jueves, 7 de octubre de 2010

El Che



¿Que murió quién? - preguntó sorprendido
- Guevara... El Che Guevara!!!!... - respondió, angustiado, su compañero de pieza, en la vieja pensión de la calle Rioja, a la que se había mudado hacía apenas unas semanas.
- ¿El que estaba con Fidel Castro? - dijo, tratando de disimular su
ignorancia.
- Pero claro...¿No me digas que no sabes quien es el Che?
Y no, no sabía quien era el Che. Si bien había escuchado hablar de él, apenas si tenía el dato de que se trataba de un médico cordobés después se enteraría que en realidad había nacido en Rosario ) y que en su afán por la aventura había recorrido Latinoamérica y terminó participando en la guerrilla cubana.
-¡Che!... ¿En serio que no sabes quien es el Che?...
La pregunta quedó sin respuesta. Aunque no vergüenza, la reiteración de la pregunta le produjo cierta incomodidad, porque si bien no era lo que se dice un veterano, ya se consideraba un tipo bastante informado a esa altura de su carrera.
Octubre ya había ahuyentado definitivamente el crudo invierno cordobés y el calor lo decidió a tomar otra ducha. Tenía la jabonera en la mano cuando Radio Universidad interrumpió su programa para anunciar lo que su amigo terminaba de contarle.
- ¿Viste?...Te dije: murió el Comandante Guevara...¡Yanquis hijos de remil puta!...
Fue entonces cuando acusó el impacto en todo su cuerpo - y una tristeza que le resultaba extraña por su intensidad le oprimió el pecho - y tal vez porque intuyó que no se trataba de una muerte más se decidió a averiguar todo lo que pudiera acerca del Che, de ese personaje hasta ahora inexistente, que lo introduciría a una visión del mundo que de a poco modificaría -¡no sabía cuánto! - el curso de su vida.
Con el correr de los días no hizo otra cosa que leer todo lo que tuviera que ver con el Che. Por otro lado, en la facultad, en el comedor universitario, en las revistas, en los diarios, la vida y muerte del Che eran los temas preponderantes de conversación y debate.
Así fue conociendo su historia, su capacidad, su valentía, sus ideas, sus anécdotas. Se devoró los libros de Rojo y de Gambini. Se indignó profundamente - y putió - cuando leyó lo que había escrito Grondona en Primera Plana: ..."Guevara representa el miedo de una clase desplazada por el cambio"... sentenció académicamente.
Se enteró quien era el Che a la vez que tenía que asumir con una pena infinita que, ahora sí, ese ser increíble estaba definitivamente muerto.
Y Córdoba, el mundo, dejaron de ser los mismos. Como cuando pasó por el Colegio Deán Funes -"la chacra"- y su corazón se agitó al recordar que allí había estudiado el Che.
La mutación transcurría inexorablemente. En sus hábitos, en su manera de vestir. Y no sólo en él: las botas, la boina, la camisa "Graffa", el pelo aindiado, fueron uniformando a más de uno de sus compañeros de estudio.
Del mismo modo fue cambiando su espíritu, su conciencia de la realidad; como cuando pudo comprender la humana dimensión de Cristo o cuando se identificó casi hasta el fanatismo con John Lennon; o en su etapa esotérica cuando junto con el Turco, en la academia de química que tenía en Alto Alberdi, entraban en trance estudiando a Gurdjieff.
Una profunda convicción iba arraigándose en su interior y gradualmente se transformaba en la meta de su existencia: ser como el Che, el Comandante, el artista: ser un auténtico Revolucionario.
Su mente y su cuerpo adquirían una nueva dimensión. Sentía, por fin, que podía despedirse de su adolescencia con menos dolor, percibiendo con alegría que ya no se trataba sólo de alcanzar la adultez sino de adquirir la calidad de un hombre distinto, un Hombre Nuevo.
¡Qué bello sonaba!: ¡ Hombre Nuevo!. Un ser nuevo para una nueva sociedad. Con una moral que encarnaría los más altos ideales de la humanidad; donde no habría lugar para el individualismo ni el egoísmo; donde desaparecerían para siempre la explotación del hombre por el hombre, la pobreza y la miseria; donde cada cual viviría de acuerdo a sus necesidades y capacidades; donde la salud y la educación no serían privilegios de algunos y la cultura estaría al servicio de la mayoría; donde la paz y la justicia reinarían soberanamente; donde el hombre liberado de su alienación daría curso a su espontánea creatividad para la dicha de si mismo y de sus semejantes.
Era la gran oportunidad de no seguir siendo uno más, de romper con la pasividad y el quedantismo ante el curso de los acontecimientos, puesto que se podía y se debía protagonizar y transformar a la Historia. Sólo bastaba la decisión de querer hacerlo. Cuba era una prueba de ello. Vietnam estaba en el camino. Y el Che, desde ese longplay escuchado decenas de veces, se lo repetía - con esa voz que lo fascinaba - una y otra vez:
..."porque el pueblo ha dicho basta... y ha echado a andar"... El presente es de lucha, el futuro es nuestro!"..."¡Hasta la victoria siempre...!"...."¡Patria o Muerte, venceremos!"..."
Las condiciones estaban dadas. Y allí donde no la estuvieran, había
que crearlas.
Sentía que el mundo se expandía hasta el infinito al descubrir que el destino estaba en sus manos. (¿Qué otra cosa de tamaña magnitud podía anhelar un joven de su edad, en ese momento de su vida?)
"Hacer la Revolución sin perder la ternura jamás", había dicho el Che. "El deber de todo revolucionario es hacer la Revolución", explicaba.
"Ser revolucionario: el escalón más alto de la especie humana", eran las palabras y el pensamiento del Che. Por las cuales había dado su vida, marcando con su conducta el rumbo a seguir.
¡ Y qué fuerza cobraba su ejemplo en este mundo de dolor y humillación! En este país donde no había libertad. En donde la política de los políticos era sinónimo de acomodo y corrupción. Donde las dictaduras, las proscripciones y la represión, estaban al servicio de los privilegios de unos pocos: de la oligarquía, de la burguesía y del imperialismo.
¿Acaso quedaba otro camino que destruir el sistema para construir uno nuevo?¿Había otra salida frente a la violencia del sistema que no fuera el de oponerle la violencia revolucionaria?
El Che señalaba la senda. Como antes lo habían hecho Espartaco, Tupac Amaru, Lenin, Mao, Lubumba; o los auténticos patriotas latinoamericanos: San Martín, Artigas, Bolívar, Martí, Zapata, Sandino y tantos otros que dieron su vida por un mundo distinto a lo largo de la historia.
Si. Ya era hora de dejarse de joder y continuar la empresa que otros ya habían intentado: Masseti en Salta, Camilo Torres, los guerrilleros de Taco Ralo, Mariguela en Brasil, los Tupamaros en Uruguay.
Había que conformar una vanguardia que guiara al pueblo a la victoria. Había que convertirse en un combatiente, dispuesto a la entrega y al sacrificio por la causa de la clase obrera y el pueblo, por la causa revolucionaria, para la toma del poder y la instauración de una sociedad sin clases.
Las clases dominantes y sus aliados no dejaban otra opción.
Y así fue.

Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Abril 30, 2002

sábado, 2 de octubre de 2010

Al Cuchi


Llegaste sin darme cuenta
acurrucándote en mi alma,
hurgando en sendero nuevos
que tus notas despertaban.

Así conocí tu pueblo
y se achicó la distancia,
sus penas fueron las mías
y su amor por la esperanza.

Mi canto duende salteño
te dice cuánto te quiero,
si hasta siento tus dos manos
desparramando los sueños.

Por vos adoré tu norte
el milagro de tus versos,
el vino regando acordes
llegando hasta el mismo cielo.

Los años fueron pasando
renaciendo sentimientos,
el sol seguirá brillando
por mas que quieran su entierro.

Mi canto duende salteño
te dice cuanto te quiero,
si hasta siento tus dos manos
desparramando los sueños.

Letra: Miguel Angel de Boer
Música: Pablo Kusselman

(Tema compuesto en homenaje a Gustavo “Cuchi” Leguizamón aproximadamente en el año 1988. El 29 de Septiembre se cumplió un nuevo aniversario de su nacimiento.

Se puede escuchar en:

http://www.goear.com/listen/1b11f87/al-cuchi-laura-olivera-voz-oscar-puebla-guitarra

jueves, 9 de septiembre de 2010

El amigo y compañero de estudios de medicina en Córdoba, ahora médico psiquiatra, Dr. Agustín Marcó del Pont declaró el día viernes ante el Juzgado federal de esta ciudad, parte de lo cual da cuenta la nota aquí adjunta.

http://www.elpatagonico.net/index.php?item=nota&idn=81728&ref=hoy

Cabe agregar que también estuvimos en el programa de Alfredo Luenzo y junto con el titiritero juglar Enrique “Quique” Di Mauro (http://www.xcrivas.com/node/182 ) presentando espectáculos en Anakainosis (para pacientes internados donde trabajo), como en el la Bilbioteca Popular “Hugo Darío Fernández” de Barrio San Martin de esta ciudad.

Todo fue muy intenso y conmovedor y merece un relato mas pormenorizado.

Por de pronto me ha llegado información donde familiares de Guillermo David Silveira suponen que puede haber desaparecido en ese lugar

Saludos a todos

Dr. Miguel Angel de Boer

Comodoro Rivadavia, Chubut

Copia del Expte. n° 24.910.-
“Inv.de supuestos Ilícitos
cometidos en el Reg. 8 de
Infantería General O Higgins…”
JF. Rawson.-

http://www.cij.gov.ar/adj/pdfs/ADJ-0.279700001255090851.pdf

lunes, 2 de agosto de 2010

ME DEJARON TU PULOVER VERDE(*)



Me dejaron tu pulóver verde
cuando te fuiste

Llevándose el verano aquel
el del cielo tibio que con sus noches
nos guarecía del mundo entero en nuestro lecho

Cuánta dicha encontraba entonces mi anhelo
En tu sonrisa
En las palmas de tus manos
En tus suaves cabellos recorriendo con ternura
todo mi cuerpo

Me dejaron tu pulóver verde
cuando te fuiste

Dejándome tu aroma
que mil veces olí desfalleciente
evocando tu mirada
añorando tu desnudez
la tersura de tus labios
y esas palabras que no podrá borrar el tiempo

Porque no pudo el odio
ni la avasallante muerte
desterrar mi amor
ni mi carne dolida cedió al intento
de que me robaran tu recuerdo

Me dejaron tu pulóver verde
cuando te fuiste
Pero no pudieron llevarte
porque estarás conmigo
para siempre

Miguel Angel de Boer

(*) A María Haydée Rabuñal, estudiante de Medicina, cordobesa, querida esposa y compañera.

El 3 de Agosto se cumple un nuevo aniversario de su muerte. Hace muy poco me enteré que cuando la mataron llevaba puesto un pulóver verde, cosa que ignoraba cuando escribí, hace ya algunos años, este poema.
03/08/10

sábado, 26 de junio de 2010

Otra vez


la trampa/cacería/mentira/asesinato a sangre fría
León Suárez/Ezeiza/Trelew/treinta mil
Camps/Franchiotti

Se lo buscaron/se matan entre ellos
las fuerzas del orden no usan armas de fuego
(ah bueno)
ni actúan por fuera de la ley
(ah bueno)
únicamente contra los ladrones/subversivos/piqueteros/
en la oscuridad /pozos/ o de dia en las estaciones de tren /mas democrático
lástima las fotos (no les alcanza con Cabezas)
y las filmaciones
y los cuerpos/golpeados/moribundos/sangrados/muertos/acomodados/que risa

Otra vez
cuerpos jóvenes/de barba/ Che/puta morir asi que embole
Ñancahuazú en Avellaneda
testimonio de lucha y dignidad/valientes/queridos
compañeros

Como hace años
tantos

Como la puta porfiada esperanza
Maximiliano y Darío también
seguirán estando

Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Junio, 2002

martes, 11 de mayo de 2010

Aquel veintinueve

Cuando llegó, junto con uno de los compañeros de la facultad, a la vieja casona de la calle Chubut, un clima de tensa excitación lo recibió al entrar a la cocina. A algunos no los conocía, pero sabía que casi todos se encontraban allí, como él, atrapados en el barrio Clínicas, ante el anuncio de que la entrada de las tropas de la Aerotransportada era inminente.
- Che, que alguien haga unos mates mientras escuchamos las noticias - dijo uno, tratando de poner cierta orden.
- Háganlo ustedes compañeros, que nosotros mientras vamos a preparar unas "molo" para cuando vengan estos hijos de puta - dijo otro.
- Está bien, pero mantengamos la calma compañeros, que la noche recién empieza - agregó un tercero.
- ¡Esto es histórico, compañeros!...¡Esto es histórico!...¡Hoy las masas estuvieron en la calle, y nosotros los estudiantes estuvimos junto a ellas!...¡ Se dan cuenta?!...
- Esto es la Revolución...¡Viva la Revolución, carajo!!.....
- ¡¡¡Viva!!! - gritaron y aplaudieron casi todos...

Y mientras todos hablaban, vociferando para ser escuchados, fue recordando como en un sueño - sentado en el suelo y apoyado contra la pared que daba a la calle - lo acontecido aquel día.

Habían quedado en encontrarse con otros delegados de la Comisión de la facultad a eso de las once de la mañana en la esquina de Rioja y Tucumán, de acuerdo a lo convenido el día anterior en la Coordinadora. La idea era concentrarse allí para luego ir al encuentro de los obreros que venían desde las fábricas ubicadas en las afueras de la ciudad. A ellos les correspondía unirse, previamente, con los de Luz y Fuerza.
El paro decretado venía bastante pesado; la cosa estaba más que jodida y los paros "materos" de los burócratas ya no conformaban a nadie. Y con la derogación del sábado inglés se había terminado de pudrir todo.

No alcanzó a reunirse con los compañeros, medio a las apuradas, cuando casi de inmediato llegó la noticia de que la "montada" había cargado contra una columna de IKA-Renault matando a un obrero a la altura de Arturo M. Bas y Boulevard San Juan.
-Tiraron sin asco los hijos de puta...y le dieron a un compañero, compañeros......Pero los compañeros se resistieron y los hicieron recular – explicaba, conmovido, uno de los que venían con la información.
-¡Están dispuestos a todo estos hijos de puta! – agregó otro
-¡Asesinos de mierda! – gritaron varios-
-¡No nos dejemos ganar por el pánico, compañeros! – dijo él, tratando de sobreponerse al miedo.
-Tiene razón el compañero - apoyó otro - Dispersémonos en grupos y tratemos de llegar a la General Paz con la gente del Gringo Tosco, como habíamos quedado.
Y hacia allí se dirigieron, tomados de la mano los unos, agazapados y pegados a la pared los otros. Aterrados todos por el ulular de las sirenas y la ida y venida de los patrulleros que ya circulaban por la Colón y la General Paz, mientras empezaba a correr gente de un lado a otro y el olor a gas y pólvora comenzaban a impregnar el ambiente.

Estaban llegando a la Colón cuando se toparon con el grupo de Luz y Fuerza, con quienes se pusieron a gritar como de costumbre pero con mucha más bronca: ..."¡Obreros y estudiantes, unidos adelante!"....."¡Abajo la dictadura!",.... "¡Luche, luche, luche, no deje de luchar, por un gobierno obrero, obrero y popular!...., "¡Hijos de puta!...¡Hijos de puta!.. ", enardecidos por lo ocurrido y buscando unir las fuerzas frente a lo que percibían como algo muy distinto a lo que había ocurrido en otras oportunidades.
- ¡Viva la clase obrera! - gritó con todas sus fuerzas un estudiante
- ¡Viva! - corearon los demás
- ¡Vivan los estudiantes!- respondió un obrero
- ¡Viva los obreros y los estudiantes! - contestaron varios.
Y así iniciaron la marcha. Juntos. Entremezclados. Obreros y estudiantes. Indistinguibles en su odio a un gobierno que desde hacía casi tres años venía cercenando los derechos de la clase obrera y el pueblo.
No habían alcanzado a recorrer media cuadra, cuando un móvil de la policía, haciendo sonar la sirena y disparando tiros al aire por una de las ventanillas, trataba de abrirse paso entre ese enjambre humano que ocupaba la calle de vereda a vereda.
- ¡Cuidado compañeros....!
- ¡ Ahí vienen los asesinos hijos de puta....!
- ¡Hijos de puta!....¡Hijos de puta!....- gritaba la mayoría, tratando de impedirle el paso.
Pero la "yuta" estaba decidida. El que manejaba aceleró sin asco mientras el que estaba a su lado seguía con los disparos.
En medio del desbande tomó una baldosa y, casi sin pensarlo, se acercó al vehículo con la intención de arrojarla. Fue en ese preciso instante en que uno de los policías, al verlo, le apuntó con el arma directamente al pecho amagando con tirarle, registrando así - por primera vez en su vida - la extraña sensación de haber enfrentado la muerte cara a cara.
Cuando reaccionó ya sus compañeros iban, a las puteadas, por la Santa Rosa, rompiendo todo lo que encontraban a su paso, con una furia incontenible, avasalladora.
- ¡No, compañeros!....- gritó con angustia uno de los militantes que estaba en el grupo - ¡ No caigamos en el salvajismo....!
- ¡ Ma’ que salvajismo ni salvajismo! - replicó uno de los obreros con furia - Los que tienen negocios son todos unos hijos de puta.....Cuando pueden nos cagan....!, agregó indignado.
- ¡No, compañero! - insistió el primero - nuestros enemigos son los capitalistas y el imperialismo...a ellos tenemos que atacarlos...
- Tiene razón el compañero - dijo uno que parecía uno de los delegados de Luz y Fuerza - no seamos animales, que eso es lo que quiere la oligarquía, para poder decir que somos una manga de bestias y poder reprimirnos a gusto....
- ¡ Entonces vamo' a la Colón! - gritaron varios -....allí están los negocios de los hijos de puta que nos explotan..
Y hacia allí fueron.
A la Avenida Colón.
Enfervecidos. Eufóricos. Con toda la bronca del mundo, que iba aflorando como a borbotones.
-¡"Sevaacabar, sevacabar, la dictaduraaaamilitar!.....¡Sevaaacabar, sevaacabar...la dictadura militar!",....."¡Asesinos!...¡Asesinos!...”- gritaban como nunca, casi con arrogancia. Con ese coraje que surge cuando se siente que la historia está a favor.
El torbellino era imparable. Las vidrieras estallaban como focos de luz, salvo aquellas que por su consistencia hacían rebotar las piedras como si hubiesen sido elásticas. Los coches eran dados vuelta como si fueran de juguete y desde las ventanas y balcones de los edificios tiraban de todo para las barricadas.

Un grupo se dirigió a la sede del Jockey Club con la intención de incendiarlo, mientras otros - que se habían adelantado - apedreaban el edificio
-¡Oligarcas hijos de puta!
- ¡Acá se divierten los explotadores con la guita que nos sacan a nosotros! – gritaban
El, en cambio, se dirigió a la Xerox, al ver que varios estaban destrozando los ventanales de la firma. Cuando entró algunos ya estaban rompiendo algunas fotocopiadoras. Fue entonces que tomó un trozo de hierro que encontró y empezó a golpear una de las máquinas que tenía a mano. Con una violencia inaudita. Desconocida. Porque no sentía que le estaba pegando a una máquina. Sentía que le estaba partiendo la cabeza a la burguesía, al imperialismo, a la injusticia, a la explotación. Que pegaba por él y por todos (....."por los que se mueren de hambre....por la gente de las villas....por los chicos desnutridos...por los represión…por Vietnam…...por Cuba…..por Argelia……por Latinoamérica……por el Che….por los fusilamientos….por las torturas…por los asesinatos….por Papillón.......por Cabral....por los obreros...…"......"hijos de puta......hijosderemilputamadrequelosremilparió..."......"por todo lo que sufrimos” ....”por lo que sufro”…..”por mis viejos...."......"hijos deputa..."....."les pego por lo que nos hicieron...por lo que nos hacen....." "explotadores hijos de puta...."). Y siguió golpeando y golpeando hasta quedarse casi sin fuerzas. Hasta darse cuenta que ya no tenía sentido seguir haciéndolo.
- Vamos para el Clínicas - dijo uno
-¡Sí, vayamos para el barrio! - contestó otro.
Y hacía allí partieron.
Cuando llegaron a la Cañada pudieron ver barricadas por todos lados.
Se escuchaban disparos y el ulular de las sirenas y el olor a pólvora, a gas lacrimógeno, a goma quemada, a nafta, seguía impregnando la ciudad de una extraña y particular manera.

Al llegar a la concesionaria de la Citroen el espectáculo parecía de película.
Los coches eran sacados a la calle para ser chocados entre sí o contra las palmas de luz, quemados, volcados. Las puertas eran arrancadas como si hubieran sido de cartón y los asientos sacados y usados en el medio de la calle como sillones de un living. Y al cabo de un rato, un estremecimiento indescriptible anunciaba el derrumbe del edificio por el incendio, desplomándose el techo con un sonido atronador.
Cuando llegaron a la Plaza Colón, en la confitería La Oriental parecían estar de fiesta. Hombres, mujeres y chicos habían tomado posesión del lugar comiendo o llevándose lo que tenían mano, a la vez que “atendían” a los que se acercaban.
- ¡Tomen compañeros! - decía uno de los ocasionales "expendedores", con un increíble Chianti en la mano, que seguramente era el primero y el último que tomaría en su vida.
- ¡Vamos a morfar y chupar aunque sea una vez lo que comen los burgueses! - agregó otro con una satisfacción que lo excedía, mientras le entregaba comida y algunas botellas a una pareja que desde una moto observaba, como de paso, lo que estaba ocurriendo.
La plaza semejaba un día de picnic popular. Los bancos habían sido arrancados y colocados en distintos lugares, de cara a un hermoso sol otoñal. Parecían estar aislados de la violencia que los circundaba. Como descansando en un feriado eterno.

El grupo inicial se había desperdigado ante la magnitud incomprensible de los acontecimientos.
Unos cuantos siguieron por Colón donde ya empezaban a visualizarse algunas barricadas impresionantes que atravesaban la avenida de vereda a vereda. Su tamaño evidenciaba la participación masiva, arrolladora, hasta ahora nunca vista en una movilización, puesto que en las mismas había cuanto objeto callejero o doméstico se pudiera imaginar. Algunos de ellos inverosímiles, como una heladera o un lavarropas.

El sol se iba retirando de a poco.

Se sabía que en toda la ciudad estaban ocurriendo episodios similares. En barrio San Martín, en el Güemes, Observatorio, Talleres, Juniors, Alto Alberdi, Villa El Libertador, Santa Elena, minuto a minuto, hora a hora se iba extendiendo la lucha a todas partes.
En el centro ni que hablar. Los puentes como el Avellaneda estaban infranqueables.
La consigna que se fue imponiendo era tomar la ciudad y resistir todo lo que fuera posible a los fines de impedir la posible entrada del Ejército.
Cuando iban ya en dirección a Alberdi, un puñado de exaltados intentó atacar la parroquia situada en la esquina Rodríguez Peña. Un desconocido, trepado sobre una de las barricadas, sacó un pequeño revólver y disparando un par de tiros al aire gritaba desaforadamente: "¡ Vandalismo no, compañeros!", ante la sorpresa primero y el aplauso después de quienes lo rodeaban.

Fue ahí que se percató que la policía no existía. Que ya casi no se escuchaban sirenas y que de a poco un silencio extraño iba ganando las calles.
Fue entonces que se dio cuenta que la ciudad estaba totalmente tomada.
No lo podía creer.
Se acordó de la Comuna, de las insurrecciones, de tantos hechos históricos similares. “La Revolución es posible”, pensó emocionado.
Y entonces percibió un olor, un aroma particular, único, que impregnaba y atravesaba todo su ser, su espíritu, que nunca mas volvería a sentir ni a olvidar. Era la libertad, no cabía duda. Existía, verdaderamente. Y era algo por lo cual, ahora lo entendía como nunca, valdría la pena luchar, combatir, dar todo de sí, hasta la vida misma.

Aún percibía esa sensación cuando uno de los compañeros de la casa lo zamarreó.
Vamos compañero! - le dijo. Vamos que está queriendo entrar el Ejército y tenemos que ir a la Colón a ayudar a los compañeros que están tirando las columnas del alumbrado, para que estos hijos de puta no entren!
Y hacia allí fue.
Cansado, pero feliz.
Intuía que lo que estaba pasando no era un hecho más.
Intuía que ya nada sería igual.
Aunque nunca se imaginó cuanto cambiaría todo.

Y menos aún, que ese día inolvidable, un jueves de Mayo del 69, quedaría registrado para siempre como el histórico Cordobazo.



Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Mayo, 2008
Argentina

viernes, 2 de abril de 2010

2 de Abril





A pocos días de la derrota de la Guerra de Malvinas, tuve la triste oportunidad de estar - en el Servicio de Psiquiatría del Hospital Regional de mi ciudad, Comodoro Rivadavia, colaborando con el equipo del mismo - entre los primeros colegas que tomamos contacto con los soldados que llegaban de las islas.

Aún tengo presente el clima de opresión, desasosiego y tristeza, en el medio de un silencio angustiante, conque observábamos perplejos y asustados, la llegada de los helicópteros que traían a decenas de jóvenes que se distribuían a los distintos servicios del hospital, según la sintomatología que presentaban.

En el servicio de Psiquiatría, el silencio era asfixiante. Recibimos a los chicos, los cuales iban ubicándose en las camas que se habían dispuesto en las distintas salas, quienes se encontraban en su mayoría en un estado semiestuporoso, constituyendo todo una escena onírica que jamás voy a olvidar.

Aun recuerdo, que ni bien comenzaron a poder hablar, los temas predominantes giraban en torno a lo bien que los habían tratados los británicos (“nos daban de comer, doctor”, decían), a la fortaleza de los mismos (“no sabe que grande era la mochila que cargaban”), a las condiciones en las que habían transcurrido la guerra (los pozos, el clima, el maltrato), intentando transmitirnos la increíble experiencia.

Uno de ellos me pidió que le tocara (“tóquelo, doctor, tóquelo”) el pañuelo de un Gurka que llevaba en el cuello, aún impresionado por estar vivo.

Otro, caminaba excitado, repitiendo: “les podríamos haber ganado”, con una mirada de impotencia y bronca que aun tengo presente.

La mayoría estaba en sus respectivas camas, sin moverse de ellas, en silencio, con los ojos cerrados.

Sentí, como todos los colegas, un dolor tremendo. Sentí vergûenza. Sentí, también, una humillante impotencia. Sentí que estaba presenciando, otra vez, las consecuencias del ejercicio despiadado e inhumano del poder tenebroso de una dictadura. Sentí, como nunca, lo que es un filicidio.

Sentí que el daño era irreparable.

Y lo sigo sintiendo.

Dr. Miguel Angel de Boer.
Comodoro Rivadavia, Chubut , Argentina
2 de Abril 2001

(*) Publicado en diarios locales y en Página 12, Diario y otros medios nacionales en el mes de abril del 2001