lunes, 20 de marzo de 2023

Se cumplen 30 años de la publicación de mi libro "Desarraigo y Depresión en Comodoro Rivadavia (y otros textos)"



         El 20 de marzo de 1993 se publicó la primera edición (entonces ni me lo imaginaba) de mi  libro, y creo que un mes después hicimos una presentación inolvidable (muchos se acordarán), en la entonces confitería del Austral Hotel, con una concurrencia que desbordó el lugar llegando hasta la vereda.

         Desde entonces, su recorrido superó todas mis expectativas por la repercusión y difusión que ha tenido, a nivel local, nacional e internacional.  Basta mencionar que tanto la primera edición (1993), como la segunda (también en 1993) y la tercera (2011) han sido agotadas, sin contar las innumerables copias - que no fueron pocas-  que se hicieron del mismo.

         Además de las respectivas tapas, adjunto aquí los distintos comentarios que tan generosamente realizaron varios autores, colegas y amigos, en las distintas presentaciones, obviando agregar numerosas cartas, mails y saludos que he recibido a lo largo de los años de queridos allegados y personalidades de todos los ámbitos (literarios, educativos, políticos, sociales, institucionales, académicos), cuya lista sería interminable de enumerar sin evitar alguna omisión importante. 

         Se que el libro se encuentra y ha sido material de consulta o estudio en colegios, universidades, bibliotecas, es decir ámbitos académicos y literarios de nuestro país y el exterior ( Biblioteca de Nueva York, la Sorbona de París, entre otros).

          Pero, sin duda, lo más grato es que fue y sigue tuvo y tiene un reconocimiento amplio y generoso de parte de la comunidad "comodorense", que inspiró muchos de los textos (la mayoría de los cuales fueron publicados como artículos semanales en los diarios locales El Patagónico y Crónica), y a quien dediqué con el mayor de los compromisos, empeño y entusiasmo la elaboración y producción de su contenido.

         Agradezco a los lectores la felicidad que me han brindado y brindan al seguirle dando vida a mi primer pequeño libro. 

         Miguel Angel de Boer

         Comodoro Rivadavia, marzo 20, 2023.



Tapa Primera edición 1993 (Foto: Cristóbal Gallegos) Ed. Ediciones - Comodoro Rivadavia




                                                           
                                  Segunda Edición  1993  - Ed Ediciones - Comodoro Rivadavia

 
 Tercera edición 2011 ( Dibujo: Emiliano de Boer) Editorial Vela al Viento - Comodoro Rivadavia

  Introducción a la primera Edición

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2018/05/introduccion-la-primera-edicion-de-mi.html

 

                                              Carta de Dr. Eduardo Ordaz - La Habana - Cuba

Introducción a la primera Edición

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2018/05/introduccion-la-primera-edicion-de-mi.html


                          Comentario del Lic. César Hazaki - Psicoanalista- Escritor- Buenos Aires - 1ra Parte

                                                              

                                                                     
                                                                           2a Parte

                                      Comentario Jorge Vilardo - Escritor-Poeta- Comodoro Rivadavia
                                                                                1a parte

                                                                           2a Parte


                                                                             3a Parte

 

Nota Diario El Patagónico

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011/08/el-libro-del-mes-diario-el-patagonico.html

Nota Diario El Crónica

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011/09/diario-cronica-comodoro-rivadavia.html

Comentario Diario El Patagónico

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011/09/el-patagonico-comodoro-rivadavia.html

Imágenes de la presentación de la 3ª Edición – Comodoro Rivadavia

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011/09/imagenes-de-la-presentacion-de-mi-libro.html

Análisis y comentario de la Prof. Silvia Coicaud – UNPSJB  (Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco – Comodoro Rivadavia) - 2011

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011/10/presentacion-de-desarraigo-y-depresion.html

Comentario del Dr. Daniel Kersner – Médico Psiquiatra- Escritor –Dramaturgo – Buenos Aires - 2011

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2012/04/comentario-de-daniel-kersner-en-la.html

Presentación en Congreso Buenos Aires - 2012

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2012/11/invitacion-la-presentacion-de.html

Comentario Dr. Alfredo Grande – Médico psiquiatra, psicoanalista- Escritor- Periodista – Artista- Buenos Aires - 2012

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2012/11/comentarios-implicados-del-libro.html

 

 

 

 

lunes, 9 de enero de 2023

El Gordo (*) (**)


Cuando me enteré que el Gordo había muerto, no lo podía creer. Una recontranegación, pensé. De esas que surgen cuando algo nos resulta insoportable. Pero bueno, negación, desmentida o lo que fuere, la cuestión es que para mí seguía vivo. Para colmo, en las noches siguientes se me aparecía en los sueños o lo veía en las calles o en alguno de los cafés de Comodoro.

 Meses después, con motivo del 1er Congreso Binacional de Escritores Patagónicos que organizamos en la SADE local (siendo su fortuito presidente), vino el querido Osvaldo Bayer, con quien tuve la suerte de compartir momentos inolvidables. Como cuando fuimos a visitar, junto a Víctor Redondo, una escuela primaria en el Barrio Stella Maris, y la primera pregunta que hizo uno de los alumnos fue: “¿Qué es la poesía?”, y los tres nos miramos a la espera de que alguno tomara la posta, dada la simpleza que entrañaba la respuesta.

 No estoy seguro si fue en nuestra sede o cuando Osvaldo ya se estaba por ir, en el aeropuerto, que surgieron algunas de las anécdotas que había vivido con el Gordo.

 El tema afloró porque yo estaba bastante preocupado por el resultado de un partido de River que no había podido ver, cosa que le comenté. Nos pusimos a hablar de fútbol y Osvaldo me dijo, entre otras cosas, que le solía impresionar el apasionamiento desmedido de algunos hinchas y fue ahí que se acordó del Gordo Soriano.

 Resulta que cuando el Gordo estaba exiliado en Europa, solían hablar por teléfono para intercambiar información de lo que iba aconteciendo. En una oportunidad en que Osvaldo (Bayer) le estaba contando lo jodido que estaba todo (desapariciones, asesinatos y demás), en un momento de la charla el Gordo, con una voz grave, solemne, le dijo: “Osvaldo, necesito que me confirmes una cosa”. Bayer, suponiendo que se trataba de algo muy serio dada la tensión que percibió, se puso en alerta. “Si Osvaldo, decime”, le contestó. Y entonces el Gordo, con gran angustia, le preguntó: “¿No sabés si la posición adelantada que le marcaron a San Lorenzo, estuvo bien cobrada?”. Osvaldo (Bayer) quedó estupefacto. Tuvo que tomar aire antes de contestarle, impactado porque Osvaldo (Soriano) le hubiera salido con algo así, en medio de la tremenda tragedia sobre la que venían conversando. “No lo podía creer”. “Un tipo como el Gordo, tan lúcido, comprometido...preguntando algo así...”. “Con el riesgo que implicaba hablar por teléfono...me parecía increíble...”, rememoraba en voz alta, todavía asombrado. “Además, yo no tenía la menor idea de que contestarle”, agregó. Yo, asombrado por su asombro, me acuerdo que le dije que como hincha entendía la inquietud del Gordo. Y Bayer me quedó mirando medio perplejo y dubitativo, a la vez que tomaba una casi imperceptible distancia. Con la misma cara que, me imagino, debía haber puesto cuando escuchó la pregunta del Gordo. Pero también noté que, a pesar de eso, su charla denotaba un misterioso entusiasmo. Como quien se tienta por compartir algo y debe contenerse. Además, cada tanto miraba alrededor, como buscando a un conocido, de esos que uno anhela encontrar fortuitamente.

 Luego de despedirnos volví a casa muy contento, pero con una inquietud difusa, imprecisa.

 Esa noche, como me costaba dormir, me puse a ver “No habrá más penas ni olvido” que la tenía (y la tengo) en video, sin imaginar ni por asomo los acontecimientos futuros.

Transcurrieron unos días y empecé a tener la sospecha de que estaba delirando, porque otra vez lo volví a ver al Gordo. De un modo fugaz e impreciso, como ocurre con esas percepciones equívocas, pero con mayor frecuencia que al comienzo. Y me resultaba más familiar. Extrañamente familiar.

Lo cierto es que un día, como aún suelo hacer, fui a dar una vuelta por Caleta Córdova (con v corta), un ex -campamento de YPF que queda muy cerca de Comodoro, y que es uno de los lugares más bellos que existe, sin duda alguna. Porque Caleta parece hecho a propósito de un cuento o una película, tal su increíble encanto. (***) Claro que entonces todo estaba muy deteriorado, por efecto de la privatización y el abandono. Pero por suerte la naturaleza no terminaba de enterarse y yo iba a disfrutar de mis recuerdos (allí transcurrieron mis primeros años de vida) y del azul del mar y la ternura de los lobos marinos.

 Aún tengo presente que al llegar encontré la playa desierta, por lo que me recosté en el pedregullo cerca del muelle, dispuesto a aprovechar la tranquilidad que había.

 No sé cuánto tiempo pasó, porque me quedé dormido, cuando di un vistazo alrededor. Fue entonces que vi a un tipo, también tirado en la playa, apoyado contra una de las barcazas, de esas que están encalladas hace añares abandonadas. Estaba de lo más absorto leyendo un libro y tomando mate. Al verme me saludó con la mano y yo sentí que un escalofrío me inundaba la médula cuando me di cuenta que no era otro que el Gordo Soriano. “Me tengo que medicar urgente” fue lo primero que se me ocurrió, tratando de calmarme. “Si es una alucinación está perfecta”, me dije casi contento y a modo de consuelo, porque al menos conservaba algo de conciencia de lo que me estaba pasando. Pero como al Gordo lo seguía viendo real y concreto, no me lo pensaba perder, fuera o no producto de un extravío. Y con las piernas temblando y el corazón a punto de estallar, como si estuviera en la final de una Copa, me dirigí hacia donde él estaba.

 A medida que me iba acercando levantó la cabeza y comenzó a mirarme, con esa sonrisa entre faunesca y angelical, tan peculiar que tiene. A mí los ojos no me alcanzaban. Casi afiebrado, seguí caminando con miedo de desmayarme, mientras él seguía esperando lo más campante. Cuando ya me encontraba a unos pasos, me dijo con una total naturalidad “Hola Miguel, como estás”. Y yo, que casi me caigo de culo, le respondí: “¿Sos vos Osvaldo, nomás?”. Y él, que ya no aguantó más, largó una carcajada tal que algunas gaviotas se espantaron. Aunque, la verdad, no solo las gaviotas estaban espantadas.

 Yo no sabía que hacer: si abrazarlo, si putearlo, si ponerme a gritar, si llorar, si salir corriendo a pedir ayuda o bien si dejarme llevar por lo que estaba sintiendo, pasara lo que pasase. A la vez, una inmensa alegría se me entremezclaba con una profunda tristeza, porque sabía que en cualquier momento se esfumaría el maravilloso ensueño que estaba viviendo.

 Cosa que, por suerte, no ocurrió.

 Por el contrario.

 Esa tarde nos quedamos hablando horas y horas. Felices. Acariciados por el sol de enero y casi sin viento. Hasta que el día se fue desvaneciendo y una luna generosa iluminó el mar para que prolongáramos sin apuro nuestro encuentro.

 Desde entonces nos juntamos cada vez que podemos.

 El a veces se ausenta por un tiempo, porque se va de viaje (le encanta hacerlo con mi Galaxy 93 porque lo usa como casilla rodante) o se encierra a escribir.

 Pero no pasa mucho tiempo sin que venga visitarnos, a mí y al gato, que me dejó para que se lo cuidara y que se hizo muy amigo de mi perro Boogie.

 También de tanto en tanto vamos a recorrer distintos lugares o a participar de lo que acontece.

 Estuvimos en la inauguración del Monumento a Facón Grande en Jaramillo (Bayer lo sabe porque también estuvo, lo mismo que Federico Luppi y Héctor Olivera con quienes pasamos todo el día juntos). Puteamos por lo que pasaba con Menem y después con la Alianza. Estuvimos en varias marchas de Plaza de Mayo y acompañamos en su lucha a los desocupados, a los piqueteros, a los petroleros y a los docentes, entre otros. Él más que yo, porque anda por todos lados y además no tiene problema de horarios.

Sufre por Irak, por la injusticia, por la corrupción, por la pobreza, por la desaparición de Lòpez, por todo.

Pero también, es cierto, tratamos de no perdernos ningún partido importante en el Estadio Municipal. Aunque a él le encanta ir a la “heladera” de Ameghino, el club de mi barrio, que queda a dos cuadras de casa.

En fin, se las arregla para estar presente - como siempre hizo - no solo en todo lugar de lucha, sino que cuando puede - tengo que decirlo - tampoco se pierde ningún partido del Ciclón.

Y yo no dejo de gastarlo, aunque se embole, con Ramón Díaz y todos los “millo” que integran el equipo. (****)

 Miguel Angel de Boer

 Comodoro Rivadavia, marzo, 2007 (mayo 2008)

 

 


 (*) Basado en una propuesta de Tulio Galantini quien está preparando un documental sobre el Gordo.

 (**) El dibujo es de mi hijo Emiliano, modificado del ya famoso homenaje que le hiciera a Osvaldo, Daniel Paz. Boogie, yo, Osvaldo y el gato.

  (***) El mismo Caleta Córdova donde no hace mucho se produjo una lamentable contaminación debido a un derrame intencional de parte de un buque petrolero

  (****) Lo gastaba. Ahora me está volviendo loco.

 Algunos de los sitios donde fue publicado:

 http://lamaqdeescribir.blogspot.com/2008/05/miguel-ngel-de-boer-el-gordo.html

 http://www.paginadigital.com.ar/articulos/artilit.asp

 

http://inmigracionyliteratura.blog.arnet.com.ar/archive/2008/05/19/el-gordo.html

 

http://inmigracionyliteratura.blog.arnet.com.ar/archive/2008/05/19/el-gordo.html

 

 

 




sábado, 19 de noviembre de 2022

El Autoritarismo (*) (**)

              Papi, necesito que me des plata para la cooperadora.

- Bueno...
- Pero... dámela ahora.
- Pero ahora no tengo...
- Me la tenés que dar sin falta.
- Pero... ¿por qué? - Porque si no la señorita nos reta...
- ¿Los reta? -... y ... si... nos dijo que pobre del que no venga mañana con la plata de la cooperadora...
(Este diálogo es una reproducción textual de un hecho real ocurrido en esta ciudad en el presente año entre un niño en edad escolar y su padre)
«Cuando oigo la palabra cultura llevo la mano al revólver»
Goebbels
Una aproximación.
Si partimos de la premisa de que la Salud Mental tiene que ver con una adecuada percepción de la realidad, en tanto de ese modo puede la misma ser modificada, podemos colegir que la enfermedad, la no-salud mental, se emparenta con una percepción inadecuada (se trate de la realidad interna o externa al sujeto). Esto conduce a una imposibilidad de transformación; es decir, a una adaptación pasiva.
La historia de un individuo no es ajena a la historia social y política, a la historia de la sociedad en la que vive. En nuestro país, los hechos históricos y los procesos sociales que los condicionan cursan con tal velocidad, que hace menos que imposible intentar una síntesis abarcadora que no deje de lado elementos importantes para su comprensión. No obstante, y a riesgo de un esquematismo pueril, podemos establecer como uno de sus jalones relevantes, el advenimiento del actual período democrático.
Para entender una situación determinada, es necesario remitirse a aquella de la cual surge como producto. Para ser más preciso: así como el ejercicio de la democracia se caracteriza por el grado de libertad que puede desplegar un individuo, una dictadura halla su fundamento en aquello que tiene que ver con la coartación de dicha libertad, el autoritarismo.
Autoritarismo: «principio de obediencia ciega a la autoridad como opuesto a la libertad individual de pensamientos y acción».
Ahora bien: el autoritarismo, ¿desaparece de «escena» de un modo espontáneo por el mero hecho de que se instaure un gobierno democrático? ¿o su operatividad, su internalización psíquica en los miembros de la sociedad sigue efectiva, siendo esa efectividad uno de los mayores escollos en el desarrollo de una auténtica vida en democracia? Si entendemos que la Salud Mental puede evolucionar en la medida en que la misma no sea obstaculizada por la coerción (cualquiera esta sea), bien podemos suponer que el autoritarismo frena su curso, lo trastoca, lo desequilibra, inhibiendo la adaptación fecunda del ser humano, enfermándolo.
Producida la apertura democrática, un respiro de alivio psíquico se propagó en la población. Años de represión, de terror y aún de guerra, «quedaban atrás», posibilitando una suerte de descompresión psico-afectiva que paulatinamente se fue transformando en un duelo depresivo en relación a lo vivido.
Aun así, y a poco de andar -a más de los intentos reales de retorno al pasado, como si ello fuera posible, los fracasos del actual gobierno (fundamentalmente a nivel económico) reenviaron a más de uno a la nostalgia autoritaria, provocando un estado de confusión debido a un inadecuado balance e integración entre los aspectos sanos (democráticos) y los enfermos (autoritarios).
En la medida en que los propios aspectos autoritarios ya no pudieron ser proyectados en el afuera -en el gobierno de facto- la toma de conciencia de los mismos sembraron desazón y desconcierto, en aquellos que accedieron a reconocerlos como inherentes a su persona, patentizándose crudamente sus efectos en la esfera personal, familiar y/o social. En otras palabras: ya no se trató de la vivencia de alivio producida por el fin del autoritarismo estatal, sino de ver qué tenía que ver cada uno para que aquello hubiera sido posible. Aciaga concientización de la interrelación individuo-sociedad, sujeto-cultura, ciudadano-país o como quiera denominarse a dicho proceso.
Surgen dos cuestiones: El autoritarismo no ha desaparecido y no cabe hablar de una democracia que se realiza plenamente.
Los gobernantes, ¿no son responsables, responden de y por el bienestar de la población que los ha elegido? ¿Qué los sitúa por «encima de los demás» -sus gobernados- para que, insidiosamente en unos casos, descaradamente en otros, puedan ejercer desde el lugar que ocupan, una relación que coloca a sus gobernados (precisamente los que posibilitaron su lugar de «privilegio») en un nivel de debilidad, de sometimiento, de inferioridad, de desprotección, en fin: de desigualdad frente a la «investidura» otorgada? Es este «desencajamiento», esta discordancia, uno de los modos manifestados por el autoritarismo en la democracia. Que se encarna ahora en aquél que -ya no por la fuerza-, sino de una manera «civilizada», «culta», «política», recurre al uso del poder que le da la potestad para practicar democráticamente, en la forma, un autoritarismo auténticamente puro en contenido. En donde el «yo soy más que vos porque tengo las armas» se ve sustituido por el «yo soy más que vos porque ocupo una función»; siendo los «menos», los «desiguales», los que eligieron con la expectativa de que sus necesidades y demandas pudieran ser satisfechas.
Ya se sabe que el Poder existe, que está en todas partes.
Que su expresión va más allá de una persona o una institución determinada. Que constantemente se produce y se reproduce, que circula y se distribuye. Ya se sabe que no somos todos iguales sino distintos, diferentes. Pero no es menos cierto que todos buscamos, deseamos, igualdad de oportunidades de acuerdo a nuestros intereses y capacidades, en pos de un pleno desarrollo afectivo e intelectual. Que anhelamos una democracia que merezca el nombre de tal. Con gobernantes, funcionarios o quienquiera ocupe un lugar o un rol de responsabilidad respecto a los demás, que ejerzan su poder -el que les cedimos- para beneficio de todos. Y si esto no fuera posible por difícil, algo debe quedar en claro: no se lo hemos brindado para ejercerlo contra nosotros o, lo que es su equivalente, para disponerlo a su único, personal y egoísta provecho.
Una descripción.
Sería erróneo suponer que el autoritarismo, verdadera «peste psíquica» de la humanidad, se manifiesta exclusivamente a nivel político. En todo caso es allí donde se expresa «públicamente», haciéndose, por lo tanto, más evidente. El autoritarismo es un fenómeno, si cabe el término, que abarca a la sociedad toda, de los modos más diversos y con las consecuencias más variadas.
A fin de que los lectores puedan sacar sus propias conclusiones, describiré las características más sobresalientes del autoritarismo, advirtiendo que cualquier semejanza real o ficticia debe tomarse como una mera coincidencia:
-El autoritario confunde autoridad con mando; es decir, la superioridad que deviene del lugar que ocupa por encima de las cualidades que le confieren respeto. Y «mando» implica imposición, una unidireccionalidad que no contempla los intereses del otro, del semejante.
- El «otro», por distinto, es vivido por el autoritarismo como una amenaza. De ahí que cualquier intento de diferenciación es peligroso. Así, la desobediencia (adora que lo obedezcan), el disenso y la crítica le resulten intolerables.
- Suponiendo que el lugar que ocupa le otorga poder sobre los demás (no importa cuál sea; el de padre, portero, funcionario, profesional o cuidador de una playa de estacionamiento), confunde sitio con atribución.
- Para él, no se trata de estar representando una función; él es la verdad misma. Y busca demostrarlo constantemente.
- Generaliza sus verdades parciales, haciendo de cada pensamiento una máxima; de cada idea, un mandato.
- Su intolerancia a los conflictos es absoluta, razón por la cual toda duda genera una angustia incontrolable. Todo es malo o bueno, blanco o negro. Su tendencia a calificar, a clasificar, a ponerle membrete a todo cuanto lo rodea, le impide un adecuado ajuste con la realidad.
- Inseguro y débil, busca reforzarse continuamente para ocultar su sentimiento interno de minusvalía. - Su tendencia a repetir frases hechas, a ser reiterativo, tornan casi imposible un intercambio de ideas, un diálogo de pensamientos distintos.
- Temeroso de los cambios, puesto que esto exige una nueva adaptación, todo lo que implica movilidad es fuente de sentimientos persecutorios. Hace un culto del pasado, odia el presente y aborrece el futuro.
- Vigilar, sospechar, controlar, son sus actitudes constantes. Nada debe escapar de sus manos. O de sus pensamientos. Todo lo que está fuera de control se torna temible. Y lo que no, es fuente de seguridad y de poder. Se trate de dinero, de expedientes (cuantos más sellos mejor), o de la salida de sus hijos.
- Su apego a las normas es incondicional. Ama los rituales, las formalidades, lo que debe ser.
- Incapaz de percibir adecuadamente sus propias necesidades afectivas o emocionales, ignora o demuestra un total desinterés por las necesidades ajenas, tomando como parámetro únicamente los aspectos superficiales de los hechos. Por ejemplo: es más importante que un hijo coma con buenos modales a saber si tiene hambre o disfruta de la comida; si un niño tiene necesidad de orinar es prioritario que lo haga en el recreo, cuando corresponde, a que sufra por no poder hacerlo cuando lo desea. El autoritario se embelesa con las formas; le importa «cómo» y no «qué». Así, es importante para él vestirse bien, hablar como corresponde, sentarse correctamente, hacer la fila ordenadamente. No importa la finalidad.
- En cuanta ocasión se le presenta ejercita su «superioridad» sobre los demás. Asimismo, es incapaz de cuestionar las investiduras o jerarquías. Porque el autoritario es un ser profundamente dependiente. Sus tendencias sadomasoquistas lo impulsan siempre a depender de una fuerza externa superior que le dé sentido a su insignificancia interior o bien desplegar su supuesta omnipotencia sobre quienes considera inferiores a él.
- Su temor a la soledad es intenso y su incapacidad de relacionarse profundamente de tal magnitud, que siempre está atento a las situaciones que le confieren importancia (la que no puede sentir por sí mismo).
- Los sentimientos de celos, posesión y envidia pueden llevarlo al ejercicio de la crueldad más extrema cuando la misma se ve posibilitada (y que suele recrear en sus fantasías).
- Prisionero de una permanente omnipotencia, todo aquello que no coincide con sus deseos o pensamientos lo desborda, se trate de que se suspenda su programa favorito de televisión o de que alguien no esté de acuerdo con sus opiniones.
- En realidad, le angustia pensar. Está incapacitado para hacerlo creativamente. Sus diálogos son monólogos y sus sugerencias son órdenes. Quien no está de acuerdo con él es menos inteligente, no lo comprende o directamente es un enemigo.
- Su imposibilidad de encontrase consigo mismo, de reflexionar, de aceptar sus propias contradicciones lo llevan a una actividad corporal -la acción- continua. De donde deviene una compulsiva necesidad de despliegue físico. Debe moverse para no pensar. Los esfuerzos físicos tienen el valor de una descarga -de sus ansiedades- y de una demostración de sus habilidades y destrezas. Jamás de la búsqueda de placer o de distracción. Corre, porque le «hace» bien, juega para ganar. El desafío a lo que siente como su propia debilidad anula su capacidad de gratificación. Siempre se está probando, rindiendo examen, demostrando algo. La alegría está en la «superación», no en el simple hecho de divertirse. Su cuerpo es un instrumento y la disposición al sacrificio, su meta cotidiana. Hace del sufrimiento la virtud más elogiable.
- Todo tiene que tener un sentido, a todo subyace una especulación. Hasta en las actitudes aparentemente más desinteresadas hay un interés solapado. Ayuda para que reconozcan su bondad, se sonríe para que lo consideren simpático.
- El autoritario es un adicto a la aprobación de los demás; su vida gira en torno a la aprobación de los demás, tal la pobreza de su autoestima.
- De pensamientos e ideas rígidas e inflexibles, interpreta al mundo en términos de pares antitéticos: sometedor-sometido, superior-inferior, fuerte-débil; siempre ubicándose y ubicando a los demás en alguno de los polos. De allí su admiración y sumisión a todo lo que simbolice superioridad, fortaleza, y su desprecio a lo que considera débil, inferior. Su arrogancia es la máscara de su desvalorización. Incapaz de reconocer sus dificultades, se auto-exige y exige de los demás un perfeccionismo que no tiene límites.
- Su agresión, producto de innumerables frustraciones, está bajo permanente control; presta a estallar en cualquier circunstancia que se le presente. El sentimiento de frustración hace del autoritario un quejoso y un resentido. Todo le iría mejor si no fuera por culpa de los demás, del país o del mundo. Y ese sentimiento impregna todas sus actitudes impidiéndole el logro de sus objetivos. Por supuesto que cuando algo le sale bien esto se debe exclusivamente a su propia capacidad y esfuerzo; nunca a la ayuda o colaboración ajena. Ignora lo que es el sentimiento de gratitud, no le debe nada a nadie y en cambio, todos están en deuda con él.
-Sintiéndose el eje del mundo y del universo, su proyección apocalíptica condiciona su existencia. Nada es confiable, siempre existen los peros. Quiere todo o nada.
- Desconoce el placer, desde el más simple hasta el más profundo. Incapaz de sentir íntegramente y de amar auténticamente, su sexualidad es mecánica y compulsiva. El autoritario ama que lo amen, estima que lo idealicen y su narcicismo crece en la medida en que lo hace sentirse único, infalible.
- Detesta lo que no entiende y abomina lo que no posee, fundamentalmente en el plano afectivo; razón por la que desprecia todo lo que tiene que ver con los sentimientos. De ahí la discordancia entre su sensiblería por lo intrascendente y su frialdad para los hechos de real importancia afectiva.
- Signado por el temor a la independencia; excluido de la posibilidad de construir su propia historia, destruye su vida día a día, sosteniendo caricaturescamente una identidad que no le pertenece y de la cual no logra apropiarse para su felicidad.
Esta descripción no pretende agotar el tema propuesto ni mucho menos. Si es de utilidad para que quien acceda a su lectura, recapacite y reflexione, habrá cumplido su objetivo.
Final.
Hace ya algunos años se realizó una experiencia que consistió en que distintas personas tomadas al azar, pudieran manipular una perilla con distintos voltajes a fin de provocar una descarga eléctrica en un sujeto colocado en una silla a tal fin, al cual observaban a través de una cámara. La gran mayoría elevó el voltaje hasta la zona de peligro de muerte. Un número menor desechó la experiencia antes de llegar a la zona crítica. Fue excepcional el caso de quien directamente se negó a participar. Todos ignoraban que se trataba de una simulación
No hay ninguna relación humana que no pase a través de la cuestión de poder.
El problema es cierto, está en quien manda, pero no menos en quien obedece. No hay sometedor sin sometido. El sustrato, la argamasa es el autoritarismo que, como actitud psíquica, no es monopolio de nadie. Atravesando a la sociedad en su conjunto, nos atraviesa a nosotros mismos, convirtiéndose en el principal impedimento para un desarrollo verdadero en tolerancia y libertad.
Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Agosto de 1988.
(*) Presentado en el II Encuentro Argentino de Psiquiatras, organizado por la Asociación de Psiquiatras Argentinos en San Juan, en abril de 1989
(**) Publicado en “Desarraigo y Depresión en Comodoro Rivadavia (y otros textos) en sus 3 Ediciones (agotadas)

jueves, 22 de septiembre de 2022

¿Y los drogadictos? (*)

 

En el mes de noviembre de 1987 el médico psiquiatra Miguel Ángel de Boer realizó un trabajo sobre la drogadicción en Comodoro Rivadavia. Por razones varias su publicación se fue posponiendo. Hoy, al reactualizarse el tema con el joven internado en el Hospital Regional «Manuel Sanguinetti», que, por utilizar drogas inyectables, habría contraído el SIDA, «El Patagónico» considera oportuna su publicación. Cabe destacar que el Dr. Miguel Ángel de Boer es especialista en el tratamiento de drogadictos.    

 

No hace mucho tiempo irrumpió en nuestra ciudad, como nunca antes había ocurrido, una movilizadora preocupación respecto al problema de la drogadicción. Surgieron así, diversas inquietudes que generaron marcadas expectativas y no pocas ansiedades. Pasada la oleada de priorización del tema, un paulatino «olvido» fue ganando terreno y salvo elogiables excepciones de continuidad, la comunidad en su conjunto (y las autoridades pertinentes) optó por la apatía y el desentendimiento. Por el contrario, los interesados directos -adictos o droga dependientes- lejos de desaparecer, siguen librados a su «suerte», sin que se avizoren respuestas adecuadas a la magnitud del problema.

Las demandas de atención siguen un curso ascendente y, según las informaciones, el consumo continúa incrementándose; asimismo, la variedad del tipo de drogas utilizadas. Es decir: el problema está lejos de ser resuelto, pues no bastan las buenas intenciones para que el mismo se disipe mágicamente.

Una aproximación.

Cualquier intento de agotar globalmente el problema de la drogadicción corre el riesgo de ser parcial, dada la complejidad del mismo. Pues distintos enfoques contribuyen a explicar la problemática que nos ocupa desde ángulos diferentes, sin que esto implique que sean excluyentes. Ante la pregunta ¿qué es la drogadicción?, las respuestas pueden ser tan diversas como complementarias, todas igualmente válidas en función de dar cuenta de una resolución efectiva. Pues bien, podemos responder que la drogadicción es una enfermedad producto de un desajuste emocional o afectivo, caracterizada por la dependencia psíquica y física hacia una o varias drogas, como asimismo que la drogadicción es el producto de resultar uno de los negocios más redituables existentes en el mundo actual (200 mil millones de dólares se mueven en torno al comercio de la droga en nuestro planeta). Respecto a lo antes expuesto, no cabe duda que, si la salud mental pudiera ser adecuadamente promovida, el problema declinaría. El efecto sería similar si el negocio dejara de ser tal. Ahora bien: ¿Los problemas existentes en la juventud actual (sector predominantemente afectado) se deben al uso de las drogas o el uso de las drogas deviene de la conflictiva que deben enfrentar nuestros jóvenes en el mundo actual? Evidentemente ambas respuestas no son sino las dos caras de la misma moneda y acentuar una u otra implica falsear la realidad del fenómeno.

Drogadicción y drogadictos.

Como en toda cuestión espinosa, las respuestas generalizadoras son las que pretenden, en pos de disminuir el monto de ansiedad que la impotencia promueve, imponerse ilusoriamente como verdades absolutas. Hago esta salvedad, porque si bien podemos hablar en términos generales de la drogadicción (con el objeto de brindar información) debemos prever el riesgo de perder de vista a los verdaderos afectados; es decir, al ser individual, particular que padece el sufrimiento de su patológico estado.

En este sentido, cada vez que alguien me plantea hablar acerca de los drogadictos, siempre me veo tentado de responder: ¿Cuál drogadicto? Esto viene a colación porque entiendo que uno de los peligros que se corren al abordar el tema es el de englobar indiscriminadamente bajo el rótulo de adictos, a seres humanos que, por su condición de tales, se caracterizan por su originalidad y las más de las veces, dicha drogadicción favorece una de las características más contraproducente en la solución del problema; esto es, la marginación. Por medio de ésta, la sociedad en su conjunto, promueve y fortalece el estereotipo del «adicto», buscando desconocerlo como producto de la misma y colocando fantásticamente en él todos los atributos negativos de los que no puede o no quiere hacerse cargo como modo de mantenerse intacta, sana, en la medida en que la línea de demarcación (totalmente física) puede ser sostenida.

Así, por un lado, están los drogadictos, enfermos, vagos, sucios, deshonestos, perversos, viciosos (¿ qué adjetivos les cabría a los narcotraficantes?) y por el otro los que no lo son, en un afán omnipotente de evitar confusiones contaminantes y de encontrar «chivos expiatorios» para un problema que es del conjunto. Porque la existencia de la drogadicción es el emergente de una sociedad conflictiva. Como lo es la delincuencia, el alcoholismo o cualquier hecho cuya repercusión se proyecta en la sociedad de la que es a su vez el producto. Y es con este tipo de caracterizaciones que las dificultades se agravan, pues mal que nos pese, todos estamos involucrados, sea desde el punto de vista profesional, moral, ético, religioso, político y no es ni con el rechazo, la negación o con imaginarias «extirpaciones quirúrgicas» que las vamos a resolver, sino a través de un compromiso activo -en el ámbito y el rol que a cada uno le compete- que podremos encararlas eficazmente.

 

Dr. Miguel Angel de Boer

Médico Psiquiatra - Psicoterapeuta

 

(*) Publicado en diario “El Patagónico” de Comodoro Rivadavia y en el libro “Desarraigo y Depresión en Comodoro Rivadavia (y otros textos) – 3 Ediciones agotadas.

lunes, 20 de junio de 2022

Reportaje realizado por Carlos Alberto Parodíz Márquez del Diario La Unión en el 2011 (*) (**)

 

Desde Comodoro Rivadavia el escritor, médico psiquiatra, y militante, Miguel Ángel de Boer, revisa su historia.
Los recuerdos son como los sueños: se interpretan. Y como la duda es la madre del descubrimiento, es oportuno hacerlo con este respetado profesional y elegido autor, publicado en el mundo, para conocerlo.
Escritor y médico psiquiatra, sus actividades se nutren de una resistencia llamativa que lo realimentan.
Un militante político que perdió una esposa (María Haydée Rabuñal), muerta por la represión, se sobrepuso para dar su experiencia y elaborar la contención que la tarea demanda.
Ayuda a rehacer lo deshecho y esa solidaria vocación lo devuelve
reconvertido en un poeta caudaloso, ensayista respetable y narrador de garra, que puede verificarse según se lee.
La aventura de vivir y ayudar para que ello ocurra no es una tarea menor y se desliza en la construcción de sus respuestas.

–¿Cuál es tu historia, Miguel Ángel de Boer?
–Yo soy oriundo de Comodoro (Rivadavia) y nací en 1950; mi ascendencia es de abuelos sudafricanos y holandeses, Boer; ellos llegaron después de la guerra (anglo- boer, 1899), que duró cuatro años y fue cruenta, porque eran combatientes resistentes. Agrego que estos “boer” (madres, esposas e hijos principalmente) sufrieron en los campos de concentración ingleses y algunos fueron desaparecidos. Todo esto mucho ante antes de ser Sudáfrica.

–¿Y qué fue de tus estudios?
–Estudié la primaria en la región, en campamentos de YPF en colegios estatales, hice el secundario en el Nacional Perito Moreno, que era de excelencia donde terminé en el ‘66. Ya había ocurrido el golpe de Onganía.
Tengo la suerte de tener una formación media muy buena, gracias a mis padres que me brindaron lo mejor que pudieron. Soy hijo adoptivo, busqué a mis padres biológicos durante bastante tiempo y estuve cerca de conseguirlo, pero aún no logré dar con ellos.
Luego cumplí con uno de mis primeros grandes sueños, que fue estudiar medicina. Lo hice en Córdoba por el prestigio que tenía la Universidad. Fue en 1966-67.
Tengo una esposa muerta, previo al ‘76, con quien estudiaba.
Ya habíamos estado en la cárcel. Murió en un enfrentamiento.
Cosas de la vida: un militar me dio el título, investido como decano, en la Facultad.
Después regreso a Comodoro y empiezo a trabajar en un servicio de Psiquiatría, de donde fui expulsado por la Ley de Seguridad. Pero fui armando un espacio profesional que se fue afirmando con el tiempo, uno de cuyos jalones fue la constitución del Centro de Investigación y Atención Psicopatológica (CIAP).
–¿Y el acercamiento a la literatura?
–Tuve la suerte de aprender a leer a los cuatro años. No tengo preferencias,
soy lector errático, ecléctico. Soy de leer cinco o seis libros a la vez.
–¿Qué resultó de la experiencia de escribir?
–Escribir para mí se fue construyendo; primero ensayos por la profesión, después empiezo a escribir artículos para diarios locales sobre salud mental, sobre hechos sociales y su relación con la salud. Paralelamente cuentos, relatos y poemas. Esto fue aproximadamente entre el ‘83 y el ‘90.
Durante la dictadura escribí relatos que nunca publiqué, relatos y poemas sobre mi experiencia cordobesa y, dadas las condiciones, jamás pensé en publicarlos, aunque estoy pendiente de concretarlo.
-¿Cómo se ve ese recorrido?
–La suma de trabajos constituyen mi primer libro, “Desarraigo y depresión en Comodoro Rivadavia (y otros textos)” de 1993, cuya tercera edición lancé este mes.
Ese libro está en todo el mundo, sobre todo en universidades, es materia de estudio en la Sorbona, en Córdoba, en España, contiene artículos orientados a la salud mental. Utilizo un lenguaje coloquial y prosa poética. Ha tenido un gran reconocimiento, que me sorprendió muchísimo. La primera edición fue
en 1993 pero los artículos datan del ‘83 en adelante.
Posteriormente publiqué poesías en distintos medios locales y en Buenos Aires, en Antologías.
En el 2002 en Noruega, publican una Antología que es anual y aparezco junto a García Márquez, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, antología donde hacen aparecer escritores relevantes de Latinoamérica, que se distribuye en el mundo. El título es “Anuario sobre Latinoamérica”.
–¿Cómo fue ese impacto?
–El primer impacto lo recibo con el primer libro y una carta de Ernesto Sábato felicitándome. Con el tiempo intercambié correspondencia con numerosos autores, muchos de los cuales yo admiraba profundamente, como el amigo Osvaldo Bayer, entre otros.
Otra antología se realizó en Roma en el 2005 cuyo título es “Pace e Libertá, la battglia delle idee””. La venta estuvo destinada a reconstruir el museo africano en Cuba. Allí también hay un texto de Benedetti.
También en el 2005 mis poemas “Me dejaron tu pulóver verde” y “Catorce destellos (y uno más)” fueron publicados en la antología World Anthology of Contemporary Poets, con poetas de todo el mundo. La elección estuvo a cargo de un poeta rumano, Dorin Popa, a quien conocí por la web.
En 2006, en Letras del mundo, editado en Buenos Aires, incluyeron mi poema “Rimemberes” en la antología “Pura luz contra la noche”, y tuvo una gran difusión en el mundo.
También en el libro que sacaron Las madres de Plaza de Mayo en el 2006 “A los 30 años por los 30.000 memoria verdad y justicia” donde se encuentra "Me dejaron tu pulóver verde”.
También publico artículos profesionales, uno de los cuales forma parte del libro “Comprender las Psicoterapias” de Ed. Ricardo Vergara.
Muchos de los textos citados han sido editados en chino, en árabe, como también he sido traducido en Israel, por ejemplo.
Ahora están por publicar en Roma poemas que saldrían en el 2012 (Buona letra- Antología 1 – Editoriale Giorni).
Y muchos de mis textos se encuentran en numerosas páginas, blogs, y publicaciones tanto literarias como profesionales.
Mis próximos libros son de relatos, de ensayos y de cuentos.
–¿Algunas percepciones?
-La vida es compartir. La literatura es poner en palabras la vida misma. Dios,
si es que existe parece estar distraído, pero más me preocupa que muchos
hombres lo estén.
*Fuente: La Unión Espectáculos y Cultura 4/12/11
** Buscando entre mis archivos, encontré este reportaje, el cual ya no recordaba. Me pareció que podía ser de interés compartirlo. Realicé algunas correcciones y/o aclaraciones del original, respetando la edición del
periodista.
1
Me gusta
Comentar
Compartir