martes, 19 de abril de 2011

Choto (*)

La palabra del título tiene numerosas acepciones en los países de habla hispana incluyendo a la Argentina. Yo suelo usarla muy a menudo con mis pacientes - quienes pueden dar testimonio de ello - cuando no quiero andar excediéndome en explicaciones. Sea para ahorrar tiempo o bien para impedir la frecuente tendencia que tienen a no usar su propia capacidad de pensar. Cosa que logro, la mayoría de las veces, luego de que la escuchan por primera vez.
Cuestión que con el tiempo ellos mismos, ya familiarizados con el término, pueden comenzar una sesión diciendo “hoy no me des mucha bola porque estoy medio choto”, por ej. , o “pasé un fin de semana choto”, o bien un: “sí, es cierto, tengo que reconocerlo, mi vieja era medio chota”. Y así sucesivamente. Es decir que es empleada con un significado peyorativo y descalificador de una experiencia, una idea, una vivencia, una conducta, una escena, un relato, una sensación, un hecho, o lo que mierda (otro término de uso frecuente en terapia) fuere.
Claro que no la utilizo solo en mi trabajo (aunque ahora que lo pienso debe ser donde mas la aplico, dado que paso gran parte de mi vida con mis pacientes), sino también en lo cotidiano, con mis amigos o conocidos, en una charla profunda o superficial, en un comentario o un relato. Y aquí, en lo diario, también la expreso y/o pienso de un modo casi recurrente, iterativo. Choto.
Pero no se suponga un desorden compulsivo o en una ideación obsesiva de mi parte – aunque tampoco se descarte del todo - sino más bien en las circunstancias que provocan, que inducen involuntariamente su producción.
Tomemos por ejemplo un programa de radio.
Escucho que algún oyente opina que “durante la dictadura había libertad porque a mí nunca me pararon ni siquiera para pedirme documentos” y pienso: “¡Qué choto!”. O bien, como escuché hace poco a alguien que dijo: “Es bueno pegarle a los hijos, y yo le agradezco a mis padres que me hayan fajado porque sino no sería lo que soy hoy”, e inmediatamente pensé: “¡Pero que recontrachoto! ¡Este es un hijo de puta reprimido que está justificando la agresión que tiene o que va a tener con los hijos!”. Y miles, decenas de miles, millones de ejemplos más, si me dispusiera a ejemplificar con locutores, periodistas y demás integrantes de la familia radiofónica.
Ni hablemos de cuando miro tele.
Otra que recurrente o iterativo. Ya sea viendo las noticias o a un referí dirigiendo un partido. Lunati, por mencionar uno de toque. Es un ejemplo de árbitro medio choto, pero que me hace cagar de risa con sus sanciones, increíblemente, valga el término, arbitrarias. Puede pasar por alto una fractura expuesta sin que se le mueva un pelo, o bien sacar una roja de un modo intempestivo por un simple roce. Motivo por el cual los partidos siempre terminan siendo un tremendo despelote, donde todo se torna imprevisible hasta que los jugadores no llegan a los vestuarios.
Con las noticias claro, me llevaría páginas enumerar las veces que me veo calificándolas de chotas.
O los programas. Como Gran Hermano Choto, por mencionar algo como al pasar. O Desde el Llano y Hora Clave, que se encuentran entre los más superchotos, según mi modesta apreciación. Ni hablemos de sus conductores.
Pasa que siento que es choto de mi parte que me la agarre con la tele, ya que es muy poco lo que quedaría en pié.
Lo mismo que si comenzara a enumerar a algunos actores de la política.
Como para dar una idea de lo que me pasa, puedo mencionar que me basta con verlo- no digo escuchar lo que dice - a Rodriguez Larreta, para que casi reactivamente piense: “¡Pero que choto de mierda!”.
Ni que decir de los nefastos personajes que participaron activamente en el terrorismo de estado o los que defienden a los genocidas de la dictadura. La chota de Cecilia Pando sería un simple pero contundente ejemplo. Claro que, hablando de genocidas, los hay superrecontrarrechotos como Videla, Menéndez o Buzzi y tantos otros que ni quiero nombrar. Aunque, es cierto, cualquier calificativo es insuficiente para caracterizar a estos infames asesinos.
Y que decir de las numerosas cosas que pasan en el mundo o en nuestras simples existencias.
En el mundo.
Es choto lo que pasa en Japón y en Medio Oriente por ejemplo. Y en África, por supuesto. O todo lo que hacen o no hacen los grandes organismos internacionales para promover o intervenir “en salvaguarda de la paz “en los conflictos bélicos, según sus conveniencias. Y también el hambre, la injusticia y los abusos de poder. O que el Papa nombre obispo a un choto como Antonio Marino y no excomulgue a un rechoto como Grassi. Que Obama no cierre Guantánamo y otras tropelías por el estilo. Que los EEUU se digan luchar contra el narcotráfico siendo que el mayor consumo de drogas del mundo se da allí. Que Suiza se proponga como un ejemplo de democracia, cuando sus bancos están abarrotados del dinero y la riqueza de los mayores hijos de puta de este universo. Y si sigo con el tema a nivel global no termino más.
Y en nuestra Latinoamérica ni que hablar.
La pobreza, la indigencia, la contaminación, la deforestación, las migraciones forzadas, el desarraigo, el tráfico ilegal de seres humanos, el genocidio y la explotación de los pueblos originarios, las enfermedades evitables, los abortos y sus consecuencias, la trata, el abuso, la violencia., la corrupción, la discriminación, la xenofobia, son mas que recontrachotos.
De nuestro país mencioné algunas comunes al mundo y Latinoamérica, pero las hay otras que son autóctonas por no decir folclóricas tanto a nivel nacional, como regional y local. Por mencionar un hecho reciente que aún persiste: las elecciones aquí en mi provincia, Chubut. Vamos a ver si en otro lado logran superarnos en este grado de chotera.
Y tantas más.
Que muera alguien porque una ambulancia no llega a tiempo. El deterioro educativo. Los que dicen representar a los trabajadores y cobran retornos para no armar quilombo (y no refiero a la cámara oculta editada que mostraron los chotos de Clarín). Los que putean contra el INDEC pero se hacen los boludos cuando hay aumentos que los benefician. Los que se creen patriotas por ser “malvinenses” y no se les mueve un pelo viendo como se llevan las riquezas petrolíferas o hacen pelota el mar y la tierra con la depredación y la minería. Los padres, madres y también, hay que decirlo, los hijos abusadores, como asimismo abuelos, tíos, primos, cuñados y la familia tutta. Los que abandonan a los ancianos. Los que piden orden y seguridad y te pasan por arriba con sus cuatro por cuatro al menor descuido. El maltrato en las instituciones. Las patotas sindicales. Y aquí también sería de nunca terminar.
Claro que también hay artistas chotos, películas y libros chotos, comidas chotas, música chota. Y: jueces, abogados, porteros (casi una redundancia), médicos, psicólogos, odontólogos, veterinarios, artesanos, choferes, profesores, jardineros, mozos, albañiles, electricistas, dibujantes, marineros, buzos, escritores, mecánicos, bomberos, panaderos, almaceneros, peluqueros, gerentes, contadores, ingenieros, fotógrafos, escritores, quiosqueros, boxeadores, cocineros, en fin, cualquier rol, profesión o actividad humana a la que se le puede aplicar el concepto. Sin dudarlo.
Razón por la cual, ahora sí, por una cuestión de espacio y de tiempo, dejo al lector agregar lo que considere conveniente.

Ah! Y todo lo contrario sería, para mí: no choto.


Miguel Angel de Boer
Abril 2011

(*) Según me recordó mi amigo Sergio Bufano autor, junto con Jorge Perednik, de el Diccionario de la Injuria , publicado por Editorial Losada, 2005: Choto,a. adj.(arg) Feo, sin gracia, ridículo, zonzo, tonto, de pocas luces. Bolas, bolastristes, boludo, huevón, pelotudo. También achacoso, viejo. Agregando que: “ Siempre estuve en desacuerdo con el adjetivo. ¿Por qué? Porque choto es también sinónimo de pene, verga, pindonga, pingalocaes también sinónimo de pene, verga, pindonga, pingaloca, polla, pito, pichabrava, falo, pedazo, corcel brioso, pichula, pija. En el caso de utilizar Pija, se trata de un adj. y sustantivo para denominar a la persona astuta, pícara, avivada. Hacerse el pija es alardear de vivo y experimentado “. (Gracias por el aporte Tano).













martes, 5 de abril de 2011

Otra vez


Tal el título de un poema que escribi con motivo del asesinato de los jóvenes Kosteki y Santillán en el año 2002.

Después hubimos de padecer muchas mas. Después tanta represión tanta. Tanta inusticia tanta. Tanto dolor tanto.
Y siempre la esperanza.
La puta esperanza de que algo de lo que pasa no sea en vano.
La porfiada esperanza de que el horror no se reitere. De que pueden haber tiempos mejores, gobiernos mejores, un pais mejor, una sociedad en la que se pueda vivir con dignidad.
Con una mejor educación, salud, trabajo.
Boludeces mínimas a esta altura de la historia de la humanidad.



Recuerdo que en “aquellos años” en que soñabamos y luchábamos por hacer la Revolución, un querido compañero – que por suerte sobrevivió a la masacre, maestro él – en una charla de esas que se daban en un alto de nuestra ininterrumpida militancia, hablando de lo que haríamos si lográbamos el triunfo, decía muy suelto de cuerpo: “mirá, la cosa es así: tomamos el poder y resolvemos la cuestión del trabajo, la salud y la educación y listo!”.“Son dos o tres boludeces que hay que resolver.¿No te parece?”.

Y a mí me parecía.
Y me sigue pareciendo.
Y por impedir que logrráramos concretar estas boludeces destruyeron a una generación.


Y por estas boludeces, otra vez, muere un luchador en la querida Neuquén.
Maestro él.
De apellido Fuentealba.
Fuente blanca.
Fuente de luz.


Y otra vez, intentan matar la esperanza.
(Destrozando cabezas. Y corazones.)
Y otra vez, esta seductora insaciable, tentándonos a no bajar los brazos.
A instarnos a que no sea en vano.
A no cejar.
Por tantos. Por Carlos. Por los compañeros.
Por nosotros.
Por todos.


Otra vez.


Miguel Angel de Boer

Comodoro Rivadavia, Abril 6, 2007.

jueves, 24 de marzo de 2011

Inolvidable







Con motivo de la conmemoración del Día de la Memoria fui invitado por profesores y alumnos de un colegio secundario a dar testimonio de mi experiencia en relación al nefasto golpe de 1976.
Ya había sido invitado con anterioridad en otras oportunidades, por motivos similares.
Como siempre, entrar al colegio, escuchar el bullicio, ver a los adolescentes con sus gestos, sus miradas, me retrotrajeron a mis años del secundario con una nostálgica alegría.
Como siempre, el cálido recibimiento de las profesoras que estaban a cargo, me generaron una tierna gratitud ante su generosidad.
Luego el acto.
Un grupo de alumnos de cuarto año representó la irrupción de una patota en un lugar de la ciudad de La Plata, con el posterior secuestro, tortura, asesinato y desaparición de las víctimas, ronda de las Madres pidiendo justicia incluida.
Luego una mesa de alumnos que habían visitado a la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), relatando, no sin una inevitable turbación, sus vivencias e impresiones.
Por fin, di mi testimonio a través de un relato tanto de mi militancia, de las condiciones históricas previas y posteriores, como de lo acontecido el 24 de Marzo del 76.
Posteriormente se formaron grupos de discusión e intercambio coordinado por los propios alumnos.
Aún sigo conmovido por el largo, estruendoso y conmovedor aplauso que me brindaron los chicos y profesoras presentes.
Solo atiné a mirar en derredor para asimilar o registrar tan impresionante reconocimiento. Único. Imborrable.
A 35 años del intento mas feroz de la historia argentina por parte de las fuerzas armadas de acallar toda voz disidente con el poder económico, de aniquilar todo vestigio de oposición a los privilegios de quienes se enriquecen a costa de la mayoría, de destruir conciencias y corazones dispuestos a luchar por la justicia, utilizando los métodos más aberrantes, cobardes y crueles para lograr sus objetivos, con la aún hoy recurrente persistencia a reivindicar estos hechos, tergiversando la memoria, malversando impunemente las leyes para eludir el castigo, parece mentira haber podido presenciar y compartir un espacio como el mencionado.
El paso del tiempo, los numerosos acontecimientos vividos, la vida toda, transcurrió en un instante, y una brisa de aire fresco y tibio a la vez, penetró mi mente y mi cuerpo acrecentando aún más mi alegría por seguir en pié.
Y sentí el regocijo pleno de una revancha vital frente a la muerte, a la destructividad.
Con la felicidad de saber que esos queridos chicos, hayan tenido que padecerlo y puedan expresar, no obstante, con la frescura de su incipiente experiencia, su valoración por la libertad y su aspiración y compromiso a que nunca más se vuela a instaurar una dictadura en nuestra patria.
Me sentí, y otra vez más gracias, como vivir en un sueño que por muchos años ni siquiera pude imaginar.

Fue ayer por la tarde, miércoles 23 de Marzo, en el Colegio Provincial 732 Ignacio Kooning de Barrio Laprida, en Comodoro Rivadavia. Al sur del sur, en mi querida Patagonia.

Marzo 24, 2011

miércoles, 23 de marzo de 2011

Dolor

"Cada vez que se acerca el 24 de Marzo no puedo evitar que se me estruje el corazón, mis vísceras se retuerzan de angustia y mi corazón busque sosiego en el recuerdo de los aunque no estén siguen presentes por siempre!"

Fue lo que escribí en faisbuc hace unos días, lo cual motivó numerosas respuestas que agradezco profundamente, las que motivaron una reflexión de mi parte que a continuación transcribo:


Gracias a todos, por su solidaridad y afecto. Pero quiero compartirles que mi dolor va mas allá de lo personal. Al fin y al cabo, por traumático que haya sido lo que pasé, sigo vivo y pudiendo hacer muchas de las cosas que deseo con alegría.



A mi me sigue espantando lo que pasó en este pais ( y "en cualquier lugar del mundo donde haya injusticia", lo que ocurrió en la dictadura, la crueldad sin límites (el negrito Avellaneda), las violaciones, la complicidad de jerarquía católica, de los políticos advenedizos que ahora se la tiran de democráticos (Cafiero firmo el decreto 2772, Balbín inspiró el aniquilaiento de los obrero señalando la "guerrilla fabril"), el deterioro que económico, social y educativo que produjeron todos estos hijos de puta, en nombre de Dios y la Patria , nada mas que para obtener mayores ganancias y asegurarse de que nunca mas (este nunca mas es el que querían imponer) a nadie se le ocurriera rebelarse y luchar contra la explotación y los privilegios.

Me duele que sigan jodiendo con la teoría de los dos demonios, cuando en realidad las luchas de liberación fueron producto de años de proscripciones y cercenamiento de los derechos y libertades y no al revés.

Me duele la complicidad con la que con total hipocresía ( y por su propios intereses) muchos tienen "mala memoria" y se siguen haciendo los boludos, reclamando - desde el rol de un tercero que no se sabe donde estaba cuando ocurrían los hechos - que no "volvamos al pasado" y miremos hacia adelante, que son los mismos que hablan de "los derechos humanos para los delicuentes" cuando descreen de la justicia y añoran la época de la represión y el exterminio.

Me duele que se crea que todo ya pasó y que no persisten los efectos de la nefasta dictadura (con tantos genocidas que jamas recibirán castigo y "están entre nosotros") en la vida cotidiana, en la violencia imperante, en la mentalidad machista y discriminadora, en el autoritarismo vigente en las relaciones humanas, en el vaciamiento ideológico, si ideológico, e histórico que se manifiesta en la ignorancia de nuestros jóvenes, sin saber en su mayoría el porque de su presente.

Me duele que todavía haya hambre y enfermedades evitables.

Me duele que todavía haya familiares de desaparecidos que no han denunciado su pérdida (se de familias enteras).

Me duele, hasta lo mas profundo de mi ser, Julio López.


Lo que no quita. como mencioné, que muchas cosas me alegran. Pero de eso dan cuenta los textos que hay en mi perfil, en mi blog, en la web, en mis libros, y fundamentalmente, en mi trabajo, en mi vida, a la que trato de honrar permanentemente.

Un fuerte abrazo

lunes, 21 de marzo de 2011

A 10 de los 25

A 25 años (·)

Recuerdo que, hace exactamente 25 años (en la ciudad de Córdoba, la noche del 23 de Marzo de 1976), viviendo en la semiclandestinidad - dado que luego de haber estado en prisión habían intentado secuestrarme tras la muerte de la que era mi querida esposa y compañera - en una pequeña habitación que compartía con uno de los tantos compañeros que exponían su vida cobijándome, llegó éste con la noticia que todos esperábamos: esa noche se iba a producir el golpe.

Luego sacó, temblando, unas pequeña hojas (facilitadas por un abogado que defendía en aquel entonces a los prisioneros políticos) donde figuraba una larga lista, en letras muy pequeñas, con los nombres de quienes que iban a encarcelar (eso creíamos).

Aún tengo presente la angustia conque la recorríamos con el temor de encontrar nuestros nombres y la desesperación de ir reconociendo a muchos de ellos.

Salimos, alrededor de las 22 horas, a avisarle a todos los que pudimos para que tomaran recaudos, retornando aproximadamente a las 2 horas del día 24.

Estábamos lejos de imaginar lo que iba a acontecer. No pensábamos, pese a nuestro miedo, que iba a comenzar la etapa donde la crueldad, en su máxima expresión, caería sobre nuestro pueblo para herirlo despiadadamente.
Con el correr de los días, los meses, los años muchos de los que figuraban en esa lista fueron secuestrados, torturados, muertos o desaparecidos. Otros siguen aún vivos.

Fueron muchos los motivos por los cuales a 25 años, hoy puedo trasmitir lo que aqui relato. No si numerosos sinsabores, dolor, y circunstancias por demás penosas, que ahora no vienen al caso.

Pero sé también que sigo viviendo debido al valor y heroísmo de quienes guardaron silencio ante las peores ferocidades.

No solo a ellos (a titulo personal) sino a todos aquellos que hoy no están y que se llevaron un pedazo de lo mas bello del alma de nuestra historia:

a esos rebeldes, utópicos, idealistas, que creían que la Revolución era posible y que permanecerán siempre jóvenes en mi recuerdo;

a esos compañeros que en las fábricas, empresas y lugares de trabajo se sentían dignos y orgullosos de ser proletarios;

a esos vecinos que estaba convencidos que el barrio era de todos;

a esos religiosos que tenían la convicción de que Dios es amor y misericordia con los mas débiles;

a esos maestros, docentes, intelectuales, profesionales, que consideraban que sus conocimientos pertenecían a todos,

en fin, a esos seres bondadosos que no se sentían del todo felices, aunque amaban la vida, en tanto hubiera injusticia, explotación, miseria, enfermedad, que soñaban con un mundo nuevo, con un Hombre Nuevo, con una sociedad donde todos tuvieran oportunidades para desarrollar sus capacidades, a ellos (a las victimas todas), a quienes nunca voy a dejar de extrañar, les brindo, ya entrado el 24, mi más cálido, profundo y emocionado homenaje.

Y lo hago extensivo, con todo mi afecto, a los que siguen estando.



Dr. Miguel Angel de Boer

(·) Escrito el 24 - 03 -2001

lunes, 24 de enero de 2011

Como con bronca y junando

Entró despacio, arrastrando los pies, o mas bien la vida. Si bien los hombros parecían hundirse en el tronco, agobiados, tenía la cabeza erguida y su mirada, aunque cansada, conservaba un brillo peculiar. Como venía acompañada permaneció callada, dejando que su familiar describiera los síntomas por los que la traían a la consulta. Había intentado suicidarse varias veces cortándose las venas doctor imagínese para nosotros lo que es andar esperando encontrarla así tirada en el piso ensangrentada como la encontramos la última vez por lo que la ansiedad y la angustia predominaban durante el relato. Y no solo eso, también cuando puede toma medicamentos de todo tipo o los mezcla, sobre todo los psicofármacos. Y antes tomaba alcohol. Ahora por suerte hace tiempo que lo dejó. En tanto ella seguía en silencio, con esa indiferencia propia de quien ya se encuentra en un deterioro pensé, aunque de tanto en tanto nos observaba con interés aunque ajena a la situación. Y esto viene desde hace mucho y ya no sabemos que hacer con mi familia no se si entiende doctor. Cada tanto intercambiábamos una mirada y tuve la impresión de que por momentos entrábamos en un contacto distinto. Al cabo de un rato, agotada ya la descripción y la tensión acumulada por tanto tiempo, me dirigí a ella y le pregunté y porqué quiso hacer lo que hizo con tanta insistencia sin muchas esperanzas de que me respondiera. Para mi sorpresa, como si estuviera esperando la oportunidad de hablar desde hacía vaya a saber cuanto tiempo, me dijo en un tono entre acongojado y enojoso, como quien reclama un derecho indispensable que no le fue concedido a tiempo: es que ya no quiero vivir mas doctor, estoy cansada, podrida de vivir me entiende. Me imagino le dije, con tantos años vividos y las cosas que debe haber sufrido, no es para menos. No son los años sino como usted dice lo que me tocó vivir me respondió, como saliendo de un letargo en el que se había sumergido arbitrariamente. Usted sabe todo lo que viví preguntó, sabiendo que yo lo ignoraba. Cuénteme le dije y ella, también sorprendida por la posibilidad de una conversación que seguramente le había resultado impensable, prosiguió con el relato. Mire a mi me pasaron tantas cosas que ya ni me acuerdo. Sabe que tuve que cuidar a mi padre enfermo durante muchos años. Se murió hace poco y para mi fue un dolor y un alivio porque ya no daba mas. Pero eso no es todo porque hacia no muchos años atrás también se había muerto mi marido, también enfermo. Y miré que yo no estaba bien. Pero eso me deprimió más, porque me quedé mas sola. Digo mas porque yo ya estaba deprimida desde hace mucho tiempo por cosas que me pasaron. Bueno, pero le sigo contando, porque esto no fue todo. Todo esto hizo que me enfermara, que no comiera ni durmiera bien, y por eso me caí y me fracturé. Bueno pero eso no me importa. Yo no quiero seguir viviendo. No es para menos le dije. Con solo alguna de las cosas que le pasaron, alcanza y sobra para sentirse así, agregué. Ella me miró con mayor profundidad, tomó aire y, en tanto yo observaba las arrugas de su rostro y de sus manos tan llenas de historia pensé , como si agregara apenas un detalle, un dato mas a lo que ya había transmitido me dijo: usted no sabe porque digo que hay más doctor, porque a mi se me murió un hijo. Bueno no murió, lo mataron. Mas sorprendido de lo que estaba le dije no me diga, y como fue que lo mataron. Y ella continuó ya en un tono distinto, con esa voz pétrea con que se intenta transmitir lo indescriptible: fue durante la dictadura. La dictadura lo mató. Vio cuando dieron el golpe los militares en el 76. Ahí lo mataron. Tratando ahora yo de tomar aire no pude menos que preguntarle y como fue que lo mataron, en donde pasó. Y ella ya instalada en el carril de la naturalización del dolor insoportable e incomprensible me dijo: bueno yo digo que lo mataron, porque no lo vimos mas. Porque está desaparecido. Lo desaparecieron vio. No supimos mas. Por eso digo que lo mataron, entiende doctor. Entiendo le dije, atravesado por el dolor y, otra vez, el espanto, no solo de lo que me estaba diciendo sino, otra vez, de lo que me pudo haber ocurrido. Por eso doctor no quiero vivir mas, estoy cansada, muy cansada reiteró ya con el tono de voz mas bajo, agotado en intensidad y emoción. Tras unos segundos en silencio solo atiné a decirle que vamos a ver si podemos ayudarla a estar un poco mejor así al menos puede descansar mejor, que le parece. Bien me parece me dijo. Eso si agregué espero que no vuelva a hacer lo que intentó hacer otras veces. Ah dijo, reaccionando a mi pedido, no se preocupe que no creo que vuelva a hacerlo. Si ya lo hice varias veces y no me pude morir es que Dios no quiere que sea de esa manera, no le parece? Me parece le respondí, mas deseándolo con todo mi corazón que convencido de que su decisión interna fuera la misma que la expresaba verbalmente.
Como tenía que seguir atendiendo a otros pacientes , extendí la receta y luego de dar algunas recomendaciones me despedí y , también para mi sorpresa, me abrazó con fuerza y ternura, esas que suelen acompañar al alivio y la gratitud mas sincera.
Y, aunque aún tenía un largo día de trabajo por delante, sentí que por hoy con esto ya sería suficiente.

Miguel Angel de Boer
Enero 2011-01-22