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sábado, 6 de mayo de 2017

Crecí con miedo (·)



            Miedo
                      crecí
                              con
            miedo

            Con oníricas vivencias
            de alegrías fantaseadas
            fue cierto lo que no era cierto
            la verdad escatimada

            Miedo
                       crecí
                               con
            miedo

            Busqué abrazar lo tierno
            el odio me contestaba
            mi mente buscó refugio
            en soledades doradas

            Miedo
                      crecí
                              con
            miedo

            Cómo explicar lo que siento
            no me alcanzan las palabras
            viví llorando mi muerte
            con burbujas de esperanza

            Miedo
                       crecí
                               con
            miedo

            Sé que el amor existe
            todo mi ser lo proclama
            más solo no puedo lo juro
            ni vos sin mí mi alma

            Miedo
                       crecí
                                con
            miedo


            Ignoro el porqué de estos versos
            en esta noche de madrugada
            si es mi historia o es tu historia
            o inconscientes remembranzas

            Miedo
                       crecí
                               con
            miedo

            Miedo te tengo miedo
            como un niño a sus fantasmas
            no obstante vivo viviendo
            conjurando tus acechanzas

            Miedo
                       crecí
                               con
            miedo

            No me doy por vencido
            mi esencia aún está intacta
            puedo cantar gozando
            si una mano me acompaña

            Miedo
                      te desafío
                                     miedo
            a otra batalla.


                                                   Miguel Angel de Boer                                                                    

            (·) Blues

            (·) Música: Pablo Kusselman

             Poema escrito en los 80´ y publicado en el "Poemas y Canciones" Ed. Último Reino. Buenos Aires- 2003 (agotado)

domingo, 8 de febrero de 2015

La negación



            Descripto como un mecanismo de defensa o un modo de afrontamiento ante estímulos (externos o internos) adversos, displacenteros o amenazantes, reales o no (que son percibidos, simbolizados o significados como tales), la negación consiste en una invalidación o minimización de los mismos (“atribuir o desatribuir una cualidad a una cosa”), descalificando su importancia, haciendo como que lo que existe -y es conflictivo, ambivalente o contradictorio - deje de existir, a los fines de mantener el “equilibrio”.
            Es un modo de no percibir lo que se percibe, sea consciente o inconscientemente, de un modo automático y reactivo o a partir de racionalizaciones - que no es lo mismo que razonar – cuyo objetivo es la justificación y no el establecimiento o la construcción de una verdad determinada.
            Es no querer enterarse de lo que ya se sabe. Uno – el yo, la conciencia- o la mente de uno. Las frases más comunes que se expresan cuando ya no se puede sostener tal posición son: “no puede ser”,  “no lo puedo creer”, “yo sabía”, “no”, “nada”.
            Mantener el control, de la ansiedad por sobre todo, implica un trabajo psíquico, corporal y conductual permanente, dados los numerosos  factores subjetivos o de la realidad material que inciden para promover un “desajuste”. El inexorable paso del tiempo es uno de ellos. Ni hablemos de los conflictos personales, familiares, sociales, políticos, pérdidas, situaciones traumáticas, etc.
            La negación es eficaz para poder vivir (no se podría afrontar todo permanentemente), pero es en su uso estereotipado, rígido, no realista, cuando se torna perjudicial. No es lo mismo minimizar un dolor de muela que aquel que puede ser producto de un tumor maligno. Precisamente porque al implicar otros mecanismos como la proyección (“le pasa a otro, a mí no”) o la disociación (que es lo contrario de la asociación e integración), ante la persistencia del o los conflictos o problemas, se va produciendo un agotamiento, un desgaste,  o bien el surgimiento de distintos síntomas que dan cuenta  de los mismos, a modo de señales de que “hay algo en todo esto que no anda”.
            Como suele ocurrir en el ajedrez, o cualquier deporte, es notable como los que miran de afuera ven con suma claridad el juego, cosa que no ocurre con los que están jugando. Los negadores son siempre los “últimos en enterarse”. Al decir negadores no me refiero a una atribución moral o ética, sino a un modo, o mejor dicho un aspecto, del funcionamiento mental.
            Producto de la omnipotencia, el miedo, la carencia de recursos (o la creencia de que no se tienen), de la sobrestimación del problema a resolver, entre otros factores, la negación opera evitando, eludiendo o postergando el reconocimiento y la aceptación de lo que aconteció o acontece. Hasta que todo lo barrido bajo la alfombra o el olor de la pérdida de gas se torna  ya insoportable o bien cuando es demasiado tarde y el daño es ya irreversible.
            Así, ese mantener a “raya” las percepciones intolerables, solo conducen a una paulatina distorsión de la(s) realidad(es), pues parte de la mente se encuentra distraída en tal labor, la mas de las veces infructuosa. A mayor negación más “software” ocupado, por así decirlo, por lo que el sistema se enlentece y va quedando menos “espacio” (en realidad: redes sinápticas), para ser utilizadas creativamente. Esto se manifiesta en las dificultades cognitivas (atención, memoria, anticipación, etc.), como emocionales (se produce una desregulación), dada la vulnerabilidad que se percibe y la frustración que conlleva. El mal humor, la depresión (“bajón”), la reactividad cada vez mayor, cuando no síntomas somáticos, accidentes , y otras manifestaciones, son expresión de ideas, sentimientos, fantasías, cada vez más insoportables por su discordancia con la situación que las desencadena.  
    En la medida que los deseos, las expectativas, los objetivos, se concretan cada vez menos, no queda sino o bien seguir subiendo la apuesta de la negación - corriendo el riesgo de un colapso-, o bien evaluar adecuadamente las posibilidades subjetivas y objetivas de su factibilidad.
            Aunque, cabe agregar, la negación es también muchas veces la consecuencia de la impotencia y la pérdida de esperanza. De un lento y gradual aprendizaje de indefensión. De un irse convenciendo  de que se piense lo que se piense, se haga lo que se haga, no hay ninguna posibilidad de modificar ni transformar en uno mismo o en el entorno algo que permita resolver los problemas, superar los conflictos, afrontar los escollos, para lograr una realización que posibilite el crecimiento y la felicidad o la paz. La negación es entonces, un modo de configuración que permite una adaptación, aunque sea forzada, a una sociedad y un mundo donde los sueños están condenados a extinguirse, por sentir que son siempre imposibles.
            Tomar conciencia de ello – darse cuenta – daría lugar sino a su realización, si a la posibilidad de intentarlo haciéndonos cargo, responsabilizándonos de nuestra existencia, y de que si muchas veces “solo queda niebla”, también “es tiempo de andar y seguir y no frenar, es tiempo de amar, de creer en algo más…”.
           
            Dr. Miguel Angel de Boer
            Comodoro Rivadavia, Febrero 2015
            Médico Psiquiatra – Psicoterapeuta
            miguelangeldeboer@yahoo.com