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jueves, 24 de marzo de 2022

Algunos intentos

 

         El título viene a colación de las veces que intentaron recapturarme o secuestrarme en relación a mi militancia revolucionaria en los 70, luego de haber sido detenido en el Servicio de Informaciones que estaba ubicado en el pasaje Santa Catalina -pegado al Cabildo- en la ciudad de Córdoba, de donde luego fui trasladado sucesivamente: a la comisaría ubicada en el Boulevard Guzmán (1), luego a la Cárcel de Encausados de barrio Güemes (2) y finalmente a la Penitenciaria Provincial en barrio San Martín (donde lo que viví allí también merece otro relato) y posteriormente liberado.

            Cuestión que, luego de quedar “libre”, tuve que pasar a vivir en la semiclandestinidad por temor a que volvieran a apresarme, lo cual se me complicó, porque un tiempo después me alejé de la militancia “orgánica” porque entendí que los objetivos ya no eran posibles, tanto por las “condiciones” subjetivas como objetivas, cosas que ya se venían debatiendo hacía algún tiempo. (3). Es decir, a partir de entonces ya no contaba, por decisión propia, con la estructura ni el sostén de la organización y eso implicaba valerme con mis propios recursos.

            Sigo. Como yo me sabía en peligro, para “moverme” -como decíamos entonces - usaba una doble documentación de identidad: mi cédula original, legal, que usaba para poder presentarme a rendir las materias de medicina que me quedaban, y otra, falsa, para poder circular, con la que logré pasar más de un control sin problemas ya en dictadura. Documento falso, cabe mencionar, que había realizado por mi cuenta, claro, ya que era una de las cosas que me ocupaba en la militancia. (4)

            Tomé esos recaudos porque sabía, por la información que tenía, que no figuraba en ninguna lista de búsqueda “por derecha”, en ese momento. Toda una historia (5). Aunque después, mucho después - es decir hace pocos años - me enteré que había estado con una orden de captura a nivel nacional (tengo la documentación que me dieron en el Archivo de la Memoria de Córdoba), la cual se extendió hasta 1982, año en que ya ejercía hacía tiempo profesionalmente en Comodoro. Las razones por las que no fui capturado y/o desaparecido, aún me resultan incomprensibles, aunque tengo algunas hipótesis.

Pero, vuelvo a Córdoba y al motivo de este relato.

Como sabía que los “servicios”, principalmente la patota de Informaciones y “Sérpico” (6) - uno de los “cuadros” de la represión y miembro de la Triple A cordobesa, que había sido uno de mis torturadores y que se quedó con la “sangre en el ojo”) (7) - me estaban buscando, yo me movía permanentemente de un lado a otro, con el apoyo de la inolvidable solidaridad que recibí de amigos y compañeros que me alojaban en sus viviendas al haberme desvinculado de todo contacto vinculado a la militancia organizada. Si, recuerdo que mis queridos compañeros de la “orga” (uno de ellos el querido  Sergio “Tano” Bufano), me siguieron ofreciendo todo el apoyo (dinero, contactos, pasaportes, etc.) que estaba a su alcance para que me fuera del país, pues temían por mi seguridad y mi vida, cosa que siempre recordaré con todo afecto. Pero lo que yo quería era terminar mi carrera, por lo que preparaba mis materias y las iba rindiendo en la medida que podía, con solo una muda de ropa, mi guardapolvo y la libreta de estudiante y mis apuntes, trasladándome en una bicicleta que no tengo idea de donde la había obtenido.

            Pero voy al tema central.

El primer intento de secuestro o captura fue con motivo del entierro de Atilio López y Juan José Varas, quienes habían sido acribillados a balazos, precisamente, por la Triple A cordobesa (Comando Libertadores de América). Digo precisamente porque la patota de Informaciones, como mencioné, formaba parte de la misma. Atilio había sido líder de la UTA (Unión Tranviarios Automotor) y uno de los protagonistas destacados del Cordobazo, y posteriormente vice gobernador del gobernador Obregón Cano, ambos derrocados en el “Navarrazo”. (8).

El cortejo partía desde su casa en Barrio Empalme hasta el cementerio San Jerónimo. Como uno de los lugares de paso era la Plaza Colón, nos dirigimos hacia allí con algunos amigos y compañeros, entre ellos Norberto “Negro” Schiavoni (que estaba destrozado de dolor porque el Gordo Varas era uno de sus más queridos amigos), para brindarles nuestro homenaje. Fue entonces que la patota me identificó, justo en el momento en que ya empezábamos a dispersarnos y retirarnos de la plaza, y se me vinieron al humo. Ni bien me di cuenta, emprendí mi huida entre la multitud, rumbo a la Cañada. Iba a los piques por la calle 9 de Julio intentando escabullirme, pero ya cruzando la Cañada pude observar que estaban detrás mío, por lo cual aceleré mis pasos rumbo al centro. Mientras pensaba hacia dónde ir, llegué a la calle Rivera Indarte con la idea de ir hacia la Colón, pero antes de llegar a la esquina, al ver el cine, no dudé un segundo en sacar una entrada y meterme al mismo. Allí permanecí unos minutos, viendo si entraba alguno de mis perseguidores, al cabo de los cuales, todo transpirado, me asomé con precaución y, al comprobar que no había nadie, salí a paso lento hasta la Colón desde donde, luego de tomar varios “bondis” para asegurarme de que no me siguieran, llegué a la casa de unos amigos, ya no recuerdo de quien ni en cual barrio.

La segunda vez fue en la casa donde vivíamos con la Flaqui, hasta que ella decidió ir a Buenos Aires por un tiempo. De esto hice un relato que tal vez muchos conozcan (9).

El tercer intento fue en el entierro – otro- esta vez de mi querida Mary -María Haydée Rabuñal, la Flaquita (10) en el también, Cementerio San Jerónimo.

Al dolor tremendo -uno de los más grandes de mi vida - de su violenta muerte en Buenos Aires, se agregaron que no pude ir por sus restos y que mi situación se agravaba aún más dado que sabía que la persecución se iba a acentuar. No obstante, y pese a todas las recomendaciones de amigos y compañeros yo estaba decido a ir a despedirla en persona.

Antes de que yo llegara, algunos compañeros se adelantaron para “estudiar” el lugar por si me estaban esperando. Fue así que llegué cuando ya estaban introduciendo el cajón en el nicho donde solo se escuchaba el llanto de todos (aún recuerdo a Chicha, la mamá de Mary diciéndome “vos nos dijiste que iba a pasar” y el grito de dolor indescriptible de Eugenio, el padre, mientras yo miraba atónito el nombre en la placa de la tumba: “María Haydée Rabuñal de de Boer”) y el apuro angustiante por tener que quedarme el menor tiempo posible. En eso, alguien me avisa que la patota estaba llegando, por lo que, casi sin pensarlo, empecé a correr entre las tumbas sin mirar para atrás, para evitar no solo que me atraparan, sino que me “bajaran” de un tiro. No sé cómo, en unos minutos llegué a la casa de Rubén Oscar “Bencho” Ferro y su esposa Susana que vivían en Barrio Alberdi, compañeros de estudio de medicina, a quienes nunca voy a dejar de agradecerles la infinita generosidad y compromiso que tuvieron (aún a riesgo de sus vidas) cobijándome con todo su cariño en aquellos aciagos días.

No recuerdo si antes o después, hubo otro episodio que paso a relatar.

Yo iba en un “bondi”, cuando en una parada veo que sube uno de los de Informaciones que me reconoce. Rápidamente deduje que seguramente estaría armado e iba a intentar atacarme, por lo que puse mi mano derecha detrás de mi espalda simulando estarlo yo también. Yo ya sabía que ellos sabían que yo no era ningún “perejil” (11), por lo que – también supuse- no se iba a arriesgar así nomás.  No sé durante cuantas cuadras nos estuvimos sosteniendo la mirada, hasta que en algún momento en que se detuvo el ómnibus se bajó imprevistamente. Yo esperé apenas una o dos paradas y también descendí porque era “posta” que ni bien pudiera iba a dar el aviso (por suerte no existían los celulares todavía), y tomé el primer ómnibus que pude. Y nuevamente, hice varios cambios – caminando varias cuadras entre uno y otro, para ver si me seguían – hasta que llegué a no sé a recóndito lugar de Córdoba donde pernocté esa noche.

Más adelante, ya estando en Comodoro en plena dictadura fui “detectado” cuando trabajaba en psiquiatría en el Hospital Alvear y me “aplicaron” la Ley de Seguridad, por lo que no podía trabajar en ninguna institución pública (ni privada).

Lo que se desató después fue un verdadero infierno para mí y mi familia. De todo esto hice un “Breve relato de mis vicisitudes como terapeuta durante la dictadura militar” que presenté en el Primer Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos organizado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo y posteriormente en otros, que con el tiempo dejó de ser breve porque lo seguí desarrollando y que seguramente algún día publicaré en su totalidad.

 

Para concluir.

Creo que sobreviví gracias a una combinación, casi milagrosa, de habilidad personal y de práctica militante. Pues la preparación y la experiencia fue de menor a mayor, dado que arrancamos casi de cero hasta que, en el corto lapso histórico que duró toda esa etapa, llegamos a niveles de complejidad que ahora me parecen increíbles.

 

Pero también a que la solidaridad de numerosas personas, tanto por afinidad ideológica, pero mucho más por el afecto y el respeto más profundo, que me tendieron una mano y me acompañaron pese al riesgo que eso significaba, mucho más instalada ya la dictadura.

Compañeros, amigos, familiares, conocidos, colegas, pacientes, lo hicieron de las más variadas maneras, muchas de las cuales aún desconozco, puesto que mucho de ellos ya no están y no con todos pude hablar de todo lo que aconteció.

Por todos ellos, sigo viviendo.

Por todos ellos, sigo cantando.

 

Miguel Angel de Boer

Comodoro Rivadavia, 2020- marzo del 2022.

 

A 46 años del Golpe!

 

 

(1)   Aquí un relato de algunas vivencias en esa comisaría

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011_07_17_archive.html

(2)   En donde participé de la huelga de hambre más prolongada (17 días) que hubieran realizado los presos políticos hasta ese momento, entre otras de las tantas vivencias que tuve allí, y que compartiré en algún comento.

(3)   Recuerdo que cuando tomé la decisión, escribí un documento interno donde fundamenté mi alejamiento y al que subscribieron numerosos compañeros. Muchos años después, ya en democracia, me encontré por casualidad con militantes que habían pertenecido a otras organizaciones, quienes me hicieron saber, muy conmovidos, que en parte seguían vivos porque también habían leído el documento cosa que los decidió también a “mandarse a guardar”. El eje del documento giraba en torno a las prácticas autoritarias crecientes y a la militarización de las organizaciones revolucionarias, en desmedro de la lucha política propiamente dicha, es decir el trabajo en las bases. Lejos estaba de imaginarme lo que vendría después.

(4)   Con esto de las dos cédulas la historia es increíble. Resulta que nos detuvieron (íbamos con la Flaqui y dos compañeros en un vehículo) porque al patrullero les resultamos sospechosos. En la requisa me encontraron las dos células porque no alcancé a tirar la falsa. De ahí a Informaciones y todo lo que sigue. Lo increíble es que era tal la confusión que se generó en el interrogatorio (eso hasta que allanaron la casa), que no sabían quién era, si el del documento real o el falso. Y yo, mutis, para ganar tiempo. Más increíble aún porque cuando quedo libre, no sé cómo, me entregan primero una de las cédulas y luego la otra, porque lo que las seguí usando hasta que me fui definitivamente de Córdoba.

(5)   Parte de la misma se puede leer en: https://www.deigualaigual.net/cultura/historia/4decadasdictadura/2016/676/la-noche-del-golpe/

(6)   Ver : https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2014/03/2-el-22.html?m=1

(7)   Lo de “sangre en el ojo” ya lo mencioné alguna vez, pero viene a cuento agregar que: cuando parte de la patota fue a allanar nuestra casa, descubrieron de casualidad material que me comprometía y esto porque no encontraron lo más importante (de haber sido así, creo que hoy no estaría escribiendo esto), debido a que no dieron con el “berrete”, es decir un escondrijo ubicado tras una falsa pared.  Como yo no había dicho nada al respecto (ni sobre ninguna otra cosa que me comprometiera o comprometiera a algún compañero) se enfurecieron aún más luego del hallazgo.

(8)   Golpe dirigido por el jefe de la policía cordobesa teniente coronel Antonio Navarro y que fue un adelanto de lo que sería el golpe de estado. https://es.wikipedia.org/wiki/Navarrazo

(9)   https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2013/08/mary-el-mantel-la-libreta-y-unas-pocas.html

(10)      https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011/08/la-flaquita.html

(11)      Es decir, un militante de base o superficie, sino que ocupaba (no estaban enterados de mi alejamiento) un rango importante en la organización que, también sabían, no era ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) ni Montoneros, pero sí que era una de las principales por su historia y envergadura.


domingo, 9 de mayo de 2021

Aniversario

El mes pasado se cumplieron cuarenta y cinco (45) de haberme recibido de médico. Fue en momentos trágicos y de gran riesgo para mi vida que terminé la carrera y recibí el diploma en el Pabellón Perú de la Ciudad Universitaria de Córdoba a manos de un Brigadier de la dictadura, si mal no recuerdo.

Pero tanto estas vicisitudes como las que siguieron después las he relatado alguna vez, aunque siempre las sigo ampliando y sin duda algún día las publicaré.
Pero hoy solo quería compartir el hecho de cumplirse el aniversario de una de las cosas más preciadas de mi vida, cual es la de ser médico y ejercer como psiquiatra y psicoterapeuta. Profesión y arte que amo y que, más allá de tantos errores que pude haber cometido, me ha brindado y me brinda el honor de seguir participando de la aventura de brindar mis conocimientos y experiencia y, lo más importante, todo le que que compartido con mis pacientes (en un aprendizaje infinito) en pos no solo del alivio del sufrimiento sino su (nuestra) expansión como seres humanos, para hacer de la vida lo mejor para dignificarla en plenitud.
A todos los que contribuyeron a poder cumplir este sueño, mi recuerdo y mi agradecimiento más sincero y profundo, con todo mi amor.

Dr Miguel Angel de Boer

Comodoro Rivadavia, mayo, 2021


domingo, 19 de abril de 2020

Testimonio de Agustín Marcó del Pont


Agustín Marcó del Pont (“Rengueche”) fue un querido compañero de estudios de medicina en Córdoba, con quien compartí, además, mucho de lo que aconteció en aquellos tiempos. Las luchas obrero-estudiantiles, las tomas del Clínicas, el Cordobazo, las asambleas en el comedor universitario, ir al cine Sombras o a la “Piojera”, entre otras tantas. Después continuamos por distintos caminos, pero con los mismos principios y convicciones con los que bregábamos por construir una sociedad distinta “sin explotadores ni explotados”. Nos volvimos a encontrar, por internet claro, muchos años después. Y fue con una doble e inmensa alegría: enterarnos de que habíamos sobrevivido a la Dictadura y de que compartíamos el amor por el ejercicio de la psiquiatría y la psicoterapia con el humanismo de siempre. En el 2010 Agustín viajó a Comodoro a dar el testimonio que aquí comparto. Vivimos días muy intensos por lo que esto significaba (fue el primer testimonio de este tipo en Comodoro) y porque los invité – a él y a Quique Di Mauro, gran titiritero gran-  a hacer presentaciones de títeres para los pacientes internados en psiquiatría en el Hospital Alvear y para los chicos de la Biblioteca de Barrio San Martin (lugar donde Mónica Baeza realizó la entrevista), con un espectáculo con el que venían recorriendo medio país.  Y, por supuesto, porque tuvimos bastante que hablar para ponernos al día, después de 30 años sin vernos. Transcurrieron pocos meses cuando me enteré- nuevamente de casualidad en la web en un chat con Quique-  que Agustín había fallecido de un infarto (*) en circunstancias de la conmemoración del Día de los Derechos Humanos en el Espacio para la Memoria ex Campo de Detención Clandestino, de Tortura y Exterminio de Córdoba La Perla. Nada más ni nada menos. Justo donde fueron víctimas tantos compañeros conocidos, entre ellos Raúl “El Negro” Trigo, amigo de Comodoro, por quien Agustín guardaba un gran afecto.  Fue entonces que no pude dejar de llorar desconsoladamente, pensando con dolor y angustia - como seguramente lo habrán hecho todos los que se enteraron, y ahora quienes vean este testimonio –  de la increíble metáfora que implica su muerte, no solo desde lo singular de un ser como Agustín, sino también de una pavorosa etapa de la historia de nuestro país.


(*) Tal cosa ocurrió, lo supe hace unos días, cuando se encontraba preparando un estand para el acto.

Nota: el nombre de quien se menciona en el video como Torres Molina, es Ramón, a quien también conocí en el fragor de la lucha de aquella época.

Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Abril 19, 2020.








sábado, 25 de mayo de 2019

DE GUARDIA (*)




Entrar como practicante al servicio de un hospital en aquella época era, como para cualquier estudiante de medicina de entonces, una de sus mayores alegrías. Los sinsabores del trabajo y la inseguridad de la inexperiencia quedaban enmascarados - ante los pacientes y el personal – sólo por el hecho de colocarse el preciado “ambo”, es decir la chaqueta y el pantalón blancos, que le otorgaban el atributo de ser tratado como un "doctor", sin serlo, claro, pese al cagazo que todavía lo acompañaba ya que no hacía tanto que había debutado.
            Recordaba con nostalgia a sus pagos, su familia, sus amigos; la dolorosa decisión de dejar todo aquello para alcanzar el anhelado título; las veces que estuvo a punto de dejar todo para volverse, y el pedido casi desesperado de su padre para que no lo hiciera. “Aguantá, que ya va a pasar”, le decía. “No aflojés, que aunque te extrañamos vas a ver que vale la pena”, lo alentaba.
            Pero eso ya era cosa del pasado. Había pagado el derecho de piso (adaptándose a fuerza de llanto a la ciudad, a las pensiones, a la falta de guita…) y ahora su deseo de ser médico estaba cobrando forma, cosa que lo colmaba de felicidad.
            En el pabellón de guardia, ubicado en el primer piso del Hospital de Niños, una pequeña habitación con dos camas, una mesa de luz con velador y cenicero y una ventana desde donde se podía observar la terminal de ómnibus, era su refugio en los momentos de descanso. Más aún porque su compañero de guardia, como de costumbre, no estaba, ya que era un veterano (un “crónico”) que tenía una increíble habilidad para borrarse.
            Se recostó, como se puede recostar alguien que está de guardia: tipo ruleta rusa, (....me duermo....no me duermo....me duermo....no me duermo.....) e indefectiblemente ni bien lograba caer en un sueño profundo lo llamaban por algún motivo. Porque a los primeros que jodían eran a los practicantes, y entre ellos los elegidos eran los más novatos. Cosa que, después comprobó, ocurría en todas las guardias de Córdoba.
            El día había transcurrido con tranquilidad. Apenas un par de suturas y una fractura de radio. Hasta pudo repasar el práctico que tenía que dar al otro día en la cátedra de "semio" de Altamira, el “ingenieri”, en el Córdoba de General Paz. En realidad pudo estudiar hasta cierto punto, porque también se puso a divagar, a fantasear... (...puta...ojalá aprenda algo de medicina aquí......espero servir para algo......porque estos son bravos.....el que no corre vuela.....si pueden no laburan......también…por la guita que ganan.....ya voy a aprender.......a cojer me gustaría aprender......aquí todo el mundo se coje a alguien.......menos yo......tranquilo macho....ya va a llegar.....)
            Terminaba de encender otro "Particulares" con la idea de cebarse unos mates, cuando lo vinieron a buscar.
            - Doctor....lo llaman de la sala de lactantes, parece que es de urgencia y no encontramos a ningún médico, así que tiene que ir usted – le dijo la enfermera con cierta ansiedad
            - ¿Yo?
            - Si, usted. Por favor apúrese, que la enfermera está sola y tiene toda la sala. No da abasto... ¿vio?
            - Está bien, ya voy.
            (.....no debe ser algo grave....éstas siempre exageran porque saben que si no nos tiramos a chantas...no...no creo que sea algo muy grave....justo ahora que estoy solo....¡la puta que los parió a los médicos!....siempre lo mismo.... nos dejan solos mientras ellos se toman el raje...y eso que les dije que volvieran enseguida porque soy nuevo.......¡la reputa madre que los parió!...)
            Un coro de gritos y llantos lo recibió en la sala apenas cruzó la galería y terminó de subir la escalera. Sí, era mucho trabajo para una sola persona. Controlar los sueros, cambiar los pañales, tratar de calmar a los bebitos. Era un despelote.
            - ¿Qué pasa enfermera?
            - Allí doctor. En la salita individual...hay un chiquito que respira mal. No sé que tiene. Recién tomo la guardia y estoy sola con todo ¿porqué no se fija, a ver si puede hacer algo?
            - Si. Como no enfermera (...hacer algo.... ¿qué mierda puedo hacer?...en una de esas no es para tanto.....se ve que la mina está nerviosa...pobre...)...
            En la pequeña cuna el bebito hocicaba con dificultad. Los movimientos respiratorios eran irregulares, y sus labiecitos azules indicaban que la cosa no era para joda. Intentando no perder el control y de recordar lo que había estudiado, se acercó lentamente para darse tiempo...(....cianosis....disnea.... acordate...pelotudo .... acordate....lo que corresponde hacer en estos casos......puta....y para colmo un bebito.....y no viene un puto médico....¿a quién le pregunto?......la enfermera...a lo mejor ella.....)
            - ¿Cómo dice doctor? ¡Hable más fuerte que no lo entiendo!
            -...digo que si no sabe que le pasó a este chico...
            - ¡Ah!...¿Al nenito…?...Lo intoxicó la mamá....con genioles....estaba con fiebre y le dió genioles.....genioles para adultos...¿vio?...
            - ¿Con genioles?....Pero es muy chiquito.....¿Cuántos meses tiene?
            -Y....cuatro para cinco me parece...lo que pasa es que es gente de un barrio humilde....muy ignorante...¿vio?.....Dijo la madre que tenía mucha fiebre y no le bajaba.....y no tenía plata ni para el bondi.....Para mí que está intoxicado....Desde que llegué que lo veo respirar mal.......Lo llamé al médico de guardia de la sala pero hasta ahora no vino....
            - Pero aquí en la sala, ¿no hay nadie más?
            - Está la doctora, pero tuvo que salir por una urgencia...y no quedó nadie....         ......( ... ¿y yo que mierda hago?....puta madre....tiene el pulso aceleradísimo.....pero.....¡uy!...¿que pasa?.....¡dejó de respirar!.......)...
            - ¡Enfermera!...¡Enfermera!!.....¡Venga rápido por favor.....!!
            .......(ya sé...le pongo la máscara de oxígeno...no... mejor lo ausculto... puta...¡no escucho un carajo!....deben ser los putos nervios....)..
            - ¿Qué pasa, doctor?
            -...que está mal… .el nene está mal...enfermera…
            …(...mal, no...para la mierda está...se está muriendo.....eso pasa....¿qué hago?.....dios....¿qué hago?.... .ya sé......un masaje cardíaco...eso hago...y mientras que la enfermera....)
            - Enfermera...traiga lo más rápido que pueda una jeringa con adrenalina...así...
            -.Pero yo estoy haciendo un reemplazo doctor...no soy de esta sala...No sé donde están las cosas...
            ....(.....no te digo...se juntó todo...a mí me tiene que pasar....)
            - Consígala como sea...que el pibe se está muriendo... ¡Por favor, enfermera!...
            ....(se está muriendo.....te me estás muriendo....No te  mueras...por favor...ahora no...no te mueras.... ¿No ves todo lo que estoy haciendo?....¡mirá!....te estoy haciendo un masaje.....¿ves?...Dale...aguantá hasta que venga la doctora....dale nenito....¡qué cagada!....tu vieja te intoxicó.....no te mueras....Yo te voy a salvar.....tenés que vivir....¡no te podés morir!....dale....No me cagués...¿no ves que estoy solo?.....Latí, mierda...dale...latí....Puta...está cada vez más azul!.....que cagada....¿Dónde están todos?......nos dejaron solos...y yo aquí llorando como un boludo.....te jodieron nenito.....¡cómo nos jodieron!.....la puta madre....)...
            - Doctor...doctor, aquí viene la doctora...
            - A ver doctor, déjeme a mí- dijo con aplomo la doctora al tiempo que lo examinaba- No…ya no hay nada que hacer....Este chico está muerto hace ya un rato.....
            -…¿Cómo que muerto?...- preguntó atónito, desesperado
            - ..Y...muerto, doctor...muerto… está….
            -…¡Pero si cuando yo llegué estaba vivo, doctora!...
            -  Sí doctor, pero ahora está muerto...que vamos a hacer....
            A pesar de que la doctora le pasó el brazo por el hombro tratando de consolarlo, no pudo dejar de llorar. Se quedó un rato contemplando al bebito. Y sintió un profundo dolor a la vez que un ardor que se acentuaba en el pecho y el estómago recorrían todo su cuerpo y que, después supo, eran producto de la furia y la impotencia que genera la injusticia.
            Cuando se asomó, ya de regreso, por la ventana de su habitación mientras la pava se calentaba silenciosamente, sintió en plena cara la pesadez de ese cálido verano de 1969, que ya se estaba despidiendo.
Fue en ese momento que tuvo el presagio de que no pasaría mucho tiempo para que viniera una descomunal tormenta que cambiaría algunas cosas para siempre.  
           
            Miguel Angel de Boer

(*) De una serie de relatos  escritos hace ya varias décadas

sábado, 18 de agosto de 2018

Desnutrición: una enfermedad social (1972)


A propósito del aniversario de la muerte de Mary (María Haydée Rabuñal, la Flaquita) (*) el día 3 Agosto,  encontré entre mis papeles una monografía que hicimos juntos cuando estudiábamos medicina en Córdoba, sobre la desnutrición y sus consecuencias. La investigación la hicimos en el Hospital de Niños en el año 72. Trabajábamos allí como practicantes ella en hemoterapia y yo en anestesia. Les comparto un copia de la primera y última hoja y una de las fotos que sacamos de una mamá con su hijo. Por cosas cómo éstas, las que vivíamos día a día, estábamos convencidos de que solo una Revolución podría acabar con tanta injusticia y dolor. Ni nos imaginábamos lo que vendría después, y menos que aún hoy él hambre y la miseria pudieran acrecentarse tanto, lo que enaltece aún más su recuerdo y su entrega.



(*) Quien era mi esposa y compañera. Nos conocimos estudiando medicina y el fragor de la lucha estudiantil, desde antes del Cordobazo. Militamos en forma independiente participando de la Coordinadora Estudiantil primero y de la Agrupación de Practicantes de los hospitales de Córdoba después. Murió en la lucha revolucionaria con el sueño y objetivo de un mundo más justo a los 26 años de edad. 

viernes, 25 de marzo de 2016

A 40 AÑOS DEL GOLPE (III) - POEMAS ( 2da. recopilación)




ME DEJARON TU PULOVER VERDE (·)
                                                                                                                                                                         
                Me dejaron tu pulóver verde
                        cuando te fuiste

                        Llevándose el verano aquel
                        el del cielo tibio que con sus noches
                        nos guarecía del mundo entero en nuestro lecho

                        Cuánta dicha encontraba entonces mi anhelo
                        En tu sonrisa
                        En las palmas de tus manos
                        En tus suaves cabellos recorriendo con ternura
                        todo mi cuerpo

                        Me dejaron tu pulóver verde
                        cuando te fuiste

                        Dejándome tu aroma
                        que mil veces olí desfalleciente
                        evocando tu mirada
                        añorando tu desnudez
                        la tersura de tus labios
                        y esas palabras que no podrá borrar el tiempo

                        Porque no pudo el odio
                        ni la avasallante muerte
                        desterrar mi amor
                        ni mi carne dolida cedió al intento
                        de que me robaran tu recuerdo

                        Me dejaron tu pulóver verde
                        cuando te fuiste
                        Pero no pudieron llevarte
                        porque estarás conmigo
                        para siempre


                        (·) A María Haydée Rabuñal, estudiante de Medicina cordobesa, querida esposa y compañera.        


                        Miguel Angel de Boer




RIMEMBERES


TIEMPO

Si te preguntan

cuanto te tuvieron
cuanto te torturaron
cuanto hace que te pasó
                       
Es porque ignoran

que allí donde se vive la muerte

los días
  las horas
      los minutos
      los segundos
                                                                                                    son fugaces y eternos     


ACLARACIÓN

Lo que ustedes tienen que entender
es que:
          como se portan mal
         les tenemos que hacer chas chas en la cola

Y…ahora hablá pibe…o te reviento…hijo de puta…!!!



HIGIENICOS

I

Uno de ellos
agotado
dejó de pegarme
y se puso a lavar la vajilla
             ( la puta que los parió aquí nunca limpia nadie)

Luego
acomodó las cosas
se secó las manos mirándome
con la mirada mirona

y continuó apaleándome
me / ti / cu / lo / sa / men / te


II

Me voy a dar una ducha dijo

mientras se secaba la frente
(tras haberlos torturado salvajemente)

porque si hay  algo que no soporto es este olor a judío de mierda que se  me impregnó en la piel

Regresó al rato
más fresco
y de muy buen humor


dios

En el preciso instante
de infligir
               el máximo dolor

un orgasmo


RESISTENCIA

Estaban convencidos de que resistía
porque me consideraban
            ideológica/política/moral/física
            y mentalmente
            fuerte

En tanto yo evocaba
            con mi cuerpo desolado
el ruido del mar
acariciando la arena y el pedregullo de mis playas

y una frescura luminosa penetró en mi pecho
encegueciendo de vida a la muerte



CUESTIÓN

El asunto es como lograr
seguir siendo
en medio del atroz desamparo del espanto


MONTAND

Cuando me los cruzo en la calle
me acuerdo de Ives Montand en La Confesión

Y siento pena
   por él

            por Montand

  
PARA COLMO

Uno cree que después de eso
al menos ya no habrán  mas dolores
tan dolorosos
en la vida


LA REVANCHA

No olvidarla
No olvidarlos
No olvidarnos

Seguir trepando la vida
Cabalgarla
Revolcarnos en ella

Hasta dejarla exhausta
De tanto vivirla

Miguel Angel de Boer



Puede ser


Puede ser que nos hayan derrotado

A los que mataron
A los que aún estamos vivos
A los sobrevivientes
A los reaparecidos


A los que lloramos
O no
A los que estamos aplastados
O no
A los que enloquecimos
O no
A los que tenemos esperanza
O no
A los que damos testimonio
O no
A los que callamos
O no
A los que seguimos en la lucha
O no
A los que soñamos
O no
A los que aún seguimos amando
O no

Puede ser

Pero de una cosa no hay duda:
Los desaparecidos serán victoriosos por siempre

Miguel Angel de Boer
Noviembre 2011




Si todo hubiera salido bien


Si todo hubiera salido bien
tal vez el sol sería más brillante
o no habría ningún niño llorando de hambre

Si todo hubiera salido bien
no existirían muros con nombres que duelen como suele doler el dolor no dolido
ni el 24 ni el 12 ni el 6 ni ningún otro día nos retorcerían las vísceras de pena

Si todo hubiera salido bien
no  sé si el mundo sería tan justo y bello como lo soñamos miles de veces
con hospitales vacíos de tanta salud y escuelas llenas de alumnos y maestras felices

Si todo hubiera salido bien
no nos estarían explicando lo que pasó y en vez de andar rodando por este mundo tan afantasmado y delirante que a veces parece mentira

Si todo hubiera salido bien

No sé qué sería de nosotros hoy

Pero vos estarías
ellos estarían
yo estaría
                (y estoy)

Con el alma intacta

Viviendo la vida como hay que vivirla
como siempre la vivimos
viviéndola
viviéndo
la

Miguel Angel de Boer

Buenos Aires. Octubre 21. 2012



Amiga (*)



Fui a conquistarte
siendo un niño asustado
y me recibiste
      sin tenerme en cuenta

 Me hiciste crecer
      a los golpes
y porque no
      a las caricias

 Te conocí de a poco
y me conociste
      a los saltos
Conocerte fue conocerme
y me dejaste
      abandonado

Te amé con toda mi vida
Te odié con toda mi alma

Me diste tanto
y me quitaste
       todo

Yo fui vos
y vos fuiste
        yo
Y aún recuerdo tu luna
tus fríos
tu regazo

Me alentaste
      y perseguiste

Te canté
      y me cantaste

 Me hiciste hombre
      me empequeñeciste

Supe del horror
      y la esperanza

Y quise olvidarme de vos
olvidándome
de mi
      sin poder

Y en mis noches de duelo
que son también de regocijo
porque aún no muero
      (y he muerto tantas veces que ni yo lo creo)
mi corazón me dice que
      Córdoba amiga
            todavía
                  te quiero.

Miguel Angel de Boer

(*) Poema que escribí hace ya varias décadas.