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lunes, 9 de septiembre de 2019

ADICCIONES Y VIOLENCIA EN EL FIN DE SIGLO



           
            Si la cultura atestigua el modo en que el hombre socialmente organizado satisface sus necesidades y es el punto de convergencia del quehacer humano con la realidad material, su producción está multideterminada y su configuración obedece a distintas fuerzas en pugna.
            La sociedad actual se caracteriza por una transformación que supera lo que el ser humano podía imaginar hace pocos años atrás. La globalización económica, los avances tecnológicos y científicos, las modificaciones políticas, dan testimonio de una creatividad inédita por un lado, a la vez que un creciente deterioro por el otro.
            El nuevo orden mundial sustentado en la racionalidad del mercado, ha empujado a grandes sectores de la población a una restricción en su protagonismo en desmedro de su identidad, cuando no a una despiadada marginación y miseria.
            El eje convocante de esta mesa es Adicciones y Violencia en el Fin de Siglo. Ahora bien, pregunto y me pregunto: ¿Adicción a la violencia? ¿La violencia de la adicción? ¿Acaso no conforman una ecuación donde un término se complementa con el otro? En todo caso: ¿No son la violencia y las adicciones las expresiones de un malestar cultural que afecta a la gran mayoría de la sociedad? ¿Acaso no es que están adoptando nuevos modos de manifestarse?
            En nuestro país, desde el advenimiento de la democracia, la violencia ha ido cobrando una presencia distinta.
            El monopolio de un poder dictatorial, a través del miedo y del terror, ejercido sobre la población como modo de producir un reacomodamiento histórico, se ha transformado, merced a un epílogo vergonzante de impunidad, en el surgimiento de una violencia errática. Lo mencionado sumado a las nuevas condiciones socio-económicas impuestas - donde el consumismo se conjuga con un cada vez mayor empobrecimiento - promueven en el imaginario social la equívoca certeza de que los fines justifican los medios.
            La deserción del Estado como mediador de los distintos intereses sectoriales en beneficio de una minoría; la desarticulación de las relaciones sociales de un modo intempestivo (privatización, flexibilización laboral, etc.); la desocupación, con su consecuente impacto en los distintos niveles; la corrupción y la falta de una acción eficaz de la justicia, son algunos de los factores que en tanto vulneran el sentimiento de pertenencia, posibilitan asimismo una vivencia desintegradora.
            La precariedad, la incertidumbre, el desamparo, la inseguridad, el miedo, las migraciones forzadas, el desarraigo, han ido modificando la percepción de una realidad que supera la capacidad de elaboración, y - no en pocos casos - la capacidad de sobrevivencia misma.
            En el concepto de que la realidad existente es la única realidad posible, el ser humano se ve agobiado en su capacidad de representarse como un actor significativo partícipe de una historia colectiva.
            El individualismo, resultante de un narcisismo que es apuntalado constantemente por los modelos referenciales predominantes, fragmenta los vínculos de cohesión y solidaridad, actuando en desmedro de una adaptación creativa. El ajuste económico determina un compulsivo ajuste psíquico, esto es, a una sobreadaptación que conlleva la desvalorización del mundo interno, promoviendo una deshumanización desorganizante.
            La transición ya crónica que vivimos, se caracteriza por su alto grado de complejidad cuyos efectos se patentizan a nivel individual, familiar y social.
            El desvalimiento y la falta de perspectivas reales en contraste con una oferta sin límite generadora de una demanda artificial, donde la exaltación del hedonismo y la inmediatez entran en colisión con la insatisfacción de las auténticas necesidades, favorecen la aparición no sólo de la frustración y la imposibilidad del alcance de ciertos logros, sino a una verdadera parálisis e impotencia enmascarada o expresada en conductas impulsivas y compulsivas tendientes a disminuir o acrecentar el nivel de tensión, al rechazo y fuga de la realidad (tanto externa como interna), al servicio de la omnipotencia, el no reconocimiento de la diversidad y las diferencias, en fin, a una primacía del yo ideal.
            Los ideales colectivos se ven así debilitados, sumiendo a los seres humanos en un aislamiento, cuando no en una despersonalización que, potenciados por un contexto de arbitrariedad y de desigualdad de oportunidades, se ven inducidos a conductas de violencia y de adicción.
            La nuestra es una sociedad violenta y adictiva. Las normas éticas, el respeto, el sentimiento de pertenencia comunitarios, la cooperación, la fraternidad, son todos valores que se encuentran depreciados.
            De modo tal que las conductas violentas y adictivas están internalizadas como un producto casi natural de los cambios de la modernidad, esto es: están, en gran medida, legitimadas. (donde todos nos hemos convertido no sólo en potenciales "asesinos" sino también en "víctimas" "por naturaleza").
            El otro como semejante ha devenido enemigo, la moral se ve arrinconada por el pragmatismo y la decencia se ha convertido en un obstáculo en este marketing competitivo.
             Los afectos y emociones genuinos se ven colapsados por la indiferencia y la desesperanza, con la emergencia constante de una angustia que amenaza la existencia y que exacerba la agresión con manifestaciones auto y/o heterodestructivas.
            En resumen: el origen de la violencia (y las adicciones) puede ser explicado desde distintas perspectivas como un fracaso adaptativo, como el producto de una conducta aprendida o como consecuencia de una alteración psicopatológica, esto es: según se adopte un modelo socio-cultural, psicosocial o intrapsíquico.
             En cuanto a su reversión, ésta sólo será viable en la medida en que puedan efectivizarse respuestas integrales.

Dr. Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Octubre, 1996

Nota: Disertación presentada en las II Jornadas Atlánticas de Psiquiatría - Mar del Plata -

sábado, 24 de agosto de 2019

La desocupación (algunas de sus consecuencias)


  
5 Historias 5: Un hombre, una mujer, un joven, una anciana y un niño.

1-      Un hombre.

- Tengo una duda tremenda debido a un ofrecimiento que me hicieron...y bueno...quisiera saber que pensás. Resulta que tengo la posibilidad de vender drogas. Tengo que juntar una suma equis de dinero y si la vendo ganaría como diez veces más, un negocio. Pero no sé ...yo nunca anduve en esas y tengo miedo que me pase algo.
- Pero además, por lo que yo sé, siempre fuiste un tipo honesto y tenés un criterio ético acerca de ese tipo de cosas.
- Por eso quería hablarlo con vos, aunque sabía que me ibas a decir eso. Pero vos sabés, me estoy por quedar sin trabajo...me estoy volviendo loco... ¿Qué va a ser de mis hijos?... Si ya la plata no me alcanza…
- Me doy cuenta que la situación es muy difícil, pero también vas a tener que pensar que va a ser de tus hijos si te convertís en un delincuente.
- Yo...creo que no lo voy a hacer pero estoy desesperado...No quiero ser un mal padre...pero no sé que voy a hacer si me quedo sin trabajo...estoy muy mal...

2-      Una mujer

- Todo este tiempo que dejé de verlo anduve muy bien doctor, con algunas dificultades pero pude salir adelante hasta ahora, por eso vine a consultarlo. Ud. sabe que soy una mujer honesta que a pesar de todo hice lo mejor por mi familia. Mis hijos se han criado bien dentro de todo y les brindé cariño y atención, son excelentes personas. Pero ahora...las cosas así ...no puedo quedarme sin hacer nada...
- Supongo que se refiere a la situación económica
- Sí, no sólo que no mejoró, estamos cada vez peor. Nos ayudan mis padres que ya están jubilados... imagínese... Bueno por eso quería consultarlo...esto que le voy a decir no lo puedo hablar con nadie. Mire...siento mucha vergüenza por lo que estoy por hacer, pero ya no nos alcanza para vivir .Uno de mis hijos está estudiando en la Universidad y si seguimos así se va a tener que volver.
- ¿Qué piensa hacer?
- Soy una mujer atractiva todavía...bueno...me han ofrecido dinero...
- ¿Está ejerciendo la prostitución?
- (llorando) ...pensar que siempre me jacté de mi moral, soy cristiana. Nunca fui una mala mujer...
- Lo sé. Pero muchas personas sienten que el hambre y la falta de recursos es algo peor, más aún si tienen hijos.
- Ud. no debe estar de acuerdo que haga algo así. Por favor no me juzgue, sólo quiero que me escuche...

3- Un joven

- Estoy mejor, menos deprimido. Por lo menos duermo mejor y no tengo ganas de matarme. Ahora tengo que ver como hago para irme de mi casa, porque así no puedo estudiar, no puedo hacer nada.
- Contame.
- Es un quilombo. Mi vieja se la pasa llorando todo el día, se levanta para hacer de comer y se vuelve a acostar. Mi hermano más chico no estudia, va al colegio cuando quiere, no la da bola a nadie. Yo creo que debe andar en la falopa o algo de eso. Vuelve a la hora que se le canta, trata de no estar nunca en casa.
- ¿Y tu papá?
- ¿Mi viejo?... un desastre. Anda de un lado para otro. Dice que se va a arreglar todo, que hay que tener paciencia. Es un boludo, siempre fue un boludo, un fracasado. A mí no me va a pasar lo mismo...
En casa no lo bancamos. No existe. El otro día no sé que me dijo y le pegué un empujón...si se hacía el pesado le metía una piña. Lo odio.
- Pero ¿Desde cuándo están así las cosas? No creo que haya sido siempre así...
- No... no fue siempre así... Se despelotó todo después del retiro... tuvo un preinfarto o no sé qué en el corazón y quedó hecho un pelotudo... Además se le dio por chupar...es un imbécil...
- ¿Qué retiro?
- ¿No te conté? Pidió el retiro en la empresa... Bueno ...antes de eso ya andaba medio loco...pero después en mi casa se fue todo a la mierda...Yo me tengo que ir lo antes posible de ahí... si no voy a matar a alguien o voy a terminar amasijándome... No me quiero volver a deprimir....

3-      Una anciana

- He vivido muchas cosas... Sobreviví a tantas cosas terribles... y ahora que soy una vieja tengo que pasar por todo esto...La vida así...mejor morir...
- A pesar de todo la veo mejor.
- Sí estoy mejor. Ahora no sufro tanto. Pero eso quería decirle...no quiero seguir sufriendo... ¿a ud no le parece que tengo derecho?
- Por supuesto.
- Por eso...como no me queda más plata este mes ya tomé una decisión...
- ¿Cuál?
- ¿Vio que yo tengo que tomar los remedios por mi problema cardíaco?....bueno... en mi casa ya no tenemos plata, así que voy a comprar nada más que los remedios para la depresión ...prefiero morir del corazón que estar como estaba... no quiero seguir sufriendo.... ud. me entiende doctor ¿no?...

5- Un niño
- En mi casa dicen que estoy enfermo...y que soy malo porque no estudio y no hago caso...Siempre hago alguna macana...yo pienso que tienen razón...Es que no sé que hacer y entonces rompo algo o los hago enojar...
-¿A quiénes?
- A mi papá, a mi mamá ... a todos...Pero a mi también me joden. Todos me pegan...por cualquier cosa...como tengo fuerza me agarran entre todos y me pegan...
- ¿Cómo... entre todos?
- Sí, me agarra mi hermana y mi mamá y viene mi papá y me pega... Mire como tengo...aquí me pegó ( muestra una marca en la espalda).... A veces mi papá le pega a mi mamá y ella me pega a mí...
- ¿Y vos que hacés?
- Nada... ya no lloro... pero estoy esperando a ser grande... Ya me voy a vengar...
- ¿Y qué les pasa que están así?
- No sé... antes no pasaba...cuando mi papá tenía el otro trabajo... Ahora se va a la seis de la mañana y vuelve como a las diez de la noche... y mi mamá también tiene que trabajar...Yo estoy solo todo el día...Y los fines de semana mi papá duerme todo el día... En el trabajo le dicen que si no le gusta que se vaya...A mí me da lástima (llora)... él antes era bueno... ahora anda siempre enojado... y siempre nos está diciendo a todos: al que no le gusta ya sabe lo que puede hacer...y nos muestra la puerta... Antes nos asustábamos...ahora no le damos bolilla total después se le pasa... A mí me tiene podrido que me peguen...pero a lo mejor es porque estoy enfermo y soy malo...

Cinco 5 historias (¿ficticias?) que tienen un nexo común: la desocupación y el temor a la miseria atravesando impiadosamente la vida de tantos seres humanos.
Cualquier semejanza con un hecho real es pura coincidencia

Dr. Miguel Angel de Boer



"LA DESOCUPACION: ALGUNAS DE SUS CONSECUENCIAS"

I- Breve introducción.

Los años venideros darán cuenta de si el cambio que se está viviendo en el mundo corresponde al colapso de la modernidad, o es un proceso del cual emergerá una instancia superadora de la misma.
Lo cierto es que nuevas condiciones políticas, económicas y tecnológicas han modificado a la sociedad de un modo impensable en cuanto a su magnitud y vertiginosidad.
La globalización de la economía con el consiguiente desdibujamiento territorial, es decir la transnacionalización; la aceleración del cambio tecnológico con el auge de la informática y su impacto en la comunicación; el predominio de la racionalidad del mercado en desmedro de la intervención del Estado como mediador de los distintos intereses sectoriales ( privatización) ; la descentralización del ser humano como sujeto prioritario del acontecer histórico; han condicionado una situación de precariedad en la vida cotidiana que se patentiza en una cada vez más aguda fragmentación social, con impactos múltiples a distintos niveles.
El culto al consumismo, la oferta ilimitada de la diversidad ("el imperio de lo efímero", donde todo lo que aparece ya es obsoleto), la pérdida de hegemonía del saber y el conocimiento, la transformación de los roles familiares y sociales, la modificación de las costumbres, están produciendo un cambio en la percepción de la realidad tal cual era captada hasta hace muy poco tiempo.
La sociedad pareciera estar decidida a mostrarse en toda su desnudez, tanto en su capacidad de desarrollo y evolución, como en el grado de injusticia e inequidad a la cual está dispuesta en función de la lógica del rendimiento.
Nunca se ha puesto tan en evidencia la ilimitada inteligencia del ser humano, como nunca se expusieron de un modo tan desenmascarado las desigualdades y las miserias.
Todo lo cual conlleva una vivencia de incertidumbre que derrumba los sentimientos de seguridad, vulnera los proyectos colectivos, dejando inerme a la gran mayoría ante una realidad cada vez más compleja, donde las expectativas se ven frustradas permanentemente, generando la pérdida de referentes indispensables para la cohesión individual y social con la consiguiente desorientación y confusión.
Ya nada es como era, y lo que es va cambiando permanentemente. La realidad se ha hecho más irreal en algún sentido y mucho más real (hiperreal) en otro. Todo es posible y todo es imposible. Se ha anunciado que sería posible superar la velocidad de la luz. Podemos presenciar cualquier acontecimiento que ocurre en cualquier lugar del mundo al instante, a la vez que no sabemos qu{e va a ser de nuestras vidas la semana próxima. El mundo se encuentra al alcance de todos (¿de todos?) aunque a muchos ya no les "alcance" el dinero para comer. Los llamados "chicos de la calle" manejan con habilidad juegos electrónicos que la mayoría de los adultos sienten como inaccesibles, y es de esperar que muy pronto se difundan a nivel masivo los juegos de realidad virtual. En muy poco tiempo los mecánicos que no conozcan computación no sabrán que hacer con los vehículos que salen al mercado. Los jóvenes no saben qué estudios seguir (los que pueden) porque las posibilidades de sobrevivencia a través de una profesión se ven acotadas. Ser comerciante o empresario no garantiza un futuro de bienestar económico. Las profesiones liberales no son reaseguro de nada. Las relaciones de dependencia tampoco.
Los pocos beneficiados ostentan sus privilegios sin ningún pudor, y los marginados comienzan a exteriorizar su malestar de múltiples maneras.
La democracia como sistema de gobierno parece haberse fortalecido. La dificultad radica en qué hacer con ella, para poder articular un proyecto que beneficie a la sociedad, esto es: que el crecimiento económico no se produzca a expensas de la justicia social.
Y dentro de los múltiples problemas que se deben resolver, se destaca una nefasta consecuencia de los cambios que se están produciendo y que se ha transformado en un emergente social que se agrava día a día: la desocupación.

II- Algunas precisiones.

El ser humano no adquiere su condición de tal únicamente por su condición biológica. Esto es: el cuerpo anatómico se humaniza en tanto adquiere una identidad, la cual se construye a través de (y lo enraíza en) la cultura. Y en ese recorrido de lo biológico a lo social deviene como un ser trascendente con conciencia de si mismo y para los demás.
De modo que el lugar que ocupa una persona en el medio social al que pertenece, es un elemento determinante de su constitución como tal, en tanto factor de sostén y de integración, sin el cual queda marginado y excluido como actor o agente social, queda desarraigado.
Un des-ocupado es alguien que ha dejado de ocupar su lugar. Lo ha perdido. Perdiendo no sólo un marco de referencia temporo-espacial, sino los atributos inherentes al mismo, tanto desde el punto de vista subjetivo (para sí mismo) como en relación a su contexto. Existimos en tanto seres vivos, pero somos en la medida que podemos expresar y desarrollar socialmente nuestra personalidad. En este sentido ser un desocupado equivale a un ser-a-medias o a un no-ser (en tanto vivencia de incompletud).
Es decir que el trabajo no sólo sirve para hacer dinero (hay muchos otros modos de poder lograrlo), sino que brinda la posibilidad de orientar los componentes vitales hacia fines sociales (entre ellos las pulsiones agresivas). Y con esto no me estoy refiriendo al trabajo en sí mismo, sino a aquel que contempla las necesidades y las capacidades, es decir al trabajo digno y no al que suele enmascarar las más crueles formas de explotación y denigración humanas o al que se utiliza para ocultar lo que en realidad no es sino parasitismo y corrupción.
De modo que quedar desocupado implica quedar afuera, al margen de las posibilidades, no sólo del progreso o la mera sobrevivencia, sino de la inserción social misma, en la medida en que la improductividad - en una sociedad que hace de la eficiencia y la capacidad de consumo valores de reconocimiento- estigmatiza (señala) a quien no trabaja como alguien que ha "fallado" en cuanto a responder a los mandatos que esta misma sociedad le ha impuesto, y que están interiorizados en tanto mandatos culturales.
Esto significa que todo aquél que ha perdido su fuente laboral vive tal situación como un fracaso personal (por más que la misma sea producto de un proceso socio-económico), generándose numerosos conflictos que se expresan a nivel individual, familiar y social.

III- Consecuencias

A la luz de la experiencia que hemos tenido oportunidad de vivir hasta el momento se pueden considerar tres etapas (a los fines descriptivos) respecto a la desocupación:
l) la amenaza de quedar desocupado 2) el momento en que se produce la desocupación y 3) la situación de ser un desocupado.

l) La amenaza

Esta etapa - que hoy por hoy vive la mayoría de la población- se caracteriza por una serie de mecanismos que entran en juego con la finalidad de atemperar o conjurar la idea de que tal situación pueda llegar a producirse.
Las fantasías tienen un carácter mágico y su sustrato común es la idea de que "a mí no me va a pasar" o "a mí no me puede pasar". Racionalizaciones tales como: "con los años que llevo no creo que me despidan", " soy joven pero efectivo", van adecuándose según la situación de peligro va avanzando (despido de compañeros de trabajo, anuncio de reestructuraciones, etc.). En el caso de las empresas estatales (como YPF) el conjuro estaba sustentado en hechos como la supuesta seguridad que brindaban ciertos cargos jerárquicos o el "manejo de la información" que circulaba a través de una intensa y confusa campaña de rumores; argumentos emocionales tales como: "con todo lo que le dí a la empresa no me puede hacer esto" o francamente místicos: "no he hecho nada para que Dios me castigue de esa manera".
Los intentos de negar o desmentir la posibilidad del desempleo se van tornando con el tiempo cada vez más ineficaces, lo cual se pone de manifiesto en un incremento constante de la ansiedad, trastornos del humor, dificultades a nivel familiar con un bajo nivel de tolerancia y aumento de la agresión, incremento del consumo de alcohol y/o psicofármacos, con un paulatino estado depresivo (cansancio, pérdida de interés, dificultades de memoria y concentración, trastornos del sueño, etc, acompañado por lo general de fantasías catastróficas), donde no son infrecuentes los ataques de pánico (súbito temor a morir acompañado por sensaciones que semejan una crisis cardíaca, con mareos, palpitaciones, etc), diversas manifestaciones psicosomáticas ( hipertensión. gastritis, asma, problemas de piel) y afecciones compatibles con un elevado nivel de estrés tales como las crisis hipertensivas, los infartos y los accidentes cerebro-vasculares. Desórdenes todos compatibles con la sobreadaptación a la que se debe hacer frente.
La situación repercute a nivel familiar con las consecuentes dificultades de pareja (disputas de diversa índole, disfunciones sexuales, etc.) y diversos trastornos en los hijos: de conducta, de aprendizaje, alimentarios, psicosomáticos, etc. (los niños y los adolescentes por su vulnerabilidad suelen ser los primeros en acusar el impacto).
En el caso de las personas que no están en relación de dependencia las consecuencias no son muy distintas, salvo el desasosiego debido a la carga que implica la autonomía y la consiguiente autoresponsabilidad en los resultados de la posible catástrofe.

2) El despido.

Es vivenciado en un primer momento como el fin de una larga agonía, con el consiguiente alivio inicial respecto de una situación psicológicamente insoportable. "Ya voy a ver qu{e hago", " ya no aguantaba más" son algunas de las expresiones más frecuentes. Vivencias de este tipo aceleraron la decisión de muchos (sumado a la intensa presión psicológica a la que se vieron expuestos) a aceptar los retiros "voluntarios", como modo de acelerar el cese del sufrimiento. El alivio suele ir acompañado de cierta euforia (contracara de la depresión subyacente) respecto a las posibilidades de hacer algo "distinto", que se expresa en ideas como: "voy a trabajar por mi cuenta", "al fin y al cabo el trabajo ya me tenía podrido, "ya no voy a tener que bancar más a los del laburo", "con las relaciones que tengo, seguro que algo consigo", etc.
Alivio y euforia que luego van cediendo ante las dificultades que se van presentando para lograr los objetivos propuestos, con lo que la esperanza va disolviéndose para dar lugar a sentimientos de impotencia, de autodesvalorización, en fin, de intensa frustración y desasosiego.
En general el grupo de pertenencia (familia, pareja) - que un comienzo actúa solidariamente - va reaccionando frente a la nueva situación con actitudes de reproche y resentimiento hacia el desocupado, produciéndose una disgregación en los vínculos de cohesión, lo cual produce un reforzamiento del sentimiento de marginación. El tiempo ocioso forzado, con los consiguientes cambios en los ritmos cotidianos, son fuente de fricciones que van incrementándose con el tiempo, modificándose sustancialmente la valoración del rol que desempeñaba en el grupo familiar quien era - hasta ese momento- la base del sustento económico del mismo. Lo cual acrecienta el temor y la sensación de peligro del desocupado, puesto que a la marginación laboral se suma la marginación en el seno de la familia, es decir, se instala la amenaza de la pérdida del soporte y continente afectivo y emocional.
En esta etapa suelen aparecer en forma súbita - o se acentúan - las patologías enumeradas en la etapa anterior, destacándose la intensificación de la violencia, los conflictos de pareja (separaciones), los desórdenes en los hijos (quienes comienzan a descalificar al desocupado, quien es visualizado - ahora - como el responsable de la frustración de sus necesidades y de su desprotección). Los estados depresivos se instalan en toda su magnitud, del mismo modo que el uso de distintas sustancias, como modo de evadir tan penosas circunstancias.
En definitiva, la sensación de aislamiento es cada vez mayor, y al empobrecimiento económico se suma el empobrecimiento de la propia identidad, la cual se ve convulsionada por una verdadera crisis.

3) El post-despido.

Paulatinamente tanto el desocupado como el grupo familiar, van adecuándose a la situación, es decir, toman plena conciencia de su estado y sus consecuencias, frente al cual dos son las actitudes que se adoptan más frecuentemente:
a) La reorientación del grupo: con el reordenamiento de los roles, la intensificación de la solidaridad entre los miembros, la búsqueda de readaptación creativa a través del diálogo y el rescate de los lazos afectivos. En muchos casos se produce una ampliación de los vínculos en la red familiar (búsqueda de apoyo en parientes), como asimismo en el ámbito social de pertenencia (asociaciones, vecinos, etc.). En definitiva, se opta por el acercamiento y la confraternidad como modo de atemperar el impacto, lo cual se expresa a través de una participación social y cultural con predominio de los sentimientos de solidaridad y cooperación. Esta actitud posibilita una resignificación que abre las puertas a la búsqueda de alternativas de solución tanto individuales como colectivas (ó mejor dicho: donde los intereses colectivos no se viven como opuestos a los intereses individuales), por lo que ni el desocupado ni el grupo familiar quedan aislados de su entorno, lo cual permite la transmisión y el uso de la experiencia (y cultura) acumulada.
b) La cronificación del desajuste y el deterioro: en cuyo caso predominan la dispersión familiar, la resignación paralizante, el individualismo (cada uno se "arregla por su cuenta"), cuando no directamente la destructividad en sus manifestaciones más primitivas. La violencia, el desapego y la renuncia a las responsabilidades, generan situaciones que suelen ser irreversibles: tal el caso del suicidio, la agresión física descontrolada o el abandono de los más débiles (enfermos, niños y ancianos). La confusión gana terreno produciéndose una verdadera pérdida del sentido de realidad. La frustración y la agresión se suelen expresar en esta etapa a través de diversas patologías tanto a nivel psicológico como somático (los desórdenes de estrés post-traumático, las enfermedades cardiovasculares y psicosomáticas, los trastornos de ansiedad, la depresión, el cáncer, se ven incrementados), con lo cual se agrava aún más la situación económica, favoreciendo la aparición de conductas antisociales o delictivas.
Con la vivencia de que "no hay nada que hacer", de que "todo está perdido" y de que "ya nada importa", la agresión desborda el ámbito familiar para trasladarse al ámbito social (cualquier motivo se torna válido para expresar la violencia contenida).
La pérdida absoluta de expectativas, la desesperanza y el escepticismo socavan el psiquismo, naturalizándose así conductas denigratorias de la condición humana con la transgresión de las más elementales pautas de convivencia.
Todos están dispuestos a cualquier cosa con tal de "zafar", tanto del hostigamiento externo como del desequilibrio interno, "huida" que - por imposible - produce situaciones cada vez más complejas.

IV- Conclusiones.
De modo alguno he pretendido agotar con el presente las innumerables consecuencias de un problema tan complejo como es el de la desocupación. Trabajo que compete al ámbito de distintas disciplinas e investigadores. Mas no por complejo debemos eludir su reconocimiento y los modos de poder resolverlo.
No comparto el concepto de que se trata de un flagelo, pretendiendo con este eufemismo simplificar las causas que lo promueven. La economía de mercado - tal cual se ha implementado hasta el momento - ha traído aparejado una progresiva exclusión social, donde los "beneficiados" son cada vez menos. En la medida que no se promuevan soluciones genuinas, los efectos seguirán produciéndose inexorablemente. Los estallidos sociales que se presentan cada vez con mayor frecuencia son prueba de ello.
El asedio de la miseria y la pobreza generan un sentimiento de orfandad y de incertidumbre que llevan a la desesperación y al desdibujamiento de las expectativas. Se han globalizado la desilusión y el desencanto.
La exaltación de la ecuación costo-beneficio en desmedro de las necesidades de distintos sectores sociales vulnera los lazos de pertenencia y fractura los bases de arraigo a la comunidad.
La fragmentación familiar y la atomización social son el campo fértil para el surgimiento de la violencia en sus distintas manifestaciones. (hasta no sería improbable un resurgimiento de cuño mesiánico que pretenda "cambiar "el curso de la historia )
La deserción del Estado en su función de mediador para el logro del bien común ( que se patentiza en su desentendimiento en ámbitos como la salud y la educación) en conjunción con la reconversión que afronta el sector privado, sigue posibilitando la inequidad y la desigualdad de oportunidades, con el agravante de la declinación de valores éticos y morales sustentados en el afán de lucro y de poder, o en pos de la mera subsistencia (empleados "noquis", funcionarios supernumerarios, élites a nivel dirigencial estudiantil y académico en las Universidades haciendo su negocio particular, es decir: burocracia administrativa, política y pedagógica, que contribuyen así a fortalecer la idea acerca de la ineficiencia y la incredibilidad en las instituciones estatales, etc).(·)
La complejización de la realidad incrementa la vivencia de imprevisibilidad frente a la cual no caben soluciones simples. En ese sentido el problema de la desocupación afecta al conjunto de la sociedad y la única salida posible estará dada por la conjunción de esfuerzos de la sociedad en su conjunto.
Cabe señalar que entiendo que no es la desocupación el factor único y excluyente de todos los efectos que he señalado en el presente trabajo (puesto que cualquier patología es consecuencia de múltiples factores, y no toda persona que atraviesa esta situación necesariamente ha de enfermarse), pero es indudablemente en este momento, el más relevante. Con esto quiero significar que no sólo generando fuentes de trabajo es que se va a mejorar linealmente la salud mental de la población, pero sin lugar a dudas contribuirá a acrecentar la misma de un modo notable.

Dr. Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Agosto 1995
(·) El Ministro de Economía (Domingo Cavallo) acaba de reconocer públicamente la existencia de bolsones de corrupción a distintos niveles gubernamentales ( "mafias").

(·) Seleccionado como el mejor Trabajo Libre presentado en las II Jornadas Atlánticas de Psiquiatría, organizado por la Sociedad de Psiquiatría y Psicología Médica de Mar del Plata y la Sociedad de Psiquiatría de La Plata, realizadas entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre de 1996.


domingo, 30 de marzo de 2014

Entrevista sobre violencia realizada por Diario El Patagónico (Comodoro Rivadavia)

En el último lustro hubo 154 homicidios en Comodoro Rivadavia. Con un promedio de 30 homicidios por año. Duplicando y hasta triplicando la media nacional de homicidios.
Durante el 2013 la mayoría ha sido en ajuste de cuentas, entre personas o grupos con diferencias.
También hubo homicidios en ocasión de robo en los que los asesinos salieron impunes. Las marchas de justicia colmaron la ciudad. Y el asesinato de la niña Yasmin Chacoma con violación y estrangulamiento, fue el resumen de la violencia inusitada que vive la ciudad en estos tiempos.

Como analiza la situación desde el campo de sus conocimientos?
Cabe aclarar que la violencia destructiva,  es decir la agresividad cuyo objetivo es el daño, que es la que nos ocupa,  no es un problema en sí mismo (1),  dado que es la expresión de un sinnúmero de factores que intervienen en su génesis, sostén y desarrollo: biológicos, psicológicos, socioculturales.  Tendencias impulsivas, conflictos intra e interpersonales; modelos de conducta; falta de contención familiar y/o social; la incertidumbre existencial y vertiginosidad de los cambios que acentúan  la ansiedad y los ataques de pánico, la depresión, el estrés , las adicciones; el empobrecimiento ético y moral (la corrupción y el soborno son prácticas aceptadas y naturalizadas en nuestra sociedad); el deterioro y la deshumanización que conlleva la desigualdad y la exclusión o el consumismo como alternativa predominante de inclusión, son algunos  elementos que intervienen en este complejo problema que  denominamos  violencia.
En el campo de la salud mental,  nos encontramos – al decir de un colega  – en “la última línea de fuego”, esto es afrontando mucho más las consecuencias que las posibilidades de actuar preventivamente, lo que habla de la escasa importancia que se le brinda al problema de la violencia, más allá de  lo que se diga al respecto. Existe una gran disparidad entre los conocimientos de que se disponen  y los recursos que efectivamente se implementan. Precisamente esto es  lo que constituye y condensa la mayor de las violencias desde el punto de vista institucional, social, político: se sabe pero no se hace, se llega tarde, luego de que ocurrieron los hechos, en una reiterativa y agobiante sensación de “película ya vista”, con todos los efectos que esto conlleva y que contribuye a la potenciación de otras violencias. O para decirlo en otros términos: se tiene, como los bomberos, ideas sobre cómo  impedir un incendio, pero habitualmente se interviene solo para apagarlo y por lo general  no hay agua, y si hay no alcanza.

A qué se debe tanta violencia en un lapso tan corto de tiempo y en una ciudad con relativamente poca población? 154 homicidios en tan solo 5 años.
La violencia no es nueva pero se ha acentuado en los últimos años, tanto en cantidad de hechos (no solo de delincuencia, sino en la vida cotidiana) como en las nuevas modos en que se manifiesta. De la cantidad dan cuenta las estadísticas, siendo que no se conocen todos los hechos que realmente ocurren (por falta de denuncias entre otros factores). En cuanto a las formas  cabe destacar la magnitud, la crueldad y el desprecio por la vida que se manifiesta cada vez con mayor frecuencia y que no guardan relación con los hechos en sí, donde hay un evidente desprecio por la vida, constituyéndose la  muerte (homicidios, asesinatos) en un acto, en un matar por matar sin una motivación clara ni un fin determinado, sino su mera ejecución impulsiva, pulsional.
Los cambios que se produjeron a partir del crecimiento económico  y poblacional basados en la explotación petrolera , cuestión fundamental en nuestra ciudad y región, por su carácter extractivo, la desmesurada ganancia que obtienen  las operadoras, la destrucción ambiental  (y de la salud, no las enfermedades laborales, sino que tenemos una de las tasas mal altas de cáncer atribuido entre otras cosas a la contaminación por deshechos y productos químicos de las capas freáticas) , las condiciones alienantes de los trabajadores y su incidencia en la fragmentación familiar, las desigualdades salariales en comparación con otros sectores de la población, el incremento de la prostitución y  numerosas otras consecuencias que han producido un verdadero trastocamiento  (y que han sido objeto de distintos textos de mi autoría) (2), ha puesto a la ciudad y la región en una situación disruptiva por no decir traumática, que conlleva  una adaptación forzada por la celeridad con que se ha producido y se sigue produciendo, tanto para quienes vivían con anterioridad como para quienes han venido atraídos por las posibilidades de trabajo.  Esto es que: en un mundo  globalizado, a Comodoro le llegó la globalización, exacerbando aún más sus contradicciones.
Globalización que  se caracteriza  por un mercado (3) que actúa como regulador predominante de  todas las actividades humanas, con  valores que desestiman el bien común en pos del lucro; la hipervaloración del éxito -entendiendo a éste como la capacidad de consumir y de ofrecerse para el consumo - sin importar los medios para alcanzarlo en desmedro  del trabajo y la educación; el individualismo y el sentimiento de pérdida de pertenencia a una comunidad , el desarraigo y la vulnerabilidad identitaria que se produce ante una reconfiguración que se vive como de una transitoriedad sin límite y sin control (de ahí las manifestaciones xenofóbicas ante el colapso de viviendas y servicios, por ej.); la fragmentación de la red social en compartimentos estancos tanto a nivel individual como colectivo, donde no hay acciones participativas hasta que no son afectados los intereses propios (la asistencia a las marchas por distintos reclamos va aumentando en la medida que va aumentando el número de víctimas, pero aun así no se integran en un colectivo de peso)
Precisamente en Comodoro ya son cada vez menos los que no han sido víctimas directas o que ya no se sienten amenazados por la violencia, por lo que se torna cada vez más insostenible  para la gran mayoría de la población la negación de su existencia. Asimismo se ven cuestionados  paradigmas como los de  vigilancia y seguridad  que han predominado hasta ahora por sobre los de la prevención (con cámaras que registran, en el mejor de los casos, los hechos delictivos una vez ocurridos), como así también  la idea de que las soluciones  podían ser individuales o privativo de algunos sectores (la de aquellos que tienen la posibilidad adquisitiva para “armar” sus viviendas como fortalezas)  y no  de acciones colectivas, comunitarias, sociales y políticas, que son las que darán cuenta de una mayor efectividad en el tiempo.
Cuáles son esos factores psicológicos y sociales que influyen en el individuo para resolver conflictos a fuerza de bala, cuchillo o golpes en cualquier lugar y hora?
Si en el mundo todo resuelve  a través del uso de armas (tanto su venta legal como ilegal constituye uno de los negocios que más redituables del planeta) y siguen proliferando las de destrucción masiva. Si la “máxima potencia” mundial pudo invadir y destruir  un país y una región en base a una mentira (y en estos días estamos presenciando la inminencia de una guerra en Ucrania). Si constantemente los medios trasmiten escenas donde los actos violentos se presentan con absoluta naturalidad (en horas de la tarde se pueden ver películas donde los asesinatos, las violaciones, pueden ser vistos “en el horario de protección al menor”, ante la indiferencia de quienes debieran regular estas emisiones). Si  las barras bravas en el deporte y los grupos antagónicos en los gremios y sindicatos dirimen sus problemas a los tiros. Si, además, no solo hay desinterés (en Comodoro aún permanecen impunes numerosos delitos gravísimos, como las desapariciones ocurridas “en democracia”) sino la más absoluta indiferencia (otro modo de negación) ante lo que ocurre. Si la justicia está pauperizada en su función de autoridad moral, y sospechada e identificada como una institución atravesada por la ineficacia -como las fallas en los procedimientos que hacen posible la pérdidas de pruebas- y/o la corrupción. Si el enriquecimiento de los funcionarios no solo ocurre sino que se ostenta abiertamente (4),  con absoluta impunidad. Si, mencionando otros tipos de violencias, hay “ayudas” (salvatajes de todo tipo) para bancos y empresas en situaciones de crisis, pero no para hospitales y escuelas. Esto es: si las violencias reales (5) y simbólicas se manifiestan constantemente - en desmedro  de un modelo de resolución de conflictos que priorice el diálogo, la negociación, la mediación pacífica -, no solo que actúan regulando las relaciones, sino que se constituyen e interiorizan como un recurso de inclusión, reconocimiento y pertenencia, es decir, un modo de sobrevivencia del ser (6).
Por más que se niegue, la violencia, la imposición por la fuerza, el poder,  son ampliamente valorados  en una cultura que promueve la satisfacción inmediata  e ilimitada de deseos y pulsiones en contraposición a aquello en realidad la hace posible: la postergación de los mismos en pos de la convivencia, basada en respeto a las normas y a la ley. Más aún. Las soluciones que se proponen para resolverla son mayormente violentas: pena de muerte, fusilamiento, castración, etc., así como se considera a algunos de los hechos como soluciones adecuadas  a la violencia misma (“está bien que se maten entre ellos”,  en referencia a un ajustes de cuentas, por ej.).
En cuanto a los factores psicológicos y emocionales, tanto predisponentes  como desencadenantes, serían  largo de enumerar (personalidades impulsivas, psicopáticas, entornos abusivos, etc.), y si bien muchos síntomas y características psicológicas pueden ser predictores de futuras conductas violentas ( tales como que haya  una baja de tolerancia a la frustración, un mal manejo de la agresividad, el uso de sustancias, entre otras), constituye un error  flagrante  hacer una correlación directa y causal entre alteraciones o trastornos mentales o psicológicos y conductas violentas, pues  no solo es discriminatorio y estigmatizante, sino que encubre lo que la gran mayoría teme asumir y es que cualquier sujeto “normal” puede tener conductas violentas, lo cual expone a un mayor riesgo, al temor y a la amenaza que “patologizándola” . “Tranquiliza” pensar que quienes cometen hechos aberrantes son “monstruos”,  “bestias”, “lacras” y no personas,  y que su “supresión” resolverá el problema (una suerte de continuidad de la “Teoría de los dos demonios” en tiempos democráticos), más allá de que, por supuesto,  sin justicia y castigo efectivo, la delincuencia se puede ver  estimulada (7). No son los las “alteraciones” las que generan violencia, sino que es una sociedad atravesada por la violencia la que enferma mentalmente a sus integrantes y la altera.
De qué manera se proyecta esa violencia social e inseguridad latente en la vida cotidiana del ciudadano?
Algo he mencionado en las respuestas anteriores, pero cabe agregar que el efecto más negativo es su naturalización, pues de ese modo se perpetúa. Si bien su gran complejidad, es  fundamental entender que es un proceso social, humano y que todo reduccionismo que pretenda “erradicarla”  es inviable como solución, lo cual conduce a un mayor descreimiento e impotencia, al miedo persecutorio, fuente de mayores violencias.
Los cambios que estamos viviendo han llegado para quedarse, tanto en sus aspectos positivos como negativos y solo aceptándolos se podremos afrontarlos apropiadamente. Entender que lo que está pasando nos pasa a todos. Que lo que ocurre muestra lo que somos, lo que hacemos, lo que pretendemos.  Los planteos bipolares, la búsqueda de chivos expiatorios, el odio o la indiferencia solo conducirán a empeorar la situación. Tarde o temprano habrá que optar entre el egoísmo o la solidaridad, la discriminación o la integración, la responsabilidad o la indolencia. Tarde o temprano habrá que optar entre convivir o conmorir.

Miguel Angel de Boer
Marzo 2014

(1) Entre ellos “Apuntes sobre lo que acontece en Comodoro Rivadavia”, del cual en Febrero del 2010 publicó un adelanto Diario El Patagónico.
(2) No se trata de una sustancia, de un objeto sino de una manifestación, pues esta concepción de la violencia en realidad la banaliza planteando soluciones inconducentes (parecidas a la “lucha contra la droga”), pues por lo general propone soluciones violentas (“más armas”, “más policías”, etc.) dejando de lado lo verdaderamente sustancial que son las condiciones que la desencadenan. Error que conduce equiparar violencia con delito y crimen (los “comunes”, claro), dejando de lado otras violencias propias del sistema, que son su sustrato. Se suele  criminalizar la pobreza siendo que  la existencia de la pobreza (no por falta de alimentos y riqueza, sino de su mala distribución)  es uno de los mayores crímenes sociales, y los pobres sus inexorables víctimas
(3) Mercado que, ya que hablamos de violencia, fue impuesto  brutalmente en nuestros países merced a las dictaduras genocidas, dando lugar a que, ya en democracia,  pudieran implementarse las políticas neoliberales más extremas como por ej  la privatización de YPF – algo que no se realizó en ningún otro país con empresas estatales similares - que no solo desmanteló a la empresa sino a todos un sistema productivo, social y cultural en nuestra región. Es decir: la violencia por antonomasia,  la que es ejercida desde el poder estatal.  Mercado que, vale destacarlo,  tras una fachada de supuesta desideologización, consiste en imponer un discurso único y hegemónico, que impida todo cuestionamiento, crítica o alternativa a su existencia y en consecuencia  la resignación y el sometimiento. 
(4) Sería interesante que así como se realizan investigaciones sobre la cantidad y tasa de homicidios, se realizaran también otras que permitan informarnos de cuáles son las tasas de actos de corrupción, del enriquecimiento ilícito, de subsidios y prebendas a funcionarios y empresarios, lo cual nos dará un panorama más amplio y una mejor orientación para entender muchas de los hechos que ocurren en y con la vida del ciudadano común, como por ej. saber si tienen alguna incidencia o interrelación con otros delitos como la prostitución, la trata, el narcotráfico, las barras, entre otros. 
(5) Realidad que no es la única verdad, sino que esta mediada por las percepciones, interpretaciones, ideas  y creencias que se tienen de ella, constituyéndose  así su “materialidad”, y que actúan, la más de las veces,  inconscientemente.
(6Pertenecer a  una banda delictiva, ser un delincuente o un asesino,  es preferible a no ser nada, por cuanto apuntala una  afirmación de la mismidad frente a  una exclusión existencial que es mucho más amenazante (subjetivamente) dado que se vive como irreductible.
(7) Como en el  caso de Pablo Barreto que fue detenido  y liberado dos veces por delitos cometidos en un corto lapso de tiempo, luego de ser absuelto en segunda instancia  por el homicidio de José Luis García en Enero del 2012.


http://www.elpatagonico.net/nota/235305-de-boer-el-efecto-mas-negativo-de-la-violencia-es-su-naturalizacion/

lunes, 25 de noviembre de 2013

"Yo me vine a atender..." (*)


“…Yo me vine a atender doctor porque me siento mal y no desde ahora sino desde hace mucho tiempo depresión creo que tengo desde chica me parece porque cada vez tengo menos ganas de vivir y siempre estoy enferma y no me encuentran nada ni en los análisis ni en las tomografías  la cabeza me duele toda esta zona y también mareos apetito no tengo como por obligación y si dormir no duermo muy bien pero ya estoy acostumbrada pero vine porque hace como dos meses estoy con una idea que yo no quiero tener y  que ya no son solo ganas de morirme sino que empecé a pensar en eso en el suicidio y no quiero doctor imaginesé pero es que ya estoy muy cansada me duele el estómago también me dijeron que era gastritis pero no me hacen nada los tratamientos porque yo creo que son los nervios por tantos problemas si de familia y la plata que no alcanza mis hijos ya son grandes pero los problemas no terminan y yo de chica como le dije siempre tuve problemas mi mamá también fue muy sufrida como yo éramos muchos hermanos y ella pobre hizo lo que pudo sobretodo aguantarlo a mi papá que la trataba muy mal le pegaba y la insultaba pero ella por nosotros aguantó siempre por eso la quiero tanto y nosotros también le teníamos miedo a mi papá porque nos asustaba bueno si a veces también nos pegaba menos a uno de mis hermanos que le hacía frente era muy malo mi papá pero era le bebida que lo ponía mal en el fondo nos quería pero yo después seguí adelante y cuando pude me fui de mi casa bueno si conocí a mi esposo me casé y me fui y formamos una familia tengo varios hijos que ya son grandes por suerte porque me costó mucho criarlos prácticamente sola porque no soy de acá y mi familia está lejos y nos vemos muy poco nunca me imaginé que iba a venir a vivir tan lejos pero fue por el trabajo de mi marido que es muy trabajador nunca nos hizo faltar nada todos los chicos terminaron el secundario y ahora trabajan menos una de las chicas que se casó y no tuvo necesidad porque el marido está en el petróleo como le decía mi marido es muy cumplidor si a veces es de un carácter fuerte es de gritar cuando algo no le gusta y a mí eso me altera un poco los nervios no me termino de acostumbrar ojalá hiciera como mi hijo del medio que no le hace caso pero él igual sigue gritando a mí me hace acordar a mi papá creo que por eso me da tanto miedo se enoja y grita y grita y yo lo único que espero es que se le pase así me puedo tranquilizar y muchas veces después quiere tener sexo y con eso se calma yo hace mucho que no siento nada pero como sé que  se tranquiliza no me cuesta ya estoy acostumbrada además hace tiempo me ligaron las trompas porque a él nunca se quiso cuidar por suerte eso si le digo nunca  me pegó alguna que otra cachetada pero yo siempre me sentí con culpa porque fue por algo que yo sabía que le iba a caer mal como arreglarme demasiado o usar maquillaje porque es muy celoso hasta de mis hermanos o de las visitas que no quiere que vengan mis amigas ni mi familia pero fui aprendiendo como llevarlo más por mi hijos para que no tuvieran que presenciar esas escenas porque si uno sabe llevarlo es tranquilo solo que tiene costumbre de gritar y a mí me pone muy mal no sé porque no puedo no hacerle caso y me siento como una estúpida además que haría sin él porque es muy inteligente le consulto todo como si pensara por mí y porque fuera de eso lo demás está bastante bien vio y yo si alguna vez pensé en separarme ya a esta edad  que voy a hacer ya voy para los cincuenta ya si no fuera por esta depresión y el zumbido en oídos ah y que me atraganto doctor como si tuviera algo atravesado en la garganta como le decía si no fuera por estos síntomas sobre todo esa idea de matarme la verdad es que no tengo mucho de que quejarme….”

Miguel Angel de Boer
Noviembre 25, 2013 - Día Internacional de la no violencia contra las mujeres-


 (*)  Cualquier similitud con la realidad no es una mera coincidencia

martes, 11 de septiembre de 2012

Apuntes sobre lo que acontece en Comodoro Rivadavia (*) (**)



Como he mencionado en textos anteriores - conceptos que han sido ampliamente desarrollados por los colegas del EATIP (1) en distintos trabajos - se produce una situación de crisis cuando la capacidad de respuesta de una estructura social no responde a las soluciones requeridas para mantener la misma. Así, el desequilibrio consecuente deteriora o desintegra lo instituido, con perdida de los referentes que proporcionan certidumbres, seguridad y protección adecuado a sus integrantes.

En la misma medida se va instalando una regresión, una pérdida de valores, de la cohesión colectiva y de los sentimientos de pertenencia necesarios para un sustento identificatorio. En consecuencia y en tanto lo amenazante se torna persecutorio, lo individual y/o grupal (barras, por ej) van cobrando predominio en desmedro de lo colectivo y comunitario.

Estas desestructuraciones se producen tanto en situaciones de debacle económica y/o política como en períodos de prosperidad. El progreso económico -mas aún si es abrupto- también produce cambios (2) que alteran el equilibrio social, como asimismo los usos y costumbres cotidianos, con la consecuente anomia, es decir, la pérdida creciente de normas o el desmoronamiento de los modelos legitimadores de las mismas. Deslegitimización a la cual contribuye la impunidad, esto es, la falta de castigo a la transgresión a las normas, que a la vez se naturaliza y justifica (3)

Los cambios, por su vertiginosidad, no permiten una adecuada elaboración, procesamiento o posibilidad de elaboración y/o significación de los mismos, lo cual se expresa en vivencias de inseguridad, vulnerabilidad, desamparo, desconfianza, pesimismo y ansiedades persecutorias y catastróficas, dada la contingencia de los hechos y sucesos, donde todo es posible, toda estabilidad es efímera y toda predicción infructuosa. En lo económico, en lo afectivo, en el manejo del tiempo y el espacio (4) Nada es seguro y todo es posible. Se trate de planificar un viaje, de padecer un accidente, de ser beneficiario de un hecho afortunado, de que se produzca un cambio climatológico imprevisto o de ser víctima de un robo o una violación en cualquier momento del día (5). Esta conjunción contradictoria de posibilidades infinitas por un lado, y absolutas incertezas por el otro, es factor de miedo y angustia, por cuanto lo único permanente es la percepción angustiante y temible del riesgo que conlleva el existir.

La lógica predominante en la sociedad actual promueve el consumo como único modo de inclusión reconocido o validado. Ya no solo el hecho de adquirir para tener sino por el consumo en si mismo. Bulimia consumista del consumo. No se compra -los que pueden- para usar o para tener sino para, ni bien sea posible, desecharlo por algo nuevo. “Fetichismo de la mercancía”(6). Conlleva también la mercantilización del ser humano, que pone su vida al servicio de un “trabajo” que, aunque lo enferme y cosifique, está al servicio del consumo y no de su desarrollo personal, y fundamentalmente de la “ganancia” de quien usufructúa sus esfuerzos, para ser “descartado” en cuanto deja de ser productivo o “viable” (7) .

Por otro lado están los que no obtienen ni siquiera lo indispensable para satisfacer sus necesidades mínimas en alimentación, vivienda, educación, salud. Así contrastan el despilfarro con la pobreza. La exhibición de los que pueden con la envidia de los carecientes. Casas “inteligentes” y cuatro por cuatro por un lado, viviendas sin luz, gas, agua, cloacas, por el otro. Sentimientos de superioridad por un lado, resentimiento por el otro. Todo lo cual genera una frustración generalizada. En los excluidos: debido a la injusticia y la denigración que padecen. En los que no: porque la obtención compulsiva de bienes materiales incrementan, en la misma medida, el agujero negro del vacío existencial, la falta de significado y sentido de sus vidas: el aburrimiento y el hastío en la nada de la abundancia material (8).

La realidad extra, intra e interpsiquica es traumática. Lo que dificultad la posibilidad de representación psíquica de lo que acontece. No se logra mentalizar. No alcanza “ver” para “creer”. Todo “parece mentira”. Disociación (no darse cuenta), despersonalización (sentirse raro) y desrealización (percibir al contexto como extraño), (9) con mecanismos de proyección e introyección masivos (atribución a lo externo el peligro o amenaza interno o viceversa, generando un estado confusional que impide la discriminación , “no sé si yo estoy loco o están locos los demás”), negación, omnipotencia y la búsqueda compulsiva de la excitación a través de conductas de riesgo y de peligro como el consumo de sustancias y, cabe agregar, de toda conducta adictiva: aquella que tiene su origen en una supuesta búsqueda de placer por medio de un objeto -droga, trabajo, deporte, sexo, juego o lo que fuere- y que luego se debe llevar a cabo compulsivamente con el fin de aliviar el displacer (abstinencia) que impone su ausencia, son algunas de las defensas psíquicas y conductuales (que con el tiempo se tornan una táctica de sobrevivencia, un modo de vida) que se implementan para tolerar este estado de las cosas (10).

Todo lo señalado es fuente y expresión de la violencia. Los innumerables estímulos (internos y externos) imposibles de ser mediatizados por el psiquismo, buscan su descarga. La ideación obsesiva y las conductas impulsivas generalizadas, expresan las limitaciones en la capacidad de pensar críticamente, de reflexionar, de simbolizar, de significar, de construir.

El pensamiento concreto, las emociones, las fantasías (o las pulsiones mismas) se manifiestan en la acción (acto) Se hace. Se actúa. Se lleva a cabo. Después, con suerte, se piensa. “Just do it” (11). Soy (somos), me afirmo, en la medida que suprimo o someto al otro (en sus ideas políticas, en su nacionalidad, en su sexualidad, en su religión, en aquello que es distinto a mí). Existo en la medida en que el otro/los otros, no existe/n (como se suelen decir los hinchas de fútbol cuando se refieren a equipos adversarios, donde ya no se trata de ganar un partido, sino de “lastimar”, “pasar por arriba” o directamente de “matar” al del otro “equipo”), bien porque yo mismo siento que no existo o me desvanezco, bien porque el otro “espeja” mi atroz precariedad identitaria. Todo lo “no yo” es peligroso y amenazante (12). Incluso lo supuestamente familiar. Mi propio “yo”, enajenado, también lo es, claro.

Sin empatía ni continencia los sentimientos y fantasías destructivas más perversas se potencian a la espera de su concreción. Solo basta un desencadenante para que se manifiesten en toda su magnitud. Aunque tal vez la mayor de las violencias es aquella que actúa por omisión en tanto ejercicio de poder: lo que pudiendo hacerse no se hace, lo se hubiera podido hacer a tiempo, lo que se quiere hacer cuando ya es demasiado tarde. Violencia que genera violencias (13)

El yo empobrecido, en una sociedad que se percibe empobrecida: sea a nivel gubernamental, de la oposición, las empresas, los sindicatos, la escuela, el hospital, la familia, la iglesia, el club, los medios de comunicación, en fin, las instituciones (o sea: la política, la justicia, la educación, la salud). La “inseguridad” no solo está referida a la indefensión frente a la delincuencia (que es producto del fracaso social y cultural y no un cuerpo extraño, como falsa y arteramente se pretende conceptualizar a los fines de resolver el problema de un modo simple; a tal punto que en un medio local se propuso una encuesta on line sobre como afrontar la “inseguridad” y figuraban distintas opciones menos la de la: prevención), sino a que, como he mencionado, nada es predecible en la cotidianeidad. Como en una cada vez mas extensa “tierra de nadie”, la arbitrariedad y/o el azar son las variables que condicionan una tensión constante fobígena y psicotizante. Lo que no promueve la creatividad y el afecto, sino por el contrario la rigidez, la estereotipia, el prejuicio, la anestesia alexitímica (la no percepción de los sentimientos), la bronca, el odio. Desde hace ya tiempo, ya nadie se emociona ni conmueve sino que se “quiebra” (término que se impuso en la dictadura refiriéndose a las víctimas doblegadas en la tortura). Se generalizan asimismo el desapego, la indiferencia, la identificación con el psicópata manipulador, como correlatos de una vulnerabilidad que extenúa cotidianamente los mas estoicos esfuerzos de quienes se sienten atravesados por situaciones que les suelen ser incomprensibles (14). Y muchas veces solo en el imaginario bunker del repliegue omnipotente, real o fantaseado - con alarmas y cámaras de seguridad externas o internas prestas a detectar el “peligro” - se intenta generar una envoltura protectora que no hace más que contribuir a la fragmentación y al aislamiento.

La conciencia de los conflictos y dificultades, implican algo mas que su percepción a nivel cognitivo. Su acción transformadora solo es dable cuando se convierte en conciencia ética, esto es, la convicción y el compromiso de hacer y contribuir solidariamente a mejorar las condiciones que posibiliten el crecimiento del conjunto acorde a la igualdad de posibilidades y el acceso a recursos similares, es decir, sin privilegios.

La multiplicidad, las transiciones, los cambios, generan contradicciones e intereses disímiles. Pero también enriquecedoras posibilidades de interacción e intercambio (15), en tanto sujetos sociales e históricos y no individuos, con autonomía (capacidad de pensar y sostenernos por nosotros mismos) pero interdependientes de y con nuestros semejantes (entendiendo que lo que a cualquiera afecta al conjunto; que no hay “se igual” que valga), que somos efectores y a la vez actores de la cultura y la historia. Sin planteos binarios simplistas que pretenden dar cuenta de realidades complejas, integrando y no discriminando, sin negar – ingenuamente- las discrepancias y la disposición de quienes están dispuestos a todo en pos de sus conveniencias más egoístas, pero también de muchos que siguen renovando la esperanza en una sociedad mas humana, mas justa, fraternal y altruista.

Dr. Miguel Angel de Boer

Comodoro Rivadavia, Septiembre, 2012



(*) Parte de estos apuntes dieron lugar a una publicación realizada en Febrero del 2010 en el diario local El Patagónico.

(**) Chubut. Argentina. Aunque tal vez bien pueda aplicarse, salvando algunas diferencias, a la provincia de Buenos Aires, a Denver o Wisconsin. (En cualquier momento nos aparece un psicópata serial o uno que use de blanco a una mulititud)

(1) Equipo Argentino de Trabajo e Investigación Psicosocial http://www.eatip.org.ar/

(2) Desde la activación petrolera, la ciudad de Comodoro Rivadavia - según distintos parámetros, dado que no hay censos oficiales a la fecha – ha por lo menos duplicado su población desde el año 2001 a la fecha, lo cual ha traído aparejado numerosos problemas vinculados con la falta de infraestructura y servicios, implicando un verdadero colapso en su funcionamiento. No sólo por su crecimiento poblacional, sino por el incremento del poder adquisitivo y el circulante de dinero que promueve la actividad petrolera, con el mayor parque automotor per cápita de la Argentina, por ej.

(3) Impunidad que se enraiza históricamente en los innumerables hechos criminales perpetrados desde el Estado sin que - en algunos casos nunca, y en otros hubo de pasar mucho tiempo - se produjera la sanción correspondiente (desde los masacre de los obreros y peones patagónicos a comienzos de la década del 20 - en este caso por la lana que era necesaria para alimentar la industria textil inglesa - hasta el genocidio perpetrado por la Dictadura del 76 para “reorganizar” la economía. Y en todos los casos para impedir o anular los derechos de las mayorías o las luchas en defensa de las mismas o en pos de objetivos que ponían en peligro el “orden” establecido). Cabe preguntar ¿hasta que punto estos modelos de violencia y crueldad no repudiadas por el castigo, siguen replicándose actualmente en acciones individuales y/o colectivas en total identificación con los mismos? Patotas que irrumpen en domicilios, uso de electricidad y torturas (incluida la picana) para obtener información, secuestros y desapariciones (en Comodoro mas de treinta sin esclarecer), etc. que siguen aconteciendo en democracia. Ni que hablar del trato a los presos en las cárceles o el accionar policial que en nada se desemeja a lo que ocurría durante la dictadura. O bien en comentarios como “en la dictadura esto no pasaba”, que muchos mencionan ante hechos delictivos y de inseguridad, o en propuestas como “la pena de muerte” o lisa llanamente “habría que tirarlos al mar desde un avión”. Es una tremenda paradoja que para dar fin a la delincuencia y a la inseguridad se reivindique la metodología mas atroz que haya existido en la historia argentina: el Terrorismo de Estado que, no por casualidad, se justificó con la teoría de la “Seguridad nacional” en su lucha contra “la delincuencia subversiva” y la “corrupción”. Que de paso (¿o acaso no fue su objetivo primordial?) hayan destruido todas las conquistas sociales que implicaron años de lucha y asesinado a los representantes populares mas genuinos para transformar la economía en beneficio de una minoría “nacional” y de intereses extranjeros, que se hayan enriquecido con robos (incluidos niños) estafas y extorsiones, perpetrado un vaciamiento educativo, cultural, entre otras minucias, no parece relevante para los actuales “pedidores de mano dura”, dado que en realidad son su expresión mas directa. No cabe duda que el discurso ideológico autoritario de la dictadura aún persiste en el imaginario de una gran parte de la población, pese al tiempo transcurrido. Cosa que no debe sorprender: así como en los juicios realizados a los represores se han ido revelando las complicidades civiles, los próximos a efectuarse en las causas de secuestros, torturas, desapariciones en campos de concentración que funcionaron en nuestra ciudad, seguramente develarán también el grado de colaboración “patriótica” activa que hubo en la región (de la cual ya ha ido dando cuenta las listas del PCI, Personal Civil de Inteligencia, que han sido publicadas hasta la fecha). Cabe recordar que en el 2004 escribí un relato ficcional sobre este tipo de mentalidad autoritaria que fue publicado como un ensayo debido a la muy mala fe del periodista que lo hizo (pues me había consultado previamente de que género se trataba) y que con bastante gusto difundieron varios sabiendo que era “carne podrida” http://www.poesi.as/pcmigboe07.htm

(4) De esto han dado cuenta numerosas investigaciones y publicaciones vinculadas a los cambios tecnológicos, comunicacionales y demás. Pero en relación a lo que mencionaba con lo que ocurre en Comodoro, todos los parámetros han ido variando en forma constante. La falta de estacionamiento y el congestionamiento vehicular, las colas en bancos y comercios, las demoras en la atención a todo nivel (como en las prestaciones de salud), los cortes de calles y rutas por conflictos sociales, etc. generan una tensión permanente en la población (sin por esto dejar de incluir como parte de la misma a los que deben atender al público, a los prestadores, a los que realizan cortes, que padecen zozobras similares), por cuanto los tiempos son incalculables, sea para trasladarse de un lugar a otro, sea para hacer un trámite, pagos de servicios o una simple compra. Con lo cual se incrementa la irritabilidad, la desazón, la baja de tolerancia, incidiendo a la vez en la interacción y restringiendo la movilidad personal y/o familiar. “Prefiero quedarme en casa”, “tenia ganas de salir pero me quedé porque es un lío”, son algunas de las frases que más se escuchan. Otra: “Mejor no enfermarse, o porque te dan turnos para dentro de un año o si te tienen que internar no hay camas, y menos tener una urgencia, porque cuando llega la ambulancia ya estás muerto” (o bien las trágicas secuelas, a veces irreversibles, que deben sobrellevar víctimas y familiares debido a la demora). Una de las mas impresionantes (por lo que implica) consecuencias de esta vertiginosidad, se patentiza en lo que parece ser la negación de la muerte y el duelo mismos: cada vez con mas frecuencia nos enteramos de un fallecimiento cuando ya ocurrió el sepelio del occiso, pues ya se realiza cada vez menos el inmemorial ritual del velatorio que desde su aparición ha venido elaborando, como modo de afrontar la finitud, la especie humana. ¿No será este desconocimiento de la muerte una manifestación directa del poco aprecio que se tiene por la vida?

(5) Tiempo atrás, en el mismo día, una persona mayor falleció, mientras dormía, carbonizada por un incendio accidental con un artefacto (pues no tenía gas natural), al tiempo que a otra - también mayor y durmiendo - la encontraron congelada por el frío, pues carecía de todo implemento. Si bien estos tristes ejemplos se caracterizan por un franco componente socioeconómico, sirve para ilustrar la idea de que “nos puede pasar cualquier cosa” debido a lo azaroso que se ha tornado la vida actual. Posiblemente explique también el refugio en recursos mágicos (“manosantas”, “caciques”, profesores, brujos, y diversos “especialistas” en magia negra, blanca, roja, “limpiezas”, “amarres”, “nudos”, “candados”, “uniones”, “curas”, que no pocas veces incurren en el ejercicio ilegal de la medicina) que conjuren la aleatoriedad o falta de certeza de lo que puede acontecer.

(6) Trascendió la información de que una de las cadenas de electrodomésticos más importantes del país había logrado su récord de ventas de todas sus sucursales en esta ciudad.

(7) Si bien este es uno de los rasgos predominantes del capitalismo, en el caso de la actividad petrolera se destacan factores característicos en nuestra zona. Trabajo verdaderamente estresante e insalubre, por su horarios prolongados, (el trabajador permanece un promedio de 12 horas fuera de su hogar dadas las distancias donde se encuentran la áreas de explotación), en muchos casos con guardias rotativas de lo mas variadas (6x3, 4x4, 21x7, 30x10 , etc. que indican los días de trabajo por los días de descanso, con el tremendo impacto en el ritmo vital que esto significa), con grandes riesgos de accidentes y enfermedades laborales: inherente a las tareas mismas (exposición al frío o el calor, maniobras peligrosas y de esfuerzo, uso de material tóxico, etc), en un medio geográfico que por sus características acentúa el aislamiento y la soledad, no en pocos casos conllevan al agotamiento físico y/o por estrés, a la depresión, ansiedad, a las crisis de angustia (pánico) y a las fobias, al consumo de sustancias legales e ilegales (donde la cocaína se ha sumado al alcohol) o a las enfermedades somáticas más diversas, de lo cual pueden dar cuenta las estadísticas de los médicos laborales o las ART. A lo descripto cabe mencionar que en muchos casos ocurre casi lo contrario debido a personal supernumerario por cupos que imponen los sindicatos en sus negociaciones. Aquí, la rutina, la monotonía, van minando la salud mental de quienes cobran un sueldo solo por cumplir un horario. Si a esto se suma el efecto deteriorante que produce en el medio familiar, no solo por la ausencia (a las horas que el trabajador se encuentra fuera del hogar hay que sumar el tiempo de sueño, con lo que prácticamente solo va a dormir), sino a la conflictiva que genera un verdadero embrutecimiento en el trato interpersonal (“si en una sala de espera hay alguien gritando por el celular, si se alguien se cuela en una fila medio de prepo”, “si alguien se cruza en rojo en un semáforo, seguro que es un petrolero”, se suele escuchar en la calle), producto del mismo embrutecimiento al que el trabajador es sometido cotidianamente. Así las consultas por depresión, consumo de sustancias, trastornos del sueño, conflictos conyugales, abuso, cambios de conducta y dificultades de rendimiento en los niños y adolescentes, de parte de los familiares son la contratara de la deshumanización constante que implica el “petróleo”. Las vivencias de la mujer, esposa o compañera del trabajador petrolero - las vicisitudes de su rol - merecerían un desarrollo en particular. Aunque, cabe mencionarlo, el desmembramiento no es exclusivo de la familia petrolera, ni tampoco ocurre indefectiblemente en la misma.

(8) Los sueldos exuberantes de los petroleros (si los comparamos con otras actividades, porque en realidad en una gran mayoría son acordes con la insalubridad y riesgos ya mencionados, mas aún si consideramos el alto costo de vida que tiene la región; ni que mencionar los sueldos de los empleados administrativos que, salvo los jerárquicos, son limitados), se traducen en un gran poder adquisitivo y un progreso económico acelerado, que contrasta con la pobre calidad de vida (afectiva, emocional, social, cultural, académica) condicionada por los factores mencionados que caracterizan su tarea, con el tremendo desgaste subjetivo que esto implica. O sea: al deterioro físico se suma el deterioro psicosocial. ¿Efectos patológicos de la “inclusión”? Viene a colación recordar una escena de la película “Diamantes de sangre” en la cual los protagonistas principales llegan a una aldea – la historia transcurre en Kenia – que acaba de ser atacada por los traficantes. Con las llamas del incendio de fondo, se encuentran con uno de los habitantes que está huyendo quien les refiere lo ocurrido (en el desarrollo previo del film ya han visto escenas escalofriantes respecto a lo que están dispuestos los mercaderes con tal de obtener ganancias con la explotación de piedras preciosas), luego de lo cual agrega a modo de consuelo algo así como: “¿Ojalá que acá nunca encuentren petróleo!”. Dando a entender que todo sería mucho peor.

(9) “Parece otra ciudad”, “Ya no encuentro ningún conocido”. “Comodoro no es la de antes”, es lo que suelen decir los pobladores mas antiguos refiriéndose a los cambios que se produjeron, y se siguen produciendo, por la llegada de quienes vinieron atraídos por la posibilidad de trabajo que encuentran en la actividad petrolera. Migrantes internos y numerosos inmigrantes de otros países han modificado la percepción y vivencia de “lo familiar” o “conocido” que existía antes de su llegada, con el sentimiento de “extrañeza” que esto genera. Y por parte de los “recién llegados” el desarraigo que implica la lejanía de sus lugares de origen y las consecuencias que esto trae aparejado (y que desarrollado en mi libro “Desarraigo y depresión en Comodoro Rivadavia – y otros textos” 3º Edición). Algo que siempre ha ocurrido en los períodos de activación (con sus reflujos correspondientes) pero que ahora ha cobrado una magnitud que no se había producido antes.

(10) Si bien el consumo de sustancias (uso y abuso) es de larga data, donde la ingesta de alcohol ha sido y sigue siendo uno de los problemas mas generalizados en la región patagónica (y el mundo), el poder adquisitivo por un lado, la marginación por el otro, y con una oferta que se ha ido instalando de un modo gradual y eficaz en estos últimos años, las sustancias ilegales han ido ocupando un lugar creciente en la problemática de las conductas adictivas.

(11) Lo cual se manifiesta en numerosos episodios que parecen naturalizarse dada su frecuencia y diversidad. No sólo los actos delictivos (Comodoro Rivadavia es una de las ciudades con la tasa de homicidio más alta del país, ocupando nuestra provincia – Chubut- el cuarto lugar en la tasa de suicidio adolescente), sino las conductas agresivas y violentas que se manifiestan cotidianamente en las relaciones interpersonales, familiares, laborales. El uso de armas para dirimir conflictos comunes, los abusos, las discusiones o violencia verbal o física sea por choque en una esquina, a un médico por dar un diagnóstico no satisfactorio o a una maestra porque sancionó a un alumno, son expresiones de una agresión destructiva que fluye “libre” y “erráticamente” siendo su percepción de predictibilidad casi imposible. Agresividad no solo ajena, sino también propia, se entiende (“Me siento enojado, violento”, “no aguanto nada”, “estoy que exploto”, son frases que se escuchan con frecuencia). Y digo percepción porque creo que en realidad muchas de las cosas que pasan son previsibles, y se podrían evitar implementando planes y acciones políticas y sociales adecuadas. ¿O acaso no es previsible que si crece la población exponencialmente, si aumenta el consumo de sustancias, si no hay controles adecuados en seguridad, si hay desigualdades sociales, déficits en salud y educación, si los modelos que vienen de “arriba” son de corrupción y violencia, etc., es muy probable que se seguirán padeciendo por mucho tiempo estos episodios, que no por nada, siguen produciéndose, ante la, también, continúa indiferencia de gran parte de la ciudadanía? Indiferencia que, cabe destacarlo, no es el mero desinterés o apatía, sino una defensa psíquica ante la impotencia y el desamparo, un modo de resistencia, que tiene su correlato en la falta de conciencia ética y de responsabilidad social. (Continuidad del “no te metás” y que sigue quebrantando la trama social)

(12) Este es otro de los factores de porque los petroleros, por más que tengan los mejores sueldos, posean una o mas 4 por 4 y/o varios vehículos mas por familia, propiedades, y puedan adquirir mas electrodomésticos, buena vestimenta o viajar mas que el resto de la población, son considerados - no obstante- “unos negros de mierda” (Trato que también se dispensan entre ellos cuando se trata de facciones sindicales o gremiales diferentes). O que los inmigrantes sean “bolitas, paraguas o dominicanos”, “que lo único que hacen es traer a sus paisanos o mandar la guita afuera” (que las operadoras o bancos se lleven miles de millones no es problema), lo que habla de una xenofobia y discriminación que en el caso de esta ciudad es histórica y contradictoria. Cabe recordar que los que conformaron esta región (luego del exterminio de las etnias originarias) inmigrantes europeos primero, chilenos y de provincias norteñas después, hicieron exactamente lo mismo en su momento. Es decir: ayudaban a sus familiares y paisanos enviándoles dinero o posibilitando su venida de distintos modos (también se casaban a la distancia con esa finalidad). Y también siempre hubo discriminación y descalificación hacia los “foráneos”, se tratara de “tanos”, “gallegos”, “rusos”, “chilotes”, “catas” según el momento o etapa. Pero parece que antes de esta última oleada, en Comodoro éramos todos rubios y de ojos celestes. De los pueblos originarios, ni noticias, como si nunca hubieran existido. En relación a esto, cuando aludo al concepto de identidad, me refiero a rasgos que no son fijos ni conforman esencia alguna, sino que van variando y cuya plasticidad, precisamente, es la que brinda una mismidad subjetiva con continuidad en el tiempo y el espacio. No es algo dado, eterno e inmutable que deba protegerse de “agentes” o factores extraños, concepto que abona los fundamentalismos más retrógrados.

(13) A ello se debe la alusión que suele tener el común de la ciudadanía al referirse cada vez que asume un nuevo gobierno “que parece que vinieran de Marte o Venus”. Esto tiene que ver con las reiteradas muletillas de que “lo heredado por la nueva gestión” o que “ahora si se resolverán los problemas de fondo” son vividas como verdaderas provocaciones a la memoria y la inteligencia individual y colectiva. Mucho mas irritante por cuanto muchos de los funcionarios vienen “rotando” a través del tiempo en distintos cargos (“verdaderos todoterreno”) asumiendo todo lo que se les ofrece con absoluto cinismo y/o favoreciendo la incorporación de familiares y amigos en sus respectivas “áreas”, en nombre del pragmatismo (“panquequismo” en el decir popular), de la necesidad de ocupar espacios en el “juego” de la política o por intereses varios, pero que es percibido por los “votantes” como inmoral (algo a lo que nos acostumbramos en la neoliberal década de los noventa), corrupto y deshonesto.(¡Claro que hay excepciones!) En tanto, necesidades que esperan ser resueltas hace años (el principal Hospital público y su deterioro constante, la falta de una Terminal de Ómnibus adecuada, el traslado del basural y las plantas de tratamiento, un parque eólico en donde calcularon mal la velocidad del viento por lo que los molinos no funcionan, un estadio deportivo a medio hacer, la ciudad judicial, solo por nombrar algunas) o proyectos como la destilería o el Corredor Bioceánico que vaya a saber cuanto dinero insumió y se ha desvanecido en el aire (o en los bolsillos de vaya a saber quienes). Todo lo cual, “esta vez sí”, parece que se va a resolver definitivamente.

(14) No pocos comodorenses de “antes” o de “ahora”, son los que con dedicación y honestidad, quieren lo mejor para si mismos y sus semejantes. Que siguen creyendo que con conciencia y responsabilidad habremos de construir sociedad mas equitativa. Que les duele la injusticia y la desigualdad. Que hacen lo que hacen por convicción. Que aborrecen de todo lo que denigra al ser humano. Esto se manifiesta en lo laboral, en lo artístico, en lo deportivo, en los innumerables actos de solidaridad que ocurren en distintas instituciones, brindando destellos de esperanza que no se amilanan pese a las más adversas circunstancias.

(15) Desde su origen, como el país todo, Comodoro se ha nutrido de la multiplicidad étnica y cultural. Muy joven aún, solo en la en la medida que se logre una integración que posibilite el beneficio del conjunto, podrá encauzar su potencialidad en toda su magnitud.