sábado, 21 de septiembre de 2013
Invitación- Retazos testimoniales (Arpilleras) - Parque de la Memoria- Buenos Aires
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sábado, 3 de agosto de 2013
Mary, el mantel, la libreta y unas pocas cosas más
Hace ya más de un año
que mi querida amiga Roberta Bacic, quien actualmente vive en Irlanda, me
comentó que estaba preparando una exposición de “arpilleras”(1) para presentar en el Parque de la
Memoria en Buenos Aires (2), entre
la cuales tenía la intención de confeccionar una en homenaje a los
desaparecidos y luchadores en Argentina y que para ello había pensado en mi
compañera Mary, María Haydée Rabuñal, la Flaquita (3). La idea está basada en el poema que yo le dediqué –“Me dejaron
tu pulóver verde”- e inspiró a la
artista textil Deborah Stockdale para concretarla. Con tal motivo no tuvieron
mejor idea que preguntarme si yo no tenía el pulóver o alguna prenda de Mary
para incorporarla a la arpillera. Fue cuando me di cuenta que no tenía
absolutamente ninguna prenda u objeto de Mary, solo algunas fotos y cartas que
nos escribimos durante nuestro noviazgo – que aún no logro entender cómo es que
se encuentran en mis manos-, cosa que les informé. Me pidieron entonces que
seleccionara alguna carta que les resultaría muy útil y significativo poder
integrarla a la obra.
A partir de entonces no pude evitar ponerme a averiguar si lograba encontrar alguna prenda de la Flaqui
recurriendo a quienes estuvieron cerca de nosotros en aquella época en Córdoba. Fue así que hace aproximadamente un
mes recibí un mantel que es uno de los que usábamos con ella y que nunca más
volví a ver desde el día en que dejamos la última casa en que vivíamos, la cual
debimos abandonar a raíz de una serie de vicisitudes que ocurrieron después de
que fuimos encarcelados.
Después de salir en
libertad ella decidió ir a Buenos Aires por un tiempo, en tanto yo permanecí en
Córdoba con la intención de continuar estudiando para recibirme de médico.
Había tomado la decisión de alejarme de la militancia - e intenté,
infructuosamente, que ella hiciera lo mismo-, por considerar que íbamos a una
derrota segura, aunque nunca me imaginé la terrible pesadilla que se nos venía
encima.
Así transcurrieron los
meses hasta que un día en que me encontraba en un bar de Barrio San Martín, en
una mesa que daba a la vereda, y por esas coincidencias que tiene esta bendita
vida, pasó un compañero (*) del Hospital de Niños (en donde habíamos sido
practicantes, él de hemoterapia – quien al devenir la democracia fue un
destacado actor en el campo de salud pública- y yo de anestesia) quien al verme,
sorprendido, me preguntó si todavía seguíamos
viviendo en la misma dirección. Al confirmárselo, me comentó, muy angustiado, que
acababa de enterarse que la pareja que había vivido allí antes que nosotros – y
a quienes también conocíamos- habían caído presos. Dicho lo cual nos quedamos perplejos y en
silencio, tanto él como el compañero con el que estábamos tomando un café y que también había dejado la militancia. Porque
además de la impresión por la caída, rápidamente hicimos la deducción de que seguramente los estarían torturando y
que, además, era muy posible que no hubieran hecho el cambio de dirección en
sus documentos (4).
Lo que no sabía el que
me avisó era que en ese preciso momento se encontraba circunstancialmente en
casa otro compañero que estaba de paso (y que, él sí, seguía en la militancia
activa), por lo que las posibilidades de que lo atraparan en caso de que fueran
a allanar eran muy altas. Pero por suerte para mí, además de la increíble
casualidad de que ese día no me había quedado, y también porque era común en la práctica
entonces, habíamos convenido una cita de control, con dos recambios, antes de
regresar a la casa (que en realidad era un departamento ubicado en un patio,
escaleras arriba), dado que él tenía
pensado salir más tarde. Fue así que, al no concurrir al tercer recambio, dimos
por sentado que lo habían encontrado y que seguramente ya estaría siendo
interrogando, por lo que decidimos avisar a la familia – que era de Córdoba- y
a la facultad donde estudiaba, a los fines de hacer la denuncia
correspondiente.
Yo, por mi parte, me
quedé a la espera de que viajara algún responsable de la organización para ver
que hacer, pues si bien, como mencioné, ya no pertenecía a la estructura, si
tenía interés en recuperar mis cosas y, por sobre todo, mi libreta
universitaria, sin la cual no iba a poder rendir las materias, pues conseguir
un duplicado y más en las condiciones que me iba a encontrar (prácticamente
prófugo) a partir de ese momento, sería poco menos que imposible.
Así las cosas, llegó el
responsable desde Buenos Aires (5), con
quien decidimos ir a ver qué había ocurrido en el departamento. Hicimos un
minucioso chequeo por el barrio a los fines de no caer en una “ratonera” y
cuando consideramos que ya no corríamos riesgos, nos dispusimos a entrar. Luego
de un cabildeo para ver quien lo hacía primero, subí por la escalera mientras
él me cubría y de una patada – los años de karate no habían sido en vano - derribé
la puerta, encontrándome con una escena que aún hoy recuerdo casi con nitidez.
El lugar estaba “reventado”. Con todo revuelto, desparramado. La ventana que
daba a un patio interno, abierta. Mi gatito estaba caminando sobre la mesa, llorando,
desorientado y seguramente con hambre. En el baño, que estaba a la izquierda de
la entrada, la bañadera estaba casi hasta el tope de agua con sangre
entremezclada, producto del “submarino” que le habían realizado al compañero (6), luego de descubrir que allí vivíamos nosotros,
en el intento de ganar tiempo para que hablara. Pese al impacto por lo que estábamos presenciando, rápidamente
busqué la libreta y el guardapolvo, lamentándome de que se hubieran robado el
tensiómetro y el estetoscopio, pues sabía que pasaría mucho tiempo antes de que
pudiera comprar unos nuevos, cosa que recién concreté luego de recibirme.
Cuestión que salimos
espantados aunque yo contento con mi libreta sintiendo que – pese a todo- los
había jodido.
Después supimos lo mal
que la había pasado el compañero puesto que – otra coincidencia - los que lo
apresaron fueron los mismos del Departamento de Informaciones que me habían
“interrogado” en el Pasaje Santa Catalina, cuando caímos presos con la Flaqui.
Entre los más desaforados estaba el despiadado “Sérpico” (7) (“¿ adonde está el médico, adonde está el médico?” le preguntó
hasta el cansancio, creyendo que yo ya lo era), que se quedó con la sangre en el ojo porque logramos salir en
libertad y tiempo después “me le escapé” de entre las manos, en oportunidad que
intentaron atraparme en pleno centro de Córdoba (8). Esta era la tercera vez que estuvo a punto de atraparme. Después
vendría una cuarta, también fallida.
Lo cierto es que yo
seguí estudiando medicina hasta recibirme. De cómo lo hice será motivo, tal
vez, de otro relato, porque mucho más se complicaron las cosas cuando aconteció
lo que paso a relatar.
Como al departamento ya
no podía volver, mis queridos amigos Juan y Juana (el inolvidable Juan falleció
hace muy poco), que no tenían nada que ver con la militancia pero cuya amistad
fue, y siguió siendo, inquebrantable, me pidieron ir a ocuparlo. Yo no quise
saber nada pero insistieron tanto que finalmente se mudaron con sus hijos (hace
unos meses me enteré que la hija menor nació viviendo ellos allí). A partir de
entonces, cada tanto los iba a visitar o a buscar algo que necesitaba, pues
dada mi situación no tenía domicilio fijo. Vivía en constante movimiento en
casas de compañeros y amigos que por solidaridad me recibían arriesgando su
libertad y su vida, y por los cuales tengo una gratitud infinita.
Una mañana, en que me
encontraba en la casa de un matrimonio amigo de dos extraordinarias personas,
con una generosidad que en ellos era casi innata pues me cobijaban con todo su
afecto (ambos son actualmente médicos destacados y tienen una bellísima y
numerosa familia), leí un titular en La Voz del Interior que mencionaba la
“muerte de subversivos en un enfrentamiento”, pero eran tantos las muertes en
ese momento que casi no le di importancia, por lo que no me detuve a leer la
noticia. Al atardecer del mismo día fui a visitar a Juan y familia y cuando
abrieron la puerta él con el rostro desencajado me dijo: “Petiso ¿no te
enteraste?”,¨¿qué?¨, le respondí, ¨la Flaquita…..” me dijo, ya con las lágrimas
rodando por sus mejillas…, y ahí supe, en uno de los instantes más dolorosos de
mi vida - al que correspondí con un grito de “¡Noooo!” que reiteré hasta el
agotamiento - que lo peor que podía
ocurrir había ocurrido. A Mary la habían matado. Se habían enterado por el
diario.
Fue entonces, ahora
sí, que tuve que pasar a la
clandestinidad, pese a lo cual, con mi libreta (9), mi guardapolvo y mi dolor a cuestas, me terminé recibiendo ya
instalada la dictadura. El Delegado Militar me entregó el diploma.
Nunca
más regresé al departamento hasta este año, donde gracias a la gentileza de una
persona que vivía en el lugar, pude sacar algunas fotos. Fui recuperando
algunas cosas, como las cartas mencionadas, de a poco, pues en la
clandestinidad había que andar “con lo puesto”. No obstante me quedaron libros,
discos y alguna que otra cosa. Pero nada que fuera de uso común con la Flaqui y
muchos menos de uso personal de ella.
Hasta ahora que me
llegó el mantel (10), como un increíble testimonio de
nuestra historia
Que es como constatar, que
pese a todo lo ocurrido, lo que valió la pena fue verdaderamente cierto.
Que la vida sigue y
sigue.
Que, como dice Víctor y
me lo recordó hace poco mi amigo César:
¡Todavía, cantamos!
Miguel Angel de Boer
Agosto 3, 2013
(1) Para
información sobre las arpilleras : http://www.forumarpilleres.cat/que/arpilleras_chilenas.pdf?v=ZiQukBS3UcM&feature=results_video&playnext=1&list=PL0F086BF4689116F4
(2) Exposición
que se va a realizar el 28 de Septiembre de este año en dicho lugar. http://cain.ulst.ac.uk/quilts/exhibit/followup.html#buenosaires280913
(3) Hoy
3 de Agosto, su cumple un nuevo aniversario de su muerte.
(4) Esta
era una medida de “seguridad” que se solía hacer con frecuencia en aquel
entonces. Es decir: se alquilaba una casa fijando el domicilio en el documento
de identidad, para luego alquilar otra sin asentar el cambio, justamente con la
idea de que si se "caía" con esos documentos, los que hicieran el allanamiento
irían al lugar "equivocado", lo que daba tiempo (resistiendo la
tortura, claro) para "limpiar" la que se estaba usando, o sea: para
sacar todos los elementos
comprometedores o alertar a quienes pudieran encontrarse en al misma.
(5) Quien
es actualmente uno de los escasos sobrevivientes vivos escapados de un campo de
concentración. Luego de su fuga (con las
manos y rostro ensangrentados por la
tortura a la que fue sometido) partió al exilio hasta que regresó a nuestro
país. Lo volví a ver años después de haber terminado la dictadura. Actualmente
sigue escribiendo y haciendo importantes aportes a la comprensión y el
esclarecimiento de nuestra historia, aunque de su profesión se ha jubilado.
Tengo el inmenso gusto de tenerlo entre uno de mis mejores y más queridos amigos.
(6) También
sigue vivo. Lo volví a ver una vez al llegar a una esquina en Córdoba, todavía
en plena dictadura, en donde casi nos desmayamos de la impresión, pues algo
fortuito. También estuvo exiliado. Aún recuerdo que en una oportunidad me
llegó, en forma anónima, un libro escrito por él – publicado en Europa- donde
había algunos poemas dedicados a la Flaqui y a mí creyendo que estábamos
muertos. Finalmente se radicó en un país de aquel continente instalando un
restorán, y no hace mucho me enteré que
regresó a nuestro país debido a la crisis económica imperante (por lo que
deduje que sigue con buenos reflejos de sobrevivencia) y sé que hace poco fue
abuelo por primera vez. Lo que no sé es
si está jubilado.
(7) José
Raúl Buceta, fallecido. Junto con el Comisario Raúl Pedro Telleldín (que también participó de mi interrogatorio), de
quien han habido dudas de si no fraguó su muerte, conformaron parte del Comando
Libertadores de América, la Triple A cordobesa. Ambos figuran en numerosos
testimonios como feroces torturadores y asesinos.
(8) Increíblemente
años después el mismo “Sérpico” y la misma patota apresaron y torturaron al
compañero que se encontraba conmigo en el bar de Barrio San Martin, quien
también logró sobrevivir. También está jubilado, también es escritor y también
es uno de mis más queridos amigos.
(9) ¡Que
todavía conservo! Junto con el carnet de la biblioteca de la universidad y el
de Bienestar Estudiantil
(10) Que
me envió…Juana, y que ya se encuentra en Irlanda
(*) Años después de haber escrito el presente pude recordar que era Carlos María Nouzeret a quien tuve el gusto de encontrar en una red. También formaban parte del equipo de hemoterapia el querido amigo y compañero "Titi" Rocchietti, entre otros.
(*) Años después de haber escrito el presente pude recordar que era Carlos María Nouzeret a quien tuve el gusto de encontrar en una red. También formaban parte del equipo de hemoterapia el querido amigo y compañero "Titi" Rocchietti, entre otros.
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domingo, 23 de junio de 2013
Laura (*)
Recuerdo que la conocí en el III Encuentro de la Red Latinoamericana de Alternativas a la Psiquiatría que se realizó, si mal no recuerdo, en el 86, lo que fue para mí la primera vez que – desde antes del golpe del 76 – puede participar en un espacio de esas características. Porque fui uno de los no nos pudimos ir del país a tiempo y debimos mantenernos sobreviviendo en el aislamiento de todo aquello que representara un peligro para nuestras vidas (y para los demás) y, también por vivir a la distancia de los grandes centros, de aquellos que se enteraron de lo que verdaderamente había pasado, recién cuando comenzó la democracia y el Juicio a las Juntas.
Inolvidable encuentro, donde me encontré entre otros con Rubén Musicante, quien fuera mi primer terapeuta en Córdoba a comienzos de los 70 y que hubo de exiliarse en México luego de un atentado con una bomba de la Triple A. Donde Maria Langer en las palabras finales y a modo de cierre del evento dijo :” La locura, la psicosis, existe”. Y también donde Tato Pavloski puso en escena su increíble “Potestad”.
Pero en una de las comisiones fue donde estuve con Laura, junto a otras Madres y otros participantes, intentando poner en palabras lo que había acontencido, sus efectos, sus secuelas. Si aún hoy, transcurridos mas de 30 años, todavía estamos intentando dar cuenta de aquello, en aquel entonces resultaba tremendamente dificultoso. Nunca olvidaré el dolor que nos atravesaba, y la, para mí, casi inexplicable entereza, ante el espanto, que transmitían aquellas mujeres que seguian empujando a la historia hacia delante
Y entre ellas: Laura
Después fui enterándome de ella por distintos medios, hasta que en el 2004, gracias a la generosidad de Marta Zabaleta, volvimos a encontrarnos en la Universidad de Leiden, Holanda, con motivo de una Conferencia organizada por la Sociedad de Estudios Latinoamericanos (SLAS), donde compartimos una mesa, relatando nuestras mutuas experiencias durante la dictadura. Al finalizar, Laura, que había hablado de sus hijas y seres queridos desaparecidos, en un momento en que quedamos solos, me tomó de la mano y con lágrimas en los ojos me dijo: “Es increíble, pero todavía me parece mentira todo lo que pasó”. Y su pena y asombro me estremecieron, pues creo que entendía de lo que me estaba hablando.
Pronto volvimos a encontrarnos en la II Feria de la Palabra, organizada por Rubén Gómez, esta vez como mi invitada, pues era mi deseo que conociera Comodoro, y que mi ciudad la conociera a ella, convencido de que valdría la pena.
Vino junto con Patricia Luli y ambas pararon en casa, y eso días, los tengo, y seguramente Laura también, como de los mas bellos de nuestras vidas, tal la intensidad de lo vivido.
Recuerdo su asombro ante la belleza del mar, de las lomas, de las calles. Su emoción cuando estuvimos en la Biblioteca de Barrio San Martín y la recibieron con tanto afecto y admiración que le parecía increíble. Mas, cuando Rosa Pincol, querida lamgem, la honró con canciones mapuches al son del cultrún y con sus atuendos típicos, con todo el amor con que puede dedicar su canto alguien como ella.
En la Feria hizo una exposición brillante de “Desaparecidos: una palabra” con intercambio que los presentes aún recordarán. Tambén fue quien presentó mi libro “Poemas y canciones”, leyendo además, exultante y conmovida el poema “Que no se vayan todos”. “Nunca había leído un poema en público” me comentó después, con una alegría que la desbordaba.
Inolvidable nuestro paseo por las arenas de Rada Tilly y mas aún a Caleta Cordova, donde hube además de invitarla a comer mariscos en lo del Polaco, que fallelció el año pasado. Eran como las cinco de la tarde cuando fui a pedirle por excepción , dada la hora, que nos atendiera, y él, con la gentileza que siempre tuvo, puso manos a la obra. Cuestión que en una tarde soleada, embellecido por el azul del mar, con nuestras almas contentas, degustamos con todo el placer del mundo una de las comidas, según dijo Laura, mas ricas de su vida. Y aún recordamos y recordaremos los que estuvimos presentes, el diálogo increíble que se produjo entre Zbigmiewcz Gaborowski – que así se llamaba el Polaco – y Laura. La historia encarnada en un diálogo. El fue uno de los últimos combatientes que participaron en el Levantamiento del Gueto de Varsovia que aún permanecía vivo . Razón por la cual poco antes de morir fue condecorado por el gobierno de Polonia. Pero con Laura no hablaron de sus luchas sino de la belleza de la vida. Del placer de disfrutar de una comida hecha con amor y respeto. Eran una dama y un caballero de la vida dándole significado a sus existencias en un encuentro fortuito, para solaz de sus existencias.
Inolvidables las charlas que después tuvimos. Y las copas de vino tinto que se escurrían acariciando nuestros cuerpos, brindando por la alegría de sabernos vivos.
Inolvidable la permanente compañía que le brindaba mi perro Boggie, que como he relatado alguna vez, no se acerca a las personas malas.
Inolvidable Laura.
Porque sus palabras, su mirada, su profunda tristeza y su esperanzadora alegría, se fueron desplegando con el correr de las horas y los días.
Porque donde estuvimos compartió su dolor sembrando palabras de aliento.
Porque sus manos brindaron caricias de consuelo y agradecimiento.
Porque su mirada, franca y profunda, encandiló corazones y su voz arrulló oídos y mentes.
Eso y mucho mas nos brindó Laura.
Hable con ella hace unos meses, cuando me enteré por una querida amiga en común (eterna compañera de lucha) que no estaba bien de salud.
Se alegró, como se suele alegrar ella, cuando me identificó. Recordó algunas cosas, entre ellas: “Si me acuerdo del perrito..Como era el nombre?...”. Y yo sentí que se me estrujaba el pecho de emoción.
Hace tiempo que tengo la intención de escribir algo sobre Laura. Y hoy en este sábado que precede al Día Internacional de la Mujer, no pude contenerme.
Es mi homenaje a ella.
Laura mujer.
Laura madre.
Laura colega.
Laura luchadora..
Laura herida.
Laura destrozada.
Laura valiente.
Laura memoria.
Laura compañera.
Laura dulce.
Laura tierna.
Laura vida.
Por siempre Laura.
Laura Bonaparte.
Que de ella estoy hablando.
Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Marzo 7, 2009
(*) Falleció el 23-06-13
Inolvidable encuentro, donde me encontré entre otros con Rubén Musicante, quien fuera mi primer terapeuta en Córdoba a comienzos de los 70 y que hubo de exiliarse en México luego de un atentado con una bomba de la Triple A. Donde Maria Langer en las palabras finales y a modo de cierre del evento dijo :” La locura, la psicosis, existe”. Y también donde Tato Pavloski puso en escena su increíble “Potestad”.
Pero en una de las comisiones fue donde estuve con Laura, junto a otras Madres y otros participantes, intentando poner en palabras lo que había acontencido, sus efectos, sus secuelas. Si aún hoy, transcurridos mas de 30 años, todavía estamos intentando dar cuenta de aquello, en aquel entonces resultaba tremendamente dificultoso. Nunca olvidaré el dolor que nos atravesaba, y la, para mí, casi inexplicable entereza, ante el espanto, que transmitían aquellas mujeres que seguian empujando a la historia hacia delante
Y entre ellas: Laura
Después fui enterándome de ella por distintos medios, hasta que en el 2004, gracias a la generosidad de Marta Zabaleta, volvimos a encontrarnos en la Universidad de Leiden, Holanda, con motivo de una Conferencia organizada por la Sociedad de Estudios Latinoamericanos (SLAS), donde compartimos una mesa, relatando nuestras mutuas experiencias durante la dictadura. Al finalizar, Laura, que había hablado de sus hijas y seres queridos desaparecidos, en un momento en que quedamos solos, me tomó de la mano y con lágrimas en los ojos me dijo: “Es increíble, pero todavía me parece mentira todo lo que pasó”. Y su pena y asombro me estremecieron, pues creo que entendía de lo que me estaba hablando.
Pronto volvimos a encontrarnos en la II Feria de la Palabra, organizada por Rubén Gómez, esta vez como mi invitada, pues era mi deseo que conociera Comodoro, y que mi ciudad la conociera a ella, convencido de que valdría la pena.
Vino junto con Patricia Luli y ambas pararon en casa, y eso días, los tengo, y seguramente Laura también, como de los mas bellos de nuestras vidas, tal la intensidad de lo vivido.
Recuerdo su asombro ante la belleza del mar, de las lomas, de las calles. Su emoción cuando estuvimos en la Biblioteca de Barrio San Martín y la recibieron con tanto afecto y admiración que le parecía increíble. Mas, cuando Rosa Pincol, querida lamgem, la honró con canciones mapuches al son del cultrún y con sus atuendos típicos, con todo el amor con que puede dedicar su canto alguien como ella.
En la Feria hizo una exposición brillante de “Desaparecidos: una palabra” con intercambio que los presentes aún recordarán. Tambén fue quien presentó mi libro “Poemas y canciones”, leyendo además, exultante y conmovida el poema “Que no se vayan todos”. “Nunca había leído un poema en público” me comentó después, con una alegría que la desbordaba.
Inolvidable nuestro paseo por las arenas de Rada Tilly y mas aún a Caleta Cordova, donde hube además de invitarla a comer mariscos en lo del Polaco, que fallelció el año pasado. Eran como las cinco de la tarde cuando fui a pedirle por excepción , dada la hora, que nos atendiera, y él, con la gentileza que siempre tuvo, puso manos a la obra. Cuestión que en una tarde soleada, embellecido por el azul del mar, con nuestras almas contentas, degustamos con todo el placer del mundo una de las comidas, según dijo Laura, mas ricas de su vida. Y aún recordamos y recordaremos los que estuvimos presentes, el diálogo increíble que se produjo entre Zbigmiewcz Gaborowski – que así se llamaba el Polaco – y Laura. La historia encarnada en un diálogo. El fue uno de los últimos combatientes que participaron en el Levantamiento del Gueto de Varsovia que aún permanecía vivo . Razón por la cual poco antes de morir fue condecorado por el gobierno de Polonia. Pero con Laura no hablaron de sus luchas sino de la belleza de la vida. Del placer de disfrutar de una comida hecha con amor y respeto. Eran una dama y un caballero de la vida dándole significado a sus existencias en un encuentro fortuito, para solaz de sus existencias.
Inolvidables las charlas que después tuvimos. Y las copas de vino tinto que se escurrían acariciando nuestros cuerpos, brindando por la alegría de sabernos vivos.
Inolvidable la permanente compañía que le brindaba mi perro Boggie, que como he relatado alguna vez, no se acerca a las personas malas.
Inolvidable Laura.
Porque sus palabras, su mirada, su profunda tristeza y su esperanzadora alegría, se fueron desplegando con el correr de las horas y los días.
Porque donde estuvimos compartió su dolor sembrando palabras de aliento.
Porque sus manos brindaron caricias de consuelo y agradecimiento.
Porque su mirada, franca y profunda, encandiló corazones y su voz arrulló oídos y mentes.
Eso y mucho mas nos brindó Laura.
Hable con ella hace unos meses, cuando me enteré por una querida amiga en común (eterna compañera de lucha) que no estaba bien de salud.
Se alegró, como se suele alegrar ella, cuando me identificó. Recordó algunas cosas, entre ellas: “Si me acuerdo del perrito..Como era el nombre?...”. Y yo sentí que se me estrujaba el pecho de emoción.
Hace tiempo que tengo la intención de escribir algo sobre Laura. Y hoy en este sábado que precede al Día Internacional de la Mujer, no pude contenerme.
Es mi homenaje a ella.
Laura mujer.
Laura madre.
Laura colega.
Laura luchadora..
Laura herida.
Laura destrozada.
Laura valiente.
Laura memoria.
Laura compañera.
Laura dulce.
Laura tierna.
Laura vida.
Por siempre Laura.
Laura Bonaparte.
Que de ella estoy hablando.
Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Marzo 7, 2009
(*) Falleció el 23-06-13
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miércoles, 12 de junio de 2013
sábado, 18 de mayo de 2013
Seres humanos (*)
Quienes
presenciamos la confesión del ex-oficial de la Armada Adolfo Scilingo a través
de los distintos medios, no hemos podido escapar a la perplejidad y al impacto
emocional que generaron sus revelaciones.
Re-velación
en todo el sentido del término, en tanto descubrimiento de lo previamente
velado, de lo que se ha ocultado.
Porque
si bien los hechos relatados por Scilingo han sido fehacientemente comprobados
con anterioridad, es ésta la primera vez que los mismos son reconocidos por
parte de un ejecutor, de boca de uno de los victimarios de las desapariciones
(esto es: la muerte negada) - previa
tortura - de miles de personas, de miles
de seres humanos.
Mucho
se ha hecho en el campo de la psiquiatría y psicología en cuanto a las consecuencias
que padecen las víctimas de los más crueles y aberrantes actos lesivos a la
condición humana. Numerosos estudios, investigaciones y una vasta experiencia (y
aquí la palabra "vasta" no es un mero eufemismo) en la atención a
sobrevivientes de los tantos genocidios y / o guerras "sucias" que
han asolado a la humanidad, posibilitaron la comprensión y el abordaje de las
múltiples secuelas que deben sobrellevar y afrontar quienes vivieron el espanto
en carne propia.
Pero
poco es lo que se ha hecho en cuanto al esclarecimiento de los motivos que
posibilitaron la organización y planificación racional de la destructividad de
parte de los seres humanos hacia sus semejantes y el modo de evitar la
reiteración de situaciones similares.
"Somos
seres humanos y los que tirábamos eran seres humanos", dice Scilingo en la
entrevista con Mariano Grondona.
Ni
extraterrestres, ni monstruos, ni animales: seres humanos son los que han
cometido y cometen las más siniestras vejaciones a sus semejantes.
Seres
humanos muy singulares, sin lugar a duda.
Los
Psicópatas ( a los que no se debe confundir con los psicóticos ) son individuos
que padecen un severo trastorno de la personalidad.
Entre
sus principales características se pueden señalar: la intolerancia a la
frustración y a la angustia, la tendencia a la acción como sustituto de la
incapacidad de pensar, la anestesia afectiva y emocional encubiertas por la
racionalización, la ausencia de sentimientos de culpa y por lo tanto de la
capacidad de arrepentimiento, la subyacente extrema dependencia (detrás de la
aparente autoseguridad y omnipotencia) hacia los demás - en tanto objetos
concretos de sus necesidades y fantasías más perversas quienes son manipulados
según sus conveniencias, la incapacidad de amar debido a la agresividad
destructiva que contienen (sadismo), entre otras.
Imposibilitados
de asumir sus propios conflictos, se relacionan persecutoriamente con la
realidad, a la cual no discriminan objetivamente.
"Locos
lúcidos" o "inmorales sociales" según la terminología con que
intentaba definirlos la psiquiatría clásica, las personalidades psicopáticas
son concientes - y esto los diferencia de los psicóticos - de sus actos, es
decir que comprenden la naturaleza de los mismos, por lo que son imputables
desde el punto de vista jurídico. Dicho en otras palabras: saben que están
haciendo daño, que están cometiendo una maldad, motivo por el cual necesitan
sustentar sus conductas en "razones" de distinta índole (ideológicas,
políticas, religiosas, etc.) que les sirva de justificación.
Hacen
lo que hacen "porque no queda otro remedio", "obligados por las
circunstancias", "porque alguien tiene que hacerlo", encontrando
el terreno fértil para canalizar su patología en el campo de la delincuencia,
en las guerras o en cualquier situación que les brinde una cobertura para
prestar sus "desinteresados servicios". En definitiva: siempre se ven
obligados a "actuar" (en el "fondo" son buenas personas)
Todo lo
hacen por el "bien" de los demás: de sus esposas, de sus alumnos, de
sus pacientes, de sus ciudadanos, de su Patria, en nombre de Dios o de Alah,
del orden o de la justicia. Lo hacen por "amor" (Videla dixit).
Cuando
no se cumplen sus objetivos, sea por falta de posibilidades o porque los
argumentos que justifican sus actos se diluyen, caen en severos desequilibrios
que intentan controlar mediante conductas adictivas - alcohol u otras
sustancias depresoras -, o bien buscando nuevas situaciones que les permita
seguir "en acción". Caso contrario, corren el riesgo de derrumbarse
psicológicamente.
Pero
son las acciones psicopáticas social e institucionalmente organizadas y
justificadas las que más dolor han infligido a la humanidad.
Aquellas
que periódicamente se hacen presentes en la historia, como para constatar la
evidencia de cuanto queda por hacer para transformar a ésta en una sociedad más
sana.
Tal vez
parte de la solución estribe en hacer todo lo posible para impedir que este
tipo de seres humanos detenten el destino de los pueblos, o al menos de que
ocupen funciones de poder, por el cual tienen una particular apetencia.
O en
todo caso, como seres humanos que son,
que sepan que les cabe la responsabilidad de sus actos, el castigo de la
justicia, el repudio de la comunidad y de la historia.
Y a los
que los promueven, justifican o son cómplices de que estos seres humanos lleven
a cabo tan deleznables atrocidades, también.
Dr. Miguel Angel de Boer
(*) Marzo, 15/03/95 , publicado en diversos medios gráficos
sábado, 27 de abril de 2013
Despedida
A poco de despedir a mi perro Boogie,
lo que aún me parece mentira, no puedo dejar de rememorar otra despedida
– la de Anna (*), mi mamá – que fue muy
parecida.
Con sus ya ajetreados 83 años y
las huellas de muchas penurias en su envejecido cuerpo, seguía, no obstante,
viviendo la vida con la naturalidad que suelen tener los que alcanzan
sabiduría. Ese fluir en la existencia con la existencia misma, deslizándose en
ella, aprovechando cada bocanada de oxígeno y abriendo
los poros del alma, enalteciéndola.
No puedo dejar de asociar a mi
vieja con las flores de su jardín, su arte en la costura, sus quintas, las comidas caseras o los dulces que con toda su
ternura preparaba para nuestra delicia.
Pero como suele ocurrir, también a ella llegó el momento en que no pudo más y decidió – o más bien se le
impuso – el descanso que tanto merecía.
Su corazón venía ya debilitado,
cosa que fue anunciada por un infarto no hacía mucho tiempo atrás. Pero mi
(nuestra) separación matrimonial fue determinante pues creo que el dolor superó la fortaleza que siempre tuvo, pues días
después que le comuniqué la decisión - que le impactó hasta la desesperación muy preocupada por lo que les podría pasar a mis hijos - hubimos de internarla de urgencia en una unidad de terapia
intensiva.
Desde entonces hasta su muerte,
nunca más recobró la conciencia.
Esto ocurrió en Comodoro, y yo me ocupaba de ir a verla porque mi
hermana se encontraba en Buenos Aires, tratando de viajar lo antes posible,
cosa que le explicaba a mi vieja, pese a su estado vegetativo, con la esperanza
de que pudiera escucharme.
Ni bien llegó Stella, mi hermana,
y luego de ponerla al tanto de la situación, fuimos al hospital (el Alvear) para que pudiera encontrarse con
ella. Como lo hacía habitualmente, la saludé y le conté que ya estábamos juntos
los tres (mi viejo ya había fallecido hace tiempo), que todo estaba bien, y no
recuerdo cuantas cosas más. Lo que si me acuerdo es que en un momento le dije
que ya podía descansar tranquila, que le agradecíamos todo lo que nos había
brindado, que no queríamos que sufriera más, y cosas por el estilo. Fue entonces
cuando vimos que unas lágrimas cayeron por su rostro y los dos nos abrazamos a
ella conmovidos en lo más profundo de nuestros corazones, por cuanto sentimos
que era su despedida final. Luego la
besamos en la frente y nos retiramos con una inmensa tristeza y alivio a la vez, emocionados por haber vivenciado algo maravilloso.
Horas después nos llamaron para avisarnos que había muerto.
Pasaron varios meses o tal vez
más de un año, cuando abrí el último frasco de dulce de damascos – de los
árboles de casa – que ella había elaborado y donde usaba un sistema de
conservación natural que utilizaban los inmigrantes sudafricanos (afrikaaners o boers) en el campo, mediante el cual podía durar un
tiempo increíblemente largo.
Aún recuerdo como lo fui saboreando
de a poco, día tras día. Disfrutándolo con todo mi ser, con la congoja de que
algún se iba a terminar. Estirándolo para prolongar ese sabor y ese aroma que
solo ella lograba, y que para mí nunca había habido ni habría otro igual.
Del
mismo modo en que se despidió ella, con lágrimas de amor deslizándose por mis mejillas, ingerí el último bocado, y sentí que la dulzura más infinita me habría de acompañar para siempre.
Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Abril 2013
(*) Anna Jacoba Venter de de Boer (09-08-07/22-03-91)
(*) Anna Jacoba Venter de de Boer (09-08-07/22-03-91)
jueves, 4 de abril de 2013
CONTRAMESTRE, MAR Y VIENTO (*)
El mar
alguna vez se le prendió del costado, haciéndolo vicioso de horizonte, después de haber aprendido, en el campo, a disponer del paisaje. Tal vez por
eso tenía los ojos tan profundos, de sal, de tiempo y de distancia, éste hombre
del que estoy hablando.
El mar
es un conquistador de espíritus. Estemos cerca o lejos, siempre nos alcanza.
¿Cómo entonces a él no lo iba a encadenar con sus anclas de ausencia?
Casi
toda su vida le dio el contramaestre, en el vientre salobre y desnudo del
muelle, donde olían los barcos a petróleo y se esparcían, entre las nubes, los
cuentos y las carcajadas.
¿Cómo
dudar entonces, que le dolió el descanso, que odió que lo jubilen, que le
quitaran lo suyo, esa dulce poesía que le encontró al trabajo?
Pero
disimulaba. Hablaba de libros, sueños, hacía proyectos, se la pasaba contando.
Pero ¿Quién no lo sabía? ¿A quién le cabían dudas que mucho del gigante estaba
templado en algas, en mangueras y viento, ese mismo viento que, de joven, solía
acompañarlo cuando recorría leguas al galope para ver a su amada?
Hay una
forma antigua de ser grande, hay algo que llevan estos tipos que crecen por
dentro, un modo de juntar los pedazos de su vida y las arman en esa mezcla rara
que llamamos alma. Y eso asoma. En la locura de treparse a las torres, de
pararse en las proas de las lanchas burlándose de las tormentas, danzando, de
no frenarse nunca ni con la edad ni con nada, menos aún si de ayudar se trata.
Le salía por los poros al grandote tozudo e ingenuo. Convencido que la vida era
para vivirla y que Dios estaba de su lado pasara lo que pasase.
Por
eso, hasta la muerte, cuando vino a tumbarlo, tuvo que pedirle permiso,
invitándolo respetuosamente a subirse a su coche de gusanos y olvido .Y solo
porque él aceptó, ya cansado, pudo llevarlo. Ya había fracasado otras veces,
sabiendo con quien se enfrentaba, mientras él se divertía, jactándose con sus
anécdotas, riéndose, aún de las penas.
Por eso
es preferible no decir nada. Es mucho tamaño, mucho esfuerzo para poder
apreciarlo con palabras.
Por eso
mejor callarse y recordar al hombrón en silencio. Así no queda el vacío, sino
el amor que él nos dejó por siempre. Eterno.
Miguel Angel de
Boer.
Comodoro Rivadavia, 17/06/99
(*) A mi padre: Don Wietze (Guillermo) Klaas (Claudio) de Boer. Nació el 4 de abril de 1912. Falleció el 23 de Julio de 1974
Mi papá
En la lancha de YPF (posiblemente en Caleta Córdova), el que está sin boina. El que está adelante es Diego Lezcano.
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