"Cada vez que se acerca el 24 de Marzo no puedo evitar que se me estruje el corazón, mis vísceras se retuerzan de angustia y mi corazón busque sosiego en el recuerdo de los aunque no estén siguen presentes por siempre!"
Fue lo que escribí en faisbuc hace unos días, lo cual motivó numerosas respuestas que agradezco profundamente, las que motivaron una reflexión de mi parte que a continuación transcribo:
Gracias a todos, por su solidaridad y afecto. Pero quiero compartirles que mi dolor va mas allá de lo personal. Al fin y al cabo, por traumático que haya sido lo que pasé, sigo vivo y pudiendo hacer muchas de las cosas que deseo con alegría.
A mi me sigue espantando lo que pasó en este pais ( y "en cualquier lugar del mundo donde haya injusticia", lo que ocurrió en la dictadura, la crueldad sin límites (el negrito Avellaneda), las violaciones, la complicidad de jerarquía católica, de los políticos advenedizos que ahora se la tiran de democráticos (Cafiero firmo el decreto 2772, Balbín inspiró el aniquilaiento de los obrero señalando la "guerrilla fabril"), el deterioro que económico, social y educativo que produjeron todos estos hijos de puta, en nombre de Dios y la Patria , nada mas que para obtener mayores ganancias y asegurarse de que nunca mas (este nunca mas es el que querían imponer) a nadie se le ocurriera rebelarse y luchar contra la explotación y los privilegios.
Me duele que sigan jodiendo con la teoría de los dos demonios, cuando en realidad las luchas de liberación fueron producto de años de proscripciones y cercenamiento de los derechos y libertades y no al revés.
Me duele la complicidad con la que con total hipocresía ( y por su propios intereses) muchos tienen "mala memoria" y se siguen haciendo los boludos, reclamando - desde el rol de un tercero que no se sabe donde estaba cuando ocurrían los hechos - que no "volvamos al pasado" y miremos hacia adelante, que son los mismos que hablan de "los derechos humanos para los delicuentes" cuando descreen de la justicia y añoran la época de la represión y el exterminio.
Me duele que se crea que todo ya pasó y que no persisten los efectos de la nefasta dictadura (con tantos genocidas que jamas recibirán castigo y "están entre nosotros") en la vida cotidiana, en la violencia imperante, en la mentalidad machista y discriminadora, en el autoritarismo vigente en las relaciones humanas, en el vaciamiento ideológico, si ideológico, e histórico que se manifiesta en la ignorancia de nuestros jóvenes, sin saber en su mayoría el porque de su presente.
Me duele que todavía haya hambre y enfermedades evitables.
Me duele que todavía haya familiares de desaparecidos que no han denunciado su pérdida (se de familias enteras).
Me duele, hasta lo mas profundo de mi ser, Julio López.
Lo que no quita. como mencioné, que muchas cosas me alegran. Pero de eso dan cuenta los textos que hay en mi perfil, en mi blog, en la web, en mis libros, y fundamentalmente, en mi trabajo, en mi vida, a la que trato de honrar permanentemente.
Un fuerte abrazo
miércoles, 23 de marzo de 2011
lunes, 21 de marzo de 2011
A 10 de los 25
A 25 años (·)
Recuerdo que, hace exactamente 25 años (en la ciudad de Córdoba, la noche del 23 de Marzo de 1976), viviendo en la semiclandestinidad - dado que luego de haber estado en prisión habían intentado secuestrarme tras la muerte de la que era mi querida esposa y compañera - en una pequeña habitación que compartía con uno de los tantos compañeros que exponían su vida cobijándome, llegó éste con la noticia que todos esperábamos: esa noche se iba a producir el golpe.
Luego sacó, temblando, unas pequeña hojas (facilitadas por un abogado que defendía en aquel entonces a los prisioneros políticos) donde figuraba una larga lista, en letras muy pequeñas, con los nombres de quienes que iban a encarcelar (eso creíamos).
Aún tengo presente la angustia conque la recorríamos con el temor de encontrar nuestros nombres y la desesperación de ir reconociendo a muchos de ellos.
Salimos, alrededor de las 22 horas, a avisarle a todos los que pudimos para que tomaran recaudos, retornando aproximadamente a las 2 horas del día 24.
Estábamos lejos de imaginar lo que iba a acontecer. No pensábamos, pese a nuestro miedo, que iba a comenzar la etapa donde la crueldad, en su máxima expresión, caería sobre nuestro pueblo para herirlo despiadadamente.
Con el correr de los días, los meses, los años muchos de los que figuraban en esa lista fueron secuestrados, torturados, muertos o desaparecidos. Otros siguen aún vivos.
Fueron muchos los motivos por los cuales a 25 años, hoy puedo trasmitir lo que aqui relato. No si numerosos sinsabores, dolor, y circunstancias por demás penosas, que ahora no vienen al caso.
Pero sé también que sigo viviendo debido al valor y heroísmo de quienes guardaron silencio ante las peores ferocidades.
No solo a ellos (a titulo personal) sino a todos aquellos que hoy no están y que se llevaron un pedazo de lo mas bello del alma de nuestra historia:
a esos rebeldes, utópicos, idealistas, que creían que la Revolución era posible y que permanecerán siempre jóvenes en mi recuerdo;
a esos compañeros que en las fábricas, empresas y lugares de trabajo se sentían dignos y orgullosos de ser proletarios;
a esos vecinos que estaba convencidos que el barrio era de todos;
a esos religiosos que tenían la convicción de que Dios es amor y misericordia con los mas débiles;
a esos maestros, docentes, intelectuales, profesionales, que consideraban que sus conocimientos pertenecían a todos,
en fin, a esos seres bondadosos que no se sentían del todo felices, aunque amaban la vida, en tanto hubiera injusticia, explotación, miseria, enfermedad, que soñaban con un mundo nuevo, con un Hombre Nuevo, con una sociedad donde todos tuvieran oportunidades para desarrollar sus capacidades, a ellos (a las victimas todas), a quienes nunca voy a dejar de extrañar, les brindo, ya entrado el 24, mi más cálido, profundo y emocionado homenaje.
Y lo hago extensivo, con todo mi afecto, a los que siguen estando.
Dr. Miguel Angel de Boer
(·) Escrito el 24 - 03 -2001
Recuerdo que, hace exactamente 25 años (en la ciudad de Córdoba, la noche del 23 de Marzo de 1976), viviendo en la semiclandestinidad - dado que luego de haber estado en prisión habían intentado secuestrarme tras la muerte de la que era mi querida esposa y compañera - en una pequeña habitación que compartía con uno de los tantos compañeros que exponían su vida cobijándome, llegó éste con la noticia que todos esperábamos: esa noche se iba a producir el golpe.
Luego sacó, temblando, unas pequeña hojas (facilitadas por un abogado que defendía en aquel entonces a los prisioneros políticos) donde figuraba una larga lista, en letras muy pequeñas, con los nombres de quienes que iban a encarcelar (eso creíamos).
Aún tengo presente la angustia conque la recorríamos con el temor de encontrar nuestros nombres y la desesperación de ir reconociendo a muchos de ellos.
Salimos, alrededor de las 22 horas, a avisarle a todos los que pudimos para que tomaran recaudos, retornando aproximadamente a las 2 horas del día 24.
Estábamos lejos de imaginar lo que iba a acontecer. No pensábamos, pese a nuestro miedo, que iba a comenzar la etapa donde la crueldad, en su máxima expresión, caería sobre nuestro pueblo para herirlo despiadadamente.
Con el correr de los días, los meses, los años muchos de los que figuraban en esa lista fueron secuestrados, torturados, muertos o desaparecidos. Otros siguen aún vivos.
Fueron muchos los motivos por los cuales a 25 años, hoy puedo trasmitir lo que aqui relato. No si numerosos sinsabores, dolor, y circunstancias por demás penosas, que ahora no vienen al caso.
Pero sé también que sigo viviendo debido al valor y heroísmo de quienes guardaron silencio ante las peores ferocidades.
No solo a ellos (a titulo personal) sino a todos aquellos que hoy no están y que se llevaron un pedazo de lo mas bello del alma de nuestra historia:
a esos rebeldes, utópicos, idealistas, que creían que la Revolución era posible y que permanecerán siempre jóvenes en mi recuerdo;
a esos compañeros que en las fábricas, empresas y lugares de trabajo se sentían dignos y orgullosos de ser proletarios;
a esos vecinos que estaba convencidos que el barrio era de todos;
a esos religiosos que tenían la convicción de que Dios es amor y misericordia con los mas débiles;
a esos maestros, docentes, intelectuales, profesionales, que consideraban que sus conocimientos pertenecían a todos,
en fin, a esos seres bondadosos que no se sentían del todo felices, aunque amaban la vida, en tanto hubiera injusticia, explotación, miseria, enfermedad, que soñaban con un mundo nuevo, con un Hombre Nuevo, con una sociedad donde todos tuvieran oportunidades para desarrollar sus capacidades, a ellos (a las victimas todas), a quienes nunca voy a dejar de extrañar, les brindo, ya entrado el 24, mi más cálido, profundo y emocionado homenaje.
Y lo hago extensivo, con todo mi afecto, a los que siguen estando.
Dr. Miguel Angel de Boer
(·) Escrito el 24 - 03 -2001
lunes, 24 de enero de 2011
Como con bronca y junando
Entró despacio, arrastrando los pies, o mas bien la vida. Si bien los hombros parecían hundirse en el tronco, agobiados, tenía la cabeza erguida y su mirada, aunque cansada, conservaba un brillo peculiar. Como venía acompañada permaneció callada, dejando que su familiar describiera los síntomas por los que la traían a la consulta. Había intentado suicidarse varias veces cortándose las venas doctor imagínese para nosotros lo que es andar esperando encontrarla así tirada en el piso ensangrentada como la encontramos la última vez por lo que la ansiedad y la angustia predominaban durante el relato. Y no solo eso, también cuando puede toma medicamentos de todo tipo o los mezcla, sobre todo los psicofármacos. Y antes tomaba alcohol. Ahora por suerte hace tiempo que lo dejó. En tanto ella seguía en silencio, con esa indiferencia propia de quien ya se encuentra en un deterioro pensé, aunque de tanto en tanto nos observaba con interés aunque ajena a la situación. Y esto viene desde hace mucho y ya no sabemos que hacer con mi familia no se si entiende doctor. Cada tanto intercambiábamos una mirada y tuve la impresión de que por momentos entrábamos en un contacto distinto. Al cabo de un rato, agotada ya la descripción y la tensión acumulada por tanto tiempo, me dirigí a ella y le pregunté y porqué quiso hacer lo que hizo con tanta insistencia sin muchas esperanzas de que me respondiera. Para mi sorpresa, como si estuviera esperando la oportunidad de hablar desde hacía vaya a saber cuanto tiempo, me dijo en un tono entre acongojado y enojoso, como quien reclama un derecho indispensable que no le fue concedido a tiempo: es que ya no quiero vivir mas doctor, estoy cansada, podrida de vivir me entiende. Me imagino le dije, con tantos años vividos y las cosas que debe haber sufrido, no es para menos. No son los años sino como usted dice lo que me tocó vivir me respondió, como saliendo de un letargo en el que se había sumergido arbitrariamente. Usted sabe todo lo que viví preguntó, sabiendo que yo lo ignoraba. Cuénteme le dije y ella, también sorprendida por la posibilidad de una conversación que seguramente le había resultado impensable, prosiguió con el relato. Mire a mi me pasaron tantas cosas que ya ni me acuerdo. Sabe que tuve que cuidar a mi padre enfermo durante muchos años. Se murió hace poco y para mi fue un dolor y un alivio porque ya no daba mas. Pero eso no es todo porque hacia no muchos años atrás también se había muerto mi marido, también enfermo. Y miré que yo no estaba bien. Pero eso me deprimió más, porque me quedé mas sola. Digo mas porque yo ya estaba deprimida desde hace mucho tiempo por cosas que me pasaron. Bueno, pero le sigo contando, porque esto no fue todo. Todo esto hizo que me enfermara, que no comiera ni durmiera bien, y por eso me caí y me fracturé. Bueno pero eso no me importa. Yo no quiero seguir viviendo. No es para menos le dije. Con solo alguna de las cosas que le pasaron, alcanza y sobra para sentirse así, agregué. Ella me miró con mayor profundidad, tomó aire y, en tanto yo observaba las arrugas de su rostro y de sus manos tan llenas de historia pensé , como si agregara apenas un detalle, un dato mas a lo que ya había transmitido me dijo: usted no sabe porque digo que hay más doctor, porque a mi se me murió un hijo. Bueno no murió, lo mataron. Mas sorprendido de lo que estaba le dije no me diga, y como fue que lo mataron. Y ella continuó ya en un tono distinto, con esa voz pétrea con que se intenta transmitir lo indescriptible: fue durante la dictadura. La dictadura lo mató. Vio cuando dieron el golpe los militares en el 76. Ahí lo mataron. Tratando ahora yo de tomar aire no pude menos que preguntarle y como fue que lo mataron, en donde pasó. Y ella ya instalada en el carril de la naturalización del dolor insoportable e incomprensible me dijo: bueno yo digo que lo mataron, porque no lo vimos mas. Porque está desaparecido. Lo desaparecieron vio. No supimos mas. Por eso digo que lo mataron, entiende doctor. Entiendo le dije, atravesado por el dolor y, otra vez, el espanto, no solo de lo que me estaba diciendo sino, otra vez, de lo que me pudo haber ocurrido. Por eso doctor no quiero vivir mas, estoy cansada, muy cansada reiteró ya con el tono de voz mas bajo, agotado en intensidad y emoción. Tras unos segundos en silencio solo atiné a decirle que vamos a ver si podemos ayudarla a estar un poco mejor así al menos puede descansar mejor, que le parece. Bien me parece me dijo. Eso si agregué espero que no vuelva a hacer lo que intentó hacer otras veces. Ah dijo, reaccionando a mi pedido, no se preocupe que no creo que vuelva a hacerlo. Si ya lo hice varias veces y no me pude morir es que Dios no quiere que sea de esa manera, no le parece? Me parece le respondí, mas deseándolo con todo mi corazón que convencido de que su decisión interna fuera la misma que la expresaba verbalmente.
Como tenía que seguir atendiendo a otros pacientes , extendí la receta y luego de dar algunas recomendaciones me despedí y , también para mi sorpresa, me abrazó con fuerza y ternura, esas que suelen acompañar al alivio y la gratitud mas sincera.
Y, aunque aún tenía un largo día de trabajo por delante, sentí que por hoy con esto ya sería suficiente.
Miguel Angel de Boer
Enero 2011-01-22
Como tenía que seguir atendiendo a otros pacientes , extendí la receta y luego de dar algunas recomendaciones me despedí y , también para mi sorpresa, me abrazó con fuerza y ternura, esas que suelen acompañar al alivio y la gratitud mas sincera.
Y, aunque aún tenía un largo día de trabajo por delante, sentí que por hoy con esto ya sería suficiente.
Miguel Angel de Boer
Enero 2011-01-22
sábado, 8 de enero de 2011
Narradores Patagónicos - Cuentos Escogidos


Les comparto la alegría de esta nueva publicación, producto de la generosa compilación de Julia Chaktoura, editado por Tela de Rayón y Grupo Jornada.
Están incluidos tres textos de mi autoría: "Contramestre, mar y viento"; "El Gordo" ( que pueden encontrarse en la web) y "Jonás" (en este blog)
Abrazos
Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Chubut
miércoles, 27 de octubre de 2010
"Venimos del sur del mundo"(*)

Dijo el Dr. Néstor Carlos Kirchner en un pasaje de su discurso inaugural, al asumir como el primer presidente patagónico en la historia de nuestro país, enorgulleciendo a más de un habitante de estas tierras del sur.
Es que parece mentira que, así, casi como por casualidad, como tantos hechos que nos suelen suceder a los patagónicos - como aquello de haber encontrado petróleo buscando agua, y otros por el estilo -, un nyc (nacido y criado) haya sido elegido para recibir la tan preciada (y tantas veces deshonrada) banda presidencial, con todo lo que ello implica. Lo cierto es que, a mas de esta genuina satisfacción, nos surge también una, tibia, palpitante y, obviamente, cautelosa, luz de esperanza. Pese a todo.
Esperanza en que el Presidente Kirchner sepa (y tenga el coraje de) expresar con sus ideas y sus actos a la Patagonia con la que nos identificamos aquellos que la amamos profundamente, sin titubeos.
A la hermosa, soñadora, misteriosa, mítica, mágica, apasionada, generosa, trágica y venturosa, Patagonia.
La de los desaparecidos y sobrevivientes del primer gran genocidio, sus habitantes originarios, aún hoy postergados en muchos de sus derechos y necesidades.
La de los desorejados, no la de los cortadores de orejas.
La de los peones rurales masacrados, no la de sus asesinos.
La de los inmigrantes que llegaron para fecundar este suelo con su trabajo y esfuerzo, no para expoliarlo.
La de quienes provenientes de distintos lugares de nuestro país han acrecentando su riqueza material y cultural haciendo de éste su hogar definitivo, no un mero lugar de paso.
La de los obreros que la han nutrido y la nutren, no la de sus succionadores.
La de los soldados combatientes de Malvinas únicos auténticos héroes de una guerra innecesaria, no la de sus inmoladores.
La de la belleza natural infinita, no la de sus depredadores.
La que representa la lucha ante la adversidad, la perseverancia, la creatividad.
La aventurera osada e infatigable, la amiga solidaria, amante de la paz, la justicia, la libertad.
La de las utopías inconmensurables e imperecederas, siempre ilusionada con el porvenir.
Para que el porvenir no siga siendo una ilusión.
Para que el orgullo no devenga, otra vez, en vergüenza, la esperanza en decepción, la promesa en burla.
Para realumbrar la vida.
Para homenajear la existencia.
Para que la Argentina toda, deje de ser tristeza.
Dr. Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Mayo de 2003
(*) Texto que escribí cuando el ex presidente Kirchner asumió su mandato
domingo, 17 de octubre de 2010
Madres
Domingo de fiesta que no puede ser
otra vez
(¿cuántas veces más ?)
Arruinado el Día para siempre
(por más que el sol se empeñe en fundir el mar de oro)
Arruinada la vida para siempre
(aunque la esperanza malherida siga renaciendo)
Arruinada la muerte para siempre
(pese a que la memoria no le dé tregua)
¡Ay! ¡Ayes!
De tantas Madres arrasadas
por la desdicha del crimen incomprensible
de ese ser amado
hasta el martirio
De tantas Madres que saben que no pueden no poder
porque entonces las estrellas quedarían desamparadas
las lágrimas no sabrían adonde ir
el pan se pondría de luto
De tantas Madres que quedaron huérfanas
de hijos
y de justicia.
Miguel Angel de Boer
Octubre, 1998
otra vez
(¿cuántas veces más ?)
Arruinado el Día para siempre
(por más que el sol se empeñe en fundir el mar de oro)
Arruinada la vida para siempre
(aunque la esperanza malherida siga renaciendo)
Arruinada la muerte para siempre
(pese a que la memoria no le dé tregua)
¡Ay! ¡Ayes!
De tantas Madres arrasadas
por la desdicha del crimen incomprensible
de ese ser amado
hasta el martirio
De tantas Madres que saben que no pueden no poder
porque entonces las estrellas quedarían desamparadas
las lágrimas no sabrían adonde ir
el pan se pondría de luto
De tantas Madres que quedaron huérfanas
de hijos
y de justicia.
Miguel Angel de Boer
Octubre, 1998
jueves, 7 de octubre de 2010
El Che

¿Que murió quién? - preguntó sorprendido
- Guevara... El Che Guevara!!!!... - respondió, angustiado, su compañero de pieza, en la vieja pensión de la calle Rioja, a la que se había mudado hacía apenas unas semanas.
- ¿El que estaba con Fidel Castro? - dijo, tratando de disimular su
ignorancia.
- Pero claro...¿No me digas que no sabes quien es el Che?
Y no, no sabía quien era el Che. Si bien había escuchado hablar de él, apenas si tenía el dato de que se trataba de un médico cordobés después se enteraría que en realidad había nacido en Rosario ) y que en su afán por la aventura había recorrido Latinoamérica y terminó participando en la guerrilla cubana.
-¡Che!... ¿En serio que no sabes quien es el Che?...
La pregunta quedó sin respuesta. Aunque no vergüenza, la reiteración de la pregunta le produjo cierta incomodidad, porque si bien no era lo que se dice un veterano, ya se consideraba un tipo bastante informado a esa altura de su carrera.
Octubre ya había ahuyentado definitivamente el crudo invierno cordobés y el calor lo decidió a tomar otra ducha. Tenía la jabonera en la mano cuando Radio Universidad interrumpió su programa para anunciar lo que su amigo terminaba de contarle.
- ¿Viste?...Te dije: murió el Comandante Guevara...¡Yanquis hijos de remil puta!...
Fue entonces cuando acusó el impacto en todo su cuerpo - y una tristeza que le resultaba extraña por su intensidad le oprimió el pecho - y tal vez porque intuyó que no se trataba de una muerte más se decidió a averiguar todo lo que pudiera acerca del Che, de ese personaje hasta ahora inexistente, que lo introduciría a una visión del mundo que de a poco modificaría -¡no sabía cuánto! - el curso de su vida.
Con el correr de los días no hizo otra cosa que leer todo lo que tuviera que ver con el Che. Por otro lado, en la facultad, en el comedor universitario, en las revistas, en los diarios, la vida y muerte del Che eran los temas preponderantes de conversación y debate.
Así fue conociendo su historia, su capacidad, su valentía, sus ideas, sus anécdotas. Se devoró los libros de Rojo y de Gambini. Se indignó profundamente - y putió - cuando leyó lo que había escrito Grondona en Primera Plana: ..."Guevara representa el miedo de una clase desplazada por el cambio"... sentenció académicamente.
Se enteró quien era el Che a la vez que tenía que asumir con una pena infinita que, ahora sí, ese ser increíble estaba definitivamente muerto.
Y Córdoba, el mundo, dejaron de ser los mismos. Como cuando pasó por el Colegio Deán Funes -"la chacra"- y su corazón se agitó al recordar que allí había estudiado el Che.
La mutación transcurría inexorablemente. En sus hábitos, en su manera de vestir. Y no sólo en él: las botas, la boina, la camisa "Graffa", el pelo aindiado, fueron uniformando a más de uno de sus compañeros de estudio.
Del mismo modo fue cambiando su espíritu, su conciencia de la realidad; como cuando pudo comprender la humana dimensión de Cristo o cuando se identificó casi hasta el fanatismo con John Lennon; o en su etapa esotérica cuando junto con el Turco, en la academia de química que tenía en Alto Alberdi, entraban en trance estudiando a Gurdjieff.
Una profunda convicción iba arraigándose en su interior y gradualmente se transformaba en la meta de su existencia: ser como el Che, el Comandante, el artista: ser un auténtico Revolucionario.
Su mente y su cuerpo adquirían una nueva dimensión. Sentía, por fin, que podía despedirse de su adolescencia con menos dolor, percibiendo con alegría que ya no se trataba sólo de alcanzar la adultez sino de adquirir la calidad de un hombre distinto, un Hombre Nuevo.
¡Qué bello sonaba!: ¡ Hombre Nuevo!. Un ser nuevo para una nueva sociedad. Con una moral que encarnaría los más altos ideales de la humanidad; donde no habría lugar para el individualismo ni el egoísmo; donde desaparecerían para siempre la explotación del hombre por el hombre, la pobreza y la miseria; donde cada cual viviría de acuerdo a sus necesidades y capacidades; donde la salud y la educación no serían privilegios de algunos y la cultura estaría al servicio de la mayoría; donde la paz y la justicia reinarían soberanamente; donde el hombre liberado de su alienación daría curso a su espontánea creatividad para la dicha de si mismo y de sus semejantes.
Era la gran oportunidad de no seguir siendo uno más, de romper con la pasividad y el quedantismo ante el curso de los acontecimientos, puesto que se podía y se debía protagonizar y transformar a la Historia. Sólo bastaba la decisión de querer hacerlo. Cuba era una prueba de ello. Vietnam estaba en el camino. Y el Che, desde ese longplay escuchado decenas de veces, se lo repetía - con esa voz que lo fascinaba - una y otra vez:
..."porque el pueblo ha dicho basta... y ha echado a andar"... El presente es de lucha, el futuro es nuestro!"..."¡Hasta la victoria siempre...!"...."¡Patria o Muerte, venceremos!"..."
Las condiciones estaban dadas. Y allí donde no la estuvieran, había
que crearlas.
Sentía que el mundo se expandía hasta el infinito al descubrir que el destino estaba en sus manos. (¿Qué otra cosa de tamaña magnitud podía anhelar un joven de su edad, en ese momento de su vida?)
"Hacer la Revolución sin perder la ternura jamás", había dicho el Che. "El deber de todo revolucionario es hacer la Revolución", explicaba.
"Ser revolucionario: el escalón más alto de la especie humana", eran las palabras y el pensamiento del Che. Por las cuales había dado su vida, marcando con su conducta el rumbo a seguir.
¡ Y qué fuerza cobraba su ejemplo en este mundo de dolor y humillación! En este país donde no había libertad. En donde la política de los políticos era sinónimo de acomodo y corrupción. Donde las dictaduras, las proscripciones y la represión, estaban al servicio de los privilegios de unos pocos: de la oligarquía, de la burguesía y del imperialismo.
¿Acaso quedaba otro camino que destruir el sistema para construir uno nuevo?¿Había otra salida frente a la violencia del sistema que no fuera el de oponerle la violencia revolucionaria?
El Che señalaba la senda. Como antes lo habían hecho Espartaco, Tupac Amaru, Lenin, Mao, Lubumba; o los auténticos patriotas latinoamericanos: San Martín, Artigas, Bolívar, Martí, Zapata, Sandino y tantos otros que dieron su vida por un mundo distinto a lo largo de la historia.
Si. Ya era hora de dejarse de joder y continuar la empresa que otros ya habían intentado: Masseti en Salta, Camilo Torres, los guerrilleros de Taco Ralo, Mariguela en Brasil, los Tupamaros en Uruguay.
Había que conformar una vanguardia que guiara al pueblo a la victoria. Había que convertirse en un combatiente, dispuesto a la entrega y al sacrificio por la causa de la clase obrera y el pueblo, por la causa revolucionaria, para la toma del poder y la instauración de una sociedad sin clases.
Las clases dominantes y sus aliados no dejaban otra opción.
Y así fue.
Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Abril 30, 2002
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