lunes, 2 de agosto de 2010

ME DEJARON TU PULOVER VERDE(*)



Me dejaron tu pulóver verde
cuando te fuiste

Llevándose el verano aquel
el del cielo tibio que con sus noches
nos guarecía del mundo entero en nuestro lecho

Cuánta dicha encontraba entonces mi anhelo
En tu sonrisa
En las palmas de tus manos
En tus suaves cabellos recorriendo con ternura
todo mi cuerpo

Me dejaron tu pulóver verde
cuando te fuiste

Dejándome tu aroma
que mil veces olí desfalleciente
evocando tu mirada
añorando tu desnudez
la tersura de tus labios
y esas palabras que no podrá borrar el tiempo

Porque no pudo el odio
ni la avasallante muerte
desterrar mi amor
ni mi carne dolida cedió al intento
de que me robaran tu recuerdo

Me dejaron tu pulóver verde
cuando te fuiste
Pero no pudieron llevarte
porque estarás conmigo
para siempre

Miguel Angel de Boer

(*) A María Haydée Rabuñal, estudiante de Medicina, cordobesa, querida esposa y compañera.

El 3 de Agosto se cumple un nuevo aniversario de su muerte. Hace muy poco me enteré que cuando la mataron llevaba puesto un pulóver verde, cosa que ignoraba cuando escribí, hace ya algunos años, este poema.
03/08/10

sábado, 26 de junio de 2010

Otra vez


la trampa/cacería/mentira/asesinato a sangre fría
León Suárez/Ezeiza/Trelew/treinta mil
Camps/Franchiotti

Se lo buscaron/se matan entre ellos
las fuerzas del orden no usan armas de fuego
(ah bueno)
ni actúan por fuera de la ley
(ah bueno)
únicamente contra los ladrones/subversivos/piqueteros/
en la oscuridad /pozos/ o de dia en las estaciones de tren /mas democrático
lástima las fotos (no les alcanza con Cabezas)
y las filmaciones
y los cuerpos/golpeados/moribundos/sangrados/muertos/acomodados/que risa

Otra vez
cuerpos jóvenes/de barba/ Che/puta morir asi que embole
Ñancahuazú en Avellaneda
testimonio de lucha y dignidad/valientes/queridos
compañeros

Como hace años
tantos

Como la puta porfiada esperanza
Maximiliano y Darío también
seguirán estando

Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Junio, 2002

martes, 11 de mayo de 2010

Aquel veintinueve

Cuando llegó, junto con uno de los compañeros de la facultad, a la vieja casona de la calle Chubut, un clima de tensa excitación lo recibió al entrar a la cocina. A algunos no los conocía, pero sabía que casi todos se encontraban allí, como él, atrapados en el barrio Clínicas, ante el anuncio de que la entrada de las tropas de la Aerotransportada era inminente.
- Che, que alguien haga unos mates mientras escuchamos las noticias - dijo uno, tratando de poner cierta orden.
- Háganlo ustedes compañeros, que nosotros mientras vamos a preparar unas "molo" para cuando vengan estos hijos de puta - dijo otro.
- Está bien, pero mantengamos la calma compañeros, que la noche recién empieza - agregó un tercero.
- ¡Esto es histórico, compañeros!...¡Esto es histórico!...¡Hoy las masas estuvieron en la calle, y nosotros los estudiantes estuvimos junto a ellas!...¡ Se dan cuenta?!...
- Esto es la Revolución...¡Viva la Revolución, carajo!!.....
- ¡¡¡Viva!!! - gritaron y aplaudieron casi todos...

Y mientras todos hablaban, vociferando para ser escuchados, fue recordando como en un sueño - sentado en el suelo y apoyado contra la pared que daba a la calle - lo acontecido aquel día.

Habían quedado en encontrarse con otros delegados de la Comisión de la facultad a eso de las once de la mañana en la esquina de Rioja y Tucumán, de acuerdo a lo convenido el día anterior en la Coordinadora. La idea era concentrarse allí para luego ir al encuentro de los obreros que venían desde las fábricas ubicadas en las afueras de la ciudad. A ellos les correspondía unirse, previamente, con los de Luz y Fuerza.
El paro decretado venía bastante pesado; la cosa estaba más que jodida y los paros "materos" de los burócratas ya no conformaban a nadie. Y con la derogación del sábado inglés se había terminado de pudrir todo.

No alcanzó a reunirse con los compañeros, medio a las apuradas, cuando casi de inmediato llegó la noticia de que la "montada" había cargado contra una columna de IKA-Renault matando a un obrero a la altura de Arturo M. Bas y Boulevard San Juan.
-Tiraron sin asco los hijos de puta...y le dieron a un compañero, compañeros......Pero los compañeros se resistieron y los hicieron recular – explicaba, conmovido, uno de los que venían con la información.
-¡Están dispuestos a todo estos hijos de puta! – agregó otro
-¡Asesinos de mierda! – gritaron varios-
-¡No nos dejemos ganar por el pánico, compañeros! – dijo él, tratando de sobreponerse al miedo.
-Tiene razón el compañero - apoyó otro - Dispersémonos en grupos y tratemos de llegar a la General Paz con la gente del Gringo Tosco, como habíamos quedado.
Y hacia allí se dirigieron, tomados de la mano los unos, agazapados y pegados a la pared los otros. Aterrados todos por el ulular de las sirenas y la ida y venida de los patrulleros que ya circulaban por la Colón y la General Paz, mientras empezaba a correr gente de un lado a otro y el olor a gas y pólvora comenzaban a impregnar el ambiente.

Estaban llegando a la Colón cuando se toparon con el grupo de Luz y Fuerza, con quienes se pusieron a gritar como de costumbre pero con mucha más bronca: ..."¡Obreros y estudiantes, unidos adelante!"....."¡Abajo la dictadura!",.... "¡Luche, luche, luche, no deje de luchar, por un gobierno obrero, obrero y popular!...., "¡Hijos de puta!...¡Hijos de puta!.. ", enardecidos por lo ocurrido y buscando unir las fuerzas frente a lo que percibían como algo muy distinto a lo que había ocurrido en otras oportunidades.
- ¡Viva la clase obrera! - gritó con todas sus fuerzas un estudiante
- ¡Viva! - corearon los demás
- ¡Vivan los estudiantes!- respondió un obrero
- ¡Viva los obreros y los estudiantes! - contestaron varios.
Y así iniciaron la marcha. Juntos. Entremezclados. Obreros y estudiantes. Indistinguibles en su odio a un gobierno que desde hacía casi tres años venía cercenando los derechos de la clase obrera y el pueblo.
No habían alcanzado a recorrer media cuadra, cuando un móvil de la policía, haciendo sonar la sirena y disparando tiros al aire por una de las ventanillas, trataba de abrirse paso entre ese enjambre humano que ocupaba la calle de vereda a vereda.
- ¡Cuidado compañeros....!
- ¡ Ahí vienen los asesinos hijos de puta....!
- ¡Hijos de puta!....¡Hijos de puta!....- gritaba la mayoría, tratando de impedirle el paso.
Pero la "yuta" estaba decidida. El que manejaba aceleró sin asco mientras el que estaba a su lado seguía con los disparos.
En medio del desbande tomó una baldosa y, casi sin pensarlo, se acercó al vehículo con la intención de arrojarla. Fue en ese preciso instante en que uno de los policías, al verlo, le apuntó con el arma directamente al pecho amagando con tirarle, registrando así - por primera vez en su vida - la extraña sensación de haber enfrentado la muerte cara a cara.
Cuando reaccionó ya sus compañeros iban, a las puteadas, por la Santa Rosa, rompiendo todo lo que encontraban a su paso, con una furia incontenible, avasalladora.
- ¡No, compañeros!....- gritó con angustia uno de los militantes que estaba en el grupo - ¡ No caigamos en el salvajismo....!
- ¡ Ma’ que salvajismo ni salvajismo! - replicó uno de los obreros con furia - Los que tienen negocios son todos unos hijos de puta.....Cuando pueden nos cagan....!, agregó indignado.
- ¡No, compañero! - insistió el primero - nuestros enemigos son los capitalistas y el imperialismo...a ellos tenemos que atacarlos...
- Tiene razón el compañero - dijo uno que parecía uno de los delegados de Luz y Fuerza - no seamos animales, que eso es lo que quiere la oligarquía, para poder decir que somos una manga de bestias y poder reprimirnos a gusto....
- ¡ Entonces vamo' a la Colón! - gritaron varios -....allí están los negocios de los hijos de puta que nos explotan..
Y hacia allí fueron.
A la Avenida Colón.
Enfervecidos. Eufóricos. Con toda la bronca del mundo, que iba aflorando como a borbotones.
-¡"Sevaacabar, sevacabar, la dictaduraaaamilitar!.....¡Sevaaacabar, sevaacabar...la dictadura militar!",....."¡Asesinos!...¡Asesinos!...”- gritaban como nunca, casi con arrogancia. Con ese coraje que surge cuando se siente que la historia está a favor.
El torbellino era imparable. Las vidrieras estallaban como focos de luz, salvo aquellas que por su consistencia hacían rebotar las piedras como si hubiesen sido elásticas. Los coches eran dados vuelta como si fueran de juguete y desde las ventanas y balcones de los edificios tiraban de todo para las barricadas.

Un grupo se dirigió a la sede del Jockey Club con la intención de incendiarlo, mientras otros - que se habían adelantado - apedreaban el edificio
-¡Oligarcas hijos de puta!
- ¡Acá se divierten los explotadores con la guita que nos sacan a nosotros! – gritaban
El, en cambio, se dirigió a la Xerox, al ver que varios estaban destrozando los ventanales de la firma. Cuando entró algunos ya estaban rompiendo algunas fotocopiadoras. Fue entonces que tomó un trozo de hierro que encontró y empezó a golpear una de las máquinas que tenía a mano. Con una violencia inaudita. Desconocida. Porque no sentía que le estaba pegando a una máquina. Sentía que le estaba partiendo la cabeza a la burguesía, al imperialismo, a la injusticia, a la explotación. Que pegaba por él y por todos (....."por los que se mueren de hambre....por la gente de las villas....por los chicos desnutridos...por los represión…por Vietnam…...por Cuba…..por Argelia……por Latinoamérica……por el Che….por los fusilamientos….por las torturas…por los asesinatos….por Papillón.......por Cabral....por los obreros...…"......"hijos de puta......hijosderemilputamadrequelosremilparió..."......"por todo lo que sufrimos” ....”por lo que sufro”…..”por mis viejos...."......"hijos deputa..."....."les pego por lo que nos hicieron...por lo que nos hacen....." "explotadores hijos de puta...."). Y siguió golpeando y golpeando hasta quedarse casi sin fuerzas. Hasta darse cuenta que ya no tenía sentido seguir haciéndolo.
- Vamos para el Clínicas - dijo uno
-¡Sí, vayamos para el barrio! - contestó otro.
Y hacía allí partieron.
Cuando llegaron a la Cañada pudieron ver barricadas por todos lados.
Se escuchaban disparos y el ulular de las sirenas y el olor a pólvora, a gas lacrimógeno, a goma quemada, a nafta, seguía impregnando la ciudad de una extraña y particular manera.

Al llegar a la concesionaria de la Citroen el espectáculo parecía de película.
Los coches eran sacados a la calle para ser chocados entre sí o contra las palmas de luz, quemados, volcados. Las puertas eran arrancadas como si hubieran sido de cartón y los asientos sacados y usados en el medio de la calle como sillones de un living. Y al cabo de un rato, un estremecimiento indescriptible anunciaba el derrumbe del edificio por el incendio, desplomándose el techo con un sonido atronador.
Cuando llegaron a la Plaza Colón, en la confitería La Oriental parecían estar de fiesta. Hombres, mujeres y chicos habían tomado posesión del lugar comiendo o llevándose lo que tenían mano, a la vez que “atendían” a los que se acercaban.
- ¡Tomen compañeros! - decía uno de los ocasionales "expendedores", con un increíble Chianti en la mano, que seguramente era el primero y el último que tomaría en su vida.
- ¡Vamos a morfar y chupar aunque sea una vez lo que comen los burgueses! - agregó otro con una satisfacción que lo excedía, mientras le entregaba comida y algunas botellas a una pareja que desde una moto observaba, como de paso, lo que estaba ocurriendo.
La plaza semejaba un día de picnic popular. Los bancos habían sido arrancados y colocados en distintos lugares, de cara a un hermoso sol otoñal. Parecían estar aislados de la violencia que los circundaba. Como descansando en un feriado eterno.

El grupo inicial se había desperdigado ante la magnitud incomprensible de los acontecimientos.
Unos cuantos siguieron por Colón donde ya empezaban a visualizarse algunas barricadas impresionantes que atravesaban la avenida de vereda a vereda. Su tamaño evidenciaba la participación masiva, arrolladora, hasta ahora nunca vista en una movilización, puesto que en las mismas había cuanto objeto callejero o doméstico se pudiera imaginar. Algunos de ellos inverosímiles, como una heladera o un lavarropas.

El sol se iba retirando de a poco.

Se sabía que en toda la ciudad estaban ocurriendo episodios similares. En barrio San Martín, en el Güemes, Observatorio, Talleres, Juniors, Alto Alberdi, Villa El Libertador, Santa Elena, minuto a minuto, hora a hora se iba extendiendo la lucha a todas partes.
En el centro ni que hablar. Los puentes como el Avellaneda estaban infranqueables.
La consigna que se fue imponiendo era tomar la ciudad y resistir todo lo que fuera posible a los fines de impedir la posible entrada del Ejército.
Cuando iban ya en dirección a Alberdi, un puñado de exaltados intentó atacar la parroquia situada en la esquina Rodríguez Peña. Un desconocido, trepado sobre una de las barricadas, sacó un pequeño revólver y disparando un par de tiros al aire gritaba desaforadamente: "¡ Vandalismo no, compañeros!", ante la sorpresa primero y el aplauso después de quienes lo rodeaban.

Fue ahí que se percató que la policía no existía. Que ya casi no se escuchaban sirenas y que de a poco un silencio extraño iba ganando las calles.
Fue entonces que se dio cuenta que la ciudad estaba totalmente tomada.
No lo podía creer.
Se acordó de la Comuna, de las insurrecciones, de tantos hechos históricos similares. “La Revolución es posible”, pensó emocionado.
Y entonces percibió un olor, un aroma particular, único, que impregnaba y atravesaba todo su ser, su espíritu, que nunca mas volvería a sentir ni a olvidar. Era la libertad, no cabía duda. Existía, verdaderamente. Y era algo por lo cual, ahora lo entendía como nunca, valdría la pena luchar, combatir, dar todo de sí, hasta la vida misma.

Aún percibía esa sensación cuando uno de los compañeros de la casa lo zamarreó.
Vamos compañero! - le dijo. Vamos que está queriendo entrar el Ejército y tenemos que ir a la Colón a ayudar a los compañeros que están tirando las columnas del alumbrado, para que estos hijos de puta no entren!
Y hacia allí fue.
Cansado, pero feliz.
Intuía que lo que estaba pasando no era un hecho más.
Intuía que ya nada sería igual.
Aunque nunca se imaginó cuanto cambiaría todo.

Y menos aún, que ese día inolvidable, un jueves de Mayo del 69, quedaría registrado para siempre como el histórico Cordobazo.



Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Mayo, 2008
Argentina

viernes, 2 de abril de 2010

2 de Abril





A pocos días de la derrota de la Guerra de Malvinas, tuve la triste oportunidad de estar - en el Servicio de Psiquiatría del Hospital Regional de mi ciudad, Comodoro Rivadavia, colaborando con el equipo del mismo - entre los primeros colegas que tomamos contacto con los soldados que llegaban de las islas.

Aún tengo presente el clima de opresión, desasosiego y tristeza, en el medio de un silencio angustiante, conque observábamos perplejos y asustados, la llegada de los helicópteros que traían a decenas de jóvenes que se distribuían a los distintos servicios del hospital, según la sintomatología que presentaban.

En el servicio de Psiquiatría, el silencio era asfixiante. Recibimos a los chicos, los cuales iban ubicándose en las camas que se habían dispuesto en las distintas salas, quienes se encontraban en su mayoría en un estado semiestuporoso, constituyendo todo una escena onírica que jamás voy a olvidar.

Aun recuerdo, que ni bien comenzaron a poder hablar, los temas predominantes giraban en torno a lo bien que los habían tratados los británicos (“nos daban de comer, doctor”, decían), a la fortaleza de los mismos (“no sabe que grande era la mochila que cargaban”), a las condiciones en las que habían transcurrido la guerra (los pozos, el clima, el maltrato), intentando transmitirnos la increíble experiencia.

Uno de ellos me pidió que le tocara (“tóquelo, doctor, tóquelo”) el pañuelo de un Gurka que llevaba en el cuello, aún impresionado por estar vivo.

Otro, caminaba excitado, repitiendo: “les podríamos haber ganado”, con una mirada de impotencia y bronca que aun tengo presente.

La mayoría estaba en sus respectivas camas, sin moverse de ellas, en silencio, con los ojos cerrados.

Sentí, como todos los colegas, un dolor tremendo. Sentí vergûenza. Sentí, también, una humillante impotencia. Sentí que estaba presenciando, otra vez, las consecuencias del ejercicio despiadado e inhumano del poder tenebroso de una dictadura. Sentí, como nunca, lo que es un filicidio.

Sentí que el daño era irreparable.

Y lo sigo sintiendo.

Dr. Miguel Angel de Boer.
Comodoro Rivadavia, Chubut , Argentina
2 de Abril 2001

(*) Publicado en diarios locales y en Página 12, Diario y otros medios nacionales en el mes de abril del 2001

sábado, 20 de marzo de 2010

Visita




De paso por Buenos Aires con motivo del Día de la Mujer, decidí ir a conocer el Parque de la Memoria y homenajear a María Haydée Rabuñal, la Flaquita, mi primera esposa.

De entrada me impresionó la magnitud del monumento, mucho mas cuando vi esos muros inacabables con tantos nombres, inacabables también , en sus paredes, pues me brindaba una impactante dimensión visual de lo acontecido. Como pueden ser tantos? Pensé. La puta madre que los parió? Tantos! Tantos!

Y comencé a hacer el recorrido. Sacando algunas fotos y filmando, mientras la historia se me venía encima desde adentro. Irrumpiendo con imágenes, sensaciones, recuerdos, en una vorágine que aturdía mi mente y mi pecho. Pues en la medida que se desplegaban los nombres, se iba desplegando también “mi” historia. Bello, Cabral, Blanco, Castellanos, Jáuregui, Mena. Luego los compañeros masacrados en Trelew con Polti, compañero de estudios en medicina. Y los chicos de la Noche de los Lápices. Y el querido “Negro” Raúl Trigo. Y tantos, tantos, tantos, amigos, conocidos, compañeros, hasta llegar a ver el de la Flaqui. Mary. Negrita. Gordi. Bichita. Querida compañera.

Y entonces el torbellino:

Puta Flaqui como estas tanto tiempo yo bien aquí visitándote no pude venir antes pero estuve en tu tumba no aquí es la primera vez puta después de tanto tiempo cuando hace como treinta y cinco años parece mentira increíble porque yo te recuerdo tan jovencita como la última vez que nos vimos te acordás si éramos jóvenes los dos pero yo ahora acabo de cumplir los 60 pero vos seguís con 26 si yo también sigo con 26 en una parte de mi ja hecho un pendex estoy puta Flaqui tantas cosas que vivimos juntos que hicimos juntos cuando nos conocimos en medicina cuando estuvimos en el Cordobazo en la militancia estudiantil los actos relámpagos la ciudad universitaria en los hospitales como practicantes y en la agrupación y en los barrios los dispensarios metiendo materias y queriendo hacer lo mas extraordinario en nuestras vidas la revolución y me vienen los beatles y el che y camilo los quila y las pelis del sombras y sitrac te acordás del negro flores y el viejo massera el gringo tosco y el cura vaudagna y las tomas del clínicas y la plaza colón y la cañada y que no hicimos Flaqui no sabia que te extrañaba tanto la puta que lo parió y ahora vuelvo a enterarme y me duele hasta la médula como pudo ocurrir si yo te dije que te cuidaras la puta madre y yo que sigo vivo y vos que ya no estas me hace mierda Flaqui todavía y me va a seguir haciendo mierda siempre aunque me acostumbre a este dolor que tal vez no quiera dejarme ni yo dejarlo para no olvidarte pero si sabía que me iba a doler tanto no se si venía perdóname Flaqui pero lo siento así no aguanto me voy a sentar un rato al banco puta madre y este día de sol que es maravilloso y tantos compañeros que no están hijos de puta que hijos de puta como pudieron hacer esto chicos embarazadas ancianos que manga de cobardes estos patriotas asesinos de jóvenes tan jóvenes que chicos que éramos sigo siendo chico yo como la Flaqui y este llanto que no me deja parece que me falta el aire que bronca me da todo que tristeza y que bronca ya volví Flaqui estoy medio a las puteadas y si estamos a las puteadas los que quedamos vivos vos sabes que veo los nombres y mas cuenta me doy del culo que tuve para que seguir vivo y eso me impresiona si decís que supe moverme pero el culo que tuve es gigantesco vos porque por suerte no sabes todo lo que pasó después que te mataron Flaqui te conté que hice un poema y bueno siempre escribo sobre vos seguro te gustaría si el del pulóver verde y ahora veo tu nombre en la placa y me da una pena y aquí no tienen ningún dato tuyo salvo que eras de córdoba y estudiante de medicina pero yo quedé en enviarles mas información no solo tuya porque pregunté por otro compañeros y tampoco tenían ah y el lugar donde te mataron que yo es la primera vez que me entero seguro que lo sabía pero es la primera vez que me entero y así va a ser para siempre enterándome por primera vez de lo que ya sabía pero no importa porque por algo estoy vivo y ahora que estoy mas tranquilo que lindo día Flaqui como esos donde caminábamos de la mano y sentíamos que el futuro era nuestro y no sé como pudieron hacer algo tan tremendo estos hijo de puta pero que bueno estuvo haber intentado cambiar toda esta mierda te acordás de los chicos me morían desnutridos en el hospital y no le encontrábamos las venitas y teníamos que pincharlos hasta que algunos entraban en shock y que una vez se murió un paciente en el quirófano porque se habían terminado los tubos de oxígeno porque no le habían pagado al proveedor pero también viste estoy mas tranquilo ahora pero también como nos divertíamos las guitarreadas y el día a día con la idea de ser mejores y ese aire de libertad que respirábamos cuando sentíamos que ese era el camino para la liberación de la clase obrera y el pueblo y que lindo era querer ser mejores personas y vos hasta lo último seguiste cabezona insistiendo y yo egoísta te puteo y yo eterno enamorado te sigo queriendo y si Flaqui te puteo porque te extraño y te quiero porque a eso no hubo con que darle aunque yo quisiera porque si te olvidara y los olvidáramos me quedaría sin lo mas importante de mi propia vida esta historia que vivimos esta lucha que emprendimos por la alegría de vivir sabiendo que solo era para nosotros si lo hacíamos para todos chau Flaqui un beso nos estamos viendo.

Miguel Angel de Boer
Marzo 19 , de 2010.

miércoles, 17 de marzo de 2010

INTIMIDACION (•)

Amenaza. Atemorización. Acción tendiente a generar miedo.
Si desde épocas remotas el acto de intimidar se instaló en las relaciones humanas como un método de control y sometimiento, si la historia de nuestro país se vió impregnada por etapas donde el miedo se naturalizó despiadadamente, no caben dudas que desde el triste episodio del atentado a la AMIA nuevamente los argentinos nos sentimos agobiados por la posibilidad de que un acto de ese tipo pueda llegar a reiterarse.
Precisamente esa es la consecuencia que promueve el terror cualquiera sea su origen: desencadenar ondas expansivas que se proyecten en el tiempo buscando vulnerar el sentimiento de protección y seguridad indispensables para que una sociedad pueda sentirse cohesionada como si misma. Lo contrario: el desamparo, la dispersión y el pánico, generan en el imaginario social la convicción de que todo es posible, de que todos somos blancos móviles expuestos a la azarosa posibilidad de ser destruidos.
En un mundo donde pareciera imponerse el paradigma de que el fin justifica los medios - trátase de la economía, los beneficios o el éxito -, los individuos (el ciudadano común) se ven intersectados por dos modelos de identificación contradictorios: la identificación con la víctima o la identificación con el agresor. Contradicción falaz o equívoca en razón de que cuando se instala el terror como factor psicológico en la vida cotidiana la sociedad en su conjunto está victimizada, pues aún aquellos que usufructúan el miedo a través de las amenazas, también están atrapados en el patológico modo de funcionamiento que propone el terror.
A la intimidación privada (mujeres golpeadas, coerción afectiva y sexual en las parejas, maltrato infantil) y a la intimidación pública (en las relaciones laborales, en el campo de la salud y la educación) se suma y emerge - como síntoma indesmentible del estado de crisis que atravesamos-: la intimidación social.
Si bien no como hecho inédito, sí con características distintas en el momento actual, en la medida que se va legitimado cada vez más como respuesta a un proceso de transformación que induce a suponer que existen dos únicas alternativas posibles en nuestras vidas: o bien estar entre los que se "salvan", o bien pasar a formar parte de los "excluídos". Y es esta premisa, la que una vez concebida como irrefutable (donde la falta de posibilidades laborales, la ausencia de condiciones que favorezcan el desarrollo de las capacidades subjetivas, la depreciación de los valores éticos y morales, no hacen sino favorecerla) la que propicia conductas mágicas y mesiánicas - desocializadas- generando así una paulatina deshumanización, en tanto la historicidad y la pertenencia a la cultura son denegadas por un individualismo perverso que atenta contra una mayor conciencia de las posibilidades colectivas.


Dr. Miguel Angel de Boer

Comodoro Rivadavia, Septiembre l994.

(•) Publicado en TOPIA REVISTA. Año IV- Nº 12. Buenos Aires.

lunes, 15 de febrero de 2010

Rimemberes

TIEMPO

Si te preguntan

cuanto te tuvieron
cuanto te torturaron
cuanto hace que te pasó

Es porque ignoran

que alli
donde se vive la muerte

los días
las horas
los minutos
los segundos
son fugaces y eternos


ACLARACIÓN

Lo que ustedes tienen que entender
es que:
como se portan mal
les tenemos que hacer chas chas en la cola


Y…ahora hablá pibe…o te reviento…hijo de puta…!!!



HIGIENICOS

I

Uno de ellos
agotado
dejó de pegarme
y se puso a lavar la vajilla
( la puta que los parió aquí nunca limpia nadie)

Luego
acomodó las cosas
se secó las manos mirándome
con la mirada mirona

y continuó apaleándome
me / ti / cu / lo / sa / men / te


II

Me voy a dar una ducha dijo

mientras se secaba la frente
(tras haberlos torturado salvajemente)

porque si hay algo que no soporto es este olor a judío de mierda que se me impregnó en la piel

Regresó al rato
mas fresco
y de muy buen humor


dios

En el preciso instante
de infligir
el máximo dolor

un orgasmo


RESISTENCIA

Estaban convencidos de que resistía
porque me consideraban
ideológica/política/moral/física
y mentalmente
fuerte

En tanto yo evocaba
con mi cuerpo desolado
el ruido del mar
acariciando la arena y el pedregullo de mis playas

y una frescura luminosa penetró en mi pecho
encegueciendo de vida a la muerte



CUESTIÓN

El asunto es como lograr
seguir siendo
en medio del atroz desamparo del espanto


MONTAND

Cuando me los cruzo en la calle

me acuerdo de Ives Montand en La Confesión

Y siento pena
por él

por Montand



PARA COLMO

Uno cree que después de eso
al menos ya no habrán mas dolores
tan dolorosos
en la vida


LA REVANCHA

No olvidarla
No olvidarlos
No olvidarnos

Seguir trepando la vida
Cabalgarla
Revolcarnos en ella

Hasta dejarla exhausta
De tanto vivirla

Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Chubut
Argentina