sábado, 23 de abril de 2022

Memoria (cuento)

 

Estábamos en una azotea y sería media mañana porque el sol ya era intenso y me aplastaba contra el cemento. Me sentía atontado por lo que me habían hecho durante toda la noche pero me sentía contento por seguir vivo. Apenas pude levantar un poco la cabeza pero alcancé a ver algunos edificios a lo lejos, a través de un alambre tejido que rodeaba el pequeño espacio en el que nos encontrábamos, que me recordaba el gallinero que teníamos en mi casa cuando era chico. Sentía la garganta lacerada por la sed y la lengua llagada y anestesiada por el dolor. En realidad lo sentía en todo mi cuerpo. Como una llaga que de tanto dolor ya se había tornado insensible. No recuerdo cuantos éramos y tampoco si los conocía. Algunos se quejaban de tanto en tanto. Otros permanecían en silencio. Un silencio opresivo. Asfixiante. El mismo que debe haber en el infierno si es que existe, pero que es mucho peor porque ocurre en la vida terrenal, humana. El tiempo estaba suspendido, porque el antes ya había pasado y el después dependía de ellos. Y nuestro destino también. Pero eso no me angustiaba tanto cuando escuchaba, en una especie de galpón que había unos metros más allá, el llanto de un chico muy pequeño y los gritos de alguien que parecía amenazar a la madre con el tormento del niño. Me imaginaba la escena, porque no alcanzaba a ver nada. Y recuerdo aún cómo todo mi sufrimiento quedaba relegado ante la pena insoportable que me producía algo que jamás imaginé tener que tolerar. No sé si el dolor del chico. No sé si el espanto de la madre. No sé si la maldad del torturador. No sé si una vergüenza infinita por nuestra especie. Pero sé que era la más grande de las tristezas. Por todo. Por todos. Fue entonces que vinieron dos o tres a ver como estábamos. Eran jóvenes. Estaban de yin y remera y uno tenía antejos ahumados. Se los veía frescos, relajados. Comentaron lo lindo que se veía el cielo y el más alto se alegró porque más tarde iba a ir de picnic con los hijos ya que salía de franco. Hubiera preferido mil veces que me pegaran. O estar muerto. Que escuchar esos comentarios en ese sitio y en esas circunstancias. Una conversación normal en el más anormal de los lugares. Abominable. Y sentí nuevamente, porque no decirlo, pena por mí mismo. Tremenda pena. Tremendísima. Y me prometí no olvidarlo nunca. Con la profunda esperanza de poder contarlo, no sé si para que se supiera o para yo constatar que había ocurrido. Porque lo que más deseaba con toda mi alma era que fuera un sueño. Pero temía, también con toda mi alma, con todo mi ser, con lo más genuino de mi ser, que se convirtiera en un sueño porque de esa manera se transformaría en efímero, insustancial. Se desvanecería. Y eso sería mucho peor. Entendí entonces que aunque no lo deseara, debía perpetuar el dolor todo el tiempo que fuera necesario hasta que se transformara no solo en recuerdo sino también en memoria, porque sin ella sería por siempre un muerto en vida. Y nada, nada, nada, valdría entonces la pena.

Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Diciembre, 2009.

 

lunes, 4 de abril de 2022

Argentina: doble vínculo y esquizofrenia. (*)

 


En un trabajo que di a conocer en el año 1987 respecto al problema del desarraigo y su relación con los estados depresivos, mencionaba: «El problema de la falta de agua es un problema de salud mental en Comodoro Rivadavia».

En artículos que publiqué posteriormente, fue el objetivo mostrar la correlación que existe entre distintos síntomas patológicos (drogadicción, violencia, alcoholismo, etc.) que surgen como problemas sociales, y su engarzamiento con las situaciones político-económicas que favorecen su producción.

Desde entonces mucha «agua» ha corrido bajo el puente, agravando aún más las condiciones desfavorables en aquel momento mencionadas; desencadenándose un deterioro de límites indeterminable.

Sucesivos cambios de gobierno, propuestas incumplidas y esperanzas sistemáticamente frustradas han ido minando cada vez más el equilibrio psíquico de la población, corolario ineludible de la disminución paulatina de las expectativas de una vida que pueda calificarse como digna.

La crisis, la vapuleada crisis que todo lo explica, ha dejado de ser tal para transformarse en un estado de irrecuperable cronicidad, destrozando las actitudes más optimistas con la vivencia angustiante de una existencia continua en un callejón sin salida.

 

«Estamos todos locos».

             Esta es una frase, un pensamiento que se escucha últimamente con mucha frecuencia. «Estamos todos locos», «están todos locos». No son sino modos de anunciar la percepción de la intensa situación de confusión que se está viviendo en el país.

El desconcierto y la incertidumbre de poder cubrir las necesidades básicas para la sobrevivencia, han llegado a un extremo tal, que no son pocos los que sienten su existencia bajo la amenaza cotidiana de la desintegración. Se hallan al borde de un pánico psíquico que hay que tratar de controlar por todos los medios a su alcance.

Desde el punto de vista psicológico, los medios de los que dispone un ser humano se denominan mecanismos de defensa, y éstos pueden ser más o menos eficaces según el desarrollo alcanzado en un momento dado y los distintos elementos que intervienen poniendo a prueba la cohesión lograda.

Dicho de otro modo: cuanto mejores son las circunstancias en que se desarrolla una personalidad, tanto personales como sociales, la misma dispondrá de recursos más eficaces (mecanismos) para tolerar factores adversos a su equilibrio mental, a la espera y búsqueda de una transformación interna y/o externa que le permita una nueva síntesis; esto es, de un grado mayor de crecimiento.

Pero las cosas no son tan simples.

Pues no basta contemplar el grado de intensidad de una amenaza, sino también su duración. ¿Y por qué menciono esto? Porque la tolerancia -como bien dicen muchos- tiene un límite; es decir, que si persisten los factores de descompensación se produce un agotamiento que se traduce en que dichos mecanismos van tornándose ineficientes y se manifiestan en conductas cada vez más primitivas.

Y esto es precisamente lo que se expresa al decir que la locura se ha instalado en nuestra sociedad.

Pues la locura, el primitivismo, nos ha atravesado y nos atraviesa cotidianamente; desgarrando las relaciones familiares, sociales, laborales; en una especie de embudo que atrae a un abismo sin fondo la esencia de la vida: la libertad de optar en un presente por un futuro a construir acorde a nuestras más personales necesidades, las que hacen a nuestra propia identidad.

La esquizofrenia.

 La esquizofrenia es un severo estado de perturbación mental -una psicosis- que se caracteriza por una disgregación de las funciones psíquicas. Esto conlleva trastornos en el curso del pensamiento, un notable empobrecimiento afectivo, un marcado retraimiento y aislamiento respecto al mundo exterior. Sus síntomas más evidentes son los fenómenos alucinatorios y delirantes.

Es, debo decirlo, un «tipo» de locura.

En cuanto a los motivos y causas que la producen, existen numerosas teorías de las que surgen, asimismo, los modos de abordar la posibilidad de su «cura».

En mi experiencia personal, ninguna es excluyente y considero enriquecedor cualquier aporte que sirva para aliviar de tal sufrimiento a quien padece esta pesadilla.

Voy a intentar explicar una de las teorías que intentan dar cuenta del fenómeno de esquizofrenización del ser humano que está basada en el análisis de las comunicaciones.

Sus investigadores estudian las relaciones humanas en base a la comunicación de los sujetos entre sí; sean éstos emisores y/o receptores de mensajes.

Respondiendo a los fines del presente trabajo, desarrollaré algunos conceptos mínimos que faciliten la comprensión del problema.

 

En toda relación humana, los miembros que intervienen en la misma deben establecer el tipo de conducta comunicativa que ha de definir o prevalecer predominantemente.

Por ejemplo, a través de la selección de los mensajes a utilizar o al modo de emplear los mismos.

Esto significa que cuando una persona comunica un mensaje a otra, realiza a la vez, una maniobra para definir la relación, encontrándose la otra persona ante el problema de tener que aceptar o rechazar la maniobra propuesta.

Se dice que una relación es simétrica cuando dos individuos tienen la misma capacidad de maniobra entre sí, y se denomina como relación complementaria a aquella en que la capacidad de maniobrar es desigual.

Al hablar de mensajes no me refiero únicamente al nivel verbal, sino que involucro todo lo que es factible de ser transmitido en una relación.

Esta aclaración es importante puesto que las palabras -lo que se dice- son solo uno de los recursos que se utilizan para establecer una determinada comunicación o un efecto en la misma.

Piénsese en la cantidad y variabilidad de mensajes que intercambia el ser humano con las personas con quienes convive hasta lograr la adquisición de la palabra.

De allí que un niño va pasando progresivamente de una relación complementaria con sus padres, a otra más simétrica en la medida en que va creciendo.

Y he aquí un problema que debe enfrentar el ser humano desde el comienzo de su existencia (en realidad antes de nacer): debido a su inmadurez y desamparo y, por ende a sus limitaciones, durante un período prolongado de su vida, no tiene otra alternativa que aceptar indefectiblemente las maniobras que se le imponen de parte de quienes necesita para poder sobrevivir.

De modo que la posibilidad de su desarrollo se verá o no obstaculizada, conforme se le brinden las condiciones para ir estableciendo paulatinamente un aprendizaje comunicacional que promueva la simetría.


Doble vínculo.

Una relación se hace patológica cuando alguien maniobra para limitar la conducta de otra sin reconocerlo o pretendiendo que hace lo contrario.

Tomemos un ejemplo simple y cotidiano.

Una pareja está viendo televisión y su hijo (o sus hijos) los molestan. Se le indica a ese hijo que vaya a dormir, porque es tarde y está con sueño. El mensaje verbal es aparentemente afectivo («como te quiero y te veo con sueño me ocupo de vos para que vayas a descansar»). El mensaje paraverbal -la intención o el contenido - es agresivo («como no puedo ver la TV tranquilo y no te aguanto, te castigo mandándote a dormir, o sea: te impongo que tengas sueño»).

El niño se ve así ante un mensaje paradojal, pues debe responder ante una maniobra en donde la alternativa es salir como perdedor. Responda como responda, pierde, pues debe someterse a una indicación contradictoria. Veamos por qué.

Si pretende contrarrestar la maniobra porque no tiene sueño, se ve en la situación de tener que percibir que los padres están mintiendo; es decir, que lo que le dicen no es cierto; lo que lo coloca en tener que calificarlos como mentirosos, y dependerá de su nivel evolutivo la capacidad de sostener o no dicha calificación.

Si, por el contrario, acepta la maniobra, no le queda otra alternativa que mentirse a sí mismo; esto es: transformar la molestia que le significa a los padres en sueño para sí mismo, con lo cual vulnera su capacidad comunicacional auténtica.

El mismo ejemplo en su versión no patológica sería el siguiente: que los padres le digan al niño que se retire del lugar porque desean ver la TV sin su presencia. En este caso el mensaje no es contradictorio o paradojal: la forma del mensaje (lo que se dice) se corresponde con el contenido (lo que se quiere decir). El mensaje es coherente o concordante con el modo de relación que se pretende establecer. Hay una indicación que no se desmiente y respecto a la cual se asume la responsabilidad. Del mismo modo la secuencia no sería patológica en el caso en que el niño efectivamente tuviera sueño.

Se habla de una situación de doble vínculo, cuando entre dos o más personas se establece una relación en donde una es víctima constante de las maniobras que realiza la otra, a través de reiterados mensajes paradojales (contradictorios), que le impiden dar una respuesta satisfactoria, produciéndole una continua desorientación, y llevándolo a una paulatina incapacidad de entender el o los mensajes y de poder calificar el tipo de relación que se establece.

Es decir: que la víctima de una relación de doble vínculo no puede juzgar lo que otra persona realmente quiere decir; por tal motivo se va acentuando su preocupación por lo que efectivamente se está diciendo.

No puede establecer la diferencia entre lo que algo es o lo que puede significar.

Vive toda relación como una incongruencia, eludiendo toda posibilidad de definir una relación.

Sintetizando: quien queda atrapado en una situación como la descripta, va a una paulatina esquizofrenización.

 

Elementos de un mensaje.

Todo mensaje dirigido por una persona a otra se puede descomponer, describir, del siguiente modo:

a) Yo

b) le digo algo

c) a usted

d) en esta situación

 

Al negar uno o todos los elementos del mencionados, se elude la definición de una relación, y es cuando se produce una esquizofrenización.

Lo ilustraré con algunos ejemplos:

a) Yo no lo digo, lo dice otro (me lo dijeron, lo dijo el jefe, lo dice tal artículo, fue el alcohol el que me lo hizo decir, etc.).

b) no recuerdo haberlo dicho (no me entendiste bien, te quise decir otra cosa, etc.).

c) estaba pensando en voz alta (le hablo a la vocación, al mundo, etc.).

d) no me refiero a este momento, sino al pasado (me acordé de algo que viví, etc.).

 

Argentina.

     Sería gratificante para mí que los lectores de este breve trabajo comprendan que he intentado explicar una teoría muy compleja.

Si los receptores de este artículo (mensaje) hacen una correlación entre el mismo y lo que ocurre en nuestro país (contenido) y deducen (discriminación) que entiendo que vivimos recibiendo indicaciones contradictorias (paradojas) que nos esquizofrenizan y nos confunden (doble vínculo), espero haber realizado un aporte en pos de que podamos entre todos zafar de la locura que todos sentimos vivir (maniobra patológica).

 

Dr. Miguel Angel de Boer.

Médico psiquiatra- Psicoterapeuta

 

Marzo 03 de 1990. Comodoro Rivadavia- Chubut -Argentina

 

(*) Publicado en “Desarraigo y depresión en Comodoro Rivadavia (y otros textos) en sus 3 Ediciones (agotado)

domingo, 27 de marzo de 2022

A CALETA OLIVIA (*)

         

            No te olvido

            Cuando eras campamento

            Con tu muelle

            y tu mar

            al servicio de mi infancia

 

            No te olvido

            Con tu rumor de aldea

            Las puertas abiertas

            y tu vecindad

            solidaria

 

            No te olvido

          Con tu hotel

            allá en la ruta

            de chapa

            Y un gentil hombre, anciano joven,

            de tiernas canas (**)

 

            No te olvido

            Con tu escuela generosa

            Y esa maestra apacible

            de Catamarca

 

            No te olvido

            Con tus tardes de fútbol

            Y esos tangos desde el club

            que entre el viento

            sonaban

 

            No te olvido     

            Con tus médicos afables

           cuidando a su gente

            casa por casa

 

            No te olvido

            Con ese cine improvisado

            en Cañadón

            despertando fantasías

            y magia

 

No te olvido Caleta

            Por lo que me diste

            Gracias

 

            (Las tristezas

            que las hubo

            ya son recuerdo

            están olvidadas)

 

            Miguel Angel de Boer

 

           (*) Poema escrito hace ya varias décadas

                 (**) Don Juan Álvarez

jueves, 24 de marzo de 2022

Algunos intentos

 

         El título viene a colación de las veces que intentaron recapturarme o secuestrarme en relación a mi militancia revolucionaria en los 70, luego de haber sido detenido en el Servicio de Informaciones que estaba ubicado en el pasaje Santa Catalina -pegado al Cabildo- en la ciudad de Córdoba, de donde luego fui trasladado sucesivamente: a la comisaría ubicada en el Boulevard Guzmán (1), luego a la Cárcel de Encausados de barrio Güemes (2) y finalmente a la Penitenciaria Provincial en barrio San Martín (donde lo que viví allí también merece otro relato) y posteriormente liberado.

            Cuestión que, luego de quedar “libre”, tuve que pasar a vivir en la semiclandestinidad por temor a que volvieran a apresarme, lo cual se me complicó, porque un tiempo después me alejé de la militancia “orgánica” porque entendí que los objetivos ya no eran posibles, tanto por las “condiciones” subjetivas como objetivas, cosas que ya se venían debatiendo hacía algún tiempo. (3). Es decir, a partir de entonces ya no contaba, por decisión propia, con la estructura ni el sostén de la organización y eso implicaba valerme con mis propios recursos.

            Sigo. Como yo me sabía en peligro, para “moverme” -como decíamos entonces - usaba una doble documentación de identidad: mi cédula original, legal, que usaba para poder presentarme a rendir las materias de medicina que me quedaban, y otra, falsa, para poder circular, con la que logré pasar más de un control sin problemas ya en dictadura. Documento falso, cabe mencionar, que había realizado por mi cuenta, claro, ya que era una de las cosas que me ocupaba en la militancia. (4)

            Tomé esos recaudos porque sabía, por la información que tenía, que no figuraba en ninguna lista de búsqueda “por derecha”, en ese momento. Toda una historia (5). Aunque después, mucho después - es decir hace pocos años - me enteré que había estado con una orden de captura a nivel nacional (tengo la documentación que me dieron en el Archivo de la Memoria de Córdoba), la cual se extendió hasta 1982, año en que ya ejercía hacía tiempo profesionalmente en Comodoro. Las razones por las que no fui capturado y/o desaparecido, aún me resultan incomprensibles, aunque tengo algunas hipótesis.

Pero, vuelvo a Córdoba y al motivo de este relato.

Como sabía que los “servicios”, principalmente la patota de Informaciones y “Sérpico” (6) - uno de los “cuadros” de la represión y miembro de la Triple A cordobesa, que había sido uno de mis torturadores y que se quedó con la “sangre en el ojo”) (7) - me estaban buscando, yo me movía permanentemente de un lado a otro, con el apoyo de la inolvidable solidaridad que recibí de amigos y compañeros que me alojaban en sus viviendas al haberme desvinculado de todo contacto vinculado a la militancia organizada. Si, recuerdo que mis queridos compañeros de la “orga” (uno de ellos el querido  Sergio “Tano” Bufano), me siguieron ofreciendo todo el apoyo (dinero, contactos, pasaportes, etc.) que estaba a su alcance para que me fuera del país, pues temían por mi seguridad y mi vida, cosa que siempre recordaré con todo afecto. Pero lo que yo quería era terminar mi carrera, por lo que preparaba mis materias y las iba rindiendo en la medida que podía, con solo una muda de ropa, mi guardapolvo y la libreta de estudiante y mis apuntes, trasladándome en una bicicleta que no tengo idea de donde la había obtenido.

            Pero voy al tema central.

El primer intento de secuestro o captura fue con motivo del entierro de Atilio López y Juan José Varas, quienes habían sido acribillados a balazos, precisamente, por la Triple A cordobesa (Comando Libertadores de América). Digo precisamente porque la patota de Informaciones, como mencioné, formaba parte de la misma. Atilio había sido líder de la UTA (Unión Tranviarios Automotor) y uno de los protagonistas destacados del Cordobazo, y posteriormente vice gobernador del gobernador Obregón Cano, ambos derrocados en el “Navarrazo”. (8).

El cortejo partía desde su casa en Barrio Empalme hasta el cementerio San Jerónimo. Como uno de los lugares de paso era la Plaza Colón, nos dirigimos hacia allí con algunos amigos y compañeros, entre ellos Norberto “Negro” Schiavoni (que estaba destrozado de dolor porque el Gordo Varas era uno de sus más queridos amigos), para brindarles nuestro homenaje. Fue entonces que la patota me identificó, justo en el momento en que ya empezábamos a dispersarnos y retirarnos de la plaza, y se me vinieron al humo. Ni bien me di cuenta, emprendí mi huida entre la multitud, rumbo a la Cañada. Iba a los piques por la calle 9 de Julio intentando escabullirme, pero ya cruzando la Cañada pude observar que estaban detrás mío, por lo cual aceleré mis pasos rumbo al centro. Mientras pensaba hacia dónde ir, llegué a la calle Rivera Indarte con la idea de ir hacia la Colón, pero antes de llegar a la esquina, al ver el cine, no dudé un segundo en sacar una entrada y meterme al mismo. Allí permanecí unos minutos, viendo si entraba alguno de mis perseguidores, al cabo de los cuales, todo transpirado, me asomé con precaución y, al comprobar que no había nadie, salí a paso lento hasta la Colón desde donde, luego de tomar varios “bondis” para asegurarme de que no me siguieran, llegué a la casa de unos amigos, ya no recuerdo de quien ni en cual barrio.

La segunda vez fue en la casa donde vivíamos con la Flaqui, hasta que ella decidió ir a Buenos Aires por un tiempo. De esto hice un relato que tal vez muchos conozcan (9).

El tercer intento fue en el entierro – otro- esta vez de mi querida Mary -María Haydée Rabuñal, la Flaquita (10) en el también, Cementerio San Jerónimo.

Al dolor tremendo -uno de los más grandes de mi vida - de su violenta muerte en Buenos Aires, se agregaron que no pude ir por sus restos y que mi situación se agravaba aún más dado que sabía que la persecución se iba a acentuar. No obstante, y pese a todas las recomendaciones de amigos y compañeros yo estaba decido a ir a despedirla en persona.

Antes de que yo llegara, algunos compañeros se adelantaron para “estudiar” el lugar por si me estaban esperando. Fue así que llegué cuando ya estaban introduciendo el cajón en el nicho donde solo se escuchaba el llanto de todos (aún recuerdo a Chicha, la mamá de Mary diciéndome “vos nos dijiste que iba a pasar” y el grito de dolor indescriptible de Eugenio, el padre, mientras yo miraba atónito el nombre en la placa de la tumba: “María Haydée Rabuñal de de Boer”) y el apuro angustiante por tener que quedarme el menor tiempo posible. En eso, alguien me avisa que la patota estaba llegando, por lo que, casi sin pensarlo, empecé a correr entre las tumbas sin mirar para atrás, para evitar no solo que me atraparan, sino que me “bajaran” de un tiro. No sé cómo, en unos minutos llegué a la casa de Rubén Oscar “Bencho” Ferro y su esposa Susana que vivían en Barrio Alberdi, compañeros de estudio de medicina, a quienes nunca voy a dejar de agradecerles la infinita generosidad y compromiso que tuvieron (aún a riesgo de sus vidas) cobijándome con todo su cariño en aquellos aciagos días.

No recuerdo si antes o después, hubo otro episodio que paso a relatar.

Yo iba en un “bondi”, cuando en una parada veo que sube uno de los de Informaciones que me reconoce. Rápidamente deduje que seguramente estaría armado e iba a intentar atacarme, por lo que puse mi mano derecha detrás de mi espalda simulando estarlo yo también. Yo ya sabía que ellos sabían que yo no era ningún “perejil” (11), por lo que – también supuse- no se iba a arriesgar así nomás.  No sé durante cuantas cuadras nos estuvimos sosteniendo la mirada, hasta que en algún momento en que se detuvo el ómnibus se bajó imprevistamente. Yo esperé apenas una o dos paradas y también descendí porque era “posta” que ni bien pudiera iba a dar el aviso (por suerte no existían los celulares todavía), y tomé el primer ómnibus que pude. Y nuevamente, hice varios cambios – caminando varias cuadras entre uno y otro, para ver si me seguían – hasta que llegué a no sé a recóndito lugar de Córdoba donde pernocté esa noche.

Más adelante, ya estando en Comodoro en plena dictadura fui “detectado” cuando trabajaba en psiquiatría en el Hospital Alvear y me “aplicaron” la Ley de Seguridad, por lo que no podía trabajar en ninguna institución pública (ni privada).

Lo que se desató después fue un verdadero infierno para mí y mi familia. De todo esto hice un “Breve relato de mis vicisitudes como terapeuta durante la dictadura militar” que presenté en el Primer Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos organizado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo y posteriormente en otros, que con el tiempo dejó de ser breve porque lo seguí desarrollando y que seguramente algún día publicaré en su totalidad.

 

Para concluir.

Creo que sobreviví gracias a una combinación, casi milagrosa, de habilidad personal y de práctica militante. Pues la preparación y la experiencia fue de menor a mayor, dado que arrancamos casi de cero hasta que, en el corto lapso histórico que duró toda esa etapa, llegamos a niveles de complejidad que ahora me parecen increíbles.

 

Pero también a que la solidaridad de numerosas personas, tanto por afinidad ideológica, pero mucho más por el afecto y el respeto más profundo, que me tendieron una mano y me acompañaron pese al riesgo que eso significaba, mucho más instalada ya la dictadura.

Compañeros, amigos, familiares, conocidos, colegas, pacientes, lo hicieron de las más variadas maneras, muchas de las cuales aún desconozco, puesto que mucho de ellos ya no están y no con todos pude hablar de todo lo que aconteció.

Por todos ellos, sigo viviendo.

Por todos ellos, sigo cantando.

 

Miguel Angel de Boer

Comodoro Rivadavia, 2020- marzo del 2022.

 

A 46 años del Golpe!

 

 

(1)   Aquí un relato de algunas vivencias en esa comisaría

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011_07_17_archive.html

(2)   En donde participé de la huelga de hambre más prolongada (17 días) que hubieran realizado los presos políticos hasta ese momento, entre otras de las tantas vivencias que tuve allí, y que compartiré en algún comento.

(3)   Recuerdo que cuando tomé la decisión, escribí un documento interno donde fundamenté mi alejamiento y al que subscribieron numerosos compañeros. Muchos años después, ya en democracia, me encontré por casualidad con militantes que habían pertenecido a otras organizaciones, quienes me hicieron saber, muy conmovidos, que en parte seguían vivos porque también habían leído el documento cosa que los decidió también a “mandarse a guardar”. El eje del documento giraba en torno a las prácticas autoritarias crecientes y a la militarización de las organizaciones revolucionarias, en desmedro de la lucha política propiamente dicha, es decir el trabajo en las bases. Lejos estaba de imaginarme lo que vendría después.

(4)   Con esto de las dos cédulas la historia es increíble. Resulta que nos detuvieron (íbamos con la Flaqui y dos compañeros en un vehículo) porque al patrullero les resultamos sospechosos. En la requisa me encontraron las dos células porque no alcancé a tirar la falsa. De ahí a Informaciones y todo lo que sigue. Lo increíble es que era tal la confusión que se generó en el interrogatorio (eso hasta que allanaron la casa), que no sabían quién era, si el del documento real o el falso. Y yo, mutis, para ganar tiempo. Más increíble aún porque cuando quedo libre, no sé cómo, me entregan primero una de las cédulas y luego la otra, porque lo que las seguí usando hasta que me fui definitivamente de Córdoba.

(5)   Parte de la misma se puede leer en: https://www.deigualaigual.net/cultura/historia/4decadasdictadura/2016/676/la-noche-del-golpe/

(6)   Ver : https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2014/03/2-el-22.html?m=1

(7)   Lo de “sangre en el ojo” ya lo mencioné alguna vez, pero viene a cuento agregar que: cuando parte de la patota fue a allanar nuestra casa, descubrieron de casualidad material que me comprometía y esto porque no encontraron lo más importante (de haber sido así, creo que hoy no estaría escribiendo esto), debido a que no dieron con el “berrete”, es decir un escondrijo ubicado tras una falsa pared.  Como yo no había dicho nada al respecto (ni sobre ninguna otra cosa que me comprometiera o comprometiera a algún compañero) se enfurecieron aún más luego del hallazgo.

(8)   Golpe dirigido por el jefe de la policía cordobesa teniente coronel Antonio Navarro y que fue un adelanto de lo que sería el golpe de estado. https://es.wikipedia.org/wiki/Navarrazo

(9)   https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2013/08/mary-el-mantel-la-libreta-y-unas-pocas.html

(10)      https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011/08/la-flaquita.html

(11)      Es decir, un militante de base o superficie, sino que ocupaba (no estaban enterados de mi alejamiento) un rango importante en la organización que, también sabían, no era ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) ni Montoneros, pero sí que era una de las principales por su historia y envergadura.


lunes, 7 de marzo de 2022

Doña Adela Small (*)

  

1)      Cuáles fueron los hitos más importantes de su vida? (no es necesario explayarse en cada uno)

 De los que recuerdo que me haya contado sin duda uno de ellos fue la guerra anglo-boer donde estuvo, siendo una niña, en un campo de concentración británico. Su relato de cuando un soldado tomó por las piernas a un niño afrikaaner y le destrozó el cráneo contra la rueda de un carro – entre otras atrocidades - y el modo en que las mujeres mataban a los guerrilleros Boers cuando estos se entregaban en la lucha, aún perduran en mi mente.

         2)  Si tuviera que elegir una anécdota de su trabajo como partera que la defina, cual seria?

La abuela trajo al mundo a medio “pueblo” de aquel entonces. De ahí su apodo de la “Cigüeña de Comodoro”. Los relatos son numerosos e infinitos. Aún a riesgo de ser autorreferencial, cuando yo nací, en la calle Mitre, frente a la actual Sanatorio de la Sociedad Española, me levantó hacia el cielo para ser bendecido antes de darme en adopción. Tuve la dicha de convivir con ella en mi adolescencia en sus últimos años de vida, ya que vivió en mi casa de Barrio Muelle hasta su fallecimiento en un viaje que hizo a Buenos Aires, aunque la velamos acá (en la misma casa). También recuerdo su orgullo por haber obtenido su título profesional, como asimismo cuando adquirió su propio sanatorio, donde ahora se ubica la Clínica del Valle.

 

3)       Si tuviera que elegir una parte de ella que pudiera simbolizarla, cual y porqué?

              Su increíble tenacidad en el trabajo, sus convicciones religiosas (pertenecía a la Iglesia Reformada, y soy testigo de su lectura diaria de la Biblia hasta sus últimos días) que la nutrieron de una inquebrantable fe y honestidad. Su firmeza que no se contraponía a una inmensa ternura en sus relaciones. También recuerdo su elegancia femenina, en su vestimenta y sus modales, que nunca abandonó. En épocas en que Comodoro era un barrial ella era una dama y siendo muy anciana jamás descuidó ese detalle, ese toque de distinción, que, sumado a su vasta cultura, ejercía una atracción y un interés del que era difícil sustraerse. Era muy seductora la abuela.

4)      Cuáles son los pensamientos de Adela que ha compartido con Ud. y que siente que más la definen?

Varios de los que ya he mencionado, pero por sobre todo su historia, del que fui un testigo privilegiado de sus relatos. La guerra en Sudáfrica, su llegada a la Patagonia, su espíritu pionero, las historias de la aldea primero y el pueblo después, sus alegrías y dolores, sus felicidades y agobios.

Pero por sobre todas las cosas su implacable respeto por lo que consideraba correctamente moral y ético, y su insistencia en que los seres humanos, a semejanza y por designio de Dios – según sus creencias- teníamos que hacer valer el maravilloso don de la vida, haciendo lo de ella lo mejor para uno mismo y para nuestros semejantes.

Vale el recuerdo de que a pesar de ser profundamente antiperonista – era muy amiga de Arturo Frondizi - guardaba un amor inconmensurable por mi padre, que por el contrario, fue un peronista acérrimo, lo que motivaba no pocas discusiones. Eso no impidió nunca que al momento de orar en la mesa o al darnos un beso o un abrazo, nuestro afecto estuviera siempre por encima de las circunstanciales diferencias.

En síntesis: uno de los personajes entrañables de mi existencia.

 


Dr. Miguel Angel de Boer

Comodoro Rivadavia, 16-02-16


(*) Esta es el cuestionario, por escrito, que me realizó “Noche Polar”, en la cual se basó la nota que publicaran en el mismo año y se puede ver en:

https://issuu.com/nochepolar/docs/np85-issuu/29

 

                                                 A DOÑA ADELA SMALL (*)

 

               Cómo olvidar

               lo inolvidable

 

               Como no recordar

               Esa grácil figura

               Ese rodete blanco

               Esa anciana siempre joven

               Que tenía gaviotas en las manos

 

               Cómo olvidar

               lo inolvidable

 

               Como no recordar

               Ese "afrikaans" tan dulce

               Contando historias infinitas

               De guerras perdidas

               De vidas ganadas

 

               Cómo olvidar

               lo inolvidable

 

               Pionera

               Madre

               "Cigûeña"

 

               Te recuerdo abuela

               Comodoro te recuerda

               Como vos bien sabías

               Los corazones pueden más

               Que la mala memoria

 

 

              Miguel Angel de Boer

 

(*) Poema que escribí hace ya varias décadas.