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lunes, 20 de marzo de 2023

Se cumplen 30 años de la publicación de mi libro "Desarraigo y Depresión en Comodoro Rivadavia (y otros textos)"



         El 20 de marzo de 1993 se publicó la primera edición (entonces ni me lo imaginaba) de mi  libro, y creo que un mes después hicimos una presentación inolvidable (muchos se acordarán), en la entonces confitería del Austral Hotel, con una concurrencia que desbordó el lugar llegando hasta la vereda.

         Desde entonces, su recorrido superó todas mis expectativas por la repercusión y difusión que ha tenido, a nivel local, nacional e internacional.  Basta mencionar que tanto la primera edición (1993), como la segunda (también en 1993) y la tercera (2011) han sido agotadas, sin contar las innumerables copias - que no fueron pocas-  que se hicieron del mismo.

         Además de las respectivas tapas, adjunto aquí los distintos comentarios que tan generosamente realizaron varios autores, colegas y amigos, en las distintas presentaciones, obviando agregar numerosas cartas, mails y saludos que he recibido a lo largo de los años de queridos allegados y personalidades de todos los ámbitos (literarios, educativos, políticos, sociales, institucionales, académicos), cuya lista sería interminable de enumerar sin evitar alguna omisión importante. 

         Se que el libro se encuentra y ha sido material de consulta o estudio en colegios, universidades, bibliotecas, es decir ámbitos académicos y literarios de nuestro país y el exterior ( Biblioteca de Nueva York, la Sorbona de París, entre otros).

          Pero, sin duda, lo más grato es que fue y sigue tuvo y tiene un reconocimiento amplio y generoso de parte de la comunidad "comodorense", que inspiró muchos de los textos (la mayoría de los cuales fueron publicados como artículos semanales en los diarios locales El Patagónico y Crónica), y a quien dediqué con el mayor de los compromisos, empeño y entusiasmo la elaboración y producción de su contenido.

         Agradezco a los lectores la felicidad que me han brindado y brindan al seguirle dando vida a mi primer pequeño libro. 

         Miguel Angel de Boer

         Comodoro Rivadavia, marzo 20, 2023.



Tapa Primera edición 1993 (Foto: Cristóbal Gallegos) Ed. Ediciones - Comodoro Rivadavia




                                                           
                                  Segunda Edición  1993  - Ed Ediciones - Comodoro Rivadavia

 
 Tercera edición 2011 ( Dibujo: Emiliano de Boer) Editorial Vela al Viento - Comodoro Rivadavia

  Introducción a la primera Edición

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2018/05/introduccion-la-primera-edicion-de-mi.html

 

                                              Carta de Dr. Eduardo Ordaz - La Habana - Cuba

Introducción a la primera Edición

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2018/05/introduccion-la-primera-edicion-de-mi.html


                          Comentario del Lic. César Hazaki - Psicoanalista- Escritor- Buenos Aires - 1ra Parte

                                                              

                                                                     
                                                                           2a Parte

                                      Comentario Jorge Vilardo - Escritor-Poeta- Comodoro Rivadavia
                                                                                1a parte

                                                                           2a Parte


                                                                             3a Parte

 

Nota Diario El Patagónico

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011/08/el-libro-del-mes-diario-el-patagonico.html

Nota Diario El Crónica

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011/09/diario-cronica-comodoro-rivadavia.html

Comentario Diario El Patagónico

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011/09/el-patagonico-comodoro-rivadavia.html

Imágenes de la presentación de la 3ª Edición – Comodoro Rivadavia

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011/09/imagenes-de-la-presentacion-de-mi-libro.html

Análisis y comentario de la Prof. Silvia Coicaud – UNPSJB  (Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco – Comodoro Rivadavia) - 2011

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2011/10/presentacion-de-desarraigo-y-depresion.html

Comentario del Dr. Daniel Kersner – Médico Psiquiatra- Escritor –Dramaturgo – Buenos Aires - 2011

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2012/04/comentario-de-daniel-kersner-en-la.html

Presentación en Congreso Buenos Aires - 2012

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2012/11/invitacion-la-presentacion-de.html

Comentario Dr. Alfredo Grande – Médico psiquiatra, psicoanalista- Escritor- Periodista – Artista- Buenos Aires - 2012

https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2012/11/comentarios-implicados-del-libro.html

 

 

 

 

viernes, 4 de febrero de 2022

Algunas consideraciones para el afrontamiento de la pandemia – 2da parte (*) (**)

 

“El psicoanálisis es la última en cuanto a fecha de las graves humillaciones que el narcisismo, el amor propio del hombre en general, ha recibido hasta el presente de la investigación científica.
Existió ante todo la humillación cosmológica que le infligió Copérnico, destruyendo la ilusión narcisista según la cual el habitáculo del hombre estaría en reposo en el centro de las cosas; luego fue la humillación biológica, cuando Darwin puso fin a la pretensión del hombre de hallarse escindido del reino animal. Finalmente vino la humillación psicológica: el hombre que sabía que ya no es ni el señor del cosmos, ni el señor de los seres vivos, descubre que no es ni siquiera el señor de su psiquis.” (Sigmund Freud)

“En tiempos de incertidumbre y desesperanza, es imprescindible gestar proyectos colectivos desde donde planificar la esperanza junto a otros”

(Enrique Pichón-Riviére)

 

Y se quedó nomás. Y hay para largo. Con o sin flexibilización.

                Y lo que parecía mentira se fue tornando cierto, no solo en cuanto a la amenaza y el efecto directo del COVID 19, sino por sus efectos subjetivos, familiares, sociales, económicos, como consecuencia de la única medida que hasta ahora pareciera efectiva para evitar su expansión y cuyo logro es fruto de la comunidad toda: el confinamiento social obligatorio (la cuarentena) y el distanciamiento, a la espera de que llegue la vacuna y se inmunice una parte importante de la población.

                Coronavirus, cuarentena y distanciamiento que fueron modificando la vida misma en todo el mundo, el cual muy probablemente no vuelva a ser “exactamente” el mismo. Un tsunami global en un mundo globalizado. Desigualmente globalizado.

                Y como en toda situación estresante de tal magnitud, el ir saliendo del impacto inicial, donde la sensación de “estar viviendo como en un sueño”, la despersonalización (sentirse raro) y la desrealización (sentir la realidad como extraña), fue dando lugar a distintos síntomas y comportamientos que podemos considerar normales ante una amenaza tan inquietante. Tanto por sus efectos directos (la posibilidad del contagio y/o la muerte) como también por su versatilidad, la falta de conocimiento sobre su verdadera naturaleza – más allá de saber que es un virus que se replica –, a partir de la vivencia que más angustia nos produce cual es la de la incertidumbre.

                Incertidumbre que produce desasosiego, incerteza, y una sensación de pérdida de control, no solo frente al virus, sino respecto al futuro, el cual es absolutamente imprevisible. Todo lo opuesto a lo que nos genera tranquilidad, seguridad y confianza.

                Pero, en la medida que fue transcurriendo el “tiempo de cuarentena”, el cual se fue tornando inasible, distorsionado, fugaz y lento a la vez, generando una desorientación y no pocas veces una confusión (1) como ocurre con todo encierro prolongado, muchos fueron adaptándose “exitosamente”, en tanto otros van padeciendo un agotamiento (2) que se torna cada vez más insoportable.

                Porque los efectos de la pandemia ya no solo dependen del Coronavirus y la posibilidad de contacto con el mismo, sino de los contextos personales en los que le toca vivir a cada uno. Esto es:  no todos estamos expuestos del mismo modo. No solo ante el virus sino también en lo laboral, lo educativo, lo familiar que, de verse perjudicados, incrementan aún más el estrés, pues dicha conflictiva comienza a predominar por sobre el temor al virus por el grado de desamparo, vulnerabilidad y desvalimiento que implica. (3)

                De modo tal que lo estresante se va tornando traumático. Esto es: que no solo sobrepasa (desborda) nuestras defensas psíquicas y emocionales, sino que se torna imposible de entender, de procesar, de hacerlo viable en nuestra mente para su elaboración y significación y en consecuencia para poder transformarlo en decisiones y conductas que puedan dar cuenta de ello.

Entre algunos de los hechos de sobrecarga traumática además de la enfermedad posible o consumada del COVID 19, podemos mencionar: las pérdidas, los duelos atípicos por la imposibilidad de realizar los rituales del mismo  (4), la lejanía de seres queridos por obstáculos de traslado,  la merma o quebranto económico por el cierre de negocios, empresas, cines, teatros;  la disminución o retrasos en los pagos de los salarios, la pérdida del empleo (5) no solo en PYMES sino en distintos oficios, artesanías, actividades profesionales; la imposibilidad de mantener los gastos mínimos necesarios, la ausencia o pérdida de cobertura social; la falta de los insumos básicos para vivir (alimentación, agua, etc.) o para realizar las tareas sanitarias adecuadas en contacto con el virus (elementos de protección de trabajadores de la salud), los desalojos, los femicidios, los abusos intrafamiliares, la estigmatización, el racismo, la xenofobia (lo que ocurre en EEUU es un ejemplo de lo que estoy planteando), el “bombardeo” informativo, entre otros.

                Es decir: si bien la cuarentena se muestra efectiva ante la pandemia hasta el momento, por un lado, también se van manifestando sus efectos traumáticos, por el otro. Algo que suele ocurrir en todo desastre y emergencia sanitaria como la que estamos viviendo, dado que no se trata solo un problema médico ni mucho menos ni sus consecuencias son solo sanitarias, como tampoco los modos de resolverlo.

                En otras palabras. La pandemia y la cuarentena van produciendo una “desconfiguración”, desestructuración o desestabilización de nuestro psiquismo. De un modo intempestivo, disruptivo, dada la multiplicidad de amenazas que se perciben. No ya solo el temor COVID, sino también al derrumbe económico y personal.

Los seres humanos necesitamos referentes cotidianos que nos orienten y sustenten, tanto en nuestras necesidades más elementales como así también para promover nuestro desarrollo y crecimiento y todo aquello que le dé sentido a nuestra existencia. Y en la misma medida su ruptura, su pérdida de continuidad – mucho más si es súbita- impone una readecuación, una readaptación de todos los vínculos de los cuales se nutre nuestra identidad, nuestra mismidad, nuestro sentido de pertenencia: personales, familiares, sociales, laborales, académicos, culturales, espirituales, etc. Es decir, todo aquello que nos constituye como sujeto.

Y todo ello ha cambiado vertiginosamente. Para los que han quedado separados y para los que han podido permanecer juntos. Para quienes toleran la soledad y para quienes el encierro se torna claustrofóbico. Así, hay quienes se integran y cohesionan y hay quienes se disgregan destructivamente. Favoreciendo una convivencia impensablemente armónica para algunos, y la peor de las intolerancias y abusos para otros.

               Cabe mencionar que si bien la comunicación virtual – que también llegó para quedarse - cumple una función que vaya a saber si alcanzamos a dimensionar en este momento, ésta no suple el contacto directo, cuerpo a cuerpo (vincular), inherente a la humanización misma, puesto que no es lo mismo estar con alguien que con la imagen de alguien (aunque, cabe acotar es un recurso inestimable cuando el contacto personal no es posible). Además, cabe agregar, en una gran parte del mundo no cuentan con ella.

                De modo que estamos ante un arduo trabajo psíquico que en la medida que lo realicemos colectivamente más se fortalecerá nuestra salud mental. Aunque hay quienes por distintos motivos van padeciendo crecientes estados de ansiedad y depresión (6), el abuso de sustancias, los intentos de suicidio (y también los consumados) (7) (8)y demás, tanto en adultos como en niños (donde se presentan conductas regresivas cada vez más frecuentes tales como incontinencia urinaria y fecal, fobias, pesadillas y terrores nocturnos, entre otros).

                Como mencioné al comienzo: hay para rato y es en serio. En pandemia y en pospandemia.

Esto es: bienvenidas las distracciones, los pasatiempos, el humor, los memes, pero la cosa viene complicada.

Se trata no solo de “aguantar” hasta que se termine la cuarentena (9) (es más, después de la cuarentena vienen extraordinarios desafíos para el mundo todo), sino de seguir viviendo, en la cuarentena y pese a ella.

Seguir viviendo haciendo lo mejor posible de y por nuestras vidas y la de los demás.

Solidariamente.

               

               Dr. Miguel Angel de Boer

Comodoro Rivadavia, junio 6, 2020

               

(*) Ver en este link la 1ra Parte  https://lasbabasdelangel.blogspot.com/2020/03/algunas-consideraciones-para-el.html

(**) Como pueden ver escribí este artículo en junio del 2020. Como me parece que puede ser de interés, tal vez testimonial, es que lo hago público en este mes de febrero del 2022.

 

 

(1)     Lo cual tiene que ver, entre otros factores, con los cambios que se producen en el Ritmo Circadiano (que se vinculan a los relojes biológicos, que son los que regulan distintas funciones como el sueño, la alimentación, temperatura, secreción hormonal, etc.), que, sumado a la pérdida de la rutina que se tenía en la pre cuarentena (con alteraciones en los horarios de sueño, excesos de pantallas, alimentación irregular y demás), reforzó aún más la vivencia de irrealidad. De ahí que el refugio en los recuerdos, mirando álbumes de fotos, videos, retomando contactos mediante llamadas por voz o videollamadas con familiares y amigos, se convirtieron en modos de tolerar la angustia que nos fue generando.

(2)     Coincidente con la etapa de agotamiento debido al estrés crónico (ver primera parte) se van exacerbando  o produciendo recaídas de quienes tenían un padecimiento previo (entre los que se destacan los ataques de pánico o angustia y los episodios depresivos, descompensaciones en el caso de las psicosis, etc.). o bien en la aparición de síntomas en quienes venían sintiéndose estables, lo cual genera un gran desconcierto. “Ahora que puedo salir no tengo ganas”, “empecé a trabajar, pero me canso muchísimo”, son algunas de las frases que se escuchan de quienes ya vuelven a la flexibilización. “Estoy harto, de mal humor, duermo cada vez peor”, “ya no aguanto a los chicos”, de los que aún están en cuarentena absoluta. Los efectos se van manifestando a corto, mediano y largo plazo, y van mucho más allá de que sigan persistiendo o no las causas desencadenantes.

(3)     Cabe agregar que el confinamiento prolongado también puede exacerbar las tensiones y conflictos personales y familiares dado el predominio de los componentes endogámicos de los vínculos al producirse una retracción en el contacto social.

(4)     Algo que jamás imaginé que habría de vivir con motivo de la muerte de mi hijo Manuel en la ciudad de Córdoba el 11 de junio, es decir 5 días después de escribir este artículo. Recién hace muy pocos días fue autorizada la cremación de su cuerpo (agregado el 16-11-2020)

(5)     Como ocurre con quienes tienen menores recursos. Y no me refiero solo a lo socioeconómico, sino también a lo cognitivo y emocional y al apoyo familiar, comunitario y sanitario de que se dispone, que son indispensables.

(6)     Y aun cuando muchos conservan sus trabajos o pueden ir recobrando sus actividades, lejos está de que esto implique una “recuperación” tal cual era AC. (Antes de la Cuarentena, al decir de Alfredo Grande)

(7)     Temas que estoy desarrollando en: https://www.facebook.com/migueladeboer/?ref=aymt_homepage_panel&eid=ARARRZWLJNhxUEQDDbh0OCdRgKuV1XrwmmbTkZgtk5C9AmDD1vQzK2DcnczV0awT19Dgl0IMP-SF_qda

(8)     De acuerdo a los datos de que se dispone (si bien no hay estadísticas precisas) tanto los intentos como los suicidios consumados han ido aumentando desde el comienzo de la pandemia, tanto en jóvenes como en adultos, sea por su vulnerabilidad o limitación de recursos emocionales o cognitivos sea debido a patologías previas (depresiones complicadas, pacientes duales – psicosis y uso problemático de sustancias, demencias, etc.), o por dificultades o pérdida de recursos económicos.

(9)     Que según se observa en el mundo irá concluyendo en la medida en que deje ser tolerable para la población, más que vinculada directamente al fin de la pandemia o la aparición de una vacuna.

               

               

miércoles, 25 de abril de 2018

El modelo (*)


“La nostalgia es buena,
pero la esperanza es mejor”
Eduardo Galeano

La palabra modelo alude a un concepto vinculado a aquello que es ejemplar, original, prototípico, que sirve de pauta, de norma o de medida. Por lo general es utilizado en el sentido de algo virtuoso, positivo, digno de ser emulado o imitado y que para serlo solo requiere de su reconocimiento como tal, pues pierde su atribución – se debilita – en la misma medida en que es cuestionado.
            Interesante cuestión si nos referimos al modelo económico – y cultural – que hoy impera en nuestras vidas, no sólo en nuestra forma de vivir (de pensar, de imaginar, de soñar, de amar), sino en nuestra forma de enfermar y de morir.
            ¿Modelo de qué, para qué y para quién? Cabe preguntarse.
            Ya en artículos anteriores he abordado temas vinculados a algunos de los efectos del mismo tales como la desocupación y la violencia, efectos que tanto a nivel social como individual, no sólo que han persistido sino que se han acentuado tanto cuantitativa como cualitativamente.
            Día a día nuestro país de ve convulsionado por la “irreversibilidad” de las consecuencias de las necesidades del mercado, donde los beneficiarios siguen siendo una minoría y los perjudicados deben asumir que esta es la única realidad posible; que este es un nuevo sacrificio (ahora definitivo) que demanda la Patria. (Para ocuparse de minucias tales como el endeudamiento externo que deberemos afrontar por el resto de nuestras vidas y las de nuestros hijos y descendientes, están nuestros economistas y los “Deepak Chopra” del F.M.I.).
            Los cambios estructurales producen transformaciones en la subjetividad, generando nuevas formas de percibir y de vivenciar los valores, normas y creencias, produciendo un impacto en la identidad (individual y colectiva) previa, y modificando e modo de vinculación intra e intersubjetiva.
            Para decirlo de otro modo: la desocupación, la precarización (trabajo oculto o con riesgo de perderlo), la pérdida o la amenaza de no contar con  condiciones básicas para la existencia (vivienda, salud, educación), la ausencia de una protección mínima en situaciones de vulnerabilidad (jubilado, marginados y sectores en situación de riesgo), la imposibilidad de “encontrar una salida”, en contraste con el enriquecimiento, la corrupción, la impunidad, la estafa, la depreciación de la justicia, el ejercicio del autoritarismo en los distintos ámbitos, la ganancia abusiva de los monopolios, etc., instalan una paulatina inermidad en el ciudadano común, es decir la mayoría, promoviendo un sufrimiento psíquico ligado precisamente a nuevos modos de sometimiento (¿”salvaje”?), sufrimiento que se constituye a la vez en una manera de resistir dicho sometimiento o, para emplear una palabra en desuso, de explotación.
            La violencia o el uso de drogas p,ej. son efectos y a la vez medios o modos de enfrentar un contexto que impide cualquier tipo de realización o de expresión que le permita al sujeto dar trascendencia a su propia existencia. Las patologías que día a día son generadas por el desborde la capacidad de adaptación (depresión, trastornos de ansiedad, pánico, fobias, trastornos psicosomáticos, etc.) implican una puesta en juego, una manera de rechazar una situación insostenible, se trate del desocupado que no sabe como protegerá a su familia  o de aquel que teniendo trabajo vive expuesto a condiciones tales como la “multifunción”, los horarios prolongados, o a exigencias que no puede eludir dado el amedrentamiento constante que padece.
            Con lo dicho no pretendo excluir los factores psicológicos, biográficos y personales previos, sino que destaco la importancia que actualmente tienen los factores socio-económicos, donde hasta los más sanos se enferman (no hace falta estar enfermo con anterioridad), donde nadie está a salvo (ni siquiera alguien tan poderoso como lo fue Alfredo Yabrán).
            De manera tal que el promovido modelo, cuya variable es la vida humana a favor de la más extraordinaria concentración de la riqueza de la que se tenga memoria (la riqueza privada, se  entiende, dado que lo único público que permanece como tal es la pobreza cada vez mayor, pues es lo que más se ha democratizado) es un modelo de como se puede destruir a una o dos generaciones sin necesidad de emplear ningún tipo de armas; de como borrar de un plumazo las conquistas sociales alcanzadas a través de años de lucha por los derechos sociales y culturales; de como devastar la naturaleza y el medio ambiente sin ningún tipo de titubeo; de como disgregar la memoria histórica, la solidaridad y la cooperación a través de la intimidación, la inseguridad y el miedo; de como se instaura la idea de que la única participación factible es el derecho al voto, con lo cual se instituye la idea de que el resultado del mal ejercicio de los gobernantes no es sino fruto de la incapacidad de elección de los sufragantes (y no la ineptitud o la conducta delictiva de los mismos), y de que es cuestión de tiempo hacer el “aprendizaje” correspondiente. En tanto “que cada uno se arregle como pueda”, como por ejemplo “asumiendo” que la realidad social no tiene nada que ver en lo que nos pasa, que el problema radica en “trabas” internas,  “males” extraños, o una mala “conjugación” de los astros”.
            Ya se sabe que para la estructuración del psiquismo humano es de fundamental importancia la presencia de un modelo que posibilite la identificación adecuada, para luego realizar una gradual desidentificación que permita la diferenciación y la autonomía personal (para no ser un mero clon del mismo). Pero, como mencioné anteriormente, también se sabe que el modelo requiere que se lo identifique para funcionar como tal (una madre necesita un hijo que la signifique como tal para madre, un profesor al alumno, etc.).
            Este modelo requirió del apoyo espontáneo y/o coercitivo de la ciudadanía para poder instalarse.
            ¿No será que, a riesgo de ser absorbidos-fagocitados-clonados por el mismo – como sentimos que nos está ocurriendo – ha llegado el momento de emanciparnos, entendiendo que “cualquier dolor, cualquier injusticia, cualquier humillación, es un dolor, una injusticia, una humillación de todos”?
            ¿No será que la historia no ha llegado a su fin?
            ¿O acaso son meras coincidencia la escasa participación en las últimas elecciones internas de la Alianza, los episodios de violencia con motivo del triunfo xeneixe, las profanaciones de los cementerios, las innumerables protestas y medidas de lucha que se van gestando desde distintos ámbitos laborales, la inquebrantable búsqueda de verdad y justicia en campo de los derechos humanos?

             Miguel Angel de Boer

(*) Publicado en el Diario Crónica de Comodoro Rivadavia el 11 de Diciembre de 1998.

domingo, 8 de febrero de 2015

La negación



            Descripto como un mecanismo de defensa o un modo de afrontamiento ante estímulos (externos o internos) adversos, displacenteros o amenazantes, reales o no (que son percibidos, simbolizados o significados como tales), la negación consiste en una invalidación o minimización de los mismos (“atribuir o desatribuir una cualidad a una cosa”), descalificando su importancia, haciendo como que lo que existe -y es conflictivo, ambivalente o contradictorio - deje de existir, a los fines de mantener el “equilibrio”.
            Es un modo de no percibir lo que se percibe, sea consciente o inconscientemente, de un modo automático y reactivo o a partir de racionalizaciones - que no es lo mismo que razonar – cuyo objetivo es la justificación y no el establecimiento o la construcción de una verdad determinada.
            Es no querer enterarse de lo que ya se sabe. Uno – el yo, la conciencia- o la mente de uno. Las frases más comunes que se expresan cuando ya no se puede sostener tal posición son: “no puede ser”,  “no lo puedo creer”, “yo sabía”, “no”, “nada”.
            Mantener el control, de la ansiedad por sobre todo, implica un trabajo psíquico, corporal y conductual permanente, dados los numerosos  factores subjetivos o de la realidad material que inciden para promover un “desajuste”. El inexorable paso del tiempo es uno de ellos. Ni hablemos de los conflictos personales, familiares, sociales, políticos, pérdidas, situaciones traumáticas, etc.
            La negación es eficaz para poder vivir (no se podría afrontar todo permanentemente), pero es en su uso estereotipado, rígido, no realista, cuando se torna perjudicial. No es lo mismo minimizar un dolor de muela que aquel que puede ser producto de un tumor maligno. Precisamente porque al implicar otros mecanismos como la proyección (“le pasa a otro, a mí no”) o la disociación (que es lo contrario de la asociación e integración), ante la persistencia del o los conflictos o problemas, se va produciendo un agotamiento, un desgaste,  o bien el surgimiento de distintos síntomas que dan cuenta  de los mismos, a modo de señales de que “hay algo en todo esto que no anda”.
            Como suele ocurrir en el ajedrez, o cualquier deporte, es notable como los que miran de afuera ven con suma claridad el juego, cosa que no ocurre con los que están jugando. Los negadores son siempre los “últimos en enterarse”. Al decir negadores no me refiero a una atribución moral o ética, sino a un modo, o mejor dicho un aspecto, del funcionamiento mental.
            Producto de la omnipotencia, el miedo, la carencia de recursos (o la creencia de que no se tienen), de la sobrestimación del problema a resolver, entre otros factores, la negación opera evitando, eludiendo o postergando el reconocimiento y la aceptación de lo que aconteció o acontece. Hasta que todo lo barrido bajo la alfombra o el olor de la pérdida de gas se torna  ya insoportable o bien cuando es demasiado tarde y el daño es ya irreversible.
            Así, ese mantener a “raya” las percepciones intolerables, solo conducen a una paulatina distorsión de la(s) realidad(es), pues parte de la mente se encuentra distraída en tal labor, la mas de las veces infructuosa. A mayor negación más “software” ocupado, por así decirlo, por lo que el sistema se enlentece y va quedando menos “espacio” (en realidad: redes sinápticas), para ser utilizadas creativamente. Esto se manifiesta en las dificultades cognitivas (atención, memoria, anticipación, etc.), como emocionales (se produce una desregulación), dada la vulnerabilidad que se percibe y la frustración que conlleva. El mal humor, la depresión (“bajón”), la reactividad cada vez mayor, cuando no síntomas somáticos, accidentes , y otras manifestaciones, son expresión de ideas, sentimientos, fantasías, cada vez más insoportables por su discordancia con la situación que las desencadena.  
    En la medida que los deseos, las expectativas, los objetivos, se concretan cada vez menos, no queda sino o bien seguir subiendo la apuesta de la negación - corriendo el riesgo de un colapso-, o bien evaluar adecuadamente las posibilidades subjetivas y objetivas de su factibilidad.
            Aunque, cabe agregar, la negación es también muchas veces la consecuencia de la impotencia y la pérdida de esperanza. De un lento y gradual aprendizaje de indefensión. De un irse convenciendo  de que se piense lo que se piense, se haga lo que se haga, no hay ninguna posibilidad de modificar ni transformar en uno mismo o en el entorno algo que permita resolver los problemas, superar los conflictos, afrontar los escollos, para lograr una realización que posibilite el crecimiento y la felicidad o la paz. La negación es entonces, un modo de configuración que permite una adaptación, aunque sea forzada, a una sociedad y un mundo donde los sueños están condenados a extinguirse, por sentir que son siempre imposibles.
            Tomar conciencia de ello – darse cuenta – daría lugar sino a su realización, si a la posibilidad de intentarlo haciéndonos cargo, responsabilizándonos de nuestra existencia, y de que si muchas veces “solo queda niebla”, también “es tiempo de andar y seguir y no frenar, es tiempo de amar, de creer en algo más…”.
           
            Dr. Miguel Angel de Boer
            Comodoro Rivadavia, Febrero 2015
            Médico Psiquiatra – Psicoterapeuta
            miguelangeldeboer@yahoo.com

            

viernes, 20 de diciembre de 2013

Los fines de año


 “Este año otra vez se me pasó volando”, “todavía no saqué el arbolito del año pasado” o “en casa ya ni lo armamos”, son algunas de las expresiones que suelen escucharse a medida que nos vamos acercando a “las fiestas”.  El fin de año, que llega casi abruptamente por un transcurso del tiempo que percibimos cada vez más acelerado, nos impone - también vertiginosamente -  la irreductible certeza de nuestra finitud y la de nuestros seres queridos, es decir, de aquello que tal vez sea lo único verdaderamente esencial para darle significado a nuestra existencia.
                Cierto que el fin de año también es época de sueños, esperanzas y renacimientos, pero es a otros aspectos a los que voy a referirme. No por melancólico, sino porque son los que posibilitan que en los fines de años se expresen estados de ansiedad y estrés, pánico, fobias, irritabilidad, intolerancia, conductas de riesgo, accidentes, abuso de consumo en todos los órdenes y los más diversos conflictos y descompensaciones. Es decir, todo lo contrario a un encuentro de paz, reflexión y alegría (que no lo es la euforia maníaca) que correspondería a la celebración de la vida a pesar de sus sinsabores.
                Es que al aproximarnos a  estas fechas  las vivencias de las pérdidas se acentúan. Sean económicas, de salud, familiares (separaciones, fallecimientos) o académicas. Sean reales o simbólicas. Los duelos (lucha, dolor) cobran una intensidad distinta a la de otras épocas del año, por lo que quienes atraviesan estas circunstancias (¿quiénes no?) deben afrontar ahora con toda su crudeza el proceso emocional y afectivo que esto conlleva. Los que no están lo están menos, hay lugares vacíos en la mesa, las ausencias no se pueden enmascarar, las lejanías se acentúan. La soledad o los sentimientos de soledad se tornan mucho menos tolerables, todo lo cual suele conducir a la depresión y el aislamiento, a una mayor vulnerabilidad.
Tiempo de evaluación y de balances, de lo que se logró y lo que no. Los problemas no resueltos reclaman con urgencia su plena satisfacción, las demandas se desbordan, las tensiones buscan su descarga perentoriamente. Así, las recriminaciones, las acusaciones, los “pases de factura”, los resentimientos, las culpas, los autorreproches, se van imponiendo involuntariamente, obsesivamente.  De ahí las conductas impulsivas, la agresividad en todas sus formas, la violencia, como expresiones de la impotencia, del sufrimiento, del dolor. Por el incumplimiento de expectativas y decisiones que no han sido realistas o bien porque a veces las cosas salen mal. Se trate de un infortunio amoroso, una mudanza desafortunada o un conflicto laboral o político resuelto insatisfactoriamente.  Claro que todo depende de las circunstancias que a cada uno le toca en suerte vivir,  pues no es lo mismo perder en un negocio en la bolsa que padecer una injusticia o ser víctima de un delito o una discriminación.
Las exigencias que la cultura del éxito y la satisfacción consumista imponen, no dan lugar a la frustración, al error, a las duda, a la tristeza, al fracaso, sino que por el contrario deshumanizan la existencia vaciándola de su contenido primordial, cual es el crecimiento a través de la experiencia y el aprendizaje. Imperativo consumista que, potenciado por la anomia y los modelos de inmoralidad que se exhiben con total impunidad, motorizan un “vale todo” que exacerba aún más al individualismo por sobre la solidaridad, a la destructividad por sobre la capacidad de pensar  y actuar creativamente.
Es por ello que para muchos el anhelo es “pasar las fiestas lo más rápido posible”, como modo de atemperar el momento de fragilidad que los atraviesa.  Así como para otros es una oportunidad de encuentro y afianzamiento.
Lo dable para todos sería la integración, el reconocimiento de lo que fue y lo que es: un año más y un año menos. Comprender que es a partir de la aceptación - que no equivale a gusto - de la realidad es posible su transformación.
Que la vida, pues de ella estamos hablando, está para ser vivida. Mancomunadamente.
                Lo que implica sumergirse en todo lo que ella nos brinda para a la vez poder brindarnos a ella, enalteciéndola. Enalteciéndonos.
               
                Dr. Miguel Angel de Boer

                Diciembre, 2013

lunes, 25 de noviembre de 2013

"Yo me vine a atender..." (*)


“…Yo me vine a atender doctor porque me siento mal y no desde ahora sino desde hace mucho tiempo depresión creo que tengo desde chica me parece porque cada vez tengo menos ganas de vivir y siempre estoy enferma y no me encuentran nada ni en los análisis ni en las tomografías  la cabeza me duele toda esta zona y también mareos apetito no tengo como por obligación y si dormir no duermo muy bien pero ya estoy acostumbrada pero vine porque hace como dos meses estoy con una idea que yo no quiero tener y  que ya no son solo ganas de morirme sino que empecé a pensar en eso en el suicidio y no quiero doctor imaginesé pero es que ya estoy muy cansada me duele el estómago también me dijeron que era gastritis pero no me hacen nada los tratamientos porque yo creo que son los nervios por tantos problemas si de familia y la plata que no alcanza mis hijos ya son grandes pero los problemas no terminan y yo de chica como le dije siempre tuve problemas mi mamá también fue muy sufrida como yo éramos muchos hermanos y ella pobre hizo lo que pudo sobretodo aguantarlo a mi papá que la trataba muy mal le pegaba y la insultaba pero ella por nosotros aguantó siempre por eso la quiero tanto y nosotros también le teníamos miedo a mi papá porque nos asustaba bueno si a veces también nos pegaba menos a uno de mis hermanos que le hacía frente era muy malo mi papá pero era le bebida que lo ponía mal en el fondo nos quería pero yo después seguí adelante y cuando pude me fui de mi casa bueno si conocí a mi esposo me casé y me fui y formamos una familia tengo varios hijos que ya son grandes por suerte porque me costó mucho criarlos prácticamente sola porque no soy de acá y mi familia está lejos y nos vemos muy poco nunca me imaginé que iba a venir a vivir tan lejos pero fue por el trabajo de mi marido que es muy trabajador nunca nos hizo faltar nada todos los chicos terminaron el secundario y ahora trabajan menos una de las chicas que se casó y no tuvo necesidad porque el marido está en el petróleo como le decía mi marido es muy cumplidor si a veces es de un carácter fuerte es de gritar cuando algo no le gusta y a mí eso me altera un poco los nervios no me termino de acostumbrar ojalá hiciera como mi hijo del medio que no le hace caso pero él igual sigue gritando a mí me hace acordar a mi papá creo que por eso me da tanto miedo se enoja y grita y grita y yo lo único que espero es que se le pase así me puedo tranquilizar y muchas veces después quiere tener sexo y con eso se calma yo hace mucho que no siento nada pero como sé que  se tranquiliza no me cuesta ya estoy acostumbrada además hace tiempo me ligaron las trompas porque a él nunca se quiso cuidar por suerte eso si le digo nunca  me pegó alguna que otra cachetada pero yo siempre me sentí con culpa porque fue por algo que yo sabía que le iba a caer mal como arreglarme demasiado o usar maquillaje porque es muy celoso hasta de mis hermanos o de las visitas que no quiere que vengan mis amigas ni mi familia pero fui aprendiendo como llevarlo más por mi hijos para que no tuvieran que presenciar esas escenas porque si uno sabe llevarlo es tranquilo solo que tiene costumbre de gritar y a mí me pone muy mal no sé porque no puedo no hacerle caso y me siento como una estúpida además que haría sin él porque es muy inteligente le consulto todo como si pensara por mí y porque fuera de eso lo demás está bastante bien vio y yo si alguna vez pensé en separarme ya a esta edad  que voy a hacer ya voy para los cincuenta ya si no fuera por esta depresión y el zumbido en oídos ah y que me atraganto doctor como si tuviera algo atravesado en la garganta como le decía si no fuera por estos síntomas sobre todo esa idea de matarme la verdad es que no tengo mucho de que quejarme….”

Miguel Angel de Boer
Noviembre 25, 2013 - Día Internacional de la no violencia contra las mujeres-


 (*)  Cualquier similitud con la realidad no es una mera coincidencia