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sábado, 19 de noviembre de 2022

El Autoritarismo (*) (**)

              Papi, necesito que me des plata para la cooperadora.

- Bueno...
- Pero... dámela ahora.
- Pero ahora no tengo...
- Me la tenés que dar sin falta.
- Pero... ¿por qué? - Porque si no la señorita nos reta...
- ¿Los reta? -... y ... si... nos dijo que pobre del que no venga mañana con la plata de la cooperadora...
(Este diálogo es una reproducción textual de un hecho real ocurrido en esta ciudad en el presente año entre un niño en edad escolar y su padre)
«Cuando oigo la palabra cultura llevo la mano al revólver»
Goebbels
Una aproximación.
Si partimos de la premisa de que la Salud Mental tiene que ver con una adecuada percepción de la realidad, en tanto de ese modo puede la misma ser modificada, podemos colegir que la enfermedad, la no-salud mental, se emparenta con una percepción inadecuada (se trate de la realidad interna o externa al sujeto). Esto conduce a una imposibilidad de transformación; es decir, a una adaptación pasiva.
La historia de un individuo no es ajena a la historia social y política, a la historia de la sociedad en la que vive. En nuestro país, los hechos históricos y los procesos sociales que los condicionan cursan con tal velocidad, que hace menos que imposible intentar una síntesis abarcadora que no deje de lado elementos importantes para su comprensión. No obstante, y a riesgo de un esquematismo pueril, podemos establecer como uno de sus jalones relevantes, el advenimiento del actual período democrático.
Para entender una situación determinada, es necesario remitirse a aquella de la cual surge como producto. Para ser más preciso: así como el ejercicio de la democracia se caracteriza por el grado de libertad que puede desplegar un individuo, una dictadura halla su fundamento en aquello que tiene que ver con la coartación de dicha libertad, el autoritarismo.
Autoritarismo: «principio de obediencia ciega a la autoridad como opuesto a la libertad individual de pensamientos y acción».
Ahora bien: el autoritarismo, ¿desaparece de «escena» de un modo espontáneo por el mero hecho de que se instaure un gobierno democrático? ¿o su operatividad, su internalización psíquica en los miembros de la sociedad sigue efectiva, siendo esa efectividad uno de los mayores escollos en el desarrollo de una auténtica vida en democracia? Si entendemos que la Salud Mental puede evolucionar en la medida en que la misma no sea obstaculizada por la coerción (cualquiera esta sea), bien podemos suponer que el autoritarismo frena su curso, lo trastoca, lo desequilibra, inhibiendo la adaptación fecunda del ser humano, enfermándolo.
Producida la apertura democrática, un respiro de alivio psíquico se propagó en la población. Años de represión, de terror y aún de guerra, «quedaban atrás», posibilitando una suerte de descompresión psico-afectiva que paulatinamente se fue transformando en un duelo depresivo en relación a lo vivido.
Aun así, y a poco de andar -a más de los intentos reales de retorno al pasado, como si ello fuera posible, los fracasos del actual gobierno (fundamentalmente a nivel económico) reenviaron a más de uno a la nostalgia autoritaria, provocando un estado de confusión debido a un inadecuado balance e integración entre los aspectos sanos (democráticos) y los enfermos (autoritarios).
En la medida en que los propios aspectos autoritarios ya no pudieron ser proyectados en el afuera -en el gobierno de facto- la toma de conciencia de los mismos sembraron desazón y desconcierto, en aquellos que accedieron a reconocerlos como inherentes a su persona, patentizándose crudamente sus efectos en la esfera personal, familiar y/o social. En otras palabras: ya no se trató de la vivencia de alivio producida por el fin del autoritarismo estatal, sino de ver qué tenía que ver cada uno para que aquello hubiera sido posible. Aciaga concientización de la interrelación individuo-sociedad, sujeto-cultura, ciudadano-país o como quiera denominarse a dicho proceso.
Surgen dos cuestiones: El autoritarismo no ha desaparecido y no cabe hablar de una democracia que se realiza plenamente.
Los gobernantes, ¿no son responsables, responden de y por el bienestar de la población que los ha elegido? ¿Qué los sitúa por «encima de los demás» -sus gobernados- para que, insidiosamente en unos casos, descaradamente en otros, puedan ejercer desde el lugar que ocupan, una relación que coloca a sus gobernados (precisamente los que posibilitaron su lugar de «privilegio») en un nivel de debilidad, de sometimiento, de inferioridad, de desprotección, en fin: de desigualdad frente a la «investidura» otorgada? Es este «desencajamiento», esta discordancia, uno de los modos manifestados por el autoritarismo en la democracia. Que se encarna ahora en aquél que -ya no por la fuerza-, sino de una manera «civilizada», «culta», «política», recurre al uso del poder que le da la potestad para practicar democráticamente, en la forma, un autoritarismo auténticamente puro en contenido. En donde el «yo soy más que vos porque tengo las armas» se ve sustituido por el «yo soy más que vos porque ocupo una función»; siendo los «menos», los «desiguales», los que eligieron con la expectativa de que sus necesidades y demandas pudieran ser satisfechas.
Ya se sabe que el Poder existe, que está en todas partes.
Que su expresión va más allá de una persona o una institución determinada. Que constantemente se produce y se reproduce, que circula y se distribuye. Ya se sabe que no somos todos iguales sino distintos, diferentes. Pero no es menos cierto que todos buscamos, deseamos, igualdad de oportunidades de acuerdo a nuestros intereses y capacidades, en pos de un pleno desarrollo afectivo e intelectual. Que anhelamos una democracia que merezca el nombre de tal. Con gobernantes, funcionarios o quienquiera ocupe un lugar o un rol de responsabilidad respecto a los demás, que ejerzan su poder -el que les cedimos- para beneficio de todos. Y si esto no fuera posible por difícil, algo debe quedar en claro: no se lo hemos brindado para ejercerlo contra nosotros o, lo que es su equivalente, para disponerlo a su único, personal y egoísta provecho.
Una descripción.
Sería erróneo suponer que el autoritarismo, verdadera «peste psíquica» de la humanidad, se manifiesta exclusivamente a nivel político. En todo caso es allí donde se expresa «públicamente», haciéndose, por lo tanto, más evidente. El autoritarismo es un fenómeno, si cabe el término, que abarca a la sociedad toda, de los modos más diversos y con las consecuencias más variadas.
A fin de que los lectores puedan sacar sus propias conclusiones, describiré las características más sobresalientes del autoritarismo, advirtiendo que cualquier semejanza real o ficticia debe tomarse como una mera coincidencia:
-El autoritario confunde autoridad con mando; es decir, la superioridad que deviene del lugar que ocupa por encima de las cualidades que le confieren respeto. Y «mando» implica imposición, una unidireccionalidad que no contempla los intereses del otro, del semejante.
- El «otro», por distinto, es vivido por el autoritarismo como una amenaza. De ahí que cualquier intento de diferenciación es peligroso. Así, la desobediencia (adora que lo obedezcan), el disenso y la crítica le resulten intolerables.
- Suponiendo que el lugar que ocupa le otorga poder sobre los demás (no importa cuál sea; el de padre, portero, funcionario, profesional o cuidador de una playa de estacionamiento), confunde sitio con atribución.
- Para él, no se trata de estar representando una función; él es la verdad misma. Y busca demostrarlo constantemente.
- Generaliza sus verdades parciales, haciendo de cada pensamiento una máxima; de cada idea, un mandato.
- Su intolerancia a los conflictos es absoluta, razón por la cual toda duda genera una angustia incontrolable. Todo es malo o bueno, blanco o negro. Su tendencia a calificar, a clasificar, a ponerle membrete a todo cuanto lo rodea, le impide un adecuado ajuste con la realidad.
- Inseguro y débil, busca reforzarse continuamente para ocultar su sentimiento interno de minusvalía. - Su tendencia a repetir frases hechas, a ser reiterativo, tornan casi imposible un intercambio de ideas, un diálogo de pensamientos distintos.
- Temeroso de los cambios, puesto que esto exige una nueva adaptación, todo lo que implica movilidad es fuente de sentimientos persecutorios. Hace un culto del pasado, odia el presente y aborrece el futuro.
- Vigilar, sospechar, controlar, son sus actitudes constantes. Nada debe escapar de sus manos. O de sus pensamientos. Todo lo que está fuera de control se torna temible. Y lo que no, es fuente de seguridad y de poder. Se trate de dinero, de expedientes (cuantos más sellos mejor), o de la salida de sus hijos.
- Su apego a las normas es incondicional. Ama los rituales, las formalidades, lo que debe ser.
- Incapaz de percibir adecuadamente sus propias necesidades afectivas o emocionales, ignora o demuestra un total desinterés por las necesidades ajenas, tomando como parámetro únicamente los aspectos superficiales de los hechos. Por ejemplo: es más importante que un hijo coma con buenos modales a saber si tiene hambre o disfruta de la comida; si un niño tiene necesidad de orinar es prioritario que lo haga en el recreo, cuando corresponde, a que sufra por no poder hacerlo cuando lo desea. El autoritario se embelesa con las formas; le importa «cómo» y no «qué». Así, es importante para él vestirse bien, hablar como corresponde, sentarse correctamente, hacer la fila ordenadamente. No importa la finalidad.
- En cuanta ocasión se le presenta ejercita su «superioridad» sobre los demás. Asimismo, es incapaz de cuestionar las investiduras o jerarquías. Porque el autoritario es un ser profundamente dependiente. Sus tendencias sadomasoquistas lo impulsan siempre a depender de una fuerza externa superior que le dé sentido a su insignificancia interior o bien desplegar su supuesta omnipotencia sobre quienes considera inferiores a él.
- Su temor a la soledad es intenso y su incapacidad de relacionarse profundamente de tal magnitud, que siempre está atento a las situaciones que le confieren importancia (la que no puede sentir por sí mismo).
- Los sentimientos de celos, posesión y envidia pueden llevarlo al ejercicio de la crueldad más extrema cuando la misma se ve posibilitada (y que suele recrear en sus fantasías).
- Prisionero de una permanente omnipotencia, todo aquello que no coincide con sus deseos o pensamientos lo desborda, se trate de que se suspenda su programa favorito de televisión o de que alguien no esté de acuerdo con sus opiniones.
- En realidad, le angustia pensar. Está incapacitado para hacerlo creativamente. Sus diálogos son monólogos y sus sugerencias son órdenes. Quien no está de acuerdo con él es menos inteligente, no lo comprende o directamente es un enemigo.
- Su imposibilidad de encontrase consigo mismo, de reflexionar, de aceptar sus propias contradicciones lo llevan a una actividad corporal -la acción- continua. De donde deviene una compulsiva necesidad de despliegue físico. Debe moverse para no pensar. Los esfuerzos físicos tienen el valor de una descarga -de sus ansiedades- y de una demostración de sus habilidades y destrezas. Jamás de la búsqueda de placer o de distracción. Corre, porque le «hace» bien, juega para ganar. El desafío a lo que siente como su propia debilidad anula su capacidad de gratificación. Siempre se está probando, rindiendo examen, demostrando algo. La alegría está en la «superación», no en el simple hecho de divertirse. Su cuerpo es un instrumento y la disposición al sacrificio, su meta cotidiana. Hace del sufrimiento la virtud más elogiable.
- Todo tiene que tener un sentido, a todo subyace una especulación. Hasta en las actitudes aparentemente más desinteresadas hay un interés solapado. Ayuda para que reconozcan su bondad, se sonríe para que lo consideren simpático.
- El autoritario es un adicto a la aprobación de los demás; su vida gira en torno a la aprobación de los demás, tal la pobreza de su autoestima.
- De pensamientos e ideas rígidas e inflexibles, interpreta al mundo en términos de pares antitéticos: sometedor-sometido, superior-inferior, fuerte-débil; siempre ubicándose y ubicando a los demás en alguno de los polos. De allí su admiración y sumisión a todo lo que simbolice superioridad, fortaleza, y su desprecio a lo que considera débil, inferior. Su arrogancia es la máscara de su desvalorización. Incapaz de reconocer sus dificultades, se auto-exige y exige de los demás un perfeccionismo que no tiene límites.
- Su agresión, producto de innumerables frustraciones, está bajo permanente control; presta a estallar en cualquier circunstancia que se le presente. El sentimiento de frustración hace del autoritario un quejoso y un resentido. Todo le iría mejor si no fuera por culpa de los demás, del país o del mundo. Y ese sentimiento impregna todas sus actitudes impidiéndole el logro de sus objetivos. Por supuesto que cuando algo le sale bien esto se debe exclusivamente a su propia capacidad y esfuerzo; nunca a la ayuda o colaboración ajena. Ignora lo que es el sentimiento de gratitud, no le debe nada a nadie y en cambio, todos están en deuda con él.
-Sintiéndose el eje del mundo y del universo, su proyección apocalíptica condiciona su existencia. Nada es confiable, siempre existen los peros. Quiere todo o nada.
- Desconoce el placer, desde el más simple hasta el más profundo. Incapaz de sentir íntegramente y de amar auténticamente, su sexualidad es mecánica y compulsiva. El autoritario ama que lo amen, estima que lo idealicen y su narcicismo crece en la medida en que lo hace sentirse único, infalible.
- Detesta lo que no entiende y abomina lo que no posee, fundamentalmente en el plano afectivo; razón por la que desprecia todo lo que tiene que ver con los sentimientos. De ahí la discordancia entre su sensiblería por lo intrascendente y su frialdad para los hechos de real importancia afectiva.
- Signado por el temor a la independencia; excluido de la posibilidad de construir su propia historia, destruye su vida día a día, sosteniendo caricaturescamente una identidad que no le pertenece y de la cual no logra apropiarse para su felicidad.
Esta descripción no pretende agotar el tema propuesto ni mucho menos. Si es de utilidad para que quien acceda a su lectura, recapacite y reflexione, habrá cumplido su objetivo.
Final.
Hace ya algunos años se realizó una experiencia que consistió en que distintas personas tomadas al azar, pudieran manipular una perilla con distintos voltajes a fin de provocar una descarga eléctrica en un sujeto colocado en una silla a tal fin, al cual observaban a través de una cámara. La gran mayoría elevó el voltaje hasta la zona de peligro de muerte. Un número menor desechó la experiencia antes de llegar a la zona crítica. Fue excepcional el caso de quien directamente se negó a participar. Todos ignoraban que se trataba de una simulación
No hay ninguna relación humana que no pase a través de la cuestión de poder.
El problema es cierto, está en quien manda, pero no menos en quien obedece. No hay sometedor sin sometido. El sustrato, la argamasa es el autoritarismo que, como actitud psíquica, no es monopolio de nadie. Atravesando a la sociedad en su conjunto, nos atraviesa a nosotros mismos, convirtiéndose en el principal impedimento para un desarrollo verdadero en tolerancia y libertad.
Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Agosto de 1988.
(*) Presentado en el II Encuentro Argentino de Psiquiatras, organizado por la Asociación de Psiquiatras Argentinos en San Juan, en abril de 1989
(**) Publicado en “Desarraigo y Depresión en Comodoro Rivadavia (y otros textos) en sus 3 Ediciones (agotadas)

jueves, 22 de septiembre de 2022

¿Y los drogadictos? (*)

 

En el mes de noviembre de 1987 el médico psiquiatra Miguel Ángel de Boer realizó un trabajo sobre la drogadicción en Comodoro Rivadavia. Por razones varias su publicación se fue posponiendo. Hoy, al reactualizarse el tema con el joven internado en el Hospital Regional «Manuel Sanguinetti», que, por utilizar drogas inyectables, habría contraído el SIDA, «El Patagónico» considera oportuna su publicación. Cabe destacar que el Dr. Miguel Ángel de Boer es especialista en el tratamiento de drogadictos.    

 

No hace mucho tiempo irrumpió en nuestra ciudad, como nunca antes había ocurrido, una movilizadora preocupación respecto al problema de la drogadicción. Surgieron así, diversas inquietudes que generaron marcadas expectativas y no pocas ansiedades. Pasada la oleada de priorización del tema, un paulatino «olvido» fue ganando terreno y salvo elogiables excepciones de continuidad, la comunidad en su conjunto (y las autoridades pertinentes) optó por la apatía y el desentendimiento. Por el contrario, los interesados directos -adictos o droga dependientes- lejos de desaparecer, siguen librados a su «suerte», sin que se avizoren respuestas adecuadas a la magnitud del problema.

Las demandas de atención siguen un curso ascendente y, según las informaciones, el consumo continúa incrementándose; asimismo, la variedad del tipo de drogas utilizadas. Es decir: el problema está lejos de ser resuelto, pues no bastan las buenas intenciones para que el mismo se disipe mágicamente.

Una aproximación.

Cualquier intento de agotar globalmente el problema de la drogadicción corre el riesgo de ser parcial, dada la complejidad del mismo. Pues distintos enfoques contribuyen a explicar la problemática que nos ocupa desde ángulos diferentes, sin que esto implique que sean excluyentes. Ante la pregunta ¿qué es la drogadicción?, las respuestas pueden ser tan diversas como complementarias, todas igualmente válidas en función de dar cuenta de una resolución efectiva. Pues bien, podemos responder que la drogadicción es una enfermedad producto de un desajuste emocional o afectivo, caracterizada por la dependencia psíquica y física hacia una o varias drogas, como asimismo que la drogadicción es el producto de resultar uno de los negocios más redituables existentes en el mundo actual (200 mil millones de dólares se mueven en torno al comercio de la droga en nuestro planeta). Respecto a lo antes expuesto, no cabe duda que, si la salud mental pudiera ser adecuadamente promovida, el problema declinaría. El efecto sería similar si el negocio dejara de ser tal. Ahora bien: ¿Los problemas existentes en la juventud actual (sector predominantemente afectado) se deben al uso de las drogas o el uso de las drogas deviene de la conflictiva que deben enfrentar nuestros jóvenes en el mundo actual? Evidentemente ambas respuestas no son sino las dos caras de la misma moneda y acentuar una u otra implica falsear la realidad del fenómeno.

Drogadicción y drogadictos.

Como en toda cuestión espinosa, las respuestas generalizadoras son las que pretenden, en pos de disminuir el monto de ansiedad que la impotencia promueve, imponerse ilusoriamente como verdades absolutas. Hago esta salvedad, porque si bien podemos hablar en términos generales de la drogadicción (con el objeto de brindar información) debemos prever el riesgo de perder de vista a los verdaderos afectados; es decir, al ser individual, particular que padece el sufrimiento de su patológico estado.

En este sentido, cada vez que alguien me plantea hablar acerca de los drogadictos, siempre me veo tentado de responder: ¿Cuál drogadicto? Esto viene a colación porque entiendo que uno de los peligros que se corren al abordar el tema es el de englobar indiscriminadamente bajo el rótulo de adictos, a seres humanos que, por su condición de tales, se caracterizan por su originalidad y las más de las veces, dicha drogadicción favorece una de las características más contraproducente en la solución del problema; esto es, la marginación. Por medio de ésta, la sociedad en su conjunto, promueve y fortalece el estereotipo del «adicto», buscando desconocerlo como producto de la misma y colocando fantásticamente en él todos los atributos negativos de los que no puede o no quiere hacerse cargo como modo de mantenerse intacta, sana, en la medida en que la línea de demarcación (totalmente física) puede ser sostenida.

Así, por un lado, están los drogadictos, enfermos, vagos, sucios, deshonestos, perversos, viciosos (¿ qué adjetivos les cabría a los narcotraficantes?) y por el otro los que no lo son, en un afán omnipotente de evitar confusiones contaminantes y de encontrar «chivos expiatorios» para un problema que es del conjunto. Porque la existencia de la drogadicción es el emergente de una sociedad conflictiva. Como lo es la delincuencia, el alcoholismo o cualquier hecho cuya repercusión se proyecta en la sociedad de la que es a su vez el producto. Y es con este tipo de caracterizaciones que las dificultades se agravan, pues mal que nos pese, todos estamos involucrados, sea desde el punto de vista profesional, moral, ético, religioso, político y no es ni con el rechazo, la negación o con imaginarias «extirpaciones quirúrgicas» que las vamos a resolver, sino a través de un compromiso activo -en el ámbito y el rol que a cada uno le compete- que podremos encararlas eficazmente.

 

Dr. Miguel Angel de Boer

Médico Psiquiatra - Psicoterapeuta

 

(*) Publicado en diario “El Patagónico” de Comodoro Rivadavia y en el libro “Desarraigo y Depresión en Comodoro Rivadavia (y otros textos) – 3 Ediciones agotadas.

sábado, 24 de agosto de 2019

La desocupación (algunas de sus consecuencias)


  
5 Historias 5: Un hombre, una mujer, un joven, una anciana y un niño.

1-      Un hombre.

- Tengo una duda tremenda debido a un ofrecimiento que me hicieron...y bueno...quisiera saber que pensás. Resulta que tengo la posibilidad de vender drogas. Tengo que juntar una suma equis de dinero y si la vendo ganaría como diez veces más, un negocio. Pero no sé ...yo nunca anduve en esas y tengo miedo que me pase algo.
- Pero además, por lo que yo sé, siempre fuiste un tipo honesto y tenés un criterio ético acerca de ese tipo de cosas.
- Por eso quería hablarlo con vos, aunque sabía que me ibas a decir eso. Pero vos sabés, me estoy por quedar sin trabajo...me estoy volviendo loco... ¿Qué va a ser de mis hijos?... Si ya la plata no me alcanza…
- Me doy cuenta que la situación es muy difícil, pero también vas a tener que pensar que va a ser de tus hijos si te convertís en un delincuente.
- Yo...creo que no lo voy a hacer pero estoy desesperado...No quiero ser un mal padre...pero no sé que voy a hacer si me quedo sin trabajo...estoy muy mal...

2-      Una mujer

- Todo este tiempo que dejé de verlo anduve muy bien doctor, con algunas dificultades pero pude salir adelante hasta ahora, por eso vine a consultarlo. Ud. sabe que soy una mujer honesta que a pesar de todo hice lo mejor por mi familia. Mis hijos se han criado bien dentro de todo y les brindé cariño y atención, son excelentes personas. Pero ahora...las cosas así ...no puedo quedarme sin hacer nada...
- Supongo que se refiere a la situación económica
- Sí, no sólo que no mejoró, estamos cada vez peor. Nos ayudan mis padres que ya están jubilados... imagínese... Bueno por eso quería consultarlo...esto que le voy a decir no lo puedo hablar con nadie. Mire...siento mucha vergüenza por lo que estoy por hacer, pero ya no nos alcanza para vivir .Uno de mis hijos está estudiando en la Universidad y si seguimos así se va a tener que volver.
- ¿Qué piensa hacer?
- Soy una mujer atractiva todavía...bueno...me han ofrecido dinero...
- ¿Está ejerciendo la prostitución?
- (llorando) ...pensar que siempre me jacté de mi moral, soy cristiana. Nunca fui una mala mujer...
- Lo sé. Pero muchas personas sienten que el hambre y la falta de recursos es algo peor, más aún si tienen hijos.
- Ud. no debe estar de acuerdo que haga algo así. Por favor no me juzgue, sólo quiero que me escuche...

3- Un joven

- Estoy mejor, menos deprimido. Por lo menos duermo mejor y no tengo ganas de matarme. Ahora tengo que ver como hago para irme de mi casa, porque así no puedo estudiar, no puedo hacer nada.
- Contame.
- Es un quilombo. Mi vieja se la pasa llorando todo el día, se levanta para hacer de comer y se vuelve a acostar. Mi hermano más chico no estudia, va al colegio cuando quiere, no la da bola a nadie. Yo creo que debe andar en la falopa o algo de eso. Vuelve a la hora que se le canta, trata de no estar nunca en casa.
- ¿Y tu papá?
- ¿Mi viejo?... un desastre. Anda de un lado para otro. Dice que se va a arreglar todo, que hay que tener paciencia. Es un boludo, siempre fue un boludo, un fracasado. A mí no me va a pasar lo mismo...
En casa no lo bancamos. No existe. El otro día no sé que me dijo y le pegué un empujón...si se hacía el pesado le metía una piña. Lo odio.
- Pero ¿Desde cuándo están así las cosas? No creo que haya sido siempre así...
- No... no fue siempre así... Se despelotó todo después del retiro... tuvo un preinfarto o no sé qué en el corazón y quedó hecho un pelotudo... Además se le dio por chupar...es un imbécil...
- ¿Qué retiro?
- ¿No te conté? Pidió el retiro en la empresa... Bueno ...antes de eso ya andaba medio loco...pero después en mi casa se fue todo a la mierda...Yo me tengo que ir lo antes posible de ahí... si no voy a matar a alguien o voy a terminar amasijándome... No me quiero volver a deprimir....

3-      Una anciana

- He vivido muchas cosas... Sobreviví a tantas cosas terribles... y ahora que soy una vieja tengo que pasar por todo esto...La vida así...mejor morir...
- A pesar de todo la veo mejor.
- Sí estoy mejor. Ahora no sufro tanto. Pero eso quería decirle...no quiero seguir sufriendo... ¿a ud no le parece que tengo derecho?
- Por supuesto.
- Por eso...como no me queda más plata este mes ya tomé una decisión...
- ¿Cuál?
- ¿Vio que yo tengo que tomar los remedios por mi problema cardíaco?....bueno... en mi casa ya no tenemos plata, así que voy a comprar nada más que los remedios para la depresión ...prefiero morir del corazón que estar como estaba... no quiero seguir sufriendo.... ud. me entiende doctor ¿no?...

5- Un niño
- En mi casa dicen que estoy enfermo...y que soy malo porque no estudio y no hago caso...Siempre hago alguna macana...yo pienso que tienen razón...Es que no sé que hacer y entonces rompo algo o los hago enojar...
-¿A quiénes?
- A mi papá, a mi mamá ... a todos...Pero a mi también me joden. Todos me pegan...por cualquier cosa...como tengo fuerza me agarran entre todos y me pegan...
- ¿Cómo... entre todos?
- Sí, me agarra mi hermana y mi mamá y viene mi papá y me pega... Mire como tengo...aquí me pegó ( muestra una marca en la espalda).... A veces mi papá le pega a mi mamá y ella me pega a mí...
- ¿Y vos que hacés?
- Nada... ya no lloro... pero estoy esperando a ser grande... Ya me voy a vengar...
- ¿Y qué les pasa que están así?
- No sé... antes no pasaba...cuando mi papá tenía el otro trabajo... Ahora se va a la seis de la mañana y vuelve como a las diez de la noche... y mi mamá también tiene que trabajar...Yo estoy solo todo el día...Y los fines de semana mi papá duerme todo el día... En el trabajo le dicen que si no le gusta que se vaya...A mí me da lástima (llora)... él antes era bueno... ahora anda siempre enojado... y siempre nos está diciendo a todos: al que no le gusta ya sabe lo que puede hacer...y nos muestra la puerta... Antes nos asustábamos...ahora no le damos bolilla total después se le pasa... A mí me tiene podrido que me peguen...pero a lo mejor es porque estoy enfermo y soy malo...

Cinco 5 historias (¿ficticias?) que tienen un nexo común: la desocupación y el temor a la miseria atravesando impiadosamente la vida de tantos seres humanos.
Cualquier semejanza con un hecho real es pura coincidencia

Dr. Miguel Angel de Boer



"LA DESOCUPACION: ALGUNAS DE SUS CONSECUENCIAS"

I- Breve introducción.

Los años venideros darán cuenta de si el cambio que se está viviendo en el mundo corresponde al colapso de la modernidad, o es un proceso del cual emergerá una instancia superadora de la misma.
Lo cierto es que nuevas condiciones políticas, económicas y tecnológicas han modificado a la sociedad de un modo impensable en cuanto a su magnitud y vertiginosidad.
La globalización de la economía con el consiguiente desdibujamiento territorial, es decir la transnacionalización; la aceleración del cambio tecnológico con el auge de la informática y su impacto en la comunicación; el predominio de la racionalidad del mercado en desmedro de la intervención del Estado como mediador de los distintos intereses sectoriales ( privatización) ; la descentralización del ser humano como sujeto prioritario del acontecer histórico; han condicionado una situación de precariedad en la vida cotidiana que se patentiza en una cada vez más aguda fragmentación social, con impactos múltiples a distintos niveles.
El culto al consumismo, la oferta ilimitada de la diversidad ("el imperio de lo efímero", donde todo lo que aparece ya es obsoleto), la pérdida de hegemonía del saber y el conocimiento, la transformación de los roles familiares y sociales, la modificación de las costumbres, están produciendo un cambio en la percepción de la realidad tal cual era captada hasta hace muy poco tiempo.
La sociedad pareciera estar decidida a mostrarse en toda su desnudez, tanto en su capacidad de desarrollo y evolución, como en el grado de injusticia e inequidad a la cual está dispuesta en función de la lógica del rendimiento.
Nunca se ha puesto tan en evidencia la ilimitada inteligencia del ser humano, como nunca se expusieron de un modo tan desenmascarado las desigualdades y las miserias.
Todo lo cual conlleva una vivencia de incertidumbre que derrumba los sentimientos de seguridad, vulnera los proyectos colectivos, dejando inerme a la gran mayoría ante una realidad cada vez más compleja, donde las expectativas se ven frustradas permanentemente, generando la pérdida de referentes indispensables para la cohesión individual y social con la consiguiente desorientación y confusión.
Ya nada es como era, y lo que es va cambiando permanentemente. La realidad se ha hecho más irreal en algún sentido y mucho más real (hiperreal) en otro. Todo es posible y todo es imposible. Se ha anunciado que sería posible superar la velocidad de la luz. Podemos presenciar cualquier acontecimiento que ocurre en cualquier lugar del mundo al instante, a la vez que no sabemos qu{e va a ser de nuestras vidas la semana próxima. El mundo se encuentra al alcance de todos (¿de todos?) aunque a muchos ya no les "alcance" el dinero para comer. Los llamados "chicos de la calle" manejan con habilidad juegos electrónicos que la mayoría de los adultos sienten como inaccesibles, y es de esperar que muy pronto se difundan a nivel masivo los juegos de realidad virtual. En muy poco tiempo los mecánicos que no conozcan computación no sabrán que hacer con los vehículos que salen al mercado. Los jóvenes no saben qué estudios seguir (los que pueden) porque las posibilidades de sobrevivencia a través de una profesión se ven acotadas. Ser comerciante o empresario no garantiza un futuro de bienestar económico. Las profesiones liberales no son reaseguro de nada. Las relaciones de dependencia tampoco.
Los pocos beneficiados ostentan sus privilegios sin ningún pudor, y los marginados comienzan a exteriorizar su malestar de múltiples maneras.
La democracia como sistema de gobierno parece haberse fortalecido. La dificultad radica en qué hacer con ella, para poder articular un proyecto que beneficie a la sociedad, esto es: que el crecimiento económico no se produzca a expensas de la justicia social.
Y dentro de los múltiples problemas que se deben resolver, se destaca una nefasta consecuencia de los cambios que se están produciendo y que se ha transformado en un emergente social que se agrava día a día: la desocupación.

II- Algunas precisiones.

El ser humano no adquiere su condición de tal únicamente por su condición biológica. Esto es: el cuerpo anatómico se humaniza en tanto adquiere una identidad, la cual se construye a través de (y lo enraíza en) la cultura. Y en ese recorrido de lo biológico a lo social deviene como un ser trascendente con conciencia de si mismo y para los demás.
De modo que el lugar que ocupa una persona en el medio social al que pertenece, es un elemento determinante de su constitución como tal, en tanto factor de sostén y de integración, sin el cual queda marginado y excluido como actor o agente social, queda desarraigado.
Un des-ocupado es alguien que ha dejado de ocupar su lugar. Lo ha perdido. Perdiendo no sólo un marco de referencia temporo-espacial, sino los atributos inherentes al mismo, tanto desde el punto de vista subjetivo (para sí mismo) como en relación a su contexto. Existimos en tanto seres vivos, pero somos en la medida que podemos expresar y desarrollar socialmente nuestra personalidad. En este sentido ser un desocupado equivale a un ser-a-medias o a un no-ser (en tanto vivencia de incompletud).
Es decir que el trabajo no sólo sirve para hacer dinero (hay muchos otros modos de poder lograrlo), sino que brinda la posibilidad de orientar los componentes vitales hacia fines sociales (entre ellos las pulsiones agresivas). Y con esto no me estoy refiriendo al trabajo en sí mismo, sino a aquel que contempla las necesidades y las capacidades, es decir al trabajo digno y no al que suele enmascarar las más crueles formas de explotación y denigración humanas o al que se utiliza para ocultar lo que en realidad no es sino parasitismo y corrupción.
De modo que quedar desocupado implica quedar afuera, al margen de las posibilidades, no sólo del progreso o la mera sobrevivencia, sino de la inserción social misma, en la medida en que la improductividad - en una sociedad que hace de la eficiencia y la capacidad de consumo valores de reconocimiento- estigmatiza (señala) a quien no trabaja como alguien que ha "fallado" en cuanto a responder a los mandatos que esta misma sociedad le ha impuesto, y que están interiorizados en tanto mandatos culturales.
Esto significa que todo aquél que ha perdido su fuente laboral vive tal situación como un fracaso personal (por más que la misma sea producto de un proceso socio-económico), generándose numerosos conflictos que se expresan a nivel individual, familiar y social.

III- Consecuencias

A la luz de la experiencia que hemos tenido oportunidad de vivir hasta el momento se pueden considerar tres etapas (a los fines descriptivos) respecto a la desocupación:
l) la amenaza de quedar desocupado 2) el momento en que se produce la desocupación y 3) la situación de ser un desocupado.

l) La amenaza

Esta etapa - que hoy por hoy vive la mayoría de la población- se caracteriza por una serie de mecanismos que entran en juego con la finalidad de atemperar o conjurar la idea de que tal situación pueda llegar a producirse.
Las fantasías tienen un carácter mágico y su sustrato común es la idea de que "a mí no me va a pasar" o "a mí no me puede pasar". Racionalizaciones tales como: "con los años que llevo no creo que me despidan", " soy joven pero efectivo", van adecuándose según la situación de peligro va avanzando (despido de compañeros de trabajo, anuncio de reestructuraciones, etc.). En el caso de las empresas estatales (como YPF) el conjuro estaba sustentado en hechos como la supuesta seguridad que brindaban ciertos cargos jerárquicos o el "manejo de la información" que circulaba a través de una intensa y confusa campaña de rumores; argumentos emocionales tales como: "con todo lo que le dí a la empresa no me puede hacer esto" o francamente místicos: "no he hecho nada para que Dios me castigue de esa manera".
Los intentos de negar o desmentir la posibilidad del desempleo se van tornando con el tiempo cada vez más ineficaces, lo cual se pone de manifiesto en un incremento constante de la ansiedad, trastornos del humor, dificultades a nivel familiar con un bajo nivel de tolerancia y aumento de la agresión, incremento del consumo de alcohol y/o psicofármacos, con un paulatino estado depresivo (cansancio, pérdida de interés, dificultades de memoria y concentración, trastornos del sueño, etc, acompañado por lo general de fantasías catastróficas), donde no son infrecuentes los ataques de pánico (súbito temor a morir acompañado por sensaciones que semejan una crisis cardíaca, con mareos, palpitaciones, etc), diversas manifestaciones psicosomáticas ( hipertensión. gastritis, asma, problemas de piel) y afecciones compatibles con un elevado nivel de estrés tales como las crisis hipertensivas, los infartos y los accidentes cerebro-vasculares. Desórdenes todos compatibles con la sobreadaptación a la que se debe hacer frente.
La situación repercute a nivel familiar con las consecuentes dificultades de pareja (disputas de diversa índole, disfunciones sexuales, etc.) y diversos trastornos en los hijos: de conducta, de aprendizaje, alimentarios, psicosomáticos, etc. (los niños y los adolescentes por su vulnerabilidad suelen ser los primeros en acusar el impacto).
En el caso de las personas que no están en relación de dependencia las consecuencias no son muy distintas, salvo el desasosiego debido a la carga que implica la autonomía y la consiguiente autoresponsabilidad en los resultados de la posible catástrofe.

2) El despido.

Es vivenciado en un primer momento como el fin de una larga agonía, con el consiguiente alivio inicial respecto de una situación psicológicamente insoportable. "Ya voy a ver qu{e hago", " ya no aguantaba más" son algunas de las expresiones más frecuentes. Vivencias de este tipo aceleraron la decisión de muchos (sumado a la intensa presión psicológica a la que se vieron expuestos) a aceptar los retiros "voluntarios", como modo de acelerar el cese del sufrimiento. El alivio suele ir acompañado de cierta euforia (contracara de la depresión subyacente) respecto a las posibilidades de hacer algo "distinto", que se expresa en ideas como: "voy a trabajar por mi cuenta", "al fin y al cabo el trabajo ya me tenía podrido, "ya no voy a tener que bancar más a los del laburo", "con las relaciones que tengo, seguro que algo consigo", etc.
Alivio y euforia que luego van cediendo ante las dificultades que se van presentando para lograr los objetivos propuestos, con lo que la esperanza va disolviéndose para dar lugar a sentimientos de impotencia, de autodesvalorización, en fin, de intensa frustración y desasosiego.
En general el grupo de pertenencia (familia, pareja) - que un comienzo actúa solidariamente - va reaccionando frente a la nueva situación con actitudes de reproche y resentimiento hacia el desocupado, produciéndose una disgregación en los vínculos de cohesión, lo cual produce un reforzamiento del sentimiento de marginación. El tiempo ocioso forzado, con los consiguientes cambios en los ritmos cotidianos, son fuente de fricciones que van incrementándose con el tiempo, modificándose sustancialmente la valoración del rol que desempeñaba en el grupo familiar quien era - hasta ese momento- la base del sustento económico del mismo. Lo cual acrecienta el temor y la sensación de peligro del desocupado, puesto que a la marginación laboral se suma la marginación en el seno de la familia, es decir, se instala la amenaza de la pérdida del soporte y continente afectivo y emocional.
En esta etapa suelen aparecer en forma súbita - o se acentúan - las patologías enumeradas en la etapa anterior, destacándose la intensificación de la violencia, los conflictos de pareja (separaciones), los desórdenes en los hijos (quienes comienzan a descalificar al desocupado, quien es visualizado - ahora - como el responsable de la frustración de sus necesidades y de su desprotección). Los estados depresivos se instalan en toda su magnitud, del mismo modo que el uso de distintas sustancias, como modo de evadir tan penosas circunstancias.
En definitiva, la sensación de aislamiento es cada vez mayor, y al empobrecimiento económico se suma el empobrecimiento de la propia identidad, la cual se ve convulsionada por una verdadera crisis.

3) El post-despido.

Paulatinamente tanto el desocupado como el grupo familiar, van adecuándose a la situación, es decir, toman plena conciencia de su estado y sus consecuencias, frente al cual dos son las actitudes que se adoptan más frecuentemente:
a) La reorientación del grupo: con el reordenamiento de los roles, la intensificación de la solidaridad entre los miembros, la búsqueda de readaptación creativa a través del diálogo y el rescate de los lazos afectivos. En muchos casos se produce una ampliación de los vínculos en la red familiar (búsqueda de apoyo en parientes), como asimismo en el ámbito social de pertenencia (asociaciones, vecinos, etc.). En definitiva, se opta por el acercamiento y la confraternidad como modo de atemperar el impacto, lo cual se expresa a través de una participación social y cultural con predominio de los sentimientos de solidaridad y cooperación. Esta actitud posibilita una resignificación que abre las puertas a la búsqueda de alternativas de solución tanto individuales como colectivas (ó mejor dicho: donde los intereses colectivos no se viven como opuestos a los intereses individuales), por lo que ni el desocupado ni el grupo familiar quedan aislados de su entorno, lo cual permite la transmisión y el uso de la experiencia (y cultura) acumulada.
b) La cronificación del desajuste y el deterioro: en cuyo caso predominan la dispersión familiar, la resignación paralizante, el individualismo (cada uno se "arregla por su cuenta"), cuando no directamente la destructividad en sus manifestaciones más primitivas. La violencia, el desapego y la renuncia a las responsabilidades, generan situaciones que suelen ser irreversibles: tal el caso del suicidio, la agresión física descontrolada o el abandono de los más débiles (enfermos, niños y ancianos). La confusión gana terreno produciéndose una verdadera pérdida del sentido de realidad. La frustración y la agresión se suelen expresar en esta etapa a través de diversas patologías tanto a nivel psicológico como somático (los desórdenes de estrés post-traumático, las enfermedades cardiovasculares y psicosomáticas, los trastornos de ansiedad, la depresión, el cáncer, se ven incrementados), con lo cual se agrava aún más la situación económica, favoreciendo la aparición de conductas antisociales o delictivas.
Con la vivencia de que "no hay nada que hacer", de que "todo está perdido" y de que "ya nada importa", la agresión desborda el ámbito familiar para trasladarse al ámbito social (cualquier motivo se torna válido para expresar la violencia contenida).
La pérdida absoluta de expectativas, la desesperanza y el escepticismo socavan el psiquismo, naturalizándose así conductas denigratorias de la condición humana con la transgresión de las más elementales pautas de convivencia.
Todos están dispuestos a cualquier cosa con tal de "zafar", tanto del hostigamiento externo como del desequilibrio interno, "huida" que - por imposible - produce situaciones cada vez más complejas.

IV- Conclusiones.
De modo alguno he pretendido agotar con el presente las innumerables consecuencias de un problema tan complejo como es el de la desocupación. Trabajo que compete al ámbito de distintas disciplinas e investigadores. Mas no por complejo debemos eludir su reconocimiento y los modos de poder resolverlo.
No comparto el concepto de que se trata de un flagelo, pretendiendo con este eufemismo simplificar las causas que lo promueven. La economía de mercado - tal cual se ha implementado hasta el momento - ha traído aparejado una progresiva exclusión social, donde los "beneficiados" son cada vez menos. En la medida que no se promuevan soluciones genuinas, los efectos seguirán produciéndose inexorablemente. Los estallidos sociales que se presentan cada vez con mayor frecuencia son prueba de ello.
El asedio de la miseria y la pobreza generan un sentimiento de orfandad y de incertidumbre que llevan a la desesperación y al desdibujamiento de las expectativas. Se han globalizado la desilusión y el desencanto.
La exaltación de la ecuación costo-beneficio en desmedro de las necesidades de distintos sectores sociales vulnera los lazos de pertenencia y fractura los bases de arraigo a la comunidad.
La fragmentación familiar y la atomización social son el campo fértil para el surgimiento de la violencia en sus distintas manifestaciones. (hasta no sería improbable un resurgimiento de cuño mesiánico que pretenda "cambiar "el curso de la historia )
La deserción del Estado en su función de mediador para el logro del bien común ( que se patentiza en su desentendimiento en ámbitos como la salud y la educación) en conjunción con la reconversión que afronta el sector privado, sigue posibilitando la inequidad y la desigualdad de oportunidades, con el agravante de la declinación de valores éticos y morales sustentados en el afán de lucro y de poder, o en pos de la mera subsistencia (empleados "noquis", funcionarios supernumerarios, élites a nivel dirigencial estudiantil y académico en las Universidades haciendo su negocio particular, es decir: burocracia administrativa, política y pedagógica, que contribuyen así a fortalecer la idea acerca de la ineficiencia y la incredibilidad en las instituciones estatales, etc).(·)
La complejización de la realidad incrementa la vivencia de imprevisibilidad frente a la cual no caben soluciones simples. En ese sentido el problema de la desocupación afecta al conjunto de la sociedad y la única salida posible estará dada por la conjunción de esfuerzos de la sociedad en su conjunto.
Cabe señalar que entiendo que no es la desocupación el factor único y excluyente de todos los efectos que he señalado en el presente trabajo (puesto que cualquier patología es consecuencia de múltiples factores, y no toda persona que atraviesa esta situación necesariamente ha de enfermarse), pero es indudablemente en este momento, el más relevante. Con esto quiero significar que no sólo generando fuentes de trabajo es que se va a mejorar linealmente la salud mental de la población, pero sin lugar a dudas contribuirá a acrecentar la misma de un modo notable.

Dr. Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Agosto 1995
(·) El Ministro de Economía (Domingo Cavallo) acaba de reconocer públicamente la existencia de bolsones de corrupción a distintos niveles gubernamentales ( "mafias").

(·) Seleccionado como el mejor Trabajo Libre presentado en las II Jornadas Atlánticas de Psiquiatría, organizado por la Sociedad de Psiquiatría y Psicología Médica de Mar del Plata y la Sociedad de Psiquiatría de La Plata, realizadas entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre de 1996.


domingo, 30 de marzo de 2014

Entrevista sobre violencia realizada por Diario El Patagónico (Comodoro Rivadavia)

En el último lustro hubo 154 homicidios en Comodoro Rivadavia. Con un promedio de 30 homicidios por año. Duplicando y hasta triplicando la media nacional de homicidios.
Durante el 2013 la mayoría ha sido en ajuste de cuentas, entre personas o grupos con diferencias.
También hubo homicidios en ocasión de robo en los que los asesinos salieron impunes. Las marchas de justicia colmaron la ciudad. Y el asesinato de la niña Yasmin Chacoma con violación y estrangulamiento, fue el resumen de la violencia inusitada que vive la ciudad en estos tiempos.

Como analiza la situación desde el campo de sus conocimientos?
Cabe aclarar que la violencia destructiva,  es decir la agresividad cuyo objetivo es el daño, que es la que nos ocupa,  no es un problema en sí mismo (1),  dado que es la expresión de un sinnúmero de factores que intervienen en su génesis, sostén y desarrollo: biológicos, psicológicos, socioculturales.  Tendencias impulsivas, conflictos intra e interpersonales; modelos de conducta; falta de contención familiar y/o social; la incertidumbre existencial y vertiginosidad de los cambios que acentúan  la ansiedad y los ataques de pánico, la depresión, el estrés , las adicciones; el empobrecimiento ético y moral (la corrupción y el soborno son prácticas aceptadas y naturalizadas en nuestra sociedad); el deterioro y la deshumanización que conlleva la desigualdad y la exclusión o el consumismo como alternativa predominante de inclusión, son algunos  elementos que intervienen en este complejo problema que  denominamos  violencia.
En el campo de la salud mental,  nos encontramos – al decir de un colega  – en “la última línea de fuego”, esto es afrontando mucho más las consecuencias que las posibilidades de actuar preventivamente, lo que habla de la escasa importancia que se le brinda al problema de la violencia, más allá de  lo que se diga al respecto. Existe una gran disparidad entre los conocimientos de que se disponen  y los recursos que efectivamente se implementan. Precisamente esto es  lo que constituye y condensa la mayor de las violencias desde el punto de vista institucional, social, político: se sabe pero no se hace, se llega tarde, luego de que ocurrieron los hechos, en una reiterativa y agobiante sensación de “película ya vista”, con todos los efectos que esto conlleva y que contribuye a la potenciación de otras violencias. O para decirlo en otros términos: se tiene, como los bomberos, ideas sobre cómo  impedir un incendio, pero habitualmente se interviene solo para apagarlo y por lo general  no hay agua, y si hay no alcanza.

A qué se debe tanta violencia en un lapso tan corto de tiempo y en una ciudad con relativamente poca población? 154 homicidios en tan solo 5 años.
La violencia no es nueva pero se ha acentuado en los últimos años, tanto en cantidad de hechos (no solo de delincuencia, sino en la vida cotidiana) como en las nuevas modos en que se manifiesta. De la cantidad dan cuenta las estadísticas, siendo que no se conocen todos los hechos que realmente ocurren (por falta de denuncias entre otros factores). En cuanto a las formas  cabe destacar la magnitud, la crueldad y el desprecio por la vida que se manifiesta cada vez con mayor frecuencia y que no guardan relación con los hechos en sí, donde hay un evidente desprecio por la vida, constituyéndose la  muerte (homicidios, asesinatos) en un acto, en un matar por matar sin una motivación clara ni un fin determinado, sino su mera ejecución impulsiva, pulsional.
Los cambios que se produjeron a partir del crecimiento económico  y poblacional basados en la explotación petrolera , cuestión fundamental en nuestra ciudad y región, por su carácter extractivo, la desmesurada ganancia que obtienen  las operadoras, la destrucción ambiental  (y de la salud, no las enfermedades laborales, sino que tenemos una de las tasas mal altas de cáncer atribuido entre otras cosas a la contaminación por deshechos y productos químicos de las capas freáticas) , las condiciones alienantes de los trabajadores y su incidencia en la fragmentación familiar, las desigualdades salariales en comparación con otros sectores de la población, el incremento de la prostitución y  numerosas otras consecuencias que han producido un verdadero trastocamiento  (y que han sido objeto de distintos textos de mi autoría) (2), ha puesto a la ciudad y la región en una situación disruptiva por no decir traumática, que conlleva  una adaptación forzada por la celeridad con que se ha producido y se sigue produciendo, tanto para quienes vivían con anterioridad como para quienes han venido atraídos por las posibilidades de trabajo.  Esto es que: en un mundo  globalizado, a Comodoro le llegó la globalización, exacerbando aún más sus contradicciones.
Globalización que  se caracteriza  por un mercado (3) que actúa como regulador predominante de  todas las actividades humanas, con  valores que desestiman el bien común en pos del lucro; la hipervaloración del éxito -entendiendo a éste como la capacidad de consumir y de ofrecerse para el consumo - sin importar los medios para alcanzarlo en desmedro  del trabajo y la educación; el individualismo y el sentimiento de pérdida de pertenencia a una comunidad , el desarraigo y la vulnerabilidad identitaria que se produce ante una reconfiguración que se vive como de una transitoriedad sin límite y sin control (de ahí las manifestaciones xenofóbicas ante el colapso de viviendas y servicios, por ej.); la fragmentación de la red social en compartimentos estancos tanto a nivel individual como colectivo, donde no hay acciones participativas hasta que no son afectados los intereses propios (la asistencia a las marchas por distintos reclamos va aumentando en la medida que va aumentando el número de víctimas, pero aun así no se integran en un colectivo de peso)
Precisamente en Comodoro ya son cada vez menos los que no han sido víctimas directas o que ya no se sienten amenazados por la violencia, por lo que se torna cada vez más insostenible  para la gran mayoría de la población la negación de su existencia. Asimismo se ven cuestionados  paradigmas como los de  vigilancia y seguridad  que han predominado hasta ahora por sobre los de la prevención (con cámaras que registran, en el mejor de los casos, los hechos delictivos una vez ocurridos), como así también  la idea de que las soluciones  podían ser individuales o privativo de algunos sectores (la de aquellos que tienen la posibilidad adquisitiva para “armar” sus viviendas como fortalezas)  y no  de acciones colectivas, comunitarias, sociales y políticas, que son las que darán cuenta de una mayor efectividad en el tiempo.
Cuáles son esos factores psicológicos y sociales que influyen en el individuo para resolver conflictos a fuerza de bala, cuchillo o golpes en cualquier lugar y hora?
Si en el mundo todo resuelve  a través del uso de armas (tanto su venta legal como ilegal constituye uno de los negocios que más redituables del planeta) y siguen proliferando las de destrucción masiva. Si la “máxima potencia” mundial pudo invadir y destruir  un país y una región en base a una mentira (y en estos días estamos presenciando la inminencia de una guerra en Ucrania). Si constantemente los medios trasmiten escenas donde los actos violentos se presentan con absoluta naturalidad (en horas de la tarde se pueden ver películas donde los asesinatos, las violaciones, pueden ser vistos “en el horario de protección al menor”, ante la indiferencia de quienes debieran regular estas emisiones). Si  las barras bravas en el deporte y los grupos antagónicos en los gremios y sindicatos dirimen sus problemas a los tiros. Si, además, no solo hay desinterés (en Comodoro aún permanecen impunes numerosos delitos gravísimos, como las desapariciones ocurridas “en democracia”) sino la más absoluta indiferencia (otro modo de negación) ante lo que ocurre. Si la justicia está pauperizada en su función de autoridad moral, y sospechada e identificada como una institución atravesada por la ineficacia -como las fallas en los procedimientos que hacen posible la pérdidas de pruebas- y/o la corrupción. Si el enriquecimiento de los funcionarios no solo ocurre sino que se ostenta abiertamente (4),  con absoluta impunidad. Si, mencionando otros tipos de violencias, hay “ayudas” (salvatajes de todo tipo) para bancos y empresas en situaciones de crisis, pero no para hospitales y escuelas. Esto es: si las violencias reales (5) y simbólicas se manifiestan constantemente - en desmedro  de un modelo de resolución de conflictos que priorice el diálogo, la negociación, la mediación pacífica -, no solo que actúan regulando las relaciones, sino que se constituyen e interiorizan como un recurso de inclusión, reconocimiento y pertenencia, es decir, un modo de sobrevivencia del ser (6).
Por más que se niegue, la violencia, la imposición por la fuerza, el poder,  son ampliamente valorados  en una cultura que promueve la satisfacción inmediata  e ilimitada de deseos y pulsiones en contraposición a aquello en realidad la hace posible: la postergación de los mismos en pos de la convivencia, basada en respeto a las normas y a la ley. Más aún. Las soluciones que se proponen para resolverla son mayormente violentas: pena de muerte, fusilamiento, castración, etc., así como se considera a algunos de los hechos como soluciones adecuadas  a la violencia misma (“está bien que se maten entre ellos”,  en referencia a un ajustes de cuentas, por ej.).
En cuanto a los factores psicológicos y emocionales, tanto predisponentes  como desencadenantes, serían  largo de enumerar (personalidades impulsivas, psicopáticas, entornos abusivos, etc.), y si bien muchos síntomas y características psicológicas pueden ser predictores de futuras conductas violentas ( tales como que haya  una baja de tolerancia a la frustración, un mal manejo de la agresividad, el uso de sustancias, entre otras), constituye un error  flagrante  hacer una correlación directa y causal entre alteraciones o trastornos mentales o psicológicos y conductas violentas, pues  no solo es discriminatorio y estigmatizante, sino que encubre lo que la gran mayoría teme asumir y es que cualquier sujeto “normal” puede tener conductas violentas, lo cual expone a un mayor riesgo, al temor y a la amenaza que “patologizándola” . “Tranquiliza” pensar que quienes cometen hechos aberrantes son “monstruos”,  “bestias”, “lacras” y no personas,  y que su “supresión” resolverá el problema (una suerte de continuidad de la “Teoría de los dos demonios” en tiempos democráticos), más allá de que, por supuesto,  sin justicia y castigo efectivo, la delincuencia se puede ver  estimulada (7). No son los las “alteraciones” las que generan violencia, sino que es una sociedad atravesada por la violencia la que enferma mentalmente a sus integrantes y la altera.
De qué manera se proyecta esa violencia social e inseguridad latente en la vida cotidiana del ciudadano?
Algo he mencionado en las respuestas anteriores, pero cabe agregar que el efecto más negativo es su naturalización, pues de ese modo se perpetúa. Si bien su gran complejidad, es  fundamental entender que es un proceso social, humano y que todo reduccionismo que pretenda “erradicarla”  es inviable como solución, lo cual conduce a un mayor descreimiento e impotencia, al miedo persecutorio, fuente de mayores violencias.
Los cambios que estamos viviendo han llegado para quedarse, tanto en sus aspectos positivos como negativos y solo aceptándolos se podremos afrontarlos apropiadamente. Entender que lo que está pasando nos pasa a todos. Que lo que ocurre muestra lo que somos, lo que hacemos, lo que pretendemos.  Los planteos bipolares, la búsqueda de chivos expiatorios, el odio o la indiferencia solo conducirán a empeorar la situación. Tarde o temprano habrá que optar entre el egoísmo o la solidaridad, la discriminación o la integración, la responsabilidad o la indolencia. Tarde o temprano habrá que optar entre convivir o conmorir.

Miguel Angel de Boer
Marzo 2014

(1) Entre ellos “Apuntes sobre lo que acontece en Comodoro Rivadavia”, del cual en Febrero del 2010 publicó un adelanto Diario El Patagónico.
(2) No se trata de una sustancia, de un objeto sino de una manifestación, pues esta concepción de la violencia en realidad la banaliza planteando soluciones inconducentes (parecidas a la “lucha contra la droga”), pues por lo general propone soluciones violentas (“más armas”, “más policías”, etc.) dejando de lado lo verdaderamente sustancial que son las condiciones que la desencadenan. Error que conduce equiparar violencia con delito y crimen (los “comunes”, claro), dejando de lado otras violencias propias del sistema, que son su sustrato. Se suele  criminalizar la pobreza siendo que  la existencia de la pobreza (no por falta de alimentos y riqueza, sino de su mala distribución)  es uno de los mayores crímenes sociales, y los pobres sus inexorables víctimas
(3) Mercado que, ya que hablamos de violencia, fue impuesto  brutalmente en nuestros países merced a las dictaduras genocidas, dando lugar a que, ya en democracia,  pudieran implementarse las políticas neoliberales más extremas como por ej  la privatización de YPF – algo que no se realizó en ningún otro país con empresas estatales similares - que no solo desmanteló a la empresa sino a todos un sistema productivo, social y cultural en nuestra región. Es decir: la violencia por antonomasia,  la que es ejercida desde el poder estatal.  Mercado que, vale destacarlo,  tras una fachada de supuesta desideologización, consiste en imponer un discurso único y hegemónico, que impida todo cuestionamiento, crítica o alternativa a su existencia y en consecuencia  la resignación y el sometimiento. 
(4) Sería interesante que así como se realizan investigaciones sobre la cantidad y tasa de homicidios, se realizaran también otras que permitan informarnos de cuáles son las tasas de actos de corrupción, del enriquecimiento ilícito, de subsidios y prebendas a funcionarios y empresarios, lo cual nos dará un panorama más amplio y una mejor orientación para entender muchas de los hechos que ocurren en y con la vida del ciudadano común, como por ej. saber si tienen alguna incidencia o interrelación con otros delitos como la prostitución, la trata, el narcotráfico, las barras, entre otros. 
(5) Realidad que no es la única verdad, sino que esta mediada por las percepciones, interpretaciones, ideas  y creencias que se tienen de ella, constituyéndose  así su “materialidad”, y que actúan, la más de las veces,  inconscientemente.
(6Pertenecer a  una banda delictiva, ser un delincuente o un asesino,  es preferible a no ser nada, por cuanto apuntala una  afirmación de la mismidad frente a  una exclusión existencial que es mucho más amenazante (subjetivamente) dado que se vive como irreductible.
(7) Como en el  caso de Pablo Barreto que fue detenido  y liberado dos veces por delitos cometidos en un corto lapso de tiempo, luego de ser absuelto en segunda instancia  por el homicidio de José Luis García en Enero del 2012.


http://www.elpatagonico.net/nota/235305-de-boer-el-efecto-mas-negativo-de-la-violencia-es-su-naturalizacion/

viernes, 22 de noviembre de 2013

El estigma en salud mental


A pesar de los avances que hay en el conocimiento, diagnóstico y tratamiento de los padecimientos mentales;  de la mayor información, divulgación y conciencia que día a día se van instalando en la sociedad, mucho es  lo que aún queda por hacer en el campo de la salud mental.
El aumento creciente de las distintas patologías tales como la depresión, la ansiedad en sus distintas variantes (ansiedad generalizada, pánico, TOC, fobias, estrés), el abuso de sustancias, las psicosis, las demencias, los trastornos de personalidad, entre otras, parece no tener fin, lo cual tiene una directa relación con el agravamiento de los múltiples factores intervinientes (básicamente la complejidad del mundo actual), como asimismo con la inadecuada o muy limitada respuesta que se brinda desde los ámbitos (estados, gobiernos, instituciones)  a quienes les corresponde la mayor responsabilidad.
            A esto se suma – o subyace – una de las dificultades fundamentales con las que se vincula esta problemática cual es el de la estigmatización (marca o señal) tanto  de las distintas patologías como de quienes las padecen. Lo que implica una significación y valoración altamente negativa, de rechazo y discriminación, con la consecuente incomprensión y aislamiento en que sienten sumidos, además del dolor propio de su sufrimiento.
            Problema de vasto alcance si tenemos en cuenta que según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud) el 25%  (1 de cada 4 personas) de la población mundial tiene algún tipo de padecimiento y se calcula, entre otras proyecciones, que para el 2020 la depresión será la segunda causa de discapacidad en el mundo. A esto podemos agregar un dato que vale la pena considerar: no hay nadie exento de tener, en algún momento de su vida, un episodio, un conflicto o una complicación relacionados con su salud mental. Esto sin considerar que la atención psicológica y/o psiquiátrica abarca también situaciones  tales como las crisis vitales (los cambios inherentes al curso de la vida) y tantas otras que sin ser patológicas, con una asistencia oportuna, no solo que se pueden resolver favorablemente sino también potenciar el crecimiento personal y, en consecuencia, evitar una evolución desfavorable, que es lo que ocurre habitualmente al no ser consideradas como un motivo de consulta válido.            
Desde tiempos pretéritos los prejuicios, las estereotipias, las creencias erróneas han ido conformando una construcción negativa de las enfermedades mentales, tanto en cuanto a sus causas como a sus consecuencias. Explicaciones basadas en creencias supersticiosas, mágicas, demoníacas, religiosas, sobrenaturales, han persistido hasta nuestros días vinculándolas con atributos peligrosos, temibles, extraños, violentos, ajenos a las “normas” y la “normalidad”, en fin, amenazantes. En consecuencia, emociones tales como el miedo, la desconfianza y  el distanciamiento son las que predominan cuando de “problemas mentales” se trata, generando reacciones y conductas aversivas y de segregación, cuando por el contrario de lo que se cree las personas con problemas de salud mental están más expuestas a ser víctimas de violencia, robos, acosos (el mobbing en los niños es muy frecuente) que la población en general, dada su vulnerabilidad (con el agravante de su escasa credibilidad si realizan una denuncia). Esta negativa asociación no pocas veces es también fomentada por los medios de comunicación, las películas, las series televisivas, las novelas, con noticias sensacionalistas, referencias verbales, imágenes, escenas  y personajes que la resaltan.
            Pero no solo la estigmatización sino también la autoestigmatización, es decir la valoración negativa que una persona hace sobre si misma, es otro de los factores que acentúa aún más el problema, por cuanto conduce a una devaluación y empobrecimiento de la autoestima (“soy débil”, “no sirvo”, “van a pensar que estoy loco”, “no me van a querer”), y en consecuencia al ocultamiento, al retraimiento y a la imposibilidad de acudir por ayuda hasta que los síntomas se tornan insoportables o bien muy evidentes para el entorno, que es cuando se realiza, habitualmente, una consulta.
            La exclusión estigmatizante no es sólo moral, sino social, laboral, académica y jurídica. La victimización e “inferiorización”, limita  una amplia gama de posibilidades (de tratamiento, de estudio, de trabajo, de relación con los demás), con lo cual se consolida lo contrario de lo que debiera ser: la más amplia contención en red posible, para facilitar la inclusión. Asimismo son segregadas  las familias, incluso por parte de los mismos profesionales tratantes que a menudo las culpabilizan de los problemas del paciente. Lo mismo ocurre con los trabajadores de salud mental intervinientes, servicios e instituciones, que también son vistos o percibidos de un modo distinto de quienes se ocupan de las “enfermedades corporales, somáticas o físicas” (que por otro lado además de tener su correspondencia en lo “mental”, siempre tienen una repercusión emocional o anímica, cosa que por no ser tenida en cuenta lleva al fracaso de muchos tratamientos). Por todo lo mencionado el paciente suele llegar a la consulta luego de un largo recorrido por distintas especialidades, con numerosos estudios y tratamientos realizados,  agobiado porque “no me encontraron nada” (generándole una mayor confusión y angustia) que es lo que suelen decirle quienes lo han atendido, debido a  una concepción de que lo mental, lo emocional, no existen , sea por ignorancia y desinformación,  o bien por los prejuicios estigmatizadores que son muy usuales en la práctica médica (lo que además trae en consecuencia un despilfarro  de recursos y  un desaprovechamiento lamentable de una prevención que podría ser sumamente beneficiosa )
            Ya se sabe que la negación de un problema lejos de resolverlo lo agrava. Nunca más cierto con lo que acontece con la salud mental.
            Costos sociales, costos económicos, pero por sobre todo costos humanos - la mayoría de las veces evitables o que son de favorable resolución con los recursos adecuados - seguirán en aumento en tanto la cultura del miedo y las descalificación no se reviertan.
Todo ser humano tiene derecho a enfermarse y, en la misma medida, tiene derecho a recibir ayuda y asistencia no solo para aliviar sus síntomas y su malestar sino para recuperar y desarrollar sus capacidades o adquirir otras nuevas, es decir para ser provisto de herramientas que favorezcan su autonomía y su dignidad (*). Para ello se imprescindible una toma colectiva de conciencia antiestigmatizante, pues no es con el rechazo y el desprecio sino con la aceptación basada en el respeto que esto será posible.

            Dr. Miguel Angel de Boer
            Octubre, 2013
            Médico psiquiatra – Psicoterapeuta
            MP 486
            deboer_miguel@uolsinectis.com.ar
            Cel 297-154177547
            Miembro Titular de la Asociación Argentina de Psiquiatras (APSA)
            Miembro Titular de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM)
           

            (*) Objetivos que contempla la extensión del CUD (Certificado Único de Discapacidad) en nuestro país, cuyo carácter no es restrictivo (se extiende por un lapso determinado en función de la evolución de quien lo recibe) y busca ampliar los derechos y beneficios (transporte, cobertura en salud, turismo, capacitación laboral y académica, asesoría legal) en pos de la inserción más amplia.