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domingo, 19 de abril de 2020

Testimonio de Agustín Marcó del Pont


Agustín Marcó del Pont (“Rengueche”) fue un querido compañero de estudios de medicina en Córdoba, con quien compartí, además, mucho de lo que aconteció en aquellos tiempos. Las luchas obrero-estudiantiles, las tomas del Clínicas, el Cordobazo, las asambleas en el comedor universitario, ir al cine Sombras o a la “Piojera”, entre otras tantas. Después continuamos por distintos caminos, pero con los mismos principios y convicciones con los que bregábamos por construir una sociedad distinta “sin explotadores ni explotados”. Nos volvimos a encontrar, por internet claro, muchos años después. Y fue con una doble e inmensa alegría: enterarnos de que habíamos sobrevivido a la Dictadura y de que compartíamos el amor por el ejercicio de la psiquiatría y la psicoterapia con el humanismo de siempre. En el 2010 Agustín viajó a Comodoro a dar el testimonio que aquí comparto. Vivimos días muy intensos por lo que esto significaba (fue el primer testimonio de este tipo en Comodoro) y porque los invité – a él y a Quique Di Mauro, gran titiritero gran-  a hacer presentaciones de títeres para los pacientes internados en psiquiatría en el Hospital Alvear y para los chicos de la Biblioteca de Barrio San Martin (lugar donde Mónica Baeza realizó la entrevista), con un espectáculo con el que venían recorriendo medio país.  Y, por supuesto, porque tuvimos bastante que hablar para ponernos al día, después de 30 años sin vernos. Transcurrieron pocos meses cuando me enteré- nuevamente de casualidad en la web en un chat con Quique-  que Agustín había fallecido de un infarto (*) en circunstancias de la conmemoración del Día de los Derechos Humanos en el Espacio para la Memoria ex Campo de Detención Clandestino, de Tortura y Exterminio de Córdoba La Perla. Nada más ni nada menos. Justo donde fueron víctimas tantos compañeros conocidos, entre ellos Raúl “El Negro” Trigo, amigo de Comodoro, por quien Agustín guardaba un gran afecto.  Fue entonces que no pude dejar de llorar desconsoladamente, pensando con dolor y angustia - como seguramente lo habrán hecho todos los que se enteraron, y ahora quienes vean este testimonio –  de la increíble metáfora que implica su muerte, no solo desde lo singular de un ser como Agustín, sino también de una pavorosa etapa de la historia de nuestro país.


(*) Tal cosa ocurrió, lo supe hace unos días, cuando se encontraba preparando un estand para el acto.

Nota: el nombre de quien se menciona en el video como Torres Molina, es Ramón, a quien también conocí en el fragor de la lucha de aquella época.

Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Abril 19, 2020.








miércoles, 4 de junio de 2014

La foto de Mary (*)


Esta es posiblemente la más difundida y tal vez la más hermosa  foto de María Haydée Rabuñal, Mary, la Flaquita. Se la saqué yo en el Parque Sarmiento, en Córdoba, creo que en el año 1969 cuando  todavía estábamos de novios  ya que nos casamos en Febrero del  70.
                Tal vez porque es en blanco y negro – con la ausencia y presencia de todos los colores – y en ese lugar increíblemente bello, es que se pueden captar tanto los matices como la luminosidad del sol resplandeciendo en el verde de las hojas  y en la sonrisa – inolvidable – de Mary, plena de alegría y - porque no decirlo - de amor y felicidad.
                Con su pícara y seductora mirada orientada al infinito del cielo, con las manos en los bolsillos de atrás del vaquero, en una pose típica de ella cuando sentía que el mundo le pertenecía, la foto expresa no solo el momento que vivíamos personalmente, sino la situación en las que nos tocaba vivir un amor tan singular y apasionado.
                Nos conocíamos desde no hacía mucho en la facultad de Medicina  donde ambos estudiábamos  al calor de la lucha del movimiento estudiantil o mejor dicho obrero-estudiantil de aquel entonces. En el trajinar de las reuniones, los actos relámpago en las calles, las asambleas  en la explanada del comedor universitario, con el olor a humo y libertad que nos impregnó por siempre en el Cordobazo, las tomas del barrio Clínicas, las asambleas en el comedor universitario,  las comisiones de los prácticos en los hospitales, el cine Sombras, la Piojera,  los recitales de Radio Universidad, los grupos de estudio de formación, las idas a los amoblados, las lasagnas de Romagnolo, las pizzas de La Salta, las busecas del Claudia, las idas a las puertas de las fábricas, los besos eternos en la Plaza Colón, los paseos por la Cañada, los mates en las pensiones, los Beatles y Serrat, las guitarreadas, los poemas, el trabajo en los dispensarios, el dolor por nuestros pacientes, los llantos por las muertes de la represión, la esperanza que nos había dejado encendida el Che, el regocijo de saber que la historia se podía cambiar con nuestros guardapolvos y con la militancia revolucionaria.
                Ingenuos y apasionados, nuestros corazones latían al unísono y nuestros cuerpos esbeltos y jóvenes vibraban al son de un erotismo que se alimentaba de nuestras caricias, pero también de nuestros sueños, y cada expresión de amor  era también de júbilo por el orgullo de habernos encontrado y estar juntos en ese momento, en ese lugar, en esa historia. Cada instante era un descubrimiento, cada vivencia un aprendizaje, la vida parecía limitada e infinita a la vez,  porque  los  días se alargaban a nuestro antojo y al aire que insuflaba nuestros pulmones expandía nuestras mentes hasta fundirse con el universo.
                Después vinieron otras alegrías y otras tristezas, momentos de esplendor y de tinieblas, penas que todavía penan, regocijos que siempre perduraran.
                Pero esta foto, ya medio ajada por el paso del tiempo, plasma no sólo nuestro ardoroso romance sino que es testimonio y memoria de quienes como Mary, la querida Flaqui, se brindaron por entero - no sólo de palabra - por ideas, convicciones y compromiso, a la única gran tarea que para nosotros justificaba y aún justifica la existencia humana: hacer todo por el semejante sin perder nunca la ternura, que es el único modo digno de hacernos a nosotros mismos.

Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Septiembre 2013


(*) Había pensado publicarla el 6 de Octubre para el día de su cumpleaños, pero no se dio.

domingo, 24 de junio de 2012

Visita a la ex D2

Hace algunos días tuve la oportunidad de regresar –esta vez de visita– luego de mas de 35 años, al que fuera el Departamento de Informaciones de la Policía de la Provincia de Córdoba, luego conocido como D2, uno de los mas siniestros Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio de la dictadura genocida que asaltó el poder en 1976 en la Argentina.


Sede ahora de la Comisión y Archivo Provincial de la Memoria (www.apm.gov.ar) , recorrí nuevamente los lugares donde fui detenido y apaleado (también fue apresada mi esposa y compañera, María Haydée Rabuñal, la Flaquita) a manos de torturadores como Raúl “Sérpico” Bucetta, quien recién comenzaba su despiadada “carrera” como feroz genocida (algún día relataré los pormenores de mi encuentro con este pusilánime) y el entonces Comisario Raúl Pedro Telleldín (y también miembro del Comando Libertadores de América, versión cordobesa de las AAA, Alianza Anticomunista Argentina, y que posteriormente quedaría a cargo del Centro)

Eran los días del Navarrazo, cuando el Jefe de Policía Antonio Navarro depuso al Gobernador Obregón Cano y al vice-gobernador Atilio Lòpez (luego asesinado por la AAA o Triple A) con la participación de grupos civiles, burócratas sindicales y la anuencia del entonces Presidente de la Nación General Juan Domingo Perón.

No voy a entrar en los pormenores de lo que viví en el Cabildo (o en el Pasaje, pues se encuentra ubicado en el Pasaje Santa Catalina, que lo separa de la Catedral ) como le decíamos entonces, porque me importa ahora compartir lo que experimenté en esta ocasión.

Ya en dos oportunidades había “pasado” por este lugar. Una cuando todavía estaba instalada la dictadura y la segunda cuando ya había advenido la democracia, pero donde aún seguía funcionando la dependencia policial.

Esta vez pude entrar y, como dije, recorrer el lugar. Fui atendido por una joven, cuyo nombre no recuerdo, el primer día, donde pude permanecer solo algunos minutos, y por el joven Gonzalo Parodi, miembro del Área Investigación, el segundo día, a quien le agradezco el respeto y la contención que me brindó, a más de la información que intercambiamos y datos que encontró de nuestra detención en aquel entonces.

Es muy difícil transmitir lo que sentí al ver los lugares donde fui torturado – como la cocina y el patio de atrás que aún conserva la pintura verde, descarada, que tenía entonces. Los pasillos, la escalera de madera por la que intenté fugarme (seguramente también algún día será motivo de un relato). Lugares y vivencias que fueron fuente de pesadillas que me acosaron durante años buscando atenuar su efecto traumático en mi vida. Mucho mas la emoción sabiendo todo lo que acontenció después, donde cientos de personas fueron masacradas sistemáticamente del modo mas cruel.

Me pareció increíble haber estado allí. Por eso creo que necesité ir mas de una vez. Y, aunque parezca mas increíble todavía, tomé plena conciencia cuando Gustavo me mostró en carpeta manuscrita de la època con mi nombre y el de la Flaquita, bajo el rótulo de “Registro de Extremistas” (la palabra subversión todavía no se había impuesto), donde también figuran el de muchos amigos y compañeros conocidos, varios de ellos muertos o desaparecidos.

En circunstancias como ésta, uno recorre la existencia toda, pero principalmente la que tiene que ver con los hechos vinculados a tan tremenda experiencia.

Recordé mi niñez, mi adolescencia, mis años de juventud estudiando medicina. Las luchas de entonces, el Cordobazo, las tomas del Clínicas, la alegría de emprender el cambio junto “a la clase obrera y el pueblo”. Tosco, Sitrac y Sitram, la Revolución y el Che. El Hombre Nuevo. Utopías a las que apostábamos y nos jugábamos de cuerpo entero. Cuando las palabras honestidad y compromiso nos ensalzaban como seres humanos, y todo lo que nos importaba era ser mejores cada día para hacer de ésta una sociedad mas justa. Claro que me acordé de la Flaqui (ahí allí una foto de ella). Claro que brindé por ella y por los compañeros, tantos, de ruta. Y también por mis viejos, mis hijos, mi familia, mis seres queridos. Por todos.

Y sentí que seguimos vivos.

Y mi corazón se hinchó de emoción y alegría.



Miguel Angel de Boer



Junio 2012





Nota: en las fotos de las copias donde figuran mi nombre y el de Mary, han sido borradas las de las otras personas, por un criterio de resguardo de información de la Comisión.














sábado, 20 de marzo de 2010

Visita




De paso por Buenos Aires con motivo del Día de la Mujer, decidí ir a conocer el Parque de la Memoria y homenajear a María Haydée Rabuñal, la Flaquita, mi primera esposa.

De entrada me impresionó la magnitud del monumento, mucho mas cuando vi esos muros inacabables con tantos nombres, inacabables también , en sus paredes, pues me brindaba una impactante dimensión visual de lo acontecido. Como pueden ser tantos? Pensé. La puta madre que los parió? Tantos! Tantos!

Y comencé a hacer el recorrido. Sacando algunas fotos y filmando, mientras la historia se me venía encima desde adentro. Irrumpiendo con imágenes, sensaciones, recuerdos, en una vorágine que aturdía mi mente y mi pecho. Pues en la medida que se desplegaban los nombres, se iba desplegando también “mi” historia. Bello, Cabral, Blanco, Castellanos, Jáuregui, Mena. Luego los compañeros masacrados en Trelew con Polti, compañero de estudios en medicina. Y los chicos de la Noche de los Lápices. Y el querido “Negro” Raúl Trigo. Y tantos, tantos, tantos, amigos, conocidos, compañeros, hasta llegar a ver el de la Flaqui. Mary. Negrita. Gordi. Bichita. Querida compañera.

Y entonces el torbellino:

Puta Flaqui como estas tanto tiempo yo bien aquí visitándote no pude venir antes pero estuve en tu tumba no aquí es la primera vez puta después de tanto tiempo cuando hace como treinta y cinco años parece mentira increíble porque yo te recuerdo tan jovencita como la última vez que nos vimos te acordás si éramos jóvenes los dos pero yo ahora acabo de cumplir los 60 pero vos seguís con 26 si yo también sigo con 26 en una parte de mi ja hecho un pendex estoy puta Flaqui tantas cosas que vivimos juntos que hicimos juntos cuando nos conocimos en medicina cuando estuvimos en el Cordobazo en la militancia estudiantil los actos relámpagos la ciudad universitaria en los hospitales como practicantes y en la agrupación y en los barrios los dispensarios metiendo materias y queriendo hacer lo mas extraordinario en nuestras vidas la revolución y me vienen los beatles y el che y camilo los quila y las pelis del sombras y sitrac te acordás del negro flores y el viejo massera el gringo tosco y el cura vaudagna y las tomas del clínicas y la plaza colón y la cañada y que no hicimos Flaqui no sabia que te extrañaba tanto la puta que lo parió y ahora vuelvo a enterarme y me duele hasta la médula como pudo ocurrir si yo te dije que te cuidaras la puta madre y yo que sigo vivo y vos que ya no estas me hace mierda Flaqui todavía y me va a seguir haciendo mierda siempre aunque me acostumbre a este dolor que tal vez no quiera dejarme ni yo dejarlo para no olvidarte pero si sabía que me iba a doler tanto no se si venía perdóname Flaqui pero lo siento así no aguanto me voy a sentar un rato al banco puta madre y este día de sol que es maravilloso y tantos compañeros que no están hijos de puta que hijos de puta como pudieron hacer esto chicos embarazadas ancianos que manga de cobardes estos patriotas asesinos de jóvenes tan jóvenes que chicos que éramos sigo siendo chico yo como la Flaqui y este llanto que no me deja parece que me falta el aire que bronca me da todo que tristeza y que bronca ya volví Flaqui estoy medio a las puteadas y si estamos a las puteadas los que quedamos vivos vos sabes que veo los nombres y mas cuenta me doy del culo que tuve para que seguir vivo y eso me impresiona si decís que supe moverme pero el culo que tuve es gigantesco vos porque por suerte no sabes todo lo que pasó después que te mataron Flaqui te conté que hice un poema y bueno siempre escribo sobre vos seguro te gustaría si el del pulóver verde y ahora veo tu nombre en la placa y me da una pena y aquí no tienen ningún dato tuyo salvo que eras de córdoba y estudiante de medicina pero yo quedé en enviarles mas información no solo tuya porque pregunté por otro compañeros y tampoco tenían ah y el lugar donde te mataron que yo es la primera vez que me entero seguro que lo sabía pero es la primera vez que me entero y así va a ser para siempre enterándome por primera vez de lo que ya sabía pero no importa porque por algo estoy vivo y ahora que estoy mas tranquilo que lindo día Flaqui como esos donde caminábamos de la mano y sentíamos que el futuro era nuestro y no sé como pudieron hacer algo tan tremendo estos hijo de puta pero que bueno estuvo haber intentado cambiar toda esta mierda te acordás de los chicos me morían desnutridos en el hospital y no le encontrábamos las venitas y teníamos que pincharlos hasta que algunos entraban en shock y que una vez se murió un paciente en el quirófano porque se habían terminado los tubos de oxígeno porque no le habían pagado al proveedor pero también viste estoy mas tranquilo ahora pero también como nos divertíamos las guitarreadas y el día a día con la idea de ser mejores y ese aire de libertad que respirábamos cuando sentíamos que ese era el camino para la liberación de la clase obrera y el pueblo y que lindo era querer ser mejores personas y vos hasta lo último seguiste cabezona insistiendo y yo egoísta te puteo y yo eterno enamorado te sigo queriendo y si Flaqui te puteo porque te extraño y te quiero porque a eso no hubo con que darle aunque yo quisiera porque si te olvidara y los olvidáramos me quedaría sin lo mas importante de mi propia vida esta historia que vivimos esta lucha que emprendimos por la alegría de vivir sabiendo que solo era para nosotros si lo hacíamos para todos chau Flaqui un beso nos estamos viendo.

Miguel Angel de Boer
Marzo 19 , de 2010.