, haciéndonos, a la vez, más humanos y más divinos.



Dr. Miguel Angel de Boer



(•) Texto leído con motivo de la presentación del film del mismo nombre en el Ciclo de Cine organizado por la SADE, Comodoro Rivadavia. Publicado en Diciembre de 1996.



martes, 19 de abril de 2011

Choto (*)

La palabra del título tiene numerosas acepciones en los países de habla hispana incluyendo a la Argentina. Yo suelo usarla muy a menudo con mis pacientes - quienes pueden dar testimonio de ello - cuando no quiero andar excediéndome en explicaciones. Sea para ahorrar tiempo o bien para impedir la frecuente tendencia que tienen a no usar su propia capacidad de pensar. Cosa que logro, la mayoría de las veces, luego de que la escuchan por primera vez.
Cuestión que con el tiempo ellos mismos, ya familiarizados con el término, pueden comenzar una sesión diciendo “hoy no me des mucha bola porque estoy medio choto”, por ej. , o “pasé un fin de semana choto”, o bien un: “sí, es cierto, tengo que reconocerlo, mi vieja era medio chota”. Y así sucesivamente. Es decir que es empleada con un significado peyorativo y descalificador de una experiencia, una idea, una vivencia, una conducta, una escena, un relato, una sensación, un hecho, o lo que mierda (otro término de uso frecuente en terapia) fuere.
Claro que no la utilizo solo en mi trabajo (aunque ahora que lo pienso debe ser donde mas la aplico, dado que paso gran parte de mi vida con mis pacientes), sino también en lo cotidiano, con mis amigos o conocidos, en una charla profunda o superficial, en un comentario o un relato. Y aquí, en lo diario, también la expreso y/o pienso de un modo casi recurrente, iterativo. Choto.
Pero no se suponga un desorden compulsivo o en una ideación obsesiva de mi parte – aunque tampoco se descarte del todo - sino más bien en las circunstancias que provocan, que inducen involuntariamente su producción.
Tomemos por ejemplo un programa de radio.
Escucho que algún oyente opina que “durante la dictadura había libertad porque a mí nunca me pararon ni siquiera para pedirme documentos” y pienso: “¡Qué choto!”. O bien, como escuché hace poco a alguien que dijo: “Es bueno pegarle a los hijos, y yo le agradezco a mis padres que me hayan fajado porque sino no sería lo que soy hoy”, e inmediatamente pensé: “¡Pero que recontrachoto! ¡Este es un hijo de puta reprimido que está justificando la agresión que tiene o que va a tener con los hijos!”. Y miles, decenas de miles, millones de ejemplos más, si me dispusiera a ejemplificar con locutores, periodistas y demás integrantes de la familia radiofónica.
Ni hablemos de cuando miro tele.
Otra que recurrente o iterativo. Ya sea viendo las noticias o a un referí dirigiendo un partido. Lunati, por mencionar uno de toque. Es un ejemplo de árbitro medio choto, pero que me hace cagar de risa con sus sanciones, increíblemente, valga el término, arbitrarias. Puede pasar por alto una fractura expuesta sin que se le mueva un pelo, o bien sacar una roja de un modo intempestivo por un simple roce. Motivo por el cual los partidos siempre terminan siendo un tremendo despelote, donde todo se torna imprevisible hasta que los jugadores no llegan a los vestuarios.
Con las noticias claro, me llevaría páginas enumerar las veces que me veo calificándolas de chotas.
O los programas. Como Gran Hermano Choto, por mencionar algo como al pasar. O Desde el Llano y Hora Clave, que se encuentran entre los más superchotos, según mi modesta apreciación. Ni hablemos de sus conductores.
Pasa que siento que es choto de mi parte que me la agarre con la tele, ya que es muy poco lo que quedaría en pié.
Lo mismo que si comenzara a enumerar a algunos actores de la política.
Como para dar una idea de lo que me pasa, puedo mencionar que me basta con verlo- no digo escuchar lo que dice - a Rodriguez Larreta, para que casi reactivamente piense: “¡Pero que choto de mierda!”.
Ni que decir de los nefastos personajes que participaron activamente en el terrorismo de estado o los que defienden a los genocidas de la dictadura. La chota de Cecilia Pando sería un simple pero contundente ejemplo. Claro que, hablando de genocidas, los hay superrecontrarrechotos como Videla, Menéndez o Buzzi y tantos otros que ni quiero nombrar. Aunque, es cierto, cualquier calificativo es insuficiente para caracterizar a estos infames asesinos.
Y que decir de las numerosas cosas que pasan en el mundo o en nuestras simples existencias.
En el mundo.
Es choto lo que pasa en Japón y en Medio Oriente por ejemplo. Y en África, por supuesto. O todo lo que hacen o no hacen los grandes organismos internacionales para promover o intervenir “en salvaguarda de la paz “en los conflictos bélicos, según sus conveniencias. Y también el hambre, la injusticia y los abusos de poder. O que el Papa nombre obispo a un choto como Antonio Marino y no excomulgue a un rechoto como Grassi. Que Obama no cierre Guantánamo y otras tropelías por el estilo. Que los EEUU se digan luchar contra el narcotráfico siendo que el mayor consumo de drogas del mundo se da allí. Que Suiza se proponga como un ejemplo de democracia, cuando sus bancos están abarrotados del dinero y la riqueza de los mayores hijos de puta de este universo. Y si sigo con el tema a nivel global no termino más.
Y en nuestra Latinoamérica ni que hablar.
La pobreza, la indigencia, la contaminación, la deforestación, las migraciones forzadas, el desarraigo, el tráfico ilegal de seres humanos, el genocidio y la explotación de los pueblos originarios, las enfermedades evitables, los abortos y sus consecuencias, la trata, el abuso, la violencia., la corrupción, la discriminación, la xenofobia, son mas que recontrachotos.
De nuestro país mencioné algunas comunes al mundo y Latinoamérica, pero las hay otras que son autóctonas por no decir folclóricas tanto a nivel nacional, como regional y local. Por mencionar un hecho reciente que aún persiste: las elecciones aquí en mi provincia, Chubut. Vamos a ver si en otro lado logran superarnos en este grado de chotera.
Y tantas más.
Que muera alguien porque una ambulancia no llega a tiempo. El deterioro educativo. Los que dicen representar a los trabajadores y cobran retornos para no armar quilombo (y no refiero a la cámara oculta editada que mostraron los chotos de Clarín). Los que putean contra el INDEC pero se hacen los boludos cuando hay aumentos que los benefician. Los que se creen patriotas por ser “malvinenses” y no se les mueve un pelo viendo como se llevan las riquezas petrolíferas o hacen pelota el mar y la tierra con la depredación y la minería. Los padres, madres y también, hay que decirlo, los hijos abusadores, como asimismo abuelos, tíos, primos, cuñados y la familia tutta. Los que abandonan a los ancianos. Los que piden orden y seguridad y te pasan por arriba con sus cuatro por cuatro al menor descuido. El maltrato en las instituciones. Las patotas sindicales. Y aquí también sería de nunca terminar.
Claro que también hay artistas chotos, películas y libros chotos, comidas chotas, música chota. Y: jueces, abogados, porteros (casi una redundancia), médicos, psicólogos, odontólogos, veterinarios, artesanos, choferes, profesores, jardineros, mozos, albañiles, electricistas, dibujantes, marineros, buzos, escritores, mecánicos, bomberos, panaderos, almaceneros, peluqueros, gerentes, contadores, ingenieros, fotógrafos, escritores, quiosqueros, boxeadores, cocineros, en fin, cualquier rol, profesión o actividad humana a la que se le puede aplicar el concepto. Sin dudarlo.
Razón por la cual, ahora sí, por una cuestión de espacio y de tiempo, dejo al lector agregar lo que considere conveniente.

Ah! Y todo lo contrario sería, para mí: no choto.


Miguel Angel de Boer
Abril 2011

(*) Según me recordó mi amigo Sergio Bufano autor, junto con Jorge Perednik, de el Diccionario de la Injuria , publicado por Editorial Losada, 2005: Choto,a. adj.(arg) Feo, sin gracia, ridículo, zonzo, tonto, de pocas luces. Bolas, bolastristes, boludo, huevón, pelotudo. También achacoso, viejo. Agregando que: “ Siempre estuve en desacuerdo con el adjetivo. ¿Por qué? Porque choto es también sinónimo de pene, verga, pindonga, pingalocaes también sinónimo de pene, verga, pindonga, pingaloca, polla, pito, pichabrava, falo, pedazo, corcel brioso, pichula, pija. En el caso de utilizar Pija, se trata de un adj. y sustantivo para denominar a la persona astuta, pícara, avivada. Hacerse el pija es alardear de vivo y experimentado “. (Gracias por el aporte Tano).













martes, 5 de abril de 2011

Otra vez


Tal el título de un poema que escribi con motivo del asesinato de los jóvenes Kosteki y Santillán en el año 2002.

Después hubimos de padecer muchas mas. Después tanta represión tanta. Tanta inusticia tanta. Tanto dolor tanto.
Y siempre la esperanza.
La puta esperanza de que algo de lo que pasa no sea en vano.
La porfiada esperanza de que el horror no se reitere. De que pueden haber tiempos mejores, gobiernos mejores, un pais mejor, una sociedad en la que se pueda vivir con dignidad.
Con una mejor educación, salud, trabajo.
Boludeces mínimas a esta altura de la historia de la humanidad.



Recuerdo que en “aquellos años” en que soñabamos y luchábamos por hacer la Revolución, un querido compañero – que por suerte sobrevivió a la masacre, maestro él – en una charla de esas que se daban en un alto de nuestra ininterrumpida militancia, hablando de lo que haríamos si lográbamos el triunfo, decía muy suelto de cuerpo: “mirá, la cosa es así: tomamos el poder y resolvemos la cuestión del trabajo, la salud y la educación y listo!”.“Son dos o tres boludeces que hay que resolver.¿No te parece?”.

Y a mí me parecía.
Y me sigue pareciendo.
Y por impedir que logrráramos concretar estas boludeces destruyeron a una generación.


Y por estas boludeces, otra vez, muere un luchador en la querida Neuquén.
Maestro él.
De apellido Fuentealba.
Fuente blanca.
Fuente de luz.


Y otra vez, intentan matar la esperanza.
(Destrozando cabezas. Y corazones.)
Y otra vez, esta seductora insaciable, tentándonos a no bajar los brazos.
A instarnos a que no sea en vano.
A no cejar.
Por tantos. Por Carlos. Por los compañeros.
Por nosotros.
Por todos.


Otra vez.


Miguel Angel de Boer

Comodoro Rivadavia, Abril 6, 2007.