martes, 26 de junio de 2018

¡Ganamos!

-¡Daleee campeón…! ¡Dale campeón…!!!
--¡Argentina!!! ¡Argentina!!!
-¡Vamos todavía!!
-¡Que grande!!!
- ¡Es para vos…es para vos…Caruso puto la puta que te parió!!
-¡El que no salta es un chileno!¡El que no salta es un chileno!!
- ¡Viste Tano!! Capos totales…
-¡Tatín querido...¡No nos para nadie ahora!!
- ¡Eso!¡Hasta… la copa no paramos!!
- Y vos que decías que el equipo no funcionaba…
-¡Pará! ¿Cuándo dije algo contra la Selección yo?
- Tenés razón. Tal vez me confundí. Es que con todos los hijos de puta que tiraron mierda hasta cansarse….
- Los chotos de siempre, haciendo leña del árbol caído…
- Apátridas.
-Traidores.
-¿Y ahora? ¿Qué van a decir? Que le peguen al genio del maestro Sampaoli ahora.
- O al mejor jugador del mundo, que por un penal de mierda que erró lo querían fusilar.
- Le querían cortar las piernas como a Diego, los turros. Que de paso te digo que cómo sufrió en el partido pobre.
- ¿Viste? Se le notaba en la cara, los gestos. Faltan que digan que estaba drogado ahora.
- Así son los argentinos…Seguro que ahora van reconocer otra vez que Mascherano es un prócer, Totito
- Como lo fue siempre. San Martín. Derramando sangre jugó. Y encima le cobraron un penal que no fue.
-Y Baneguita, Rojito…Pipita querido… Todo el equipo…Unos héroes…
- ¡Armani!
- ¡Grandísimo!
- Lo que pasa es que una que no entienden un carajo de fútbol, la otra los intereses que hay en juego
- Bueno, ¿pero ahora se acordaron que hay intereses, que hay corrupción en la AFA y todo lo demás que anduvieron diciendo?
-Hijos de puta, hasta dijeron que a Sampa lo manejaban los jugadores.
-O que todo lo hacía por guita, como si le hicieran falta siete palos verdes
-Hasta que no se le entendía cuando hablaba en las conferencias de prensa, dijeron
-Es la envidia a la cultura tremenda que tiene, Totino. No viste que escribió un libro.
-Por eso, un maestro en todo el sentido de la palabra.
-Todo porque se puso en pedo una vez y, claro, se descontroló un poco por el efecto del alcohol
- ¡Pero fue en el casamiento de la hija! ¡El pedo del padre feliz!
- Y un forro de tránsito que le quiso hacer una boleta
- Por eso así nos va. No se reconoce el talento, la creatividad.
- ¡Que inmenso el Pelado!
- Un estratega.
- Y tácticamente también es lo más. ¿Viste los cambios?
- Precisión matemática, efectividad absoluta, Tanito.
-Con esa tensa calma que lo caracteriza, que es tan importante para los jugadores.
- Muy cierto. Y se notó en el juego, dinámico, abierto, agrandando la cancha, sobre todo en el primer tiempo.
- Siii. En el segundo se vinieron los nigerianos, pero lo remontamos a fuerza de sacrificio, como hacen siempre nuestros jugadores.
-El amor a la camiseta. A Argentina. A la Patria.
-A la hinchada que siempre alienta, en las buenas y en las malas.
-¡Siempre!
-¡Ah! ¡Qué alivio!
-¡Total!
-Ahora la rompemos.
-Hasta la final no paramos.
-¡Jamás dudé de eso, Toto!
- Vos sabés que yo tampoco Tano
-¡Argentina! ¡Argentina!
-¡Vamos, vamos Argentina….vamos, vamos a ganar!!

Miguel Angel de Boer
Junio 26, 2018

Pañuelo verde


-¡Hola Toto!
- Qué hacés Tano…
-¡Eh!¡Che! ¡Qué cara!
- Te diste cuenta…
- Pero si nos conocemos de toda la vida, Totín
-Y…¿cara de qué me ves?
-La verdad, la verdad…¡de cordero degollado!
- Si….diste en la tecla. Si no degollado, acorralado, asfixiado….con las bolas por el suelo
-Ya sé… Otra vez tu mujer…
-¿Y quién va a ser sinó?
- ¿Qué pasó ahora, mi viejo?
- Lo de siempre…pero ahora está insoportable…no sé qué más quiere de mí
- No me digas…¿está muy densa?
- Imaginate. Viste que siempre fue bastante rompebolas…pero ahora… con todo lo que les pasa a las mujeres…
- ¿A qué te referís?
- A las movilizaciones, a lo que están haciendo y diciendo. ¡Rebelándose contra todo…!!
- ¡Uy!¡No me digas!....¡se hizo feminista!
- Si. No se saca el pañuelo verde ni para ir a cagar. Nos rompe las bolas a mí y a los chicos bajando línea todo el tiempo.
- Menos mal que no estoy en pareja….menos mal….
- Tenés culo Tano, creéme. Vos que a veces puteás porque te dejó la Gringa. Tenés un culo gigante…
- Tenés razón. ¿Sabés que me parece haberla visto en la tele cuando se movilizaron en el Congreso por lo del aborto? Un escalofrío me corrió. Te imaginás lo que debe ser ¿no?
- Peor que mi jermu, debe ser. Seguro.
- Y contame Tatito, ¿está muy pesada la Tati?
- ¡Uf! ¡Tremenda, está! No para de hablar y, como te dije, bajar línea. Ahora todo es machista. Culpa del patriarcado, como dice ahora. Cualquier cosa es un abuso. Ya no puedo ni tirarme un pedo tranquilo en mi propia casa.
- ¡No me digas! ¡Qué lo parió! Pero si vos siempre fuiste un muy buen marido con ella.
- Vos sos testigo, Tano. Siempre hice todo por ella…y por los chicos. Me rompí el culo laburando. ¿Le faltó algo alguna vez?
- Y….que yo me acuerde no. Lo básico siempre lo tuvo. Por ahí no le pusiste un palacio, pero, como todas las mujeres, ella siempre fue muy exigente.
- Gracias por decirlo, Tano querido. Es como decís, lo esencial siempre lo tuvo. Es cierto que podría haberle dado más, sino fuera por la timba y las putas.
- Pero eso porque te enfermaste Tato querido. Te volviste un adicto, un compulsivo.
- Sí. Pero ella nunca lo entendió del todo, ni todo lo que hice para superarlo.
- Viste cómo son las minas. No se dan cuenta de algunas cosas.
- De las cosas de uno. Porque ahora se da cuenta de todo lo que es a favor de ella. Como todas las que están en la movida. Insoportables están.
- Tremendo. Hasta hay que tener cuidado de como las mirás en la calle. Ni hablemos de tocarles el culo. ¡Cómo cambió todo, mi dios!
- ¡Nooo! Si yo tengo que cuidarme con Tati que es mi esposa, imagínate con una fana loca en la calle, o en el subte. De piedra tenemos que ser ahora.
- ¡Qué suerte que no estoy en pareja! ¡La puta que lo parió!
- Orto puro, Tano.
- Pero vos, la verdad, siempre fuiste considerado con tu mujer
- Decímelo. Además de laburar como un burro, siempre estuve en los detalles. Y todavía estoy, a pesar de los años. Como estar siempre atento cuando cambia de perfume. De toque voy y les compro- y las obligo a usar el mismo perfume- a las minas con las que ando en ese momento.
-¡Un caballero! Eso fuiste siempre. Lo sé. Y cómo esas, tantas cosas.
- ¡Tantas! ¿Vos sabes lo que es bancar que hable de fútbol como si supiera?
- ¡Uhh! ¡Que cagada! Lo veo con mi cuñada, la jermu de mi hermano. Y parece que con el Mundial se excitan más con el tema.
- ¡Ni que hablar! Se vuelven futboleras, patriotas, te quieren explicar las jugadas…
- ¡Y se recalientan con los jugadores también!
-¡Eso! Por eso cuando miran los partidos se la pasan guasapeando con las amigas. De calentonas.
-Y vos….te tenés que quedar en el molde
- Y… Mirá si le digo algo y me denuncia por maltrato. No te digo que está al mango con todo esto.
- No sos el único, Tatito querido.
- Ya sé Tano. Pero yo sufro lo mío.
- Y…sí.
- Aunque es cierto lo que decís. No soy el único.
- ¿Qué? ¿Te acordaste de algo?
- Si, ahora que mencionamos lo del Mundial. Me acordé del pobre tipo que le hizo la joda a la rusita.
- ¡Uy! Pobre tipo. Lo hicieron mierda por una boludez. Lo viralizaron.
- Una boludez total, Tano. Un chiste inofensivo. Una jodita inocente. Además la rusita no entendía nada de lo que le hizo decir.
- ¡Viste! Que hijas de puta, y los putos de los periodistas también.
- Obligados por cómo están todas.
-Y sí. Sino la ligan ellos también.
- Pobre tipo. Lo vi dando las explicaciones cuando llegó a Ezeiza.
- Hecho mierda estaba
- ¿Viste la cara que tenía?
- Y lo hicieron mierda para siempre. Un hombre de bien, con esposa, hijos.
- Y sí. Aclaró todo los que las quería a la mamá y a la hija, que no tenía nada contra las mujeres y le pidió perdón al pueblo de Argentina y de Rusia.
- Un hombre de bien, realmente. Que también se debe haber roto el orto laburando como un marrano
- Vendedor de coches era ¿no?
- Por eso. Un laburante. Aunque en ese rubro hay algunos que son unos hijos de puta no podemos generalizar.
-Los que yo conozco, son buenos tipos. Bueno, a mí nunca me cagó ninguno.
- Pobre tipo.
-Una víctima del fundamentalismo feminista que estamos padeciendo.
- Totalmente
- Aunque mi sobrinita, la que estudia psicología, me dijo que el tipo estaba marcado por el apellido desde el nacimiento.
- ¿No me digas? ¿Porqué?
- Porque se llama Pen-ovi, así lo pronuncia ella, y lo mismo le pregunté yo.
-¿Y que te dijo?
- Tío, me dijo, pasa que no leíste nunca a Lacan.
- ¡Uhh! Seguro que es un boludo feminista. Son los peores.
- Seguro.
- Seguro que también se pone un pañuelo verde el forro…
-Seguro.

Miguel Angel de Boer
Junio 2018

sábado, 23 de junio de 2018

We Tripantu

Quienes tuvimos el honor de asistir, la noche del Jueves 23 hasta el Viernes 24 últimos, a la celebración del We Tripantu (Año Nuevo Mapuche), fuimos participes de una experiencia, sin dudas, inolvidable. 

Llegamos - no si antes patinar un rato en el barro - con mis hijos Emiliano y Manuel aproximadamente a las 21 horas, donde nos aguardaban con seis pequeños fogones ubicados en un semicírculo (uno de ellos Sagrado) situados en el regazo formado por dos lomas desde donde, iluminados por una luna inmensamente plena y nueva, acompañada por un cielo poblado de estrellas, podíamos observar el mar extendiéndose con su manto de plata hasta el infinito.
Poco a poco fueron llegando otros miembros de la comunidad e invitados (entre ellos, alumnas y alumnos del Colegio Universitario Patagónico), quienes se fueron ubicando y acomodando a la vez que nos íbamos adecuando para pasar la noche, pues todos sabíamos que en lo posible, debíamos permanecer despiertos hasta después del amanecer.

El We Tripantu se corresponde, según la milenaria tradición mapuche, al fin del Otoño, momento de la caída de las últimas hojas y del nacimiento de los primeros brotes, fin de la noche mas larga del año y comienzo del regreso paulatino de los días (del We Antu, nuevo sol). Es el inicio de un nuevo ciclo natural, donde todo renace, las aguas se purifican y es el momento de la reconexión de la naturaleza con el espíritu, la oportunidad de agradecer y ofrendar a la Ñuke Mapu (Madre Tierra) todo lo que esta nos ha brindado, de despedir el año y aguardar la llegada del nuevo, fortaleciendo la hermandad del lof (comunidad), expresando los deseos mas profundos por el bienestar de la humanidad toda.

Reunidos en los fogones, los alimentos y bebidas (no alcohólicas) se comparten entre todos los presentes, instalándose paulatinamente un sentir colectivo y mancomunado que va creciendo con el correr de las horas.
Ancianos, niños, adultos, familias y amigos fuimos integrándonos al calor de las llamas, el tronar de los cultrunes y el tañir de pifilkas y trutukas, en comunión con numerosos hermanos que sabíamos estaban en idéntica celebración en distintos puntos del globo.

Alrededor de las 23 horas se realizó el primer Nguillatun (rogativa), comenzando así una serie de rituales religiosos y danzas que se fueron desarrollando durante toda la noche, siendo testigos y partícipes de escenas tan ancestrales como conmovedoras, con lapsos donde nos deteníamos para alimentarnos y descansar.

Imposible describir y transmitir todo lo vivido en pocas palabras. El respeto, el recogimiento, la emoción, la alegría, los sentimientos y sensaciones de compartir una danza colectiva (conformábamos alrededor de 25 pares, y cabe la aclaración puesto que ninguna actividad se puede realizar si no es de a dos) luego de ofrendar a la tierra los bienes que nos fueron dados en su generosa prodigalidad. Los niños con sus miradas brillantes, las ancianas sin doblegarse pese al frío, que se acentuaba por momentos por el viento, y al sueño. Los jóvenes disfrutando del choike purrun (el baile del avestruz), del loncomeo, estimulados por nuestros gritos y cantos dando cuenta que estábamos mas vivos que nunca.
Hasta que llego el nuevo día.
Con los primeros rayos ser realizó la última ceremonia que concluyó con el ritual del agua, donde cada uno le lavó el rostro a otro, mutuamente, para recibir, ahora si, el nuevo año, simbólicamente purificados
Y luego, todos en semicírculo, quienes querían pudieron expresar sus sentimientos con sus propias palabras, para ya al final, despedirnos uno por uno con los dos besos en la mejilla y un abrazo que seguramente permanecerá por siempre.

Allí, en la soledad inconmensurable de nuestra patagonia, algo mas de cincuenta pequeños seres nos hermanamos en un agradecimiento que no fue solo propio y, como bien dijo, Liliana Ancalao, donde cada uno éramos muchos.
Porque éramos todos. Los que estábamos y los que no estábamos. Nuestros antepasados, nuestros seres queridos, nuestros seres perdidos. Porque nuestros corazones palpitaron al unísono, celebrando la vida, celebrando la paz, el amor, la pasión por el conocimiento, el anhelo de lo mejor para cada uno y para todos, en el compromiso del encuentro con cada uno, en la convicción de que somos hijos de la misma tierra, de que la diversidad nos enriquece, de que siglos de opresión e injusticia, de dolor y padecimiento, no han podido avasallar ni memorias ni espíritus.

Aun persisten en mi mente muchos de los momentos compartidos.
Veo a Rosa Pincol, veo a su hijo, veo a los niños, veo a las abuelas, veo las chicas y chicos del CUP, veo a Fabiana Antiñir con su pequeño cuerpo y su increíble dulce sonrisa.
Los veo, y los siento, conduciéndonos, alentándonos, transmitiéndonos esa fuerza, esa energía y ese ánimo que solo está presente en quienes tienen el privilegio, el orgullo y la humildad de saberse hijos y herederos de una historia y una cultura, pero por sobre todas las cosas de saberse humanos.
Los veo, me veo, nos veo.

Y yo también celebro.
Y yo también me siento digno.

Y agradezco profundamente la distinción con que se me ha honrado.

We tripantu, kompuche!!!
Pewkayal!!!



Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Junio 26, 2005 

lunes, 28 de mayo de 2018

Memoria (cuento)


Estábamos en una azotea y sería media mañana porque el sol ya era intenso y me aplastaba contra el cemento. Me sentía atontado por lo que me habían hecho durante toda la noche pero me sentía contento por seguir vivo. Apenas pude levantar un poco la cabeza pero alcancé a ver algunos edificios a lo lejos, a través de un alambre tejido que rodeaba el pequeño espacio en el que nos encontrábamos, que me recordaba el gallinero que teníamos en mi casa cuando era chico. Sentía la garganta lacerada por la sed y la lengua llagada y anestesiada por el dolor. En realidad lo sentía en todo mi cuerpo. Como una llaga que de tanto dolor ya se había tornado insensible. No recuerdo cuantos éramos y tampoco si los conocía. Algunos se quejaban de tanto en tanto. Otros permanecían en silencio. Un silencio opresivo. Asfixiante. El mismo que debe haber en el infierno si es que existe, pero que es mucho peor porque ocurre en la vida terrenal, humana. El tiempo estaba suspendido, porque el antes ya había pasado y el después dependía de ellos. Y nuestro destino también. Pero eso no me angustiaba tanto cuando escuchaba, en una especie de galpón que había unos metros más allá, el llanto de un chico muy pequeño y los gritos de alguien que parecía amenazar a la madre con el tormento del niño. Me imaginaba la escena, porque no alcanzaba a ver nada. Y recuerdo aún cómo todo mi sufrimiento quedaba relegado ante la pena insoportable que me producía algo que jamás imaginé tener que tolerar. No sé si el dolor del chico. No sé si el espanto de la madre. No sé si la maldad del torturador. No sé si una vergüenza infinita por nuestra especie. Pero sé que era la más grande de las tristezas. Por todo. Por todos. Fue entonces que vinieron dos o tres a ver como estábamos. Eran jóvenes. Estaban de yin y remera y uno tenía antejos ahumados. Se los veía frescos, relajados. Comentaron lo lindo que se veía el cielo y el más alto se alegró porque más tarde iba a ir de picnic con los hijos ya que salía de franco. Hubiera preferido mil veces que me pegaran. O estar muerto. Que escuchar esos comentarios en ese sitio y en esas circunstancias. Una conversación normal en el más anormal de los lugares. Abominable. Y sentí nuevamente, porque no decirlo, pena por mí mismo. Tremenda pena. Tremendísima. Y me prometí no olvidarlo nunca. Con la profunda esperanza de poder contarlo, no sé si para que se supiera o para yo constatar que había ocurrido. Porque lo que más deseaba con toda mi alma era que fuera un sueño. Pero temía, también con toda mi alma, con todo mi ser, con lo más genuino de mi ser, que se convirtiera en un sueño porque de esa manera se transformaría en efímero, insustancial. Se desvanecería. Y eso sería mucho peor. Entendí entonces que aunque no lo deseara, debía perpetuar el dolor todo el tiempo que fuera necesario hasta que se transformara no solo en recuerdo sino también en memoria, porque sin ella sería por siempre un muerto en vida. Y nada, nada, nada, valdría entonces la pena.
Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Diciembre, 2009.

jueves, 10 de mayo de 2018

Introducción a la primera edición de mi libro “Desarraigo y depresión en Comodoro Rivadavia (y otros textos) (*

Desde que escribí la mayoría de los artículos que conforman el presente libro, lejos estaba de imaginar que nuestra ciudad se vería enfrentada a su más profunda amenaza de pérdida de identidad en lo que va de su historia.La situación se ha ido agravando a niveles insospechados.Nos encontramos, ahora sí, ante una disyuntiva de cuya resolución depende el futuro de nuestra identidad como tal.El pasado está cada vez más lejos y el futuro nos resulta inimaginable.El presente nos involucra más allá de nuestras propias individualidades.La sensación de Desarraigo, a partir de la implementación del «ajuste» y la privatización, cobra hoy más fuerza que nunca. Muchos, luego de años de esfuerzo y sacrificio, han decidido partir; otros están por hacerlo, algunos ya están de vuelta.Según la Organización Mundial de la Salud, la principal causa de las enfermedades mentales en América Latina se debe atribuir al ajuste económico implementado en los países que la constituyen.La inestabilidad laboral, el desempleo, la pérdida de protección social en salud y educación, empujan a la gran mayoría de la población a un estado de desamparo y desguarnecimiento, a una vivencia de desintegración o bien, a la marginación y la pobreza.Sin otra posibilidad que la de poner sus esfuerzos en la sobrevivencia, la angustia de vivir una transición permanente, de vivir en una conmoción económica y social imprevista, excede los marcos de la experiencia cotidiana, frente a la cual se tiene la sensación de que todo aprendizaje previo pierde su eficacia ante un devenir constantemente inédito.La incertidumbre, por su duración e intensidad, ha ido extendiéndose inexorablemente en toda la red social. Lo que se presuponía inicialmente como una racionalización del gasto público a partir de una administración equitativa de las empresas estatales, se ha convertido en una suerte de depredación, en una política irracional de desempleo, en el desperdicio de años de experiencia acumulada.La falta de referentes externos claros condiciona la vivencia de un «cambio catastrófico», el cual exige un esfuerzo de adaptación a circunstancias intensamente perturbadoras, a un permanente «ajuste adaptativo».Ya nada es como era. Y no hay indicios de que vaya a ser mejor.Estamos frente a la culminación de un nuevo ciclo, ante el cual sólo queda una alternativa: que Comodoro, que el sur, que la Patagonia, tome conciencia de su propia existencia, renunciando a su inercia o bien se relegue a la decadencia y a la frustración, destino que la historia reserva a quienes no se comprometen con ella.
(*) Editorial Ediciones – 20 de Marzo de 1993 – Comodoro Rivadavia- Chubut- Argentina. Posteriormente reeditada por Vela al Viento Ediciones Patagónicas.

miércoles, 25 de abril de 2018

El modelo (*)


“La nostalgia es buena,
pero la esperanza es mejor”
Eduardo Galeano

La palabra modelo alude a un concepto vinculado a aquello que es ejemplar, original, prototípico, que sirve de pauta, de norma o de medida. Por lo general es utilizado en el sentido de algo virtuoso, positivo, digno de ser emulado o imitado y que para serlo solo requiere de su reconocimiento como tal, pues pierde su atribución – se debilita – en la misma medida en que es cuestionado.
            Interesante cuestión si nos referimos al modelo económico – y cultural – que hoy impera en nuestras vidas, no sólo en nuestra forma de vivir (de pensar, de imaginar, de soñar, de amar), sino en nuestra forma de enfermar y de morir.
            ¿Modelo de qué, para qué y para quién? Cabe preguntarse.
            Ya en artículos anteriores he abordado temas vinculados a algunos de los efectos del mismo tales como la desocupación y la violencia, efectos que tanto a nivel social como individual, no sólo que han persistido sino que se han acentuado tanto cuantitativa como cualitativamente.
            Día a día nuestro país de ve convulsionado por la “irreversibilidad” de las consecuencias de las necesidades del mercado, donde los beneficiarios siguen siendo una minoría y los perjudicados deben asumir que esta es la única realidad posible; que este es un nuevo sacrificio (ahora definitivo) que demanda la Patria. (Para ocuparse de minucias tales como el endeudamiento externo que deberemos afrontar por el resto de nuestras vidas y las de nuestros hijos y descendientes, están nuestros economistas y los “Deepak Chopra” del F.M.I.).
            Los cambios estructurales producen transformaciones en la subjetividad, generando nuevas formas de percibir y de vivenciar los valores, normas y creencias, produciendo un impacto en la identidad (individual y colectiva) previa, y modificando e modo de vinculación intra e intersubjetiva.
            Para decirlo de otro modo: la desocupación, la precarización (trabajo oculto o con riesgo de perderlo), la pérdida o la amenaza de no contar con  condiciones básicas para la existencia (vivienda, salud, educación), la ausencia de una protección mínima en situaciones de vulnerabilidad (jubilado, marginados y sectores en situación de riesgo), la imposibilidad de “encontrar una salida”, en contraste con el enriquecimiento, la corrupción, la impunidad, la estafa, la depreciación de la justicia, el ejercicio del autoritarismo en los distintos ámbitos, la ganancia abusiva de los monopolios, etc., instalan una paulatina inermidad en el ciudadano común, es decir la mayoría, promoviendo un sufrimiento psíquico ligado precisamente a nuevos modos de sometimiento (¿”salvaje”?), sufrimiento que se constituye a la vez en una manera de resistir dicho sometimiento o, para emplear una palabra en desuso, de explotación.
            La violencia o el uso de drogas p,ej. son efectos y a la vez medios o modos de enfrentar un contexto que impide cualquier tipo de realización o de expresión que le permita al sujeto dar trascendencia a su propia existencia. Las patologías que día a día son generadas por el desborde la capacidad de adaptación (depresión, trastornos de ansiedad, pánico, fobias, trastornos psicosomáticos, etc.) implican una puesta en juego, una manera de rechazar una situación insostenible, se trate del desocupado que no sabe como protegerá a su familia  o de aquel que teniendo trabajo vive expuesto a condiciones tales como la “multifunción”, los horarios prolongados, o a exigencias que no puede eludir dado el amedrentamiento constante que padece.
            Con lo dicho no pretendo excluir los factores psicológicos, biográficos y personales previos, sino que destaco la importancia que actualmente tienen los factores socio-económicos, donde hasta los más sanos se enferman (no hace falta estar enfermo con anterioridad), donde nadie está a salvo (ni siquiera alguien tan poderoso como lo fue Alfredo Yabrán).
            De manera tal que el promovido modelo, cuya variable es la vida humana a favor de la más extraordinaria concentración de la riqueza de la que se tenga memoria (la riqueza privada, se  entiende, dado que lo único público que permanece como tal es la pobreza cada vez mayor, pues es lo que más se ha democratizado) es un modelo de como se puede destruir a una o dos generaciones sin necesidad de emplear ningún tipo de armas; de como borrar de un plumazo las conquistas sociales alcanzadas a través de años de lucha por los derechos sociales y culturales; de como devastar la naturaleza y el medio ambiente sin ningún tipo de titubeo; de como disgregar la memoria histórica, la solidaridad y la cooperación a través de la intimidación, la inseguridad y el miedo; de como se instaura la idea de que la única participación factible es el derecho al voto, con lo cual se instituye la idea de que el resultado del mal ejercicio de los gobernantes no es sino fruto de la incapacidad de elección de los sufragantes (y no la ineptitud o la conducta delictiva de los mismos), y de que es cuestión de tiempo hacer el “aprendizaje” correspondiente. En tanto “que cada uno se arregle como pueda”, como por ejemplo “asumiendo” que la realidad social no tiene nada que ver en lo que nos pasa, que el problema radica en “trabas” internas,  “males” extraños, o una mala “conjugación” de los astros”.
            Ya se sabe que para la estructuración del psiquismo humano es de fundamental importancia la presencia de un modelo que posibilite la identificación adecuada, para luego realizar una gradual desidentificación que permita la diferenciación y la autonomía personal (para no ser un mero clon del mismo). Pero, como mencioné anteriormente, también se sabe que el modelo requiere que se lo identifique para funcionar como tal (una madre necesita un hijo que la signifique como tal para madre, un profesor al alumno, etc.).
            Este modelo requirió del apoyo espontáneo y/o coercitivo de la ciudadanía para poder instalarse.
            ¿No será que, a riesgo de ser absorbidos-fagocitados-clonados por el mismo – como sentimos que nos está ocurriendo – ha llegado el momento de emanciparnos, entendiendo que “cualquier dolor, cualquier injusticia, cualquier humillación, es un dolor, una injusticia, una humillación de todos”?
            ¿No será que la historia no ha llegado a su fin?
            ¿O acaso son meras coincidencia la escasa participación en las últimas elecciones internas de la Alianza, los episodios de violencia con motivo del triunfo xeneixe, las profanaciones de los cementerios, las innumerables protestas y medidas de lucha que se van gestando desde distintos ámbitos laborales, la inquebrantable búsqueda de verdad y justicia en campo de los derechos humanos?

             Miguel Angel de Boer

(*) Publicado en el Diario Crónica de Comodoro Rivadavia el 11 de Diciembre de 1998.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Imprudencia

                No recuerdo si alguna vez lo mencioné, pero desde que era muy chico tuve alguna tendencia a ser imprudente, a actuar con cierta impulsividad, a adoptar conductas de riesgo como diríamos hoy. Apretar timbres y salir corriendo, tirar piedras al techo del vecino y esconderme, provocar peleas con chicos muchos más grandes que yo - que a veces me perdonaban la vida y otras me cagaban a palos -, nadar hasta donde no hacía pie, afanar fruta a los vecinos que tenían perros sueltos o cosas por el estilo. Meras travesuras que hacíamos casi todos los chicos. En la adolescencia me fui perfeccionando de a poco sin deponer, cada tanto, mi actitud temeraria, cosa que mis viejos lo atribuían a que estaba en la edad del pavo. Más adelante creo que más de una vez me puse en riesgo de un modo un tanto desmedido en cosas tales como consumir alcohol y fumar descontroladamente, seguir siendo fana del Millo o volver a casarme, por dar algunos ejemplos que me surgen espontáneamente. Dejo de lado mi militancia en los 70, porque tiene otras connotaciones. Respecto a los acontecidos en mi adultez prefiero no mencionarlos para no abundar en detalles del pasado.

Ya en la tercera edad creo haber logrado cierto dominio sobre tales conductas. Un poco porque soy más consciente del o los peligros que corro y otro poco porque me siento con mucho menos margen que antes y temo efectos que puedan ser irreversibles. (No resistiría otro divorcio por ejemplo). No obstante lo cual de vez en cuando me mando alguna que otra que realmente me ponen en peligro. Como intentar hacer un trámite por mi cuenta en el ANSES, por ejemplo.
            
            Todo esto viene a colación por algo que me ocurrió en el último viaje que hice a Buenos Aires el mes pasado y que paso a compartirles.

            Salí del Congreso del que participaba un tanto agotado. Era el último día del mismo, por lo que la expectativa que tenía era la de aprovechar el tiempo que me quedaba - antes de regresar a Comodoro - para descansar y distraerme un poco. Entre las cosas que tenía previstas estaba la de ir a Colmegna para hacer algo de spa, sesión de masajes incluída. El único inconveniente era que debía caminar unas cuantas cuadras desde donde estaba, lo cual me resultaba algo agobiante dado el cansancio que tenía.
            
           Había caminado unas cuantas cuadras cuando de pronto vi un letrero que decía: MASAJES ORIENTALES, expuesto en la parte alta de una fachada que semejaba un lugar chino (o coreano o japonés) muy chiquito y de aspecto bastante humilde, por no decir medio trucho o, para ser sincero, truchísimo.
            
           Dudé una milésima de segundo – producto de una alarma que siempre aparece en estas circunstancias y que es donde tengo la oportunidad (la única) de abstenerme – pero cruzar la vereda y golpear la puerta fue algo casi simultáneo. A los pocos segundos una mujer china (o coreana o japonesa) abrió una puerta que casi me pega en la cara, dado que se abría para afuera (que después entendí era funcional al hecho de ganar espacio), y al decirle me quería hacerme unos masajes me respondió algo así como: seesperacicomintspodeserloorraycostactrosontos, cosa que con mi habitual facilidad para entender idiomas extraños traduje como: si espera cinco minutos puede ser, y cuesta cuatrocientos, y le respondí que sí de un toque.

Me hizo pasar a un box o gabinete o algo parecido, cuya entrada estaba pegada a la puerta por la que había entrado, de modo que entré con solo dar uno o dos pasos. Una vez dentro me dijo: ponasecomdoquethavenemssaagista, o sea: póngase cómodo que ya viene la masajista. La verdad es que por un instante se me cruzó la idea de dar alguna excusa y salir corriendo, pero el craving (*) pudo más y comencé a desvestirme lentamente. Luego me recosté en la camilla y traté de relajarme. Habían pasado más de los cinco minutos cuando escuché que la recepcionista hablaba por celular en voz muy alta, en coreano (o chino o japonés), con quien yo supuse sería la masajista. Pues daba la impresión que le recriminaba la demora, porque el tono en que le hablaba era parecido al que se ve en las películas de guerra cuando un oficial coreano, o chino o japonés, les grita a sus soldados para impedir que retrocedan ante el desembarco de las tropas enemigas.  

              Cuestión que pasaba el tiempo y nada. Estaba pensando en decir que me iba, cuando de pronto se abrieron la puerta de entrada y la del box casi al mismo tiempo -dado que como dije estaba muy pegadas – e irrumpió la masajista saludándome con absoluta naturalidad diciendo: Ohaacomooshtaavenporsajeeeeee? (hola como está viene por un masaje?), y sin esperar mi respuesta se impregnó las dos manos con algo y comenzó a masajearme.

            Lo que vino después es muy difícil de describir porque aún me cuesta recordar de un modo claro lo que pasó, dado su carácter confuso, irreal, onírico. Pero bueno, paso a contarles.

            Empiezo por aclarar que la sesión duro más o menos una hora. Que fue una  combinación ininterrumpida de masajes propiamente dichos, intercalados con estiramiento de miembros, dedos, torsión de nuca, etc., entremezclado con preguntas o comentarios que me hacía la masajista tales como: sveequehasshhemjessguidossprquenotamuicturado (se ve que se hace masajes seguido porque no está muy contracturado) o: tantemerbenennytmauchchhaaggguua (es importante comer bien y tomar mucha agua), es decir los comentarios habituales   que hacen las masajistas en todo el universo. Pero fuera de esas interrupciones que me tensaban un poco, por cierto esfuerzo que me implicaba hacer la traducción medio amodorrado, me iba sintiendo bien y lo disfrutaba. Todo, cabe mencionarlo, con un fondo musical de canciones coreanas (o chinas o japonesas) que me hacían sentir en un remoto país asiático.

            Habrían transcurrido unos cuarenta y cinco minutos, porque fue justo cuanto la masajista empezó a dar los clásicos golpes con el canto de las manos en lo que es la última etapa de una sesión, cuando – sin golpear la puerta ni anunciarse – entró la recepcionista como una trompa, y gritando en su idioma originario empezó a discutir con la masajista. Lejos de amedrentarse, ésta le empezó a retrucar sin interrumpir los golpes sobre mi cuerpo, dado que fue evidente que a ninguna de las dos se le cruzó por la cabeza interrumpir la sesión para pelearse tranquilas o bien, esperar que terminara para arreglar el entuerto posteriormente. La cosa es que la discusión iba en aumento (de imposible traducción pues también alzaban el tono de voz a la vez que hablaban cada vez más rápido pisándose las palabras mutuamente, como ocurre en toda discusión que se precie), en la misma medida que la masajista iba acelerando los golpes y aumentando la intensidad de los mismos en todo mi cuerpo. Yo ya me sentía jugado. Calculaba que ya faltaba menos o bien tenía la esperanza de que la discusión no se prolongara indefinidamente, por lo que solo atiné a soportar tanto la pelea como  la gradual sucesión de golpes vertiginosos que me daba, los cuales se acentuaban cuando era ella la que hablaba o replicaba y eran un poco más suaves cuando tomaba aire o se calmaba.

            La verdad es que no sé cómo ni porqué terminó la discusión.  Pero en un momento la coreana o china 1 salió del box, en tanto la coreana o china o japonesa 2 continuó dándome los golpes finales como si no hubiera pasado nada, mientras yo trataba de reconectarme de a poco. Pues entre la relajación del masaje, el lugar totalmente exótico, la música y la desproporcionada y desubicada discusión, me sentía un tanto aturdido y confuso. Aunque en ningún momento perdí el conocimiento o llegué a alucinar, creo.

            Pero así como todo suele tener un comienzo y un final (bueno, no todo), el masaje terminó. Buennopodevshhtirsepokeshaterraminnaoos (bueno puede vestirse porque ya terminamos) me dijo oriental 2, y me dejó a solas. Como pude tomé aire y me fui incorporando lentamente cosa de no hacer una hipotensión postural, a la vez que trataba de reorientarme temporal y espacialmente para vestirme y salir sin tropiezos. Casi de inmediato apareció la coreana o china 1 quien con mucha amabilidad me dijo: Esssshperokseesentabensonncatoshintoss (espero que se sienta bien son cuatrocientos), a lo que le respondí que sí, que me sentía bien y le pagué los cuatrocientos.

            Cuando salí la vi a mi masajista (si: a mi masajista) en el fondo del pasillo junto al escritorio de la recepcionista, y sentí deseos de saludarla. Cuando digo al fondo estoy diciendo a dos o tres metros, tal la pequeñez del lugar.

Al dirigirme a ella me percaté de que al lado de donde yo había estado existía otro gabinete en cuya camilla yacía un hombre que parecía inerme, ignoro si porque hacía mucho que estaba esperando y se había quedado dormido o bien porque había sido víctima de un masaje  parecido al mío. Entonces le di las gracias a mi masajista y fue ahí que se me ocurrió preguntarle el nombre. Y para mi sorpresa, generando en mí un impacto cognitivo y emocional –y diría hasta cultural - que aún perdura, me respondió, con una sonrisa increíble y con la pronunciación más clara, más cristalina, más latina, más castellana, más española que pueda haber: PATRICIA….!!!

Debo agregar que quedé molido, pero esa noche dormí como un angelito.


Miguel Angel de Boer
Septiembre del 2017


 (*) Término anglosajón que significa antojo, anhelo, ansia. Se utiliza para referirse al deseo intento y prolongado de consumir una, o varias, sustancia determinada que suele tener un adicto cuando se encuentra en abstinencia (“limpio”)