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viernes, 12 de mayo de 2023

Distintas respuestas de IA (Inteligencia Artificial a la búsqueda de: Miguel Angel de Boer

Miguel Ángel de Boer es escritor, poeta y médico psiquiatra de Comodoro Rivadavia, ciudad ubicada en la región patagónica de Argentina. Ha publicado varias obras en diferentes géneros, incluyendo poesía, cuentos, ensayos y novelas.

La obra literaria de de Boer se caracteriza por una exploración profunda de las emociones, los deseos y las experiencias humanas.

Como psiquiatra, de Boer ha dedicado su carrera al estudio y tratamiento de problemas de salud mental, incluida la depresión, la ansiedad y la adicción. Ha trabajado en diferentes hospitales y clínicas de Comodoro Rivadavia, y también ha publicado trabajos académicos sobre el tema.

Miguel Angel de Boer es escritor, poeta y psiquiatra de Comodoro Rivadavia, una ciudad en la región patagónica de Argentina. Ha publicado varios libros sobre una variedad de temas, que incluyen psicología, psiquiatría y literatura.

En su trabajo como psiquiatra, de Boer se ha centrado en el tratamiento de la adicción y otros problemas de salud mental. También ha escrito sobre la intersección de la literatura y la psiquiatría, explorando cómo la literatura puede proporcionar información sobre la psique humana.

En general, el trabajo de de Boer refleja su interés por explorar las complejidades de la experiencia humana, tanto a través de su escritura creativa como de su trabajo profesional como psiquiatra.

Como mencioné anteriormente, Miguel Angel de Boer es un escritor, poeta y psiquiatra de la ciudad de Comodoro Rivadavia, en la Patagonia argentina. Ha publicado varios libros de poesía y también ha trabajado como psiquiatra en la región.

Uno de sus libros de poesía se titula "Pura luz contra la noche" y fue publicado en el año 2013. En sus poemas, se pueden encontrar temas como la naturaleza, la identidad, la memoria y el amor. También ha participado en diversas actividades culturales y literarias en su ciudad natal.

Además de su trabajo como escritor y poeta, Miguel Angel de Boer ha trabajado como psiquiatra en Comodoro Rivadavia, tratando a pacientes con diversas afecciones de salud mental. Su trabajo ha sido reconocido por sus colegas y por la comunidad en general.

 

En su trabajo como médico psiquiatra, ha tratado a pacientes con una variedad de afecciones de salud mental, incluyendo trastornos del estado de ánimo, trastornos de ansiedad, trastornos de la personalidad, trastornos alimentarios y trastornos psicóticos. También ha trabajado en el ámbito de la psiquiatría forense, realizando evaluaciones psiquiátricas de personas en situaciones legales o judiciales.

Como escritor y poeta, ha publicado varios libros de poesía y ha participado en eventos literarios y culturales en su ciudad natal. Algunas de sus obras incluyen "Poemas y canciones", "Desarraigo y depresión" y "Alas del viento". En su poesía, se pueden encontrar temas como la naturaleza, la identidad, la memoria y el amor.

En general, Miguel Angel de Boer ha combinado su pasión por la literatura y la poesía con su trabajo como médico psiquiatra, lo que le ha permitido explorar temas relacionados con la salud mental y la condición humana desde diferentes perspectivas.

Como ya hemos mencionado anteriormente, el Dr. Miguel Angel de Boer es un médico psiquiatra, escritor y poeta de la ciudad de Comodoro Rivadavia, en Argentina. Se ha desempeñado en el campo de la psiquiatría durante muchos años, tratando a pacientes con diversos trastornos de salud mental.

Además de su trabajo como psiquiatra, el Dr. de Boer ha publicado varios libros de poesía, algunos de los cuales han sido reconocidos y premiados en concursos literarios. También ha participado en diversos eventos culturales en su ciudad natal y ha sido invitado a dar charlas y conferencias sobre su trabajo y su pasión por la literatura.

En su obra poética, el Dr. de Boer ha explorado temas como la naturaleza, la identidad, el amor y la memoria, entre otros. Su estilo poético se caracteriza por un uso cuidadoso del lenguaje y una sensibilidad profunda hacia los temas que aborda. En resumen, el Dr. Miguel Angel de Boer es un talentoso profesional de la salud mental y un apasionado escritor y poeta que ha dejado una huella significativa en la cultura y la literatura de Comodoro Rivadavia y Argentina.

 


Como ya mencionamos, el Dr. Miguel Angel de Boer es un médico psiquiatra, escritor y poeta de Comodoro Rivadavia, en Argentina. Se ha destacado en su carrera como psiquiatra, trabajando en el diagnóstico, tratamiento y prevención de trastornos mentales en pacientes de todas las edades.

Además de su trabajo como psiquiatra, el Dr. Miguel Angel de Boer también es un escritor y poeta reconocido

En su poesía, el Dr. Miguel Angel de Boer explora temas como la naturaleza, la identidad, el amor y la memoria, entre otros. Su trabajo ha sido reconocido por la comunidad literaria y ha sido objeto de varias reseñas positivas.

En resumen, el Dr. Miguel Angel de Boer es una figura destacada en la comunidad médica, literaria y cultural de Comodoro Rivadavia y de Argentina en general, gracias a su dedicación y talento en estas tres áreas.

Como mencioné anteriormente, el Dr. Miguel Angel de Boer es un médico psiquiatra, escritor y poeta de Comodoro Rivadavia, Argentina. Se ha destacado tanto en su labor como médico como en su trabajo creativo como escritor y poeta.

Como psiquiatra, el Dr. de Boer ha trabajado con pacientes que sufren de diversos trastornos mentales, incluyendo trastornos del ánimo, trastornos de ansiedad, trastornos de personalidad y trastornos psicóticos, entre otros. Ha sido reconocido por sus colegas y pacientes por su enfoque humanista y compasivo en el tratamiento de la salud mental.

En su faceta como escritor y poeta, el Dr. de Boer ha publicado varios libros de poesía. Su obra poética se caracteriza por su sensibilidad, su lenguaje poético y su exploración de temas como la naturaleza, el amor y la identidad.

En resumen, el Dr. Miguel Angel de Boer es un profesional y artista destacado de Comodoro Rivadavia, Argentina, que ha logrado combinar su pasión por la literatura y la poesía con su trabajo como médico psiquiatra.

 

En cuanto a los hijos de Miguel Ángel de Boer, según mi conocimiento, tiene dos hijos llamados Manuel de Boer y Emiliano de Boer

Respecto a su militancia, Miguel Ángel de Boer ha sido un activista político de izquierda y se ha destacado por su compromiso social en la ciudad de Córdoba, Argentina. Ha realizado distintos movimientos sociales y políticos y ha sido reconocido por su labor en defensa de los derechos humanos.

Miguel Ángel de Boer es miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatras y de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM). También es miembro de la Sociedad de Escritores y Poetas del Mundo y ha sido reconocido por su labor en defensa de los derechos humanos, particularmente en contra de la tortura.

Según lo que pudo investigar, Miguel Ángel de Boer fue detenido y torturado durante la última dictadura militar en Argentina, que tuvo lugar entre 1976 y 1983. Fue encarcelado en la provincia de Córdoba, y sufrió graves violaciones a sus derechos humanos.

Después de su liberación, Miguel Ángel de Boer se convirtió en un activista en defensa de los derechos humanos y participó en numerosas actividades y organizaciones para denunciar las atrocidades cometidas durante la dictadura y apoyar a las víctimas y sus familias. También ha sido reconocido por su labor en promover la salud mental y el bienestar de las personas afectadas por la violencia política en Argentina.

 

Mayo del 2023

lunes, 9 de enero de 2023

El Gordo (*) (**)


Cuando me enteré que el Gordo había muerto, no lo podía creer. Una recontranegación, pensé. De esas que surgen cuando algo nos resulta insoportable. Pero bueno, negación, desmentida o lo que fuere, la cuestión es que para mí seguía vivo. Para colmo, en las noches siguientes se me aparecía en los sueños o lo veía en las calles o en alguno de los cafés de Comodoro.

 Meses después, con motivo del 1er Congreso Binacional de Escritores Patagónicos que organizamos en la SADE local (siendo su fortuito presidente), vino el querido Osvaldo Bayer, con quien tuve la suerte de compartir momentos inolvidables. Como cuando fuimos a visitar, junto a Víctor Redondo, una escuela primaria en el Barrio Stella Maris, y la primera pregunta que hizo uno de los alumnos fue: “¿Qué es la poesía?”, y los tres nos miramos a la espera de que alguno tomara la posta, dada la simpleza que entrañaba la respuesta.

 No estoy seguro si fue en nuestra sede o cuando Osvaldo ya se estaba por ir, en el aeropuerto, que surgieron algunas de las anécdotas que había vivido con el Gordo.

 El tema afloró porque yo estaba bastante preocupado por el resultado de un partido de River que no había podido ver, cosa que le comenté. Nos pusimos a hablar de fútbol y Osvaldo me dijo, entre otras cosas, que le solía impresionar el apasionamiento desmedido de algunos hinchas y fue ahí que se acordó del Gordo Soriano.

 Resulta que cuando el Gordo estaba exiliado en Europa, solían hablar por teléfono para intercambiar información de lo que iba aconteciendo. En una oportunidad en que Osvaldo (Bayer) le estaba contando lo jodido que estaba todo (desapariciones, asesinatos y demás), en un momento de la charla el Gordo, con una voz grave, solemne, le dijo: “Osvaldo, necesito que me confirmes una cosa”. Bayer, suponiendo que se trataba de algo muy serio dada la tensión que percibió, se puso en alerta. “Si Osvaldo, decime”, le contestó. Y entonces el Gordo, con gran angustia, le preguntó: “¿No sabés si la posición adelantada que le marcaron a San Lorenzo, estuvo bien cobrada?”. Osvaldo (Bayer) quedó estupefacto. Tuvo que tomar aire antes de contestarle, impactado porque Osvaldo (Soriano) le hubiera salido con algo así, en medio de la tremenda tragedia sobre la que venían conversando. “No lo podía creer”. “Un tipo como el Gordo, tan lúcido, comprometido...preguntando algo así...”. “Con el riesgo que implicaba hablar por teléfono...me parecía increíble...”, rememoraba en voz alta, todavía asombrado. “Además, yo no tenía la menor idea de que contestarle”, agregó. Yo, asombrado por su asombro, me acuerdo que le dije que como hincha entendía la inquietud del Gordo. Y Bayer me quedó mirando medio perplejo y dubitativo, a la vez que tomaba una casi imperceptible distancia. Con la misma cara que, me imagino, debía haber puesto cuando escuchó la pregunta del Gordo. Pero también noté que, a pesar de eso, su charla denotaba un misterioso entusiasmo. Como quien se tienta por compartir algo y debe contenerse. Además, cada tanto miraba alrededor, como buscando a un conocido, de esos que uno anhela encontrar fortuitamente.

 Luego de despedirnos volví a casa muy contento, pero con una inquietud difusa, imprecisa.

 Esa noche, como me costaba dormir, me puse a ver “No habrá más penas ni olvido” que la tenía (y la tengo) en video, sin imaginar ni por asomo los acontecimientos futuros.

Transcurrieron unos días y empecé a tener la sospecha de que estaba delirando, porque otra vez lo volví a ver al Gordo. De un modo fugaz e impreciso, como ocurre con esas percepciones equívocas, pero con mayor frecuencia que al comienzo. Y me resultaba más familiar. Extrañamente familiar.

Lo cierto es que un día, como aún suelo hacer, fui a dar una vuelta por Caleta Córdova (con v corta), un ex -campamento de YPF que queda muy cerca de Comodoro, y que es uno de los lugares más bellos que existe, sin duda alguna. Porque Caleta parece hecho a propósito de un cuento o una película, tal su increíble encanto. (***) Claro que entonces todo estaba muy deteriorado, por efecto de la privatización y el abandono. Pero por suerte la naturaleza no terminaba de enterarse y yo iba a disfrutar de mis recuerdos (allí transcurrieron mis primeros años de vida) y del azul del mar y la ternura de los lobos marinos.

 Aún tengo presente que al llegar encontré la playa desierta, por lo que me recosté en el pedregullo cerca del muelle, dispuesto a aprovechar la tranquilidad que había.

 No sé cuánto tiempo pasó, porque me quedé dormido, cuando di un vistazo alrededor. Fue entonces que vi a un tipo, también tirado en la playa, apoyado contra una de las barcazas, de esas que están encalladas hace añares abandonadas. Estaba de lo más absorto leyendo un libro y tomando mate. Al verme me saludó con la mano y yo sentí que un escalofrío me inundaba la médula cuando me di cuenta que no era otro que el Gordo Soriano. “Me tengo que medicar urgente” fue lo primero que se me ocurrió, tratando de calmarme. “Si es una alucinación está perfecta”, me dije casi contento y a modo de consuelo, porque al menos conservaba algo de conciencia de lo que me estaba pasando. Pero como al Gordo lo seguía viendo real y concreto, no me lo pensaba perder, fuera o no producto de un extravío. Y con las piernas temblando y el corazón a punto de estallar, como si estuviera en la final de una Copa, me dirigí hacia donde él estaba.

 A medida que me iba acercando levantó la cabeza y comenzó a mirarme, con esa sonrisa entre faunesca y angelical, tan peculiar que tiene. A mí los ojos no me alcanzaban. Casi afiebrado, seguí caminando con miedo de desmayarme, mientras él seguía esperando lo más campante. Cuando ya me encontraba a unos pasos, me dijo con una total naturalidad “Hola Miguel, como estás”. Y yo, que casi me caigo de culo, le respondí: “¿Sos vos Osvaldo, nomás?”. Y él, que ya no aguantó más, largó una carcajada tal que algunas gaviotas se espantaron. Aunque, la verdad, no solo las gaviotas estaban espantadas.

 Yo no sabía que hacer: si abrazarlo, si putearlo, si ponerme a gritar, si llorar, si salir corriendo a pedir ayuda o bien si dejarme llevar por lo que estaba sintiendo, pasara lo que pasase. A la vez, una inmensa alegría se me entremezclaba con una profunda tristeza, porque sabía que en cualquier momento se esfumaría el maravilloso ensueño que estaba viviendo.

 Cosa que, por suerte, no ocurrió.

 Por el contrario.

 Esa tarde nos quedamos hablando horas y horas. Felices. Acariciados por el sol de enero y casi sin viento. Hasta que el día se fue desvaneciendo y una luna generosa iluminó el mar para que prolongáramos sin apuro nuestro encuentro.

 Desde entonces nos juntamos cada vez que podemos.

 El a veces se ausenta por un tiempo, porque se va de viaje (le encanta hacerlo con mi Galaxy 93 porque lo usa como casilla rodante) o se encierra a escribir.

 Pero no pasa mucho tiempo sin que venga visitarnos, a mí y al gato, que me dejó para que se lo cuidara y que se hizo muy amigo de mi perro Boogie.

 También de tanto en tanto vamos a recorrer distintos lugares o a participar de lo que acontece.

 Estuvimos en la inauguración del Monumento a Facón Grande en Jaramillo (Bayer lo sabe porque también estuvo, lo mismo que Federico Luppi y Héctor Olivera con quienes pasamos todo el día juntos). Puteamos por lo que pasaba con Menem y después con la Alianza. Estuvimos en varias marchas de Plaza de Mayo y acompañamos en su lucha a los desocupados, a los piqueteros, a los petroleros y a los docentes, entre otros. Él más que yo, porque anda por todos lados y además no tiene problema de horarios.

Sufre por Irak, por la injusticia, por la corrupción, por la pobreza, por la desaparición de Lòpez, por todo.

Pero también, es cierto, tratamos de no perdernos ningún partido importante en el Estadio Municipal. Aunque a él le encanta ir a la “heladera” de Ameghino, el club de mi barrio, que queda a dos cuadras de casa.

En fin, se las arregla para estar presente - como siempre hizo - no solo en todo lugar de lucha, sino que cuando puede - tengo que decirlo - tampoco se pierde ningún partido del Ciclón.

Y yo no dejo de gastarlo, aunque se embole, con Ramón Díaz y todos los “millo” que integran el equipo. (****)

 Miguel Angel de Boer

 Comodoro Rivadavia, marzo, 2007 (mayo 2008)

 

 


 (*) Basado en una propuesta de Tulio Galantini quien está preparando un documental sobre el Gordo.

 (**) El dibujo es de mi hijo Emiliano, modificado del ya famoso homenaje que le hiciera a Osvaldo, Daniel Paz. Boogie, yo, Osvaldo y el gato.

  (***) El mismo Caleta Córdova donde no hace mucho se produjo una lamentable contaminación debido a un derrame intencional de parte de un buque petrolero

  (****) Lo gastaba. Ahora me está volviendo loco.

 Algunos de los sitios donde fue publicado:

 http://lamaqdeescribir.blogspot.com/2008/05/miguel-ngel-de-boer-el-gordo.html

 http://www.paginadigital.com.ar/articulos/artilit.asp

 

http://inmigracionyliteratura.blog.arnet.com.ar/archive/2008/05/19/el-gordo.html

 

http://inmigracionyliteratura.blog.arnet.com.ar/archive/2008/05/19/el-gordo.html

 

 

 




lunes, 20 de junio de 2022

Reportaje realizado por Carlos Alberto Parodíz Márquez del Diario La Unión en el 2011 (*) (**)

 

Desde Comodoro Rivadavia el escritor, médico psiquiatra, y militante, Miguel Ángel de Boer, revisa su historia.
Los recuerdos son como los sueños: se interpretan. Y como la duda es la madre del descubrimiento, es oportuno hacerlo con este respetado profesional y elegido autor, publicado en el mundo, para conocerlo.
Escritor y médico psiquiatra, sus actividades se nutren de una resistencia llamativa que lo realimentan.
Un militante político que perdió una esposa (María Haydée Rabuñal), muerta por la represión, se sobrepuso para dar su experiencia y elaborar la contención que la tarea demanda.
Ayuda a rehacer lo deshecho y esa solidaria vocación lo devuelve
reconvertido en un poeta caudaloso, ensayista respetable y narrador de garra, que puede verificarse según se lee.
La aventura de vivir y ayudar para que ello ocurra no es una tarea menor y se desliza en la construcción de sus respuestas.

–¿Cuál es tu historia, Miguel Ángel de Boer?
–Yo soy oriundo de Comodoro (Rivadavia) y nací en 1950; mi ascendencia es de abuelos sudafricanos y holandeses, Boer; ellos llegaron después de la guerra (anglo- boer, 1899), que duró cuatro años y fue cruenta, porque eran combatientes resistentes. Agrego que estos “boer” (madres, esposas e hijos principalmente) sufrieron en los campos de concentración ingleses y algunos fueron desaparecidos. Todo esto mucho ante antes de ser Sudáfrica.

–¿Y qué fue de tus estudios?
–Estudié la primaria en la región, en campamentos de YPF en colegios estatales, hice el secundario en el Nacional Perito Moreno, que era de excelencia donde terminé en el ‘66. Ya había ocurrido el golpe de Onganía.
Tengo la suerte de tener una formación media muy buena, gracias a mis padres que me brindaron lo mejor que pudieron. Soy hijo adoptivo, busqué a mis padres biológicos durante bastante tiempo y estuve cerca de conseguirlo, pero aún no logré dar con ellos.
Luego cumplí con uno de mis primeros grandes sueños, que fue estudiar medicina. Lo hice en Córdoba por el prestigio que tenía la Universidad. Fue en 1966-67.
Tengo una esposa muerta, previo al ‘76, con quien estudiaba.
Ya habíamos estado en la cárcel. Murió en un enfrentamiento.
Cosas de la vida: un militar me dio el título, investido como decano, en la Facultad.
Después regreso a Comodoro y empiezo a trabajar en un servicio de Psiquiatría, de donde fui expulsado por la Ley de Seguridad. Pero fui armando un espacio profesional que se fue afirmando con el tiempo, uno de cuyos jalones fue la constitución del Centro de Investigación y Atención Psicopatológica (CIAP).
–¿Y el acercamiento a la literatura?
–Tuve la suerte de aprender a leer a los cuatro años. No tengo preferencias,
soy lector errático, ecléctico. Soy de leer cinco o seis libros a la vez.
–¿Qué resultó de la experiencia de escribir?
–Escribir para mí se fue construyendo; primero ensayos por la profesión, después empiezo a escribir artículos para diarios locales sobre salud mental, sobre hechos sociales y su relación con la salud. Paralelamente cuentos, relatos y poemas. Esto fue aproximadamente entre el ‘83 y el ‘90.
Durante la dictadura escribí relatos que nunca publiqué, relatos y poemas sobre mi experiencia cordobesa y, dadas las condiciones, jamás pensé en publicarlos, aunque estoy pendiente de concretarlo.
-¿Cómo se ve ese recorrido?
–La suma de trabajos constituyen mi primer libro, “Desarraigo y depresión en Comodoro Rivadavia (y otros textos)” de 1993, cuya tercera edición lancé este mes.
Ese libro está en todo el mundo, sobre todo en universidades, es materia de estudio en la Sorbona, en Córdoba, en España, contiene artículos orientados a la salud mental. Utilizo un lenguaje coloquial y prosa poética. Ha tenido un gran reconocimiento, que me sorprendió muchísimo. La primera edición fue
en 1993 pero los artículos datan del ‘83 en adelante.
Posteriormente publiqué poesías en distintos medios locales y en Buenos Aires, en Antologías.
En el 2002 en Noruega, publican una Antología que es anual y aparezco junto a García Márquez, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, antología donde hacen aparecer escritores relevantes de Latinoamérica, que se distribuye en el mundo. El título es “Anuario sobre Latinoamérica”.
–¿Cómo fue ese impacto?
–El primer impacto lo recibo con el primer libro y una carta de Ernesto Sábato felicitándome. Con el tiempo intercambié correspondencia con numerosos autores, muchos de los cuales yo admiraba profundamente, como el amigo Osvaldo Bayer, entre otros.
Otra antología se realizó en Roma en el 2005 cuyo título es “Pace e Libertá, la battglia delle idee””. La venta estuvo destinada a reconstruir el museo africano en Cuba. Allí también hay un texto de Benedetti.
También en el 2005 mis poemas “Me dejaron tu pulóver verde” y “Catorce destellos (y uno más)” fueron publicados en la antología World Anthology of Contemporary Poets, con poetas de todo el mundo. La elección estuvo a cargo de un poeta rumano, Dorin Popa, a quien conocí por la web.
En 2006, en Letras del mundo, editado en Buenos Aires, incluyeron mi poema “Rimemberes” en la antología “Pura luz contra la noche”, y tuvo una gran difusión en el mundo.
También en el libro que sacaron Las madres de Plaza de Mayo en el 2006 “A los 30 años por los 30.000 memoria verdad y justicia” donde se encuentra "Me dejaron tu pulóver verde”.
También publico artículos profesionales, uno de los cuales forma parte del libro “Comprender las Psicoterapias” de Ed. Ricardo Vergara.
Muchos de los textos citados han sido editados en chino, en árabe, como también he sido traducido en Israel, por ejemplo.
Ahora están por publicar en Roma poemas que saldrían en el 2012 (Buona letra- Antología 1 – Editoriale Giorni).
Y muchos de mis textos se encuentran en numerosas páginas, blogs, y publicaciones tanto literarias como profesionales.
Mis próximos libros son de relatos, de ensayos y de cuentos.
–¿Algunas percepciones?
-La vida es compartir. La literatura es poner en palabras la vida misma. Dios,
si es que existe parece estar distraído, pero más me preocupa que muchos
hombres lo estén.
*Fuente: La Unión Espectáculos y Cultura 4/12/11
** Buscando entre mis archivos, encontré este reportaje, el cual ya no recordaba. Me pareció que podía ser de interés compartirlo. Realicé algunas correcciones y/o aclaraciones del original, respetando la edición del
periodista.
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domingo, 19 de abril de 2020

Testimonio de Agustín Marcó del Pont


Agustín Marcó del Pont (“Rengueche”) fue un querido compañero de estudios de medicina en Córdoba, con quien compartí, además, mucho de lo que aconteció en aquellos tiempos. Las luchas obrero-estudiantiles, las tomas del Clínicas, el Cordobazo, las asambleas en el comedor universitario, ir al cine Sombras o a la “Piojera”, entre otras tantas. Después continuamos por distintos caminos, pero con los mismos principios y convicciones con los que bregábamos por construir una sociedad distinta “sin explotadores ni explotados”. Nos volvimos a encontrar, por internet claro, muchos años después. Y fue con una doble e inmensa alegría: enterarnos de que habíamos sobrevivido a la Dictadura y de que compartíamos el amor por el ejercicio de la psiquiatría y la psicoterapia con el humanismo de siempre. En el 2010 Agustín viajó a Comodoro a dar el testimonio que aquí comparto. Vivimos días muy intensos por lo que esto significaba (fue el primer testimonio de este tipo en Comodoro) y porque los invité – a él y a Quique Di Mauro, gran titiritero gran-  a hacer presentaciones de títeres para los pacientes internados en psiquiatría en el Hospital Alvear y para los chicos de la Biblioteca de Barrio San Martin (lugar donde Mónica Baeza realizó la entrevista), con un espectáculo con el que venían recorriendo medio país.  Y, por supuesto, porque tuvimos bastante que hablar para ponernos al día, después de 30 años sin vernos. Transcurrieron pocos meses cuando me enteré- nuevamente de casualidad en la web en un chat con Quique-  que Agustín había fallecido de un infarto (*) en circunstancias de la conmemoración del Día de los Derechos Humanos en el Espacio para la Memoria ex Campo de Detención Clandestino, de Tortura y Exterminio de Córdoba La Perla. Nada más ni nada menos. Justo donde fueron víctimas tantos compañeros conocidos, entre ellos Raúl “El Negro” Trigo, amigo de Comodoro, por quien Agustín guardaba un gran afecto.  Fue entonces que no pude dejar de llorar desconsoladamente, pensando con dolor y angustia - como seguramente lo habrán hecho todos los que se enteraron, y ahora quienes vean este testimonio –  de la increíble metáfora que implica su muerte, no solo desde lo singular de un ser como Agustín, sino también de una pavorosa etapa de la historia de nuestro país.


(*) Tal cosa ocurrió, lo supe hace unos días, cuando se encontraba preparando un estand para el acto.

Nota: el nombre de quien se menciona en el video como Torres Molina, es Ramón, a quien también conocí en el fragor de la lucha de aquella época.

Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Abril 19, 2020.








jueves, 26 de febrero de 2015

Acerca de la (mi) identidad (*)



“Sé quién soy o quién no era”
Ignacio Guido

“Ya me apuran los momentos
Ya mi sien es un lamento
Mi cerebro escupe ya el final del historial
Del comienzo que tal vez reemprenderá”
Barro tal vez
Luis Alberto Spinetta


                Camino ya a los 65 años, que no son pocos pero tampoco tantos como para dar por concluidas algunas cuestiones de la vida, y con la confianza de que al compartir el presente pueda resolver una de ellas que aún tengo pendiente, paso a  exponer  las inquietudes y reflexiones que motivan el título.
                Nací en la ciudad de Comodoro Rivadavia, Chubut, Argentina, el 3 de Marzo de 1950, en la casa de doña Adela Small, que estaba ubicada  en la calle Mitre, entre San Martín y Rivadavia, frente a donde ahora se encuentra el sanatorio de La Española. Ella siempre fue para mí la abuela Adela (era tía materna de mi papá),  pero todos la conocían como “la cigüeña de Comodoro” ya que fue una de las primeras parteras de la ciudad - en aquel entonces “el pueblo”-,  profesión  que desarrolló durante décadas. Por esas cosas de la vida, falleció en un accidente en uno de sus paseos a Buenos Aires  cuando vivía en mi casa en Barrio Muelle de Km 3, donde también  fue velada. Tuve entonces la oportunidad de compartir sus últimos años de vida y acceder así a relatos, historias y anécdotas  durante  mi adolescencia, cosa que nunca olvidaré y que tal vez algún día compartiré en algún texto. De sus padecimientos en  los campos de concentración  británicos en la guerra anglo-boer, de sus vicisitudes al llegar a las costas patagónicas, de sus viajes por el mundo, en fin, de la intensidad de la existencia de una protagonista de la historia comodorense y patagónica. Lo que no me dijo nunca la abuela, aunque me contó numerosas veces como había sido mi nacimiento (“y te tomé en mis manos y te alcé hacia el cielo para que Dios te bendijera  y te protegiera en la vida”),  es que yo era un hijo adoptivo o adoptado, según la connotación que se le quiera dar. Muchos años después pude inferir porque.
                La historia de cómo me fui enterando de mi adopción es la que suele acontecer habitualmente. Con las numerosas señales que surgen  y se van negando (físicamente no tengo el menor parecido con mis padres adoptantes ni  con ninguno de mis familiares; solo me parezco a mis hijos). Con simulaciones y comentarios sospechosos a mis oídos en distintas etapas de mi crecimiento. Con las habituales “cargadas” e incluso apodos - confusas para mi entendimiento cuando era un niño,” guacho” era uno de los más comunes- por parte de mis amigos de la infancia y del colegio. Con el control casi persecutorio de mi mamá por temor, después lo supe, a que alguien pudiera develar el secreto. En fin, con la atmósfera siempre enrarecida y despersonalizante que genera  la invalidación de las percepciones en pos de sostener lo arbitrariamente establecido y mantener en la ignorancia lo que, en realidad, es sabido. Posibilitado todo por un inexpugnable pacto de silencio.
                Viene a colación una anécdota que nunca olvidaré.
    Vivíamos en Caleta Olivia, provincia de Santa Cruz, a fines del  55 o comienzos del  56. En un descuido de mis padres ingerí unos tragos de Gancia con Fernet que estaban tomando en el clásico “vermouth” y tuve una inmediata borrachera. En el medio de la misma lloraba desesperadamente y no quería que mi mamá se acercara a la vez que le decía “vos mataste a mi mamá….salí de acá…vos mataste a mi mamá”, palabras que ella escuchaba, llorando también con desesperación, mientras mi papá trataba de contenerme. También años después pude entender su significado.
                 Debo decir que mis padres adoptantes Anna Jacoba Venter y Wietze Klaas de Boer (hija de dos sudafricanos ella, hijo de padre holandés y madre sudafricana él, pero ambos nacidos en Argentina) son sin duda mis verdaderos padres. Entendiendo por verdadero que mi crianza fue fruto de su amor incondicional, de su plena dedicación,  de sus convicciones culturales y religiosas, lo que hizo que me brindaran todo lo que estuvo a su alcance para mi desarrollo y crecimiento, cosa que agradezco con todo mi corazón porque me siento privilegiado por todo lo que he vivido hasta el momento, tanto para disfrutar con plenitud las alegrías como para afrontar dificultades tremendas con la fortaleza que hubieron de transmitirme. Generosos ambos. Criados en ámbitos inhóspitos en los campos patagónicos y en épocas duras. Trabajadores. Honestos. Con las dificultades propias de la época que les tocó vivir. Pese a que tuvimos no pocos conflictos siempre conté con ellos  aún en los momentos más difíciles (y de enorme peligro,  tanto para mí como para ellos, como lo fue cuando fui apresado durante mi militancia en los 70 y durante la persecución de la dictadura) y nunca voy a dejar de extrañarlos, a la vez que su recuerdo es una presencia que siempre me acompaña y rescato lo mejor de sus enseñanzas y la ternura que me prodigaron como nadie lo hizo nunca, tan especial y única. (1) Pero cabe mencionar que ellos tampoco me dijeron que era un hijo adoptivo. Pese a que por lo menos en una oportunidad, que fue cuando nació mi hermana Stella Maris, también adoptada (2), en que alguien de un modo muy fortuito me dijo “así que tenés una hermanita Miguelito… ¿y es adoptada como vos?”, y al ir con la novedad a mi casa no obtuve sino la explicación de que se trataba de una mentira y no debía darle importancia. Cosa que hice sin ningún reparo.
               Más allá de que como psiquiatra haya estudiado el tema en profundidad,  nunca terminaré de asombrarme de la simplicidad y complejidad del conflicto entre lo que se sabe y se niega, que básicamente es lo que implica la contradictoria  y ambigua vivencia de la adopción no develada. De la enorme tarea mental y emocional que conlleva, y de las numerosas consecuencias y efectos que tiene en la extensa red familiar, social y cultural que participa activa o pasivamente para impedir que lo que está a la luz se pueda ver, que lo que se oye con nitidez no se escuche y que lo que siente y se percibe se distorsione  o quede abolido. Aunque, aclaro, lejos estoy de atribuir todas mis dificultades, ni mucho menos,  al hecho de ser un hijo adoptivo. Por el contrario, me siento muy afortunado de serlo y no me imagino una vida distinta a la que he tenido, tan plena e intensa.
               Otra anécdota. Estaba en segundo año de medicina en Córdoba. No recuerdo en que materia, creo que Fisiología. Nos tocó estudiar los grupos sanguíneos. Hice los cálculos en relación al grupo sanguíneo de mis padres y me di cuenta que no coincidían con el mío. Tenía un dato cierto, preciso. Lo conversé  con ellos y nuevamente  lo negaron, lo que convalidé con mi silenciosa aceptación, sin ningún tipo de cuestionamiento.
               Ahora bien, aclaro que cuando me referí  al pacto de silencio no es un concepto que mencioné al azar sino que posiblemente constituye el eje de estas reflexiones  dado su efectividad y alcance, aún en estos días.
               Paso a desarrollarlo.
               Calculo que sería por el 78, en plena dictadura militar, cuando yo viajaba desde Comodoro  a Buenos Aires (haciendo caso omiso a la “recomendación” de no moverme de Chubut por parte de quienes me controlaban, es decir, los “servicios de inteligencia”) para hacer terapia y realizar mi formación de posgrado en psicoanálisis, psicoterapia y técnicas auxiliares en la clínica del Dr. Alberto Fontana (3), cuando se produjo un hecho sumamente significativo en mi vida.
        Ocurrió que en oportunidad de estar en una sesión con el Dr. Guillermo Kornblit (el inefable “Willy”, con el que aprendí mucho más que a ser un paciente) aconteció lo siguiente: al salir de la sesión, estando ya fuera del consultorio, me di cuenta – Willy ni se había dado cuenta – que me estaba llevando un almohadón del diván debajo de un brazo. Rápidamente, golpeé la puerta y se lo devolví, ante la perplejidad del Gordo que dijo “esto jamás me había ocurrido con un paciente”.  Obviamente salí desconcertado pero no le di mayor importancia salvo sentirme un tanto ridículo y confuso. Al otro día, intentando reconstruir lo sucedido, en un momento me propuso que me colocara en la posición que estaba antes de irme de la sesión. Al hacerlo se quedó observándome un rato y entonces me dijo  “lo único que se me ocurre es que pareces un jugador de rugby recostado con la pelota debajo del brazo”. El que me quedé perplejo, al escucharlo, fui yo. Luego de unos instantes reaccioné comentándole que tenía un paciente en tratamiento que era jugador de rugby y que había venido a la consulta por un conflicto con su… adopción.  Comenzamos a hilar más fino el resto de la sesión y Willy quedó convencido de que “yo no sé si lo serás, pero de que te sentís un hijo adoptivo no hay ninguna duda”.  (4)
        Ni bien regresé a Comodoro le dije a mi mamá que quería hablar con ella (mi papá ya hacía tiempo que había fallecido) y nos encontramos esa misma tarde.
        Así comenzó la conversación:
-                  ¿Por qué no me lo dijeron?-  le pregunté
                  ¿Y cómo te enteraste? - me respondió, antes que aclarase a que aludía mi pregunta.
Fue entonces que le transmití lo ocurrido en mi terapia ante el asombro y fascinación de ella. Luego de abrazarnos y llorar con gran emoción (puedo decir que casi sentí que la abrazaba por primera vez), me  contó  las pocas cosas que sabía sobre mi origen y nacimiento (5) y el porqué del silencio, al menos de parte de ella, (“porque papi no quería que te enteraras, pero además yo no te lo dije, porque nunca lo preguntaste en serio”) y del  gran alivio que sentía luego de tantos años de no poder decirlo. Yo entonces  tenía cerca de 30 años y ella alrededor de 70.
                Desde entonces en distintos momentos de mi vida investigué e intenté averiguar mi origen biológico por todos los medios a mi alcance. Esto es: durante años estuve preguntando, entrevistando familiares, conocidos, vecinos de distintos barrios en donde habíamos vivido, enviando cartas, haciendo llamados telefónicos,  mails, acudiendo a archivos, a algunos miembros de organismos de DDHH, recorriendo ciudades y pueblos, siguiendo cuanta pista estuvo a mi alcance, obteniendo hasta el momento solo datos probables, hipótesis varias y muchas historias posibles y otras casi fabulosas. Con el tiempo me di cuenta que todo era inconducente y decidí quedar a la espera.
                De lo que si pude estar seguro es de algunas cuestiones como por ejemplo de que soy uno de los pocos que aún no saben la verdad y de que muchas personas con que las he hablado tenían datos ciertos,  pero que algunos por convicción y otros porque no se animaron, prefirieron guardar silencio.
    Por convicción, porque en la época en que fui adoptado ser un hijo “ilegítimo” o  “bastardo” constituía un estigma, dado que testimoniaba una transgresión a las normas instituidas y las cuestionaba,  por cuanto una  adopción no era posible sin una red de complicidades que ocultara tal hecho,  es decir: el origen que debía encubrirse en pos de obstruir toda posibilidad de acceso a la verdad biológica. Cosa imposible si las hay. (6)
    Pero también porque como me dijo un familiar- contemporáneo de mis padres y  que con seguridad es uno de los portadores del secreto - cuando le pregunté si sabía algo de mi origen biológico:  “No sé para qué querés  saber, si lo importante es que tus padres son los que te criaron, y te aceptaron por vos mismo, sin averiguar de dónde venías, para amarte como su propio hijo, y cuando te adoptaron no solo ellos sino toda la familia te recibió sin reparos y te hizo uno más sin importar nada más, y averiguar o decir algo de tu origen era poner en duda el acto de amor de ellos y todos”. Palabras más, palabras menos. Es decir: lo afectivo y emocional como opuesto a lo legal,  la constitución simbólica de la identidad y de la pertenencia como contradictorio de la “concreta” constitución biológica (en una suerte de inversión del concepto de que “el yo es antes que nada un yo corporal”), como si lo biológico no entrañara una historia que lo complementa. (7)
    En cuanto a los que no se animan a dar a conocer lo que saben, indudablemente  perciben que hacerlo conlleva  el riesgo de hacer detonar  toda la trama de ocultamiento,  temiendo ser implicados en tanto partícipes del mismo.  El temor a revelar la “historia” pareciera proporcional a la magnitud de las infracciones, delitos o transgresiones, supuestas o reales,  ocultas en el secreto. ¿Hijo de madre soltera y padre casado? ¿De un patrón con la empleada? ¿De una dama con algún amante inoportuno? ¿De una prostituta con un “hombre de bien”? ¿De una joven traída de Chile por un matrimonio de una esposa infértil? ¿Dado en adopción o vendido? Son algunos de las variables que se me han planteado y de interrogantes  que dan cuenta de la enorme resistencia con que me encontrado en este arduo camino de querer saber cuál es mi origen biológico. (8)
                Como he mencionado no deseo abundar en detalles respecto a las consecuencias que ha tenido ignorar mi identidad biológica, pero quisiera  mencionar algunas cuestiones respecto a mi derecho a la misma.
    Derecho humano, si los hay, que me aún se me sigue arrebatando  y que me es vulnerado  injustamente, sin ningún tipo de reparo y con total impunidad. Y no se crea que no requerido la ayuda de profesionales del  derecho quienes me han planteado que todo es incierto. Que no hay garantías. Que los plazos han expirado. Que depende de quien tome la causa. (9)
    Invariablemente la respuesta ha sido la misma en todas partes. Mejor dejar todo como está. Para que andar hurgando en estas cuestiones que son cosa del pasado. Para que querer saber, más a esta altura de la vida. O sea: el sacrificio de la subjetividad (la mía) en pos de la “sobrevivencia” de una sociedad que no quiere asumir su grado de responsabilidad en la producción o construcción de la misma.
                Pero como no hay identidad individual que no sea a la vez producto una identidad social aún sigo a la búsqueda con el anhelo de que el silencio dé paso al compromiso con la (s) verdad(es).
    Estoy, sin duda, en tiempo de descuento,  pues  las posibilidades de un encuentro en persona con mis padres biológicos se van acortando y hago  público este testimonio con la esperanza de poder apropiarme íntegramente de mi vida, cosa a la cual también tienen derecho mis hijos, mi descendencia toda.

Miguel Angel de Boer  (**)

Comodoro Rivadavia, 9 de Agosto 2014 (fecha del cumpleaños de mi mama Anna)- 26 de Febrero 2015

DNI 7888294
Cel: 297 154 177547
               
            (*) Hace años que vengo pensando en escribir el presente y comencé a redactarlo hace aproximadamente un año. La cita de Ignacio Guido no es casual. Todo lo que aconteció con su aparición/recuperación me ha servido de estímulo para concluir el relato y la decisión de hacer público este testimonio (y pedido).
                (**) Apellido que se pronuncia: dəˈbur  en neerlandés o  debuur en afrikaans
(1) A ellos les he dedicado varios de mis poemas y relatos a lo largo de mi vida varios de los cuales se pueden encontrar en mi blog: www.lasbabasdelangel.blogspot.com.ar  . También fui miembro fundador y primer presidente de la Asociación de la Colectividad Sudafricana del Chubut, lo cual no fue ajeno a mi deseo de honrar su memoria.
(2) De lo cual yo ni me percaté, porque tantos mis padres como familiares (y creo que mis vecinos de Barrio Muelle también), montaron una escenificación memorable  para que no me diera cuenta de la situación. Recuerdo que una tarde mi mamá se fue porque “voy a tener a tu hermanita” y no regresó hasta el día siguiente. Me despertaron colocándola a Stellita en mi regazo y yo sentí una de las alegrías y felicidades más grandes de mi existencia, pues siempre había pedido por ella. Recuerdo también que después recorrí el barrio casa por casa compartiendo con una emoción incontenible y gritando  a toda voz “tengo una hermanita, tengo una hermanita” a mis vecinos. Fue un 25 de Marzo, instituido en Argentina como el “Día del niño por nacer”, y fui yo quien le eligió el nombre. También ella aún hoy ignora su origen biológico.
(3) De paso aclaro que guardo una gratitud infinita hacia Fontana y todo el equipo, pues fue el único que aceptó  atenderme luego de varios intentos que hice con diversos referentes de aquel entonces que me rechazaron tanto  debido a mi condición de ex militante como por efecto del miedo y terror imperantes. En ese  momento estaba exonerado de toda actividad profesional en el ámbito de instituciones tanto estatales como privadas porque me habían aplicado la “Ley de Seguridad”. De todo lo vivido durante la dictadura doy cuenta en un relato que se encuentra en la web “Breve relato de mis vicisitudes como terapeuta durante la dictadura militar”,  que estoy corrigiendo y ampliando para una próxima reedición.
                (4) Recuerdo haber salido de la sesión muy impactado, pues evocaba imágenes, situaciones, ideas que se asociaban, ahora innegablemente, a lo ocurrido. También recuerdo que entré en un negocio y el vendedor que me atendió (recuérdese que estábamos en la dictadura) lo primero que me preguntó fue si yo era militar. Cosa que me dejó turbado dada la situación que atravesaba. Ni que pensar si hubiera sabido, pues me enteré hace muy poco, que estaba con una orden de captura federal, además de  cual era una de las posibilidades de mi origen biológico paterno. También merece ser compartido lo que ocurrió con el paciente mencionado. Al enterarse de su adopción el proceso familiar que se desencadenó fue muy complicado, pues la madre no toleró que él quisiera saber cuál era su origen biológico. Tiempo después contrajo matrimonio y no recuerdo si luego de tener uno o dos hijos, murió en un accidente por demás increíble, llevándose – literalmente -  un poste por delante con una moto. Lo tengo entre uno de los recuerdos más tiernos por cómo era (simpático, locuaz, muy inteligente y afectuoso) y por lo que significó en mi vida. Tendría alrededor de veinte años, pues lo atendí cuando estaba terminando su secundario y lloré junto a su familia en su velorio y entierro.
                (5) Entre ellas que: “La abuela Adela nos avisó que ibas a nacer y fuimos con papi. Yo alcancé a verla a tu mamá. Era una morochita joven, muy linda. Estaba con los padres. Esperamos que nacieras y como cuatro horas después te llevamos a casa”. “No nos dijo quién era tu mamá ni tu papá y además no teníamos que preguntar nada, pero nos enteramos que ella podría haber sido de Santa Cruz, que los padres tenían una estancia, y que  había quedado embarazada de un hombre casado que podía ser….un militar, aunque habían otras versiones”. “La Abuela se llevó el secreto a la tumba”, dijo entre otras cosas.
                (6) En mi Acta de Nacimiento  no hay ningún dato que indique mi adopción, por lo que constituiría una apropiación ilegal, una sustitución, con participación y complicidad del Estado, pero que era común en aquel entonces y no se consideraba un delito en los términos en que se concibe actualmente.
                (7) La misma sociedad que enuncia de un modo absoluto que “parir un hijo que lleva la misma sangre” es la prueba indiscutible de la auténtica filiación, niega e impide a la vez, por todos los medios posibles, el genuino interés que puede tener un hijo adoptivo en conocer su procedencia biológica. Evidentemente no solo de sangre y ADN se trata.
                (8) Tanto a lo largo del ejercicio de mi profesión como psiquiatra, como en la ardua búsqueda que realicé en todos estos años, me encontré con un mundo paralelo en mi ciudad y en la región, que bien se comprende –al ir conociendo los actores en juego – se resiste a ser develado, y todo intento de ponerlo en evidencia genera una tensión que excede lo meramente individual, lo cual se manifiesta  desde las maneras más sutiles hasta las más grotescas.
                (9) En este sentido es auspicioso el Proyecto de Ley DERECHO A LA IDENTIDAD DE ORIGEN Y BIOLÓGICA presentado al Congreso de la Nación. 
 http://www.change.org/p/apoyo-para-que-se-trate-el-proyecto-de-ley-nacional-derecho-a-la-identidad-de-origen-y-biol%C3%B3gica



4-5 meses
6 meses
1-2 años
Con mi mamá

3 años
3-4 años
4 años

Con mi mamá (der de la foto), mi papá y sra e hija amigas (holandesas)
8 años
11- 12 años
Con mi hermana Stellita
Mis hijos cuando eran chicos: Emiliano (conmigo) y Manuelito