jueves, 10 de mayo de 2018

Introducción a la primera edición de mi libro “Desarraigo y depresión en Comodoro Rivadavia (y otros textos) (*

Desde que escribí la mayoría de los artículos que conforman el presente libro, lejos estaba de imaginar que nuestra ciudad se vería enfrentada a su más profunda amenaza de pérdida de identidad en lo que va de su historia.La situación se ha ido agravando a niveles insospechados.Nos encontramos, ahora sí, ante una disyuntiva de cuya resolución depende el futuro de nuestra identidad como tal.El pasado está cada vez más lejos y el futuro nos resulta inimaginable.El presente nos involucra más allá de nuestras propias individualidades.La sensación de Desarraigo, a partir de la implementación del «ajuste» y la privatización, cobra hoy más fuerza que nunca. Muchos, luego de años de esfuerzo y sacrificio, han decidido partir; otros están por hacerlo, algunos ya están de vuelta.Según la Organización Mundial de la Salud, la principal causa de las enfermedades mentales en América Latina se debe atribuir al ajuste económico implementado en los países que la constituyen.La inestabilidad laboral, el desempleo, la pérdida de protección social en salud y educación, empujan a la gran mayoría de la población a un estado de desamparo y desguarnecimiento, a una vivencia de desintegración o bien, a la marginación y la pobreza.Sin otra posibilidad que la de poner sus esfuerzos en la sobrevivencia, la angustia de vivir una transición permanente, de vivir en una conmoción económica y social imprevista, excede los marcos de la experiencia cotidiana, frente a la cual se tiene la sensación de que todo aprendizaje previo pierde su eficacia ante un devenir constantemente inédito.La incertidumbre, por su duración e intensidad, ha ido extendiéndose inexorablemente en toda la red social. Lo que se presuponía inicialmente como una racionalización del gasto público a partir de una administración equitativa de las empresas estatales, se ha convertido en una suerte de depredación, en una política irracional de desempleo, en el desperdicio de años de experiencia acumulada.La falta de referentes externos claros condiciona la vivencia de un «cambio catastrófico», el cual exige un esfuerzo de adaptación a circunstancias intensamente perturbadoras, a un permanente «ajuste adaptativo».Ya nada es como era. Y no hay indicios de que vaya a ser mejor.Estamos frente a la culminación de un nuevo ciclo, ante el cual sólo queda una alternativa: que Comodoro, que el sur, que la Patagonia, tome conciencia de su propia existencia, renunciando a su inercia o bien se relegue a la decadencia y a la frustración, destino que la historia reserva a quienes no se comprometen con ella.
(*) Editorial Ediciones – 20 de Marzo de 1993 – Comodoro Rivadavia- Chubut- Argentina. Posteriormente reeditada por Vela al Viento Ediciones Patagónicas.

miércoles, 25 de abril de 2018

El modelo (*)


“La nostalgia es buena,
pero la esperanza es mejor”
Eduardo Galeano

La palabra modelo alude a un concepto vinculado a aquello que es ejemplar, original, prototípico, que sirve de pauta, de norma o de medida. Por lo general es utilizado en el sentido de algo virtuoso, positivo, digno de ser emulado o imitado y que para serlo solo requiere de su reconocimiento como tal, pues pierde su atribución – se debilita – en la misma medida en que es cuestionado.
            Interesante cuestión si nos referimos al modelo económico – y cultural – que hoy impera en nuestras vidas, no sólo en nuestra forma de vivir (de pensar, de imaginar, de soñar, de amar), sino en nuestra forma de enfermar y de morir.
            ¿Modelo de qué, para qué y para quién? Cabe preguntarse.
            Ya en artículos anteriores he abordado temas vinculados a algunos de los efectos del mismo tales como la desocupación y la violencia, efectos que tanto a nivel social como individual, no sólo que han persistido sino que se han acentuado tanto cuantitativa como cualitativamente.
            Día a día nuestro país de ve convulsionado por la “irreversibilidad” de las consecuencias de las necesidades del mercado, donde los beneficiarios siguen siendo una minoría y los perjudicados deben asumir que esta es la única realidad posible; que este es un nuevo sacrificio (ahora definitivo) que demanda la Patria. (Para ocuparse de minucias tales como el endeudamiento externo que deberemos afrontar por el resto de nuestras vidas y las de nuestros hijos y descendientes, están nuestros economistas y los “Deepak Chopra” del F.M.I.).
            Los cambios estructurales producen transformaciones en la subjetividad, generando nuevas formas de percibir y de vivenciar los valores, normas y creencias, produciendo un impacto en la identidad (individual y colectiva) previa, y modificando e modo de vinculación intra e intersubjetiva.
            Para decirlo de otro modo: la desocupación, la precarización (trabajo oculto o con riesgo de perderlo), la pérdida o la amenaza de no contar con  condiciones básicas para la existencia (vivienda, salud, educación), la ausencia de una protección mínima en situaciones de vulnerabilidad (jubilado, marginados y sectores en situación de riesgo), la imposibilidad de “encontrar una salida”, en contraste con el enriquecimiento, la corrupción, la impunidad, la estafa, la depreciación de la justicia, el ejercicio del autoritarismo en los distintos ámbitos, la ganancia abusiva de los monopolios, etc., instalan una paulatina inermidad en el ciudadano común, es decir la mayoría, promoviendo un sufrimiento psíquico ligado precisamente a nuevos modos de sometimiento (¿”salvaje”?), sufrimiento que se constituye a la vez en una manera de resistir dicho sometimiento o, para emplear una palabra en desuso, de explotación.
            La violencia o el uso de drogas p,ej. son efectos y a la vez medios o modos de enfrentar un contexto que impide cualquier tipo de realización o de expresión que le permita al sujeto dar trascendencia a su propia existencia. Las patologías que día a día son generadas por el desborde la capacidad de adaptación (depresión, trastornos de ansiedad, pánico, fobias, trastornos psicosomáticos, etc.) implican una puesta en juego, una manera de rechazar una situación insostenible, se trate del desocupado que no sabe como protegerá a su familia  o de aquel que teniendo trabajo vive expuesto a condiciones tales como la “multifunción”, los horarios prolongados, o a exigencias que no puede eludir dado el amedrentamiento constante que padece.
            Con lo dicho no pretendo excluir los factores psicológicos, biográficos y personales previos, sino que destaco la importancia que actualmente tienen los factores socio-económicos, donde hasta los más sanos se enferman (no hace falta estar enfermo con anterioridad), donde nadie está a salvo (ni siquiera alguien tan poderoso como lo fue Alfredo Yabrán).
            De manera tal que el promovido modelo, cuya variable es la vida humana a favor de la más extraordinaria concentración de la riqueza de la que se tenga memoria (la riqueza privada, se  entiende, dado que lo único público que permanece como tal es la pobreza cada vez mayor, pues es lo que más se ha democratizado) es un modelo de como se puede destruir a una o dos generaciones sin necesidad de emplear ningún tipo de armas; de como borrar de un plumazo las conquistas sociales alcanzadas a través de años de lucha por los derechos sociales y culturales; de como devastar la naturaleza y el medio ambiente sin ningún tipo de titubeo; de como disgregar la memoria histórica, la solidaridad y la cooperación a través de la intimidación, la inseguridad y el miedo; de como se instaura la idea de que la única participación factible es el derecho al voto, con lo cual se instituye la idea de que el resultado del mal ejercicio de los gobernantes no es sino fruto de la incapacidad de elección de los sufragantes (y no la ineptitud o la conducta delictiva de los mismos), y de que es cuestión de tiempo hacer el “aprendizaje” correspondiente. En tanto “que cada uno se arregle como pueda”, como por ejemplo “asumiendo” que la realidad social no tiene nada que ver en lo que nos pasa, que el problema radica en “trabas” internas,  “males” extraños, o una mala “conjugación” de los astros”.
            Ya se sabe que para la estructuración del psiquismo humano es de fundamental importancia la presencia de un modelo que posibilite la identificación adecuada, para luego realizar una gradual desidentificación que permita la diferenciación y la autonomía personal (para no ser un mero clon del mismo). Pero, como mencioné anteriormente, también se sabe que el modelo requiere que se lo identifique para funcionar como tal (una madre necesita un hijo que la signifique como tal para madre, un profesor al alumno, etc.).
            Este modelo requirió del apoyo espontáneo y/o coercitivo de la ciudadanía para poder instalarse.
            ¿No será que, a riesgo de ser absorbidos-fagocitados-clonados por el mismo – como sentimos que nos está ocurriendo – ha llegado el momento de emanciparnos, entendiendo que “cualquier dolor, cualquier injusticia, cualquier humillación, es un dolor, una injusticia, una humillación de todos”?
            ¿No será que la historia no ha llegado a su fin?
            ¿O acaso son meras coincidencia la escasa participación en las últimas elecciones internas de la Alianza, los episodios de violencia con motivo del triunfo xeneixe, las profanaciones de los cementerios, las innumerables protestas y medidas de lucha que se van gestando desde distintos ámbitos laborales, la inquebrantable búsqueda de verdad y justicia en campo de los derechos humanos?

             Miguel Angel de Boer

(*) Publicado en el Diario Crónica de Comodoro Rivadavia el 11 de Diciembre de 1998.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Imprudencia

                No recuerdo si alguna vez lo mencioné, pero desde que era muy chico tuve alguna tendencia a ser imprudente, a actuar con cierta impulsividad, a adoptar conductas de riesgo como diríamos hoy. Apretar timbres y salir corriendo, tirar piedras al techo del vecino y esconderme, provocar peleas con chicos muchos más grandes que yo - que a veces me perdonaban la vida y otras me cagaban a palos -, nadar hasta donde no hacía pie, afanar fruta a los vecinos que tenían perros sueltos o cosas por el estilo. Meras travesuras que hacíamos casi todos los chicos. En la adolescencia me fui perfeccionando de a poco sin deponer, cada tanto, mi actitud temeraria, cosa que mis viejos lo atribuían a que estaba en la edad del pavo. Más adelante creo que más de una vez me puse en riesgo de un modo un tanto desmedido en cosas tales como consumir alcohol y fumar descontroladamente, seguir siendo fana del Millo o volver a casarme, por dar algunos ejemplos que me surgen espontáneamente. Dejo de lado mi militancia en los 70, porque tiene otras connotaciones. Respecto a los acontecidos en mi adultez prefiero no mencionarlos para no abundar en detalles del pasado.

Ya en la tercera edad creo haber logrado cierto dominio sobre tales conductas. Un poco porque soy más consciente del o los peligros que corro y otro poco porque me siento con mucho menos margen que antes y temo efectos que puedan ser irreversibles. (No resistiría otro divorcio por ejemplo). No obstante lo cual de vez en cuando me mando alguna que otra que realmente me ponen en peligro. Como intentar hacer un trámite por mi cuenta en el ANSES, por ejemplo.
            
            Todo esto viene a colación por algo que me ocurrió en el último viaje que hice a Buenos Aires el mes pasado y que paso a compartirles.

            Salí del Congreso del que participaba un tanto agotado. Era el último día del mismo, por lo que la expectativa que tenía era la de aprovechar el tiempo que me quedaba - antes de regresar a Comodoro - para descansar y distraerme un poco. Entre las cosas que tenía previstas estaba la de ir a Colmegna para hacer algo de spa, sesión de masajes incluída. El único inconveniente era que debía caminar unas cuantas cuadras desde donde estaba, lo cual me resultaba algo agobiante dado el cansancio que tenía.
            
           Había caminado unas cuantas cuadras cuando de pronto vi un letrero que decía: MASAJES ORIENTALES, expuesto en la parte alta de una fachada que semejaba un lugar chino (o coreano o japonés) muy chiquito y de aspecto bastante humilde, por no decir medio trucho o, para ser sincero, truchísimo.
            
           Dudé una milésima de segundo – producto de una alarma que siempre aparece en estas circunstancias y que es donde tengo la oportunidad (la única) de abstenerme – pero cruzar la vereda y golpear la puerta fue algo casi simultáneo. A los pocos segundos una mujer china (o coreana o japonesa) abrió una puerta que casi me pega en la cara, dado que se abría para afuera (que después entendí era funcional al hecho de ganar espacio), y al decirle me quería hacerme unos masajes me respondió algo así como: seesperacicomintspodeserloorraycostactrosontos, cosa que con mi habitual facilidad para entender idiomas extraños traduje como: si espera cinco minutos puede ser, y cuesta cuatrocientos, y le respondí que sí de un toque.

Me hizo pasar a un box o gabinete o algo parecido, cuya entrada estaba pegada a la puerta por la que había entrado, de modo que entré con solo dar uno o dos pasos. Una vez dentro me dijo: ponasecomdoquethavenemssaagista, o sea: póngase cómodo que ya viene la masajista. La verdad es que por un instante se me cruzó la idea de dar alguna excusa y salir corriendo, pero el craving (*) pudo más y comencé a desvestirme lentamente. Luego me recosté en la camilla y traté de relajarme. Habían pasado más de los cinco minutos cuando escuché que la recepcionista hablaba por celular en voz muy alta, en coreano (o chino o japonés), con quien yo supuse sería la masajista. Pues daba la impresión que le recriminaba la demora, porque el tono en que le hablaba era parecido al que se ve en las películas de guerra cuando un oficial coreano, o chino o japonés, les grita a sus soldados para impedir que retrocedan ante el desembarco de las tropas enemigas.  

              Cuestión que pasaba el tiempo y nada. Estaba pensando en decir que me iba, cuando de pronto se abrieron la puerta de entrada y la del box casi al mismo tiempo -dado que como dije estaba muy pegadas – e irrumpió la masajista saludándome con absoluta naturalidad diciendo: Ohaacomooshtaavenporsajeeeeee? (hola como está viene por un masaje?), y sin esperar mi respuesta se impregnó las dos manos con algo y comenzó a masajearme.

            Lo que vino después es muy difícil de describir porque aún me cuesta recordar de un modo claro lo que pasó, dado su carácter confuso, irreal, onírico. Pero bueno, paso a contarles.

            Empiezo por aclarar que la sesión duro más o menos una hora. Que fue una  combinación ininterrumpida de masajes propiamente dichos, intercalados con estiramiento de miembros, dedos, torsión de nuca, etc., entremezclado con preguntas o comentarios que me hacía la masajista tales como: sveequehasshhemjessguidossprquenotamuicturado (se ve que se hace masajes seguido porque no está muy contracturado) o: tantemerbenennytmauchchhaaggguua (es importante comer bien y tomar mucha agua), es decir los comentarios habituales   que hacen las masajistas en todo el universo. Pero fuera de esas interrupciones que me tensaban un poco, por cierto esfuerzo que me implicaba hacer la traducción medio amodorrado, me iba sintiendo bien y lo disfrutaba. Todo, cabe mencionarlo, con un fondo musical de canciones coreanas (o chinas o japonesas) que me hacían sentir en un remoto país asiático.

            Habrían transcurrido unos cuarenta y cinco minutos, porque fue justo cuanto la masajista empezó a dar los clásicos golpes con el canto de las manos en lo que es la última etapa de una sesión, cuando – sin golpear la puerta ni anunciarse – entró la recepcionista como una trompa, y gritando en su idioma originario empezó a discutir con la masajista. Lejos de amedrentarse, ésta le empezó a retrucar sin interrumpir los golpes sobre mi cuerpo, dado que fue evidente que a ninguna de las dos se le cruzó por la cabeza interrumpir la sesión para pelearse tranquilas o bien, esperar que terminara para arreglar el entuerto posteriormente. La cosa es que la discusión iba en aumento (de imposible traducción pues también alzaban el tono de voz a la vez que hablaban cada vez más rápido pisándose las palabras mutuamente, como ocurre en toda discusión que se precie), en la misma medida que la masajista iba acelerando los golpes y aumentando la intensidad de los mismos en todo mi cuerpo. Yo ya me sentía jugado. Calculaba que ya faltaba menos o bien tenía la esperanza de que la discusión no se prolongara indefinidamente, por lo que solo atiné a soportar tanto la pelea como  la gradual sucesión de golpes vertiginosos que me daba, los cuales se acentuaban cuando era ella la que hablaba o replicaba y eran un poco más suaves cuando tomaba aire o se calmaba.

            La verdad es que no sé cómo ni porqué terminó la discusión.  Pero en un momento la coreana o china 1 salió del box, en tanto la coreana o china o japonesa 2 continuó dándome los golpes finales como si no hubiera pasado nada, mientras yo trataba de reconectarme de a poco. Pues entre la relajación del masaje, el lugar totalmente exótico, la música y la desproporcionada y desubicada discusión, me sentía un tanto aturdido y confuso. Aunque en ningún momento perdí el conocimiento o llegué a alucinar, creo.

            Pero así como todo suele tener un comienzo y un final (bueno, no todo), el masaje terminó. Buennopodevshhtirsepokeshaterraminnaoos (bueno puede vestirse porque ya terminamos) me dijo oriental 2, y me dejó a solas. Como pude tomé aire y me fui incorporando lentamente cosa de no hacer una hipotensión postural, a la vez que trataba de reorientarme temporal y espacialmente para vestirme y salir sin tropiezos. Casi de inmediato apareció la coreana o china 1 quien con mucha amabilidad me dijo: Esssshperokseesentabensonncatoshintoss (espero que se sienta bien son cuatrocientos), a lo que le respondí que sí, que me sentía bien y le pagué los cuatrocientos.

            Cuando salí la vi a mi masajista (si: a mi masajista) en el fondo del pasillo junto al escritorio de la recepcionista, y sentí deseos de saludarla. Cuando digo al fondo estoy diciendo a dos o tres metros, tal la pequeñez del lugar.

Al dirigirme a ella me percaté de que al lado de donde yo había estado existía otro gabinete en cuya camilla yacía un hombre que parecía inerme, ignoro si porque hacía mucho que estaba esperando y se había quedado dormido o bien porque había sido víctima de un masaje  parecido al mío. Entonces le di las gracias a mi masajista y fue ahí que se me ocurrió preguntarle el nombre. Y para mi sorpresa, generando en mí un impacto cognitivo y emocional –y diría hasta cultural - que aún perdura, me respondió, con una sonrisa increíble y con la pronunciación más clara, más cristalina, más latina, más castellana, más española que pueda haber: PATRICIA….!!!

Debo agregar que quedé molido, pero esa noche dormí como un angelito.


Miguel Angel de Boer
Septiembre del 2017


 (*) Término anglosajón que significa antojo, anhelo, ansia. Se utiliza para referirse al deseo intento y prolongado de consumir una, o varias, sustancia determinada que suele tener un adicto cuando se encuentra en abstinencia (“limpio”)                      

   

sábado, 26 de agosto de 2017

Breve reflexión acerca del orígen de las actitudes antiparticipativas (*)(**)


«Primero mataremos a los subversivos,
luego a los colaboradores,
después... a los simpatizantes
enseguida...a aquellos que permanecen indiferentes,
y finalmente mataremos a los tímidos».

General Ibérico Saint Jean
Gobernador de la Provincia de Buenos Aires
durante el proceso militar - Mayo 1977 



    Antiparticipación. En contra de la participación. Curioso término que
cobra vigencia para señalar actitudes o acciones que imposibilitan un
desarrollo pleno y dinámico de intervenciones que favorezcan la consolidación
del proceso democrático. Pero... ¿antiparticipación? ¿Por qué no
participación de signo contrario?
   ¿Por qué decir “antidemocrático” y no “pro-autoritario” o “autoritario”, o
“pro-golpista”, o lisa y llanamente “golpista”?
   ¿Es que acaso no se trata de lo mismo? Alguien que actúa antiparticipativamente
¿no está a la vez actuando autoritariamente, golpistamente? La elección
de una palabra y el modo en que se utiliza no es un hecho fortuito y el término
que aquí me ocupa no escapa a dicho criterio. Y bien. ¿Qué quiere decir, qué
significa antiparticipación?
   Fue consigna y objetivo del proceso que padecimos, no solo la eliminación
de toda oposición activa: el “enemigo” que atentara contra los intereses que
encarnaba; sino que dicho propósito se extendía a todo indicio, a toda posibilidad
de resurgimiento de proyectos que tuvieran el mismo sentido. Así, no
aniquiló tan solo a los enemigos “ciertos” y/o “sospechosos”, sino que su finalidad
estratégica contemplaba también la anulación de aquellos que eventualmente
podían llegar a convertirse en futuros opositores.
   Dicho en otros términos: no bastó con la muerte física de los “marcados”,
sino que se implementó la muerte mental de los “no identificados”, transformando
a la sociedad toda en un campo de batalla y en virtuales “delincuentes”
a todos sus integrantes.
   Pauta siniestra, que dejaba sin margen de defensa a todo aquel que pensara
en otros términos; casi, a la función de pensar misma. Ni aún la indiferencia
era garantía de sobrevivencia.
   Indiferencia: desinterés: que no hay atracción ni rechazo: que no importa.
Pero... si la indiferencia, en tanto conducta neutra, no alcanza, si la opción es
una imperceptible línea que demarca el límite entre “ser ganado por la causa” y
“ser del bando enemigo” y que no pasa por ser indiferente, ¿de qué modo salvar
tal situación? ¿cómo mantener una actitud y una conducta que no atraviese el
confín de una frontera imposible o, más aún, inexistente? Podríamos equiparar
indiferencia a no acción. Algo así como pasar desapercibidos, a hacer como
que no se existe, que se está vivo biológicamente; pero no, humanamente. Pero
esto no alcanza. “No debo pensar, no pienso; pero pienso que ni aún así estoy
a salvo, no debo pensar lo que pienso, ni lo que pienso de lo que pienso”. “No
estoy a favor, no se deben enterar; porque si no, aunque no hace falta, puedo
ser castigado muerto”. “No basta que no participe en contra, no basta que no
no-participe”. ¿Y si antiparticipo?
   Antiparticipar no es participar. Tampoco es participar del “otro lado”, pues
eso sería participación; aunque de signo contrario. Antiparticipar sería una
actitud que va mas allá, que intenta salvar fantásticamente una contradicción
ilusoria. Es un hacer no haciendo, es un no hacer haciendo. Es un mirar no viendo,
es un ver no mirando. Es un reír llorando. Es un llorar riendo. Es un amar odiando,
es un odiar amando. Es un decir mintiendo, es un mentir diciendo. Es un vivir
muriendo, es un morir viviendo. Es un ser no siendo, es un no ser siendo. Suerte
de escisión protectora, negación que guarece, desmentida que ampara. Suerte
de descerebramiento simbólico.
   Siniestro ominoso = espantoso que aTERRORiza = a: abominable.
   Siniestro = cambio de signo que posibilita que lo familiar se haga extraño
o lo extraño se haga familiar.
   Siniestro = que ocurre lo que no debió ocurrir nunca.
   Siniestro = que corresponde al lado izquierdo.
   Siniestro = zurdo.
   Siniestro-Siniestro (doblemente siniestro) = que sin pertenecer a la derecha
no debe pertenecer a la izquierda, pero tampoco al centro. S-S (aquí es usado
como abreviatura de doblemente siniestro y no como sigla que identificaba a
las tropas de asalto alemanas)
   Sigo:
   S-S = demostrar que no se pertenece a la izquierda, sin por ello ser de derecha,
ni de centro.
   S-S = la muerte (o la desaparición) física es una prueba de culpabilidad.
   S-S = estar vivo es sospechoso pues puede implicar que se piensa.
   (En la época de la caza de brujas existía un método de detección que consistía
en lo siguiente: se ataba a una persona de pies y de manos y se la sumergía en
el agua. Si se hundía era inocente, si flotaba era culpable, pues solo un brujo
podía flotar en esas condiciones. El castigo era morir en la hoguera).
   S-S = es necesario estar vivo, pero no demasiado.
   es necesario estar vivo-muerto,
   es necesario antiparticipar.
   Respuesta imposible a una consigna imposible.
   Los cuerpos se matan.
   Las ideas... ¿no se matan?
   ¿Cuerpos sin ideas?
   ¿Ideas sin cuerpos?
   Siniestro = ¿retorno de lo reprimido o represión de lo retornado?

   
   Miguel Angel de Boer


(*) Presentado en el III Encuentro de Alternativas a la Psiquiatría, realizado en Diciembre
de 1986
(**) Publicado en "Desarraigo y Depresión en Comodoro Rivadavia (y otros textos)". 1a, 2a y 3a Edición. Vela al Viento - Ediciones Patagónicas. 2011.

lunes, 7 de agosto de 2017

SON de CAFÉ- Compases de una biografía. (*)(**)( prólogo a la nouvelle de Patricia Sampaoli de Bonacci)




Como suele ocurrir con los textos que nos atrapan desde el comienzo de su lectura, Son de café nos impone, nos atrapa, sin sosiego, lo que no implica displacer, sino por el contrario la maravilla de las palabras (al servicio de la deliciosa construcción) de una obra que resulta fascinante por las numerosas implicancias de su contenido.
La historia de Arquímedes Alvárez, con acento en la segunda á, quien es el principal personaje de la nouvelle, se va desplegando desde su quehacer cotidiano en sus distintos roles: como profesor de literatura, oratoria y francés en su interrelación con sus alumnos del taller literario, o bien a nivel personal, donde la literatura misma es interrogada a la vez que expresada en esa siempre inasible posibilidad de capturarla en todo su sentido.
Con una habilidad prodigiosa, sin duda fruto de años de “inspiración y trabajo”, lo cual también incluye experiencia, madurez, apertura, placer y sufrimiento,  la autora nos sumerge en una trama donde la ficción y la realidad , el ensayo y el relato, la prosa y la poesía van deslizándose ante nuestros ojos y penetrando nuestro cuerpo, nuestras sensaciones, nuestros pensamientos, movilizando conocimientos, aprendizajes , memorias e interrogantes, inherentes, como no podía ser de otro modo, a la condición de la existencia humana.
Víctima de una historia traumática, que como ya se sabe busca en la repetición su conjuro, Alvárez lucha por evitar- o creyendo evitar- lo único que es inevitable: la muerte, el  paso del tiempo, la finitud. Y así como con con su adicción compulsiva a la nicotina y al alcohol (que no por casualidad disfruta inspirándolo en el Café llamado...Oldies) la literatura se le impone imperarivamente, incontrolablemente, pues no puede, como al cigarrillo y al recuerdo de sus grandes amores y sus desventuras, abandonarla (o tal vez sea ella quien no lo abandona ) en ningún momento. Escribe y es escrito permanentemente. Tal el designio o la condición inherente a su oficio de escritor: escribir (vivir) hasta el final.
Así, vemos como los distintos personajes van construyendo con sus historias los distintos aspectos del propio Arquímedes complementándose con el quehacer literario que, en sus distintas particularidades, nos va proponiendo Patricia. Es decir Arquímedes, es decir Faulkner, Kafka, Borges, Cortázar, Rilke,Maikowski, Hatwthorne, Laclos, Cervantes, Chéjov. Es decir el/la escritora dando cuenta las lo pulsional que subyace a todo arte, en este caso a la creación literaria, y que pese a su inaprensibilidad, o por eso mismo. no ceja en persistir en su intento de dar cuenta de ello.
Las historias se van entretejiendo con las teorías literarias, los estilos, los géneros, las técnicas, los modos de abordar la escritura en sus distintas modalidades generales y personales. Con sus lugares propios y sus rituales. Con distintos objetivos racionalmente justificados, pese a la incondicionalidad que impone la necesidad de la escritura y, cabe agregar, la lectura, ese espacio de encuentro que constituye un acontecer original cada vez que se consuma.
Sabiendo que la vida solo conduce a la muerte, Arquímedes se “deja” vivir - es un sobreviviente de la dictadura- a la vez que se sumerge como puede y con quien puede en la increíble y fascinante tarea de trasmitir sus conocimientos, único modo de seguir aprendiendo para darle sentido a la existencia.
Y si bien no hay nada que no sea universal en cada palabra que se escriba o pronuncie, es imposible no estremecerse con la presencia viva de Caleta Olivia, de la Patagonia. En su inefable peculiaridad, que siempre está lejos de todo, infinita – donde aún los libros abandonados se sienten más solos que en otras partes- , donde como Alvárez, muchos siempre están de tránsito anhelando el retorno a su lugar de origen, aunque la nutran con lo mejor de sus vidas.
Lo sé, y no puedo dejar de mencionarlo, porque parte de mi infancia transcurrió en Caleta y allí conocí a Don Juan Álvarez,  con acento en la segunda á, a quien menciono en alguno de mis poemas.  Quien, estoy seguro, seguirá perdurando por siempre en nuestro recuerdo junto a Arquímedes. Lo cual, querida Patricia Sampaoli de Bonacci, es profundamente conmovedor y maravilloso, tanto como haberme honrado con la posibilidad de prologar este bellísimo libro.

Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Septiembre 24, 2016.

(*) SON de CAFÉ - Compases para una biografía. 1ª ed. Comodoro Rivadavia: Vela al Viento - Ediciones Patagónicas, 2016
(**) Presentado el 3 de Agosto del 2017 en la Feria Internacional del Libro 2017 - Comodoro Rivadavia. Chubut. Argentina.

lunes, 8 de mayo de 2017

Comunicado en repudio al 2x1

Expresamos nuestro mas firme repudio y condena ante el escandaloso y vergonzoso fallo que beneficia a represores y genocidas con la Ley del 2x1.
Denunciamos que esta nueva medida es un paso más que busca restaurar la impunidad, contra la cual grandes sectores sociales venimos luchando desde hace más de 30 años.

Fragmentación de las causas judiciales, continuas postergaciones en el desarrollo de los juicios, otorgamiento de prisiones domiciliarias "humanitarias" y, a partir de hoy, la reducción de las condenas a la mitad son algunos de las prerrogativas de las que gozan quienes son los responsables de crímenes de lesa humanidad cometidos contra nuestro pueblo.

Alertamos sobre las gravísimas consecuencias psicológicas que este tipo medidas produce en las personas que han sido afectadas directamente por el Terrorismo de Estado, con secuestro, desaparición, tortura, represión, robos de bebés y de la identidad, como así también el impacto psicosocial de la impunidad que lesiona profundamente los códigos que regulan el funcionamiento social.

Fue Genocidio!
Son 30.000!

Capítulo de Salud Mental, Derechos Humanos y Emergencias Sociales de APSA (Asociación de Psiquiatras Argentinos)
3 de mayo de 2017.

sábado, 6 de mayo de 2017

Crecí con miedo (·)



            Miedo
                      crecí
                              con
            miedo

            Con oníricas vivencias
            de alegrías fantaseadas
            fue cierto lo que no era cierto
            la verdad escatimada

            Miedo
                       crecí
                               con
            miedo

            Busqué abrazar lo tierno
            el odio me contestaba
            mi mente buscó refugio
            en soledades doradas

            Miedo
                      crecí
                              con
            miedo

            Cómo explicar lo que siento
            no me alcanzan las palabras
            viví llorando mi muerte
            con burbujas de esperanza

            Miedo
                       crecí
                               con
            miedo

            Sé que el amor existe
            todo mi ser lo proclama
            más solo no puedo lo juro
            ni vos sin mí mi alma

            Miedo
                       crecí
                                con
            miedo


            Ignoro el porqué de estos versos
            en esta noche de madrugada
            si es mi historia o es tu historia
            o inconscientes remembranzas

            Miedo
                       crecí
                               con
            miedo

            Miedo te tengo miedo
            como un niño a sus fantasmas
            no obstante vivo viviendo
            conjurando tus acechanzas

            Miedo
                       crecí
                               con
            miedo

            No me doy por vencido
            mi esencia aún está intacta
            puedo cantar gozando
            si una mano me acompaña

            Miedo
                      te desafío
                                     miedo
            a otra batalla.


                                                   Miguel Angel de Boer                                                                    

            (·) Blues

            (·) Música: Pablo Kusselman

             Poema escrito en los 80´ y publicado en el "Poemas y Canciones" Ed. Último Reino. Buenos Aires- 2003 (agotado)