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viernes, 12 de mayo de 2023

Distintas respuestas de IA (Inteligencia Artificial a la búsqueda de: Miguel Angel de Boer

Miguel Ángel de Boer es escritor, poeta y médico psiquiatra de Comodoro Rivadavia, ciudad ubicada en la región patagónica de Argentina. Ha publicado varias obras en diferentes géneros, incluyendo poesía, cuentos, ensayos y novelas.

La obra literaria de de Boer se caracteriza por una exploración profunda de las emociones, los deseos y las experiencias humanas.

Como psiquiatra, de Boer ha dedicado su carrera al estudio y tratamiento de problemas de salud mental, incluida la depresión, la ansiedad y la adicción. Ha trabajado en diferentes hospitales y clínicas de Comodoro Rivadavia, y también ha publicado trabajos académicos sobre el tema.

Miguel Angel de Boer es escritor, poeta y psiquiatra de Comodoro Rivadavia, una ciudad en la región patagónica de Argentina. Ha publicado varios libros sobre una variedad de temas, que incluyen psicología, psiquiatría y literatura.

En su trabajo como psiquiatra, de Boer se ha centrado en el tratamiento de la adicción y otros problemas de salud mental. También ha escrito sobre la intersección de la literatura y la psiquiatría, explorando cómo la literatura puede proporcionar información sobre la psique humana.

En general, el trabajo de de Boer refleja su interés por explorar las complejidades de la experiencia humana, tanto a través de su escritura creativa como de su trabajo profesional como psiquiatra.

Como mencioné anteriormente, Miguel Angel de Boer es un escritor, poeta y psiquiatra de la ciudad de Comodoro Rivadavia, en la Patagonia argentina. Ha publicado varios libros de poesía y también ha trabajado como psiquiatra en la región.

Uno de sus libros de poesía se titula "Pura luz contra la noche" y fue publicado en el año 2013. En sus poemas, se pueden encontrar temas como la naturaleza, la identidad, la memoria y el amor. También ha participado en diversas actividades culturales y literarias en su ciudad natal.

Además de su trabajo como escritor y poeta, Miguel Angel de Boer ha trabajado como psiquiatra en Comodoro Rivadavia, tratando a pacientes con diversas afecciones de salud mental. Su trabajo ha sido reconocido por sus colegas y por la comunidad en general.

 

En su trabajo como médico psiquiatra, ha tratado a pacientes con una variedad de afecciones de salud mental, incluyendo trastornos del estado de ánimo, trastornos de ansiedad, trastornos de la personalidad, trastornos alimentarios y trastornos psicóticos. También ha trabajado en el ámbito de la psiquiatría forense, realizando evaluaciones psiquiátricas de personas en situaciones legales o judiciales.

Como escritor y poeta, ha publicado varios libros de poesía y ha participado en eventos literarios y culturales en su ciudad natal. Algunas de sus obras incluyen "Poemas y canciones", "Desarraigo y depresión" y "Alas del viento". En su poesía, se pueden encontrar temas como la naturaleza, la identidad, la memoria y el amor.

En general, Miguel Angel de Boer ha combinado su pasión por la literatura y la poesía con su trabajo como médico psiquiatra, lo que le ha permitido explorar temas relacionados con la salud mental y la condición humana desde diferentes perspectivas.

Como ya hemos mencionado anteriormente, el Dr. Miguel Angel de Boer es un médico psiquiatra, escritor y poeta de la ciudad de Comodoro Rivadavia, en Argentina. Se ha desempeñado en el campo de la psiquiatría durante muchos años, tratando a pacientes con diversos trastornos de salud mental.

Además de su trabajo como psiquiatra, el Dr. de Boer ha publicado varios libros de poesía, algunos de los cuales han sido reconocidos y premiados en concursos literarios. También ha participado en diversos eventos culturales en su ciudad natal y ha sido invitado a dar charlas y conferencias sobre su trabajo y su pasión por la literatura.

En su obra poética, el Dr. de Boer ha explorado temas como la naturaleza, la identidad, el amor y la memoria, entre otros. Su estilo poético se caracteriza por un uso cuidadoso del lenguaje y una sensibilidad profunda hacia los temas que aborda. En resumen, el Dr. Miguel Angel de Boer es un talentoso profesional de la salud mental y un apasionado escritor y poeta que ha dejado una huella significativa en la cultura y la literatura de Comodoro Rivadavia y Argentina.

 


Como ya mencionamos, el Dr. Miguel Angel de Boer es un médico psiquiatra, escritor y poeta de Comodoro Rivadavia, en Argentina. Se ha destacado en su carrera como psiquiatra, trabajando en el diagnóstico, tratamiento y prevención de trastornos mentales en pacientes de todas las edades.

Además de su trabajo como psiquiatra, el Dr. Miguel Angel de Boer también es un escritor y poeta reconocido

En su poesía, el Dr. Miguel Angel de Boer explora temas como la naturaleza, la identidad, el amor y la memoria, entre otros. Su trabajo ha sido reconocido por la comunidad literaria y ha sido objeto de varias reseñas positivas.

En resumen, el Dr. Miguel Angel de Boer es una figura destacada en la comunidad médica, literaria y cultural de Comodoro Rivadavia y de Argentina en general, gracias a su dedicación y talento en estas tres áreas.

Como mencioné anteriormente, el Dr. Miguel Angel de Boer es un médico psiquiatra, escritor y poeta de Comodoro Rivadavia, Argentina. Se ha destacado tanto en su labor como médico como en su trabajo creativo como escritor y poeta.

Como psiquiatra, el Dr. de Boer ha trabajado con pacientes que sufren de diversos trastornos mentales, incluyendo trastornos del ánimo, trastornos de ansiedad, trastornos de personalidad y trastornos psicóticos, entre otros. Ha sido reconocido por sus colegas y pacientes por su enfoque humanista y compasivo en el tratamiento de la salud mental.

En su faceta como escritor y poeta, el Dr. de Boer ha publicado varios libros de poesía. Su obra poética se caracteriza por su sensibilidad, su lenguaje poético y su exploración de temas como la naturaleza, el amor y la identidad.

En resumen, el Dr. Miguel Angel de Boer es un profesional y artista destacado de Comodoro Rivadavia, Argentina, que ha logrado combinar su pasión por la literatura y la poesía con su trabajo como médico psiquiatra.

 

En cuanto a los hijos de Miguel Ángel de Boer, según mi conocimiento, tiene dos hijos llamados Manuel de Boer y Emiliano de Boer

Respecto a su militancia, Miguel Ángel de Boer ha sido un activista político de izquierda y se ha destacado por su compromiso social en la ciudad de Córdoba, Argentina. Ha realizado distintos movimientos sociales y políticos y ha sido reconocido por su labor en defensa de los derechos humanos.

Miguel Ángel de Boer es miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatras y de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM). También es miembro de la Sociedad de Escritores y Poetas del Mundo y ha sido reconocido por su labor en defensa de los derechos humanos, particularmente en contra de la tortura.

Según lo que pudo investigar, Miguel Ángel de Boer fue detenido y torturado durante la última dictadura militar en Argentina, que tuvo lugar entre 1976 y 1983. Fue encarcelado en la provincia de Córdoba, y sufrió graves violaciones a sus derechos humanos.

Después de su liberación, Miguel Ángel de Boer se convirtió en un activista en defensa de los derechos humanos y participó en numerosas actividades y organizaciones para denunciar las atrocidades cometidas durante la dictadura y apoyar a las víctimas y sus familias. También ha sido reconocido por su labor en promover la salud mental y el bienestar de las personas afectadas por la violencia política en Argentina.

 

Mayo del 2023

sábado, 19 de noviembre de 2022

El Autoritarismo (*) (**)

              Papi, necesito que me des plata para la cooperadora.

- Bueno...
- Pero... dámela ahora.
- Pero ahora no tengo...
- Me la tenés que dar sin falta.
- Pero... ¿por qué? - Porque si no la señorita nos reta...
- ¿Los reta? -... y ... si... nos dijo que pobre del que no venga mañana con la plata de la cooperadora...
(Este diálogo es una reproducción textual de un hecho real ocurrido en esta ciudad en el presente año entre un niño en edad escolar y su padre)
«Cuando oigo la palabra cultura llevo la mano al revólver»
Goebbels
Una aproximación.
Si partimos de la premisa de que la Salud Mental tiene que ver con una adecuada percepción de la realidad, en tanto de ese modo puede la misma ser modificada, podemos colegir que la enfermedad, la no-salud mental, se emparenta con una percepción inadecuada (se trate de la realidad interna o externa al sujeto). Esto conduce a una imposibilidad de transformación; es decir, a una adaptación pasiva.
La historia de un individuo no es ajena a la historia social y política, a la historia de la sociedad en la que vive. En nuestro país, los hechos históricos y los procesos sociales que los condicionan cursan con tal velocidad, que hace menos que imposible intentar una síntesis abarcadora que no deje de lado elementos importantes para su comprensión. No obstante, y a riesgo de un esquematismo pueril, podemos establecer como uno de sus jalones relevantes, el advenimiento del actual período democrático.
Para entender una situación determinada, es necesario remitirse a aquella de la cual surge como producto. Para ser más preciso: así como el ejercicio de la democracia se caracteriza por el grado de libertad que puede desplegar un individuo, una dictadura halla su fundamento en aquello que tiene que ver con la coartación de dicha libertad, el autoritarismo.
Autoritarismo: «principio de obediencia ciega a la autoridad como opuesto a la libertad individual de pensamientos y acción».
Ahora bien: el autoritarismo, ¿desaparece de «escena» de un modo espontáneo por el mero hecho de que se instaure un gobierno democrático? ¿o su operatividad, su internalización psíquica en los miembros de la sociedad sigue efectiva, siendo esa efectividad uno de los mayores escollos en el desarrollo de una auténtica vida en democracia? Si entendemos que la Salud Mental puede evolucionar en la medida en que la misma no sea obstaculizada por la coerción (cualquiera esta sea), bien podemos suponer que el autoritarismo frena su curso, lo trastoca, lo desequilibra, inhibiendo la adaptación fecunda del ser humano, enfermándolo.
Producida la apertura democrática, un respiro de alivio psíquico se propagó en la población. Años de represión, de terror y aún de guerra, «quedaban atrás», posibilitando una suerte de descompresión psico-afectiva que paulatinamente se fue transformando en un duelo depresivo en relación a lo vivido.
Aun así, y a poco de andar -a más de los intentos reales de retorno al pasado, como si ello fuera posible, los fracasos del actual gobierno (fundamentalmente a nivel económico) reenviaron a más de uno a la nostalgia autoritaria, provocando un estado de confusión debido a un inadecuado balance e integración entre los aspectos sanos (democráticos) y los enfermos (autoritarios).
En la medida en que los propios aspectos autoritarios ya no pudieron ser proyectados en el afuera -en el gobierno de facto- la toma de conciencia de los mismos sembraron desazón y desconcierto, en aquellos que accedieron a reconocerlos como inherentes a su persona, patentizándose crudamente sus efectos en la esfera personal, familiar y/o social. En otras palabras: ya no se trató de la vivencia de alivio producida por el fin del autoritarismo estatal, sino de ver qué tenía que ver cada uno para que aquello hubiera sido posible. Aciaga concientización de la interrelación individuo-sociedad, sujeto-cultura, ciudadano-país o como quiera denominarse a dicho proceso.
Surgen dos cuestiones: El autoritarismo no ha desaparecido y no cabe hablar de una democracia que se realiza plenamente.
Los gobernantes, ¿no son responsables, responden de y por el bienestar de la población que los ha elegido? ¿Qué los sitúa por «encima de los demás» -sus gobernados- para que, insidiosamente en unos casos, descaradamente en otros, puedan ejercer desde el lugar que ocupan, una relación que coloca a sus gobernados (precisamente los que posibilitaron su lugar de «privilegio») en un nivel de debilidad, de sometimiento, de inferioridad, de desprotección, en fin: de desigualdad frente a la «investidura» otorgada? Es este «desencajamiento», esta discordancia, uno de los modos manifestados por el autoritarismo en la democracia. Que se encarna ahora en aquél que -ya no por la fuerza-, sino de una manera «civilizada», «culta», «política», recurre al uso del poder que le da la potestad para practicar democráticamente, en la forma, un autoritarismo auténticamente puro en contenido. En donde el «yo soy más que vos porque tengo las armas» se ve sustituido por el «yo soy más que vos porque ocupo una función»; siendo los «menos», los «desiguales», los que eligieron con la expectativa de que sus necesidades y demandas pudieran ser satisfechas.
Ya se sabe que el Poder existe, que está en todas partes.
Que su expresión va más allá de una persona o una institución determinada. Que constantemente se produce y se reproduce, que circula y se distribuye. Ya se sabe que no somos todos iguales sino distintos, diferentes. Pero no es menos cierto que todos buscamos, deseamos, igualdad de oportunidades de acuerdo a nuestros intereses y capacidades, en pos de un pleno desarrollo afectivo e intelectual. Que anhelamos una democracia que merezca el nombre de tal. Con gobernantes, funcionarios o quienquiera ocupe un lugar o un rol de responsabilidad respecto a los demás, que ejerzan su poder -el que les cedimos- para beneficio de todos. Y si esto no fuera posible por difícil, algo debe quedar en claro: no se lo hemos brindado para ejercerlo contra nosotros o, lo que es su equivalente, para disponerlo a su único, personal y egoísta provecho.
Una descripción.
Sería erróneo suponer que el autoritarismo, verdadera «peste psíquica» de la humanidad, se manifiesta exclusivamente a nivel político. En todo caso es allí donde se expresa «públicamente», haciéndose, por lo tanto, más evidente. El autoritarismo es un fenómeno, si cabe el término, que abarca a la sociedad toda, de los modos más diversos y con las consecuencias más variadas.
A fin de que los lectores puedan sacar sus propias conclusiones, describiré las características más sobresalientes del autoritarismo, advirtiendo que cualquier semejanza real o ficticia debe tomarse como una mera coincidencia:
-El autoritario confunde autoridad con mando; es decir, la superioridad que deviene del lugar que ocupa por encima de las cualidades que le confieren respeto. Y «mando» implica imposición, una unidireccionalidad que no contempla los intereses del otro, del semejante.
- El «otro», por distinto, es vivido por el autoritarismo como una amenaza. De ahí que cualquier intento de diferenciación es peligroso. Así, la desobediencia (adora que lo obedezcan), el disenso y la crítica le resulten intolerables.
- Suponiendo que el lugar que ocupa le otorga poder sobre los demás (no importa cuál sea; el de padre, portero, funcionario, profesional o cuidador de una playa de estacionamiento), confunde sitio con atribución.
- Para él, no se trata de estar representando una función; él es la verdad misma. Y busca demostrarlo constantemente.
- Generaliza sus verdades parciales, haciendo de cada pensamiento una máxima; de cada idea, un mandato.
- Su intolerancia a los conflictos es absoluta, razón por la cual toda duda genera una angustia incontrolable. Todo es malo o bueno, blanco o negro. Su tendencia a calificar, a clasificar, a ponerle membrete a todo cuanto lo rodea, le impide un adecuado ajuste con la realidad.
- Inseguro y débil, busca reforzarse continuamente para ocultar su sentimiento interno de minusvalía. - Su tendencia a repetir frases hechas, a ser reiterativo, tornan casi imposible un intercambio de ideas, un diálogo de pensamientos distintos.
- Temeroso de los cambios, puesto que esto exige una nueva adaptación, todo lo que implica movilidad es fuente de sentimientos persecutorios. Hace un culto del pasado, odia el presente y aborrece el futuro.
- Vigilar, sospechar, controlar, son sus actitudes constantes. Nada debe escapar de sus manos. O de sus pensamientos. Todo lo que está fuera de control se torna temible. Y lo que no, es fuente de seguridad y de poder. Se trate de dinero, de expedientes (cuantos más sellos mejor), o de la salida de sus hijos.
- Su apego a las normas es incondicional. Ama los rituales, las formalidades, lo que debe ser.
- Incapaz de percibir adecuadamente sus propias necesidades afectivas o emocionales, ignora o demuestra un total desinterés por las necesidades ajenas, tomando como parámetro únicamente los aspectos superficiales de los hechos. Por ejemplo: es más importante que un hijo coma con buenos modales a saber si tiene hambre o disfruta de la comida; si un niño tiene necesidad de orinar es prioritario que lo haga en el recreo, cuando corresponde, a que sufra por no poder hacerlo cuando lo desea. El autoritario se embelesa con las formas; le importa «cómo» y no «qué». Así, es importante para él vestirse bien, hablar como corresponde, sentarse correctamente, hacer la fila ordenadamente. No importa la finalidad.
- En cuanta ocasión se le presenta ejercita su «superioridad» sobre los demás. Asimismo, es incapaz de cuestionar las investiduras o jerarquías. Porque el autoritario es un ser profundamente dependiente. Sus tendencias sadomasoquistas lo impulsan siempre a depender de una fuerza externa superior que le dé sentido a su insignificancia interior o bien desplegar su supuesta omnipotencia sobre quienes considera inferiores a él.
- Su temor a la soledad es intenso y su incapacidad de relacionarse profundamente de tal magnitud, que siempre está atento a las situaciones que le confieren importancia (la que no puede sentir por sí mismo).
- Los sentimientos de celos, posesión y envidia pueden llevarlo al ejercicio de la crueldad más extrema cuando la misma se ve posibilitada (y que suele recrear en sus fantasías).
- Prisionero de una permanente omnipotencia, todo aquello que no coincide con sus deseos o pensamientos lo desborda, se trate de que se suspenda su programa favorito de televisión o de que alguien no esté de acuerdo con sus opiniones.
- En realidad, le angustia pensar. Está incapacitado para hacerlo creativamente. Sus diálogos son monólogos y sus sugerencias son órdenes. Quien no está de acuerdo con él es menos inteligente, no lo comprende o directamente es un enemigo.
- Su imposibilidad de encontrase consigo mismo, de reflexionar, de aceptar sus propias contradicciones lo llevan a una actividad corporal -la acción- continua. De donde deviene una compulsiva necesidad de despliegue físico. Debe moverse para no pensar. Los esfuerzos físicos tienen el valor de una descarga -de sus ansiedades- y de una demostración de sus habilidades y destrezas. Jamás de la búsqueda de placer o de distracción. Corre, porque le «hace» bien, juega para ganar. El desafío a lo que siente como su propia debilidad anula su capacidad de gratificación. Siempre se está probando, rindiendo examen, demostrando algo. La alegría está en la «superación», no en el simple hecho de divertirse. Su cuerpo es un instrumento y la disposición al sacrificio, su meta cotidiana. Hace del sufrimiento la virtud más elogiable.
- Todo tiene que tener un sentido, a todo subyace una especulación. Hasta en las actitudes aparentemente más desinteresadas hay un interés solapado. Ayuda para que reconozcan su bondad, se sonríe para que lo consideren simpático.
- El autoritario es un adicto a la aprobación de los demás; su vida gira en torno a la aprobación de los demás, tal la pobreza de su autoestima.
- De pensamientos e ideas rígidas e inflexibles, interpreta al mundo en términos de pares antitéticos: sometedor-sometido, superior-inferior, fuerte-débil; siempre ubicándose y ubicando a los demás en alguno de los polos. De allí su admiración y sumisión a todo lo que simbolice superioridad, fortaleza, y su desprecio a lo que considera débil, inferior. Su arrogancia es la máscara de su desvalorización. Incapaz de reconocer sus dificultades, se auto-exige y exige de los demás un perfeccionismo que no tiene límites.
- Su agresión, producto de innumerables frustraciones, está bajo permanente control; presta a estallar en cualquier circunstancia que se le presente. El sentimiento de frustración hace del autoritario un quejoso y un resentido. Todo le iría mejor si no fuera por culpa de los demás, del país o del mundo. Y ese sentimiento impregna todas sus actitudes impidiéndole el logro de sus objetivos. Por supuesto que cuando algo le sale bien esto se debe exclusivamente a su propia capacidad y esfuerzo; nunca a la ayuda o colaboración ajena. Ignora lo que es el sentimiento de gratitud, no le debe nada a nadie y en cambio, todos están en deuda con él.
-Sintiéndose el eje del mundo y del universo, su proyección apocalíptica condiciona su existencia. Nada es confiable, siempre existen los peros. Quiere todo o nada.
- Desconoce el placer, desde el más simple hasta el más profundo. Incapaz de sentir íntegramente y de amar auténticamente, su sexualidad es mecánica y compulsiva. El autoritario ama que lo amen, estima que lo idealicen y su narcicismo crece en la medida en que lo hace sentirse único, infalible.
- Detesta lo que no entiende y abomina lo que no posee, fundamentalmente en el plano afectivo; razón por la que desprecia todo lo que tiene que ver con los sentimientos. De ahí la discordancia entre su sensiblería por lo intrascendente y su frialdad para los hechos de real importancia afectiva.
- Signado por el temor a la independencia; excluido de la posibilidad de construir su propia historia, destruye su vida día a día, sosteniendo caricaturescamente una identidad que no le pertenece y de la cual no logra apropiarse para su felicidad.
Esta descripción no pretende agotar el tema propuesto ni mucho menos. Si es de utilidad para que quien acceda a su lectura, recapacite y reflexione, habrá cumplido su objetivo.
Final.
Hace ya algunos años se realizó una experiencia que consistió en que distintas personas tomadas al azar, pudieran manipular una perilla con distintos voltajes a fin de provocar una descarga eléctrica en un sujeto colocado en una silla a tal fin, al cual observaban a través de una cámara. La gran mayoría elevó el voltaje hasta la zona de peligro de muerte. Un número menor desechó la experiencia antes de llegar a la zona crítica. Fue excepcional el caso de quien directamente se negó a participar. Todos ignoraban que se trataba de una simulación
No hay ninguna relación humana que no pase a través de la cuestión de poder.
El problema es cierto, está en quien manda, pero no menos en quien obedece. No hay sometedor sin sometido. El sustrato, la argamasa es el autoritarismo que, como actitud psíquica, no es monopolio de nadie. Atravesando a la sociedad en su conjunto, nos atraviesa a nosotros mismos, convirtiéndose en el principal impedimento para un desarrollo verdadero en tolerancia y libertad.
Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Agosto de 1988.
(*) Presentado en el II Encuentro Argentino de Psiquiatras, organizado por la Asociación de Psiquiatras Argentinos en San Juan, en abril de 1989
(**) Publicado en “Desarraigo y Depresión en Comodoro Rivadavia (y otros textos) en sus 3 Ediciones (agotadas)

lunes, 9 de septiembre de 2019

ADICCIONES Y VIOLENCIA EN EL FIN DE SIGLO



           
            Si la cultura atestigua el modo en que el hombre socialmente organizado satisface sus necesidades y es el punto de convergencia del quehacer humano con la realidad material, su producción está multideterminada y su configuración obedece a distintas fuerzas en pugna.
            La sociedad actual se caracteriza por una transformación que supera lo que el ser humano podía imaginar hace pocos años atrás. La globalización económica, los avances tecnológicos y científicos, las modificaciones políticas, dan testimonio de una creatividad inédita por un lado, a la vez que un creciente deterioro por el otro.
            El nuevo orden mundial sustentado en la racionalidad del mercado, ha empujado a grandes sectores de la población a una restricción en su protagonismo en desmedro de su identidad, cuando no a una despiadada marginación y miseria.
            El eje convocante de esta mesa es Adicciones y Violencia en el Fin de Siglo. Ahora bien, pregunto y me pregunto: ¿Adicción a la violencia? ¿La violencia de la adicción? ¿Acaso no conforman una ecuación donde un término se complementa con el otro? En todo caso: ¿No son la violencia y las adicciones las expresiones de un malestar cultural que afecta a la gran mayoría de la sociedad? ¿Acaso no es que están adoptando nuevos modos de manifestarse?
            En nuestro país, desde el advenimiento de la democracia, la violencia ha ido cobrando una presencia distinta.
            El monopolio de un poder dictatorial, a través del miedo y del terror, ejercido sobre la población como modo de producir un reacomodamiento histórico, se ha transformado, merced a un epílogo vergonzante de impunidad, en el surgimiento de una violencia errática. Lo mencionado sumado a las nuevas condiciones socio-económicas impuestas - donde el consumismo se conjuga con un cada vez mayor empobrecimiento - promueven en el imaginario social la equívoca certeza de que los fines justifican los medios.
            La deserción del Estado como mediador de los distintos intereses sectoriales en beneficio de una minoría; la desarticulación de las relaciones sociales de un modo intempestivo (privatización, flexibilización laboral, etc.); la desocupación, con su consecuente impacto en los distintos niveles; la corrupción y la falta de una acción eficaz de la justicia, son algunos de los factores que en tanto vulneran el sentimiento de pertenencia, posibilitan asimismo una vivencia desintegradora.
            La precariedad, la incertidumbre, el desamparo, la inseguridad, el miedo, las migraciones forzadas, el desarraigo, han ido modificando la percepción de una realidad que supera la capacidad de elaboración, y - no en pocos casos - la capacidad de sobrevivencia misma.
            En el concepto de que la realidad existente es la única realidad posible, el ser humano se ve agobiado en su capacidad de representarse como un actor significativo partícipe de una historia colectiva.
            El individualismo, resultante de un narcisismo que es apuntalado constantemente por los modelos referenciales predominantes, fragmenta los vínculos de cohesión y solidaridad, actuando en desmedro de una adaptación creativa. El ajuste económico determina un compulsivo ajuste psíquico, esto es, a una sobreadaptación que conlleva la desvalorización del mundo interno, promoviendo una deshumanización desorganizante.
            La transición ya crónica que vivimos, se caracteriza por su alto grado de complejidad cuyos efectos se patentizan a nivel individual, familiar y social.
            El desvalimiento y la falta de perspectivas reales en contraste con una oferta sin límite generadora de una demanda artificial, donde la exaltación del hedonismo y la inmediatez entran en colisión con la insatisfacción de las auténticas necesidades, favorecen la aparición no sólo de la frustración y la imposibilidad del alcance de ciertos logros, sino a una verdadera parálisis e impotencia enmascarada o expresada en conductas impulsivas y compulsivas tendientes a disminuir o acrecentar el nivel de tensión, al rechazo y fuga de la realidad (tanto externa como interna), al servicio de la omnipotencia, el no reconocimiento de la diversidad y las diferencias, en fin, a una primacía del yo ideal.
            Los ideales colectivos se ven así debilitados, sumiendo a los seres humanos en un aislamiento, cuando no en una despersonalización que, potenciados por un contexto de arbitrariedad y de desigualdad de oportunidades, se ven inducidos a conductas de violencia y de adicción.
            La nuestra es una sociedad violenta y adictiva. Las normas éticas, el respeto, el sentimiento de pertenencia comunitarios, la cooperación, la fraternidad, son todos valores que se encuentran depreciados.
            De modo tal que las conductas violentas y adictivas están internalizadas como un producto casi natural de los cambios de la modernidad, esto es: están, en gran medida, legitimadas. (donde todos nos hemos convertido no sólo en potenciales "asesinos" sino también en "víctimas" "por naturaleza").
            El otro como semejante ha devenido enemigo, la moral se ve arrinconada por el pragmatismo y la decencia se ha convertido en un obstáculo en este marketing competitivo.
             Los afectos y emociones genuinos se ven colapsados por la indiferencia y la desesperanza, con la emergencia constante de una angustia que amenaza la existencia y que exacerba la agresión con manifestaciones auto y/o heterodestructivas.
            En resumen: el origen de la violencia (y las adicciones) puede ser explicado desde distintas perspectivas como un fracaso adaptativo, como el producto de una conducta aprendida o como consecuencia de una alteración psicopatológica, esto es: según se adopte un modelo socio-cultural, psicosocial o intrapsíquico.
             En cuanto a su reversión, ésta sólo será viable en la medida en que puedan efectivizarse respuestas integrales.

Dr. Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Octubre, 1996

Nota: Disertación presentada en las II Jornadas Atlánticas de Psiquiatría - Mar del Plata -

sábado, 24 de agosto de 2019

La desocupación (algunas de sus consecuencias)


  
5 Historias 5: Un hombre, una mujer, un joven, una anciana y un niño.

1-      Un hombre.

- Tengo una duda tremenda debido a un ofrecimiento que me hicieron...y bueno...quisiera saber que pensás. Resulta que tengo la posibilidad de vender drogas. Tengo que juntar una suma equis de dinero y si la vendo ganaría como diez veces más, un negocio. Pero no sé ...yo nunca anduve en esas y tengo miedo que me pase algo.
- Pero además, por lo que yo sé, siempre fuiste un tipo honesto y tenés un criterio ético acerca de ese tipo de cosas.
- Por eso quería hablarlo con vos, aunque sabía que me ibas a decir eso. Pero vos sabés, me estoy por quedar sin trabajo...me estoy volviendo loco... ¿Qué va a ser de mis hijos?... Si ya la plata no me alcanza…
- Me doy cuenta que la situación es muy difícil, pero también vas a tener que pensar que va a ser de tus hijos si te convertís en un delincuente.
- Yo...creo que no lo voy a hacer pero estoy desesperado...No quiero ser un mal padre...pero no sé que voy a hacer si me quedo sin trabajo...estoy muy mal...

2-      Una mujer

- Todo este tiempo que dejé de verlo anduve muy bien doctor, con algunas dificultades pero pude salir adelante hasta ahora, por eso vine a consultarlo. Ud. sabe que soy una mujer honesta que a pesar de todo hice lo mejor por mi familia. Mis hijos se han criado bien dentro de todo y les brindé cariño y atención, son excelentes personas. Pero ahora...las cosas así ...no puedo quedarme sin hacer nada...
- Supongo que se refiere a la situación económica
- Sí, no sólo que no mejoró, estamos cada vez peor. Nos ayudan mis padres que ya están jubilados... imagínese... Bueno por eso quería consultarlo...esto que le voy a decir no lo puedo hablar con nadie. Mire...siento mucha vergüenza por lo que estoy por hacer, pero ya no nos alcanza para vivir .Uno de mis hijos está estudiando en la Universidad y si seguimos así se va a tener que volver.
- ¿Qué piensa hacer?
- Soy una mujer atractiva todavía...bueno...me han ofrecido dinero...
- ¿Está ejerciendo la prostitución?
- (llorando) ...pensar que siempre me jacté de mi moral, soy cristiana. Nunca fui una mala mujer...
- Lo sé. Pero muchas personas sienten que el hambre y la falta de recursos es algo peor, más aún si tienen hijos.
- Ud. no debe estar de acuerdo que haga algo así. Por favor no me juzgue, sólo quiero que me escuche...

3- Un joven

- Estoy mejor, menos deprimido. Por lo menos duermo mejor y no tengo ganas de matarme. Ahora tengo que ver como hago para irme de mi casa, porque así no puedo estudiar, no puedo hacer nada.
- Contame.
- Es un quilombo. Mi vieja se la pasa llorando todo el día, se levanta para hacer de comer y se vuelve a acostar. Mi hermano más chico no estudia, va al colegio cuando quiere, no la da bola a nadie. Yo creo que debe andar en la falopa o algo de eso. Vuelve a la hora que se le canta, trata de no estar nunca en casa.
- ¿Y tu papá?
- ¿Mi viejo?... un desastre. Anda de un lado para otro. Dice que se va a arreglar todo, que hay que tener paciencia. Es un boludo, siempre fue un boludo, un fracasado. A mí no me va a pasar lo mismo...
En casa no lo bancamos. No existe. El otro día no sé que me dijo y le pegué un empujón...si se hacía el pesado le metía una piña. Lo odio.
- Pero ¿Desde cuándo están así las cosas? No creo que haya sido siempre así...
- No... no fue siempre así... Se despelotó todo después del retiro... tuvo un preinfarto o no sé qué en el corazón y quedó hecho un pelotudo... Además se le dio por chupar...es un imbécil...
- ¿Qué retiro?
- ¿No te conté? Pidió el retiro en la empresa... Bueno ...antes de eso ya andaba medio loco...pero después en mi casa se fue todo a la mierda...Yo me tengo que ir lo antes posible de ahí... si no voy a matar a alguien o voy a terminar amasijándome... No me quiero volver a deprimir....

3-      Una anciana

- He vivido muchas cosas... Sobreviví a tantas cosas terribles... y ahora que soy una vieja tengo que pasar por todo esto...La vida así...mejor morir...
- A pesar de todo la veo mejor.
- Sí estoy mejor. Ahora no sufro tanto. Pero eso quería decirle...no quiero seguir sufriendo... ¿a ud no le parece que tengo derecho?
- Por supuesto.
- Por eso...como no me queda más plata este mes ya tomé una decisión...
- ¿Cuál?
- ¿Vio que yo tengo que tomar los remedios por mi problema cardíaco?....bueno... en mi casa ya no tenemos plata, así que voy a comprar nada más que los remedios para la depresión ...prefiero morir del corazón que estar como estaba... no quiero seguir sufriendo.... ud. me entiende doctor ¿no?...

5- Un niño
- En mi casa dicen que estoy enfermo...y que soy malo porque no estudio y no hago caso...Siempre hago alguna macana...yo pienso que tienen razón...Es que no sé que hacer y entonces rompo algo o los hago enojar...
-¿A quiénes?
- A mi papá, a mi mamá ... a todos...Pero a mi también me joden. Todos me pegan...por cualquier cosa...como tengo fuerza me agarran entre todos y me pegan...
- ¿Cómo... entre todos?
- Sí, me agarra mi hermana y mi mamá y viene mi papá y me pega... Mire como tengo...aquí me pegó ( muestra una marca en la espalda).... A veces mi papá le pega a mi mamá y ella me pega a mí...
- ¿Y vos que hacés?
- Nada... ya no lloro... pero estoy esperando a ser grande... Ya me voy a vengar...
- ¿Y qué les pasa que están así?
- No sé... antes no pasaba...cuando mi papá tenía el otro trabajo... Ahora se va a la seis de la mañana y vuelve como a las diez de la noche... y mi mamá también tiene que trabajar...Yo estoy solo todo el día...Y los fines de semana mi papá duerme todo el día... En el trabajo le dicen que si no le gusta que se vaya...A mí me da lástima (llora)... él antes era bueno... ahora anda siempre enojado... y siempre nos está diciendo a todos: al que no le gusta ya sabe lo que puede hacer...y nos muestra la puerta... Antes nos asustábamos...ahora no le damos bolilla total después se le pasa... A mí me tiene podrido que me peguen...pero a lo mejor es porque estoy enfermo y soy malo...

Cinco 5 historias (¿ficticias?) que tienen un nexo común: la desocupación y el temor a la miseria atravesando impiadosamente la vida de tantos seres humanos.
Cualquier semejanza con un hecho real es pura coincidencia

Dr. Miguel Angel de Boer



"LA DESOCUPACION: ALGUNAS DE SUS CONSECUENCIAS"

I- Breve introducción.

Los años venideros darán cuenta de si el cambio que se está viviendo en el mundo corresponde al colapso de la modernidad, o es un proceso del cual emergerá una instancia superadora de la misma.
Lo cierto es que nuevas condiciones políticas, económicas y tecnológicas han modificado a la sociedad de un modo impensable en cuanto a su magnitud y vertiginosidad.
La globalización de la economía con el consiguiente desdibujamiento territorial, es decir la transnacionalización; la aceleración del cambio tecnológico con el auge de la informática y su impacto en la comunicación; el predominio de la racionalidad del mercado en desmedro de la intervención del Estado como mediador de los distintos intereses sectoriales ( privatización) ; la descentralización del ser humano como sujeto prioritario del acontecer histórico; han condicionado una situación de precariedad en la vida cotidiana que se patentiza en una cada vez más aguda fragmentación social, con impactos múltiples a distintos niveles.
El culto al consumismo, la oferta ilimitada de la diversidad ("el imperio de lo efímero", donde todo lo que aparece ya es obsoleto), la pérdida de hegemonía del saber y el conocimiento, la transformación de los roles familiares y sociales, la modificación de las costumbres, están produciendo un cambio en la percepción de la realidad tal cual era captada hasta hace muy poco tiempo.
La sociedad pareciera estar decidida a mostrarse en toda su desnudez, tanto en su capacidad de desarrollo y evolución, como en el grado de injusticia e inequidad a la cual está dispuesta en función de la lógica del rendimiento.
Nunca se ha puesto tan en evidencia la ilimitada inteligencia del ser humano, como nunca se expusieron de un modo tan desenmascarado las desigualdades y las miserias.
Todo lo cual conlleva una vivencia de incertidumbre que derrumba los sentimientos de seguridad, vulnera los proyectos colectivos, dejando inerme a la gran mayoría ante una realidad cada vez más compleja, donde las expectativas se ven frustradas permanentemente, generando la pérdida de referentes indispensables para la cohesión individual y social con la consiguiente desorientación y confusión.
Ya nada es como era, y lo que es va cambiando permanentemente. La realidad se ha hecho más irreal en algún sentido y mucho más real (hiperreal) en otro. Todo es posible y todo es imposible. Se ha anunciado que sería posible superar la velocidad de la luz. Podemos presenciar cualquier acontecimiento que ocurre en cualquier lugar del mundo al instante, a la vez que no sabemos qu{e va a ser de nuestras vidas la semana próxima. El mundo se encuentra al alcance de todos (¿de todos?) aunque a muchos ya no les "alcance" el dinero para comer. Los llamados "chicos de la calle" manejan con habilidad juegos electrónicos que la mayoría de los adultos sienten como inaccesibles, y es de esperar que muy pronto se difundan a nivel masivo los juegos de realidad virtual. En muy poco tiempo los mecánicos que no conozcan computación no sabrán que hacer con los vehículos que salen al mercado. Los jóvenes no saben qué estudios seguir (los que pueden) porque las posibilidades de sobrevivencia a través de una profesión se ven acotadas. Ser comerciante o empresario no garantiza un futuro de bienestar económico. Las profesiones liberales no son reaseguro de nada. Las relaciones de dependencia tampoco.
Los pocos beneficiados ostentan sus privilegios sin ningún pudor, y los marginados comienzan a exteriorizar su malestar de múltiples maneras.
La democracia como sistema de gobierno parece haberse fortalecido. La dificultad radica en qué hacer con ella, para poder articular un proyecto que beneficie a la sociedad, esto es: que el crecimiento económico no se produzca a expensas de la justicia social.
Y dentro de los múltiples problemas que se deben resolver, se destaca una nefasta consecuencia de los cambios que se están produciendo y que se ha transformado en un emergente social que se agrava día a día: la desocupación.

II- Algunas precisiones.

El ser humano no adquiere su condición de tal únicamente por su condición biológica. Esto es: el cuerpo anatómico se humaniza en tanto adquiere una identidad, la cual se construye a través de (y lo enraíza en) la cultura. Y en ese recorrido de lo biológico a lo social deviene como un ser trascendente con conciencia de si mismo y para los demás.
De modo que el lugar que ocupa una persona en el medio social al que pertenece, es un elemento determinante de su constitución como tal, en tanto factor de sostén y de integración, sin el cual queda marginado y excluido como actor o agente social, queda desarraigado.
Un des-ocupado es alguien que ha dejado de ocupar su lugar. Lo ha perdido. Perdiendo no sólo un marco de referencia temporo-espacial, sino los atributos inherentes al mismo, tanto desde el punto de vista subjetivo (para sí mismo) como en relación a su contexto. Existimos en tanto seres vivos, pero somos en la medida que podemos expresar y desarrollar socialmente nuestra personalidad. En este sentido ser un desocupado equivale a un ser-a-medias o a un no-ser (en tanto vivencia de incompletud).
Es decir que el trabajo no sólo sirve para hacer dinero (hay muchos otros modos de poder lograrlo), sino que brinda la posibilidad de orientar los componentes vitales hacia fines sociales (entre ellos las pulsiones agresivas). Y con esto no me estoy refiriendo al trabajo en sí mismo, sino a aquel que contempla las necesidades y las capacidades, es decir al trabajo digno y no al que suele enmascarar las más crueles formas de explotación y denigración humanas o al que se utiliza para ocultar lo que en realidad no es sino parasitismo y corrupción.
De modo que quedar desocupado implica quedar afuera, al margen de las posibilidades, no sólo del progreso o la mera sobrevivencia, sino de la inserción social misma, en la medida en que la improductividad - en una sociedad que hace de la eficiencia y la capacidad de consumo valores de reconocimiento- estigmatiza (señala) a quien no trabaja como alguien que ha "fallado" en cuanto a responder a los mandatos que esta misma sociedad le ha impuesto, y que están interiorizados en tanto mandatos culturales.
Esto significa que todo aquél que ha perdido su fuente laboral vive tal situación como un fracaso personal (por más que la misma sea producto de un proceso socio-económico), generándose numerosos conflictos que se expresan a nivel individual, familiar y social.

III- Consecuencias

A la luz de la experiencia que hemos tenido oportunidad de vivir hasta el momento se pueden considerar tres etapas (a los fines descriptivos) respecto a la desocupación:
l) la amenaza de quedar desocupado 2) el momento en que se produce la desocupación y 3) la situación de ser un desocupado.

l) La amenaza

Esta etapa - que hoy por hoy vive la mayoría de la población- se caracteriza por una serie de mecanismos que entran en juego con la finalidad de atemperar o conjurar la idea de que tal situación pueda llegar a producirse.
Las fantasías tienen un carácter mágico y su sustrato común es la idea de que "a mí no me va a pasar" o "a mí no me puede pasar". Racionalizaciones tales como: "con los años que llevo no creo que me despidan", " soy joven pero efectivo", van adecuándose según la situación de peligro va avanzando (despido de compañeros de trabajo, anuncio de reestructuraciones, etc.). En el caso de las empresas estatales (como YPF) el conjuro estaba sustentado en hechos como la supuesta seguridad que brindaban ciertos cargos jerárquicos o el "manejo de la información" que circulaba a través de una intensa y confusa campaña de rumores; argumentos emocionales tales como: "con todo lo que le dí a la empresa no me puede hacer esto" o francamente místicos: "no he hecho nada para que Dios me castigue de esa manera".
Los intentos de negar o desmentir la posibilidad del desempleo se van tornando con el tiempo cada vez más ineficaces, lo cual se pone de manifiesto en un incremento constante de la ansiedad, trastornos del humor, dificultades a nivel familiar con un bajo nivel de tolerancia y aumento de la agresión, incremento del consumo de alcohol y/o psicofármacos, con un paulatino estado depresivo (cansancio, pérdida de interés, dificultades de memoria y concentración, trastornos del sueño, etc, acompañado por lo general de fantasías catastróficas), donde no son infrecuentes los ataques de pánico (súbito temor a morir acompañado por sensaciones que semejan una crisis cardíaca, con mareos, palpitaciones, etc), diversas manifestaciones psicosomáticas ( hipertensión. gastritis, asma, problemas de piel) y afecciones compatibles con un elevado nivel de estrés tales como las crisis hipertensivas, los infartos y los accidentes cerebro-vasculares. Desórdenes todos compatibles con la sobreadaptación a la que se debe hacer frente.
La situación repercute a nivel familiar con las consecuentes dificultades de pareja (disputas de diversa índole, disfunciones sexuales, etc.) y diversos trastornos en los hijos: de conducta, de aprendizaje, alimentarios, psicosomáticos, etc. (los niños y los adolescentes por su vulnerabilidad suelen ser los primeros en acusar el impacto).
En el caso de las personas que no están en relación de dependencia las consecuencias no son muy distintas, salvo el desasosiego debido a la carga que implica la autonomía y la consiguiente autoresponsabilidad en los resultados de la posible catástrofe.

2) El despido.

Es vivenciado en un primer momento como el fin de una larga agonía, con el consiguiente alivio inicial respecto de una situación psicológicamente insoportable. "Ya voy a ver qu{e hago", " ya no aguantaba más" son algunas de las expresiones más frecuentes. Vivencias de este tipo aceleraron la decisión de muchos (sumado a la intensa presión psicológica a la que se vieron expuestos) a aceptar los retiros "voluntarios", como modo de acelerar el cese del sufrimiento. El alivio suele ir acompañado de cierta euforia (contracara de la depresión subyacente) respecto a las posibilidades de hacer algo "distinto", que se expresa en ideas como: "voy a trabajar por mi cuenta", "al fin y al cabo el trabajo ya me tenía podrido, "ya no voy a tener que bancar más a los del laburo", "con las relaciones que tengo, seguro que algo consigo", etc.
Alivio y euforia que luego van cediendo ante las dificultades que se van presentando para lograr los objetivos propuestos, con lo que la esperanza va disolviéndose para dar lugar a sentimientos de impotencia, de autodesvalorización, en fin, de intensa frustración y desasosiego.
En general el grupo de pertenencia (familia, pareja) - que un comienzo actúa solidariamente - va reaccionando frente a la nueva situación con actitudes de reproche y resentimiento hacia el desocupado, produciéndose una disgregación en los vínculos de cohesión, lo cual produce un reforzamiento del sentimiento de marginación. El tiempo ocioso forzado, con los consiguientes cambios en los ritmos cotidianos, son fuente de fricciones que van incrementándose con el tiempo, modificándose sustancialmente la valoración del rol que desempeñaba en el grupo familiar quien era - hasta ese momento- la base del sustento económico del mismo. Lo cual acrecienta el temor y la sensación de peligro del desocupado, puesto que a la marginación laboral se suma la marginación en el seno de la familia, es decir, se instala la amenaza de la pérdida del soporte y continente afectivo y emocional.
En esta etapa suelen aparecer en forma súbita - o se acentúan - las patologías enumeradas en la etapa anterior, destacándose la intensificación de la violencia, los conflictos de pareja (separaciones), los desórdenes en los hijos (quienes comienzan a descalificar al desocupado, quien es visualizado - ahora - como el responsable de la frustración de sus necesidades y de su desprotección). Los estados depresivos se instalan en toda su magnitud, del mismo modo que el uso de distintas sustancias, como modo de evadir tan penosas circunstancias.
En definitiva, la sensación de aislamiento es cada vez mayor, y al empobrecimiento económico se suma el empobrecimiento de la propia identidad, la cual se ve convulsionada por una verdadera crisis.

3) El post-despido.

Paulatinamente tanto el desocupado como el grupo familiar, van adecuándose a la situación, es decir, toman plena conciencia de su estado y sus consecuencias, frente al cual dos son las actitudes que se adoptan más frecuentemente:
a) La reorientación del grupo: con el reordenamiento de los roles, la intensificación de la solidaridad entre los miembros, la búsqueda de readaptación creativa a través del diálogo y el rescate de los lazos afectivos. En muchos casos se produce una ampliación de los vínculos en la red familiar (búsqueda de apoyo en parientes), como asimismo en el ámbito social de pertenencia (asociaciones, vecinos, etc.). En definitiva, se opta por el acercamiento y la confraternidad como modo de atemperar el impacto, lo cual se expresa a través de una participación social y cultural con predominio de los sentimientos de solidaridad y cooperación. Esta actitud posibilita una resignificación que abre las puertas a la búsqueda de alternativas de solución tanto individuales como colectivas (ó mejor dicho: donde los intereses colectivos no se viven como opuestos a los intereses individuales), por lo que ni el desocupado ni el grupo familiar quedan aislados de su entorno, lo cual permite la transmisión y el uso de la experiencia (y cultura) acumulada.
b) La cronificación del desajuste y el deterioro: en cuyo caso predominan la dispersión familiar, la resignación paralizante, el individualismo (cada uno se "arregla por su cuenta"), cuando no directamente la destructividad en sus manifestaciones más primitivas. La violencia, el desapego y la renuncia a las responsabilidades, generan situaciones que suelen ser irreversibles: tal el caso del suicidio, la agresión física descontrolada o el abandono de los más débiles (enfermos, niños y ancianos). La confusión gana terreno produciéndose una verdadera pérdida del sentido de realidad. La frustración y la agresión se suelen expresar en esta etapa a través de diversas patologías tanto a nivel psicológico como somático (los desórdenes de estrés post-traumático, las enfermedades cardiovasculares y psicosomáticas, los trastornos de ansiedad, la depresión, el cáncer, se ven incrementados), con lo cual se agrava aún más la situación económica, favoreciendo la aparición de conductas antisociales o delictivas.
Con la vivencia de que "no hay nada que hacer", de que "todo está perdido" y de que "ya nada importa", la agresión desborda el ámbito familiar para trasladarse al ámbito social (cualquier motivo se torna válido para expresar la violencia contenida).
La pérdida absoluta de expectativas, la desesperanza y el escepticismo socavan el psiquismo, naturalizándose así conductas denigratorias de la condición humana con la transgresión de las más elementales pautas de convivencia.
Todos están dispuestos a cualquier cosa con tal de "zafar", tanto del hostigamiento externo como del desequilibrio interno, "huida" que - por imposible - produce situaciones cada vez más complejas.

IV- Conclusiones.
De modo alguno he pretendido agotar con el presente las innumerables consecuencias de un problema tan complejo como es el de la desocupación. Trabajo que compete al ámbito de distintas disciplinas e investigadores. Mas no por complejo debemos eludir su reconocimiento y los modos de poder resolverlo.
No comparto el concepto de que se trata de un flagelo, pretendiendo con este eufemismo simplificar las causas que lo promueven. La economía de mercado - tal cual se ha implementado hasta el momento - ha traído aparejado una progresiva exclusión social, donde los "beneficiados" son cada vez menos. En la medida que no se promuevan soluciones genuinas, los efectos seguirán produciéndose inexorablemente. Los estallidos sociales que se presentan cada vez con mayor frecuencia son prueba de ello.
El asedio de la miseria y la pobreza generan un sentimiento de orfandad y de incertidumbre que llevan a la desesperación y al desdibujamiento de las expectativas. Se han globalizado la desilusión y el desencanto.
La exaltación de la ecuación costo-beneficio en desmedro de las necesidades de distintos sectores sociales vulnera los lazos de pertenencia y fractura los bases de arraigo a la comunidad.
La fragmentación familiar y la atomización social son el campo fértil para el surgimiento de la violencia en sus distintas manifestaciones. (hasta no sería improbable un resurgimiento de cuño mesiánico que pretenda "cambiar "el curso de la historia )
La deserción del Estado en su función de mediador para el logro del bien común ( que se patentiza en su desentendimiento en ámbitos como la salud y la educación) en conjunción con la reconversión que afronta el sector privado, sigue posibilitando la inequidad y la desigualdad de oportunidades, con el agravante de la declinación de valores éticos y morales sustentados en el afán de lucro y de poder, o en pos de la mera subsistencia (empleados "noquis", funcionarios supernumerarios, élites a nivel dirigencial estudiantil y académico en las Universidades haciendo su negocio particular, es decir: burocracia administrativa, política y pedagógica, que contribuyen así a fortalecer la idea acerca de la ineficiencia y la incredibilidad en las instituciones estatales, etc).(·)
La complejización de la realidad incrementa la vivencia de imprevisibilidad frente a la cual no caben soluciones simples. En ese sentido el problema de la desocupación afecta al conjunto de la sociedad y la única salida posible estará dada por la conjunción de esfuerzos de la sociedad en su conjunto.
Cabe señalar que entiendo que no es la desocupación el factor único y excluyente de todos los efectos que he señalado en el presente trabajo (puesto que cualquier patología es consecuencia de múltiples factores, y no toda persona que atraviesa esta situación necesariamente ha de enfermarse), pero es indudablemente en este momento, el más relevante. Con esto quiero significar que no sólo generando fuentes de trabajo es que se va a mejorar linealmente la salud mental de la población, pero sin lugar a dudas contribuirá a acrecentar la misma de un modo notable.

Dr. Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Agosto 1995
(·) El Ministro de Economía (Domingo Cavallo) acaba de reconocer públicamente la existencia de bolsones de corrupción a distintos niveles gubernamentales ( "mafias").

(·) Seleccionado como el mejor Trabajo Libre presentado en las II Jornadas Atlánticas de Psiquiatría, organizado por la Sociedad de Psiquiatría y Psicología Médica de Mar del Plata y la Sociedad de Psiquiatría de La Plata, realizadas entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre de 1996.