sábado, 14 de noviembre de 2015

Thánatos (*)


    En un texto que data del año 1920 y que lleva por título “Más allá del
  principio del placer”, Sigmund Freud postula la existencia de las por
  él denominadas “pulsiones de muerte”. Hipótesis debatida en el curso
  de la historia del psicoanálisis, dichas pulsiones (empuje) darían cuenta, según
  Freud, de la tendencia que tiene el ser humano hacia su propia destrucción.
    Por oposición a Eros (“pulsiones de vida”) y en una lucha permanente
  por imponerse, Thánatos (dios de la muerte en la mitología griega) actuaría
  poniendo en juego la agresión y la destructividad en la búsqueda del retorno
  (psíquico) a un estado previo, de la ausencia absoluta de conflictos, en pos de
  la calma definitiva, de la inorganicidad, en fin, de la muerte.

    La historia
    De la humanidad, claro está, pareciera darle la razón al obstinado vienés.
    Con motivo de una carta que le enviara Albert Einstein en 1932 respecto a
  su inquietud por el origen psicológico de las guerras, Freud reitera sus conceptos
  y cierto escepticismo respecto a la posibilidad de que en algún momento de
  su evolución, los seres humanos pudieran llegar a convivir sin la necesidad de
  destruirse entre si (paradójicamente lejos estaba Einstein de imaginar el uso
  mortífero y devastador que le daría a sus descubrimientos, cuando planteaba
  su preocupación respecto de la paz).

    El desarrollo
    El desarrollo psicológico del ser humano está determinado por una secuencia
  que signa su existencia: nace inerme ante los medios que lo rodean, queda
  expuesto a frustraciones constantes; éstas generan una vivencia de displacer que
  deviene en agresión y sólo a partir de sucesivas experiencias de placer y satisfacción
  (amor y ternura) puede incorporar la capacidad de tolerar el dolor psíquico,
  superar los sentimientos de rabia y odio, para poder así dar curso a su capacidad
  creativa, como modo de expandir su mente en un sentido constructivo.

    La sociedad
    Requiere de un ordenamiento para lograr su subsistencia. Y del “gobierno”
  de la intrincada trama en la que se expresa la relación entre sus miembros,
  depende la regulación de sus tan variados y contradictorios intereses.
    La puja social, económica, política, cultural, está ensamblada en las necesidades
  de los distintos sectores sociales y de cada ser humano en particular. En
  tanto dichos intereses buscan imponerse por sobre los ajenos, surgen entonces
  las desigualdades y la injusticia.
    El desmembramiento actual del mundo “conocido” (con sus reglas de juego,
  sus precisas ideologías, sus delimitadas fronteras) sume al individuo en una
  atmósfera de desamparo y temor, donde nada pareciera brindar la seguridad
  de lo certero.

    La agresión
    Las pulsiones destructivas de muerte encuentran en este “nuevo” mundo
  amenazante, un terreno fértil en donde manifestarse.
    En la vida cotidiana, en el ámbito de la familia, del trabajo, del estudio; a
  nivel personal, en la intimidad, en las relaciones públicas y privadas.
    Y de tanto en tanto, hacen su ostentación más visible en episodios que,
  por su magnitud, convocan a una toma de conciencia ineludible por parte
  del conjunto de la comunidad, de la sociedad. En dichas circunstancias, nos
  vemos remitidos a nosotros mismos; puesto que nos inducen a determinar
  con responsabilidad hasta qué punto nuestras actitudes, nuestros actos -y los
  de quienes rigen nuestro destino- están supeditadas o sometidas a Thánatos o
  por el contrario, posibilitan que Eros logre su primacía.

    Miguel Angel de Boer
    Abril, 1992

    (*) Incluido en el libro: Desarraigo y Depresión en Comodoro Rivadavia y otros textos .

domingo, 6 de septiembre de 2015

Mi testimonio en el libro "Genealogía del recuerdo (Hacer aparecer las siluetas)" de Angelina Uzín Olleros (*) (**)



Seguir trepando la vida

Miguel Angel de Boer


Psiquiatra. Autor del libro Poemas y canciones.


¿En qué circunstancias usted ha tenido relación con la desaparición forzada de personas?

Indirectamente por primera vez en el año con motivo de la desaparición de Martins y Centeno a fines del 71 y luego el matrimonio Verd, Pablo Mestre y Mirta Misetich por ser los primeros desaparecidos que tenían que ver con la militancia de aquel entonces. Posteriormente durante la dictadura militar de 1976 a raíz de su accionar, en relación a amigos y compañeros que fueron apresados y de los no se tenía noticias. Aunque en realidad hube de enterarme realmente de lo ocurrido, su desaparición forzada, a partir del Juicio a las Juntas, y más precisamente por la publicación del Diario del Juicio, donde por primera vez supe lo que realmente había ocurrido. Tal el aislamiento en que me encontraba en la ciudad en donde vivía (y vivo aún) debido al control ejercido por las fuerzas de seguridad sobre mi persona durante todo ese período.

¿Cuál ha sido su situación en la dictadura de 1976: preso político, detenido desaparecido, exiliado?

A partir de los primeros meses del golpe fui detectado (al no haber podido concretar mi intención de ir al exterior luego de obtener mi título de médico) en razón de que se promovió mi nombramiento en el hospital estatal al que asistía circunstancialmente, lo que motivó mi expulsión y la aplicación de la llamada Ley de Seguridad.  A partir de entonces padecí un verdadero insilio, en el sentido de estar exiliado en mi propio país, debiendo soportar persecuciones, interrogatorios, amenazas, con un severo control en mis actividades y relaciones personales. Todo lo cual fue atenuándose con el correr de los años. He narrado esta experiencia en el texto “Breve relato de mis vicisitudes como terapeuta durante la dictadura militar”, que presenté en el 1er Congreso de Salud Mental y DDHH organizado por Madres de Plaza de Mayo.

¿Cómo define usted a la víctima, en su caso, y a partir de qué momento fue una víctima del Terrorismo de Estado en Argentina?

Considero como tal a todo aquel sobre quien se ha ejercido un efecto destructivo (físico, moral, mental, afectivo, económico, etc.) desde un lugar de poder, fuere cual fuere, dada la posibilidad, valga el término, de hacerlo. En tal sentido lo fui desde el momento en que se produjo el golpe, tanto directa como indirectamente. Aunque ya había padecido la cárcel y la tortura con anterioridad, pues estos métodos se aplicaron con mucha anterioridad al golpe del 76 y fueron, en gran medida, un preludio del mismo.

¿Cuándo deja usted de ser o de sentirse una víctima?

Nunca. Lo que no es lo mismo que superar la victimización, es decir, la identidad en que la uno es sumido en una situación traumática padecida, o sea su superación. Precisamente uno de los objetivos del Terrorismo de Estado fue no solo la aniquilación de los que consideraba sus oponentes, sino la de victimizar a los sobrevivientes y a la sociedad toda, como modo de impedir a largo plazo su cuestionamiento y más aún su derrocamiento y por sobre todo, la prosecución de un modelo de sometimiento mas allá de su propia existencia o ejercicio del poder por sus propios medios.

¿Ha participado en los Juicios a las Juntas o en los Juicios que se reabrieron después de la anulación de los indultos?

Si bien me fue planteada tal posibilidad en caso de ser necesario no he participado en ningún juicio hasta el momento.

¿Qué momentos pos dictadura destaca como más relevantes con relación a la justicia: el Juicio a la Junta Militar y la creación de la CONADEP; la anulación de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida, la anulación de los Indultos? ¿Por qué motivo ha elegido esa opción?

Todas fueron relevantes, tanto positiva como negativamente, aunque personalmente – y en mi práctica profesional también lo vivencié con pacientes afectados que atendía en ese momento– los Indultos fueron tremendamente impactantes por sus efectos traumáticos, así como su anulación tuvo efectos sumamente reparadores.

Una víctima ¿deja de ser víctima en algún momento o su destino será siempre marcado por ese momento de total indefensión?

Retomando lo que respondí en la pregunta 4, creo que nunca, pero sí la posibilidad de no quedar victimizado, dependiendo esto de la intensidad de lo vivido y de los recursos para tolerarlo y para su elaboración posterior, donde la Memoria, la Justicia y el castigo a los victimarios, esto es, la no impunidad por los actos cometidos, son factores de suma importancia para ello.

¿Cuál es la responsabilidad de la sociedad civil frente al reclamo de justicia por parte de los damnificados, los familiares y la restitución de hijos?

Varía según los distintos momentos o etapas y también los distintos sectores. Ha sido en parte víctima y en parte cómplice. Décadas de sometimiento y autoritarismo (ideológico, político, económico, religioso, cultural) posibilitaron las tremendas experiencias vividas. Pero sin lugar a dudas cuanto más profunda y amplia la toma de conciencia del conjunto, mayor posibilidad de que el reclamo logre concretarse satisfactoriamente.

¿Qué palabras destacaría usted con relación a su experiencia o a la de sus familiares en la historia reciente del país signada por la Dictadura en manos de genocidas?

               Con este poema de mi autoría:

RIMEMBERES

TIEMPO

Si te preguntan

cuanto te tuvieron
cuanto te torturaron
cuanto hace que te pasó  
                       
Es porque ignoran 

que allí donde se vive la muerte
                                              los días
                                                       las horas
                                                                los minutos
                                                                       los segundos
                                                                               son fugaces y eternos


ACLARACIÓN

Lo que ustedes tienen que entender
es que:
            como se portan mal
            les tenemos que hacer chas chas en la cola

Y…ahora hablá pibe…o te reviento…hijo de puta…!!!


 HIGIENICOS

I

Uno de ellos
agotado
dejó de pegarme
y se puso a lavar la vajilla
       (la puta que los parió,  aquí nunca limpia nadie)
Luego
acomodó las cosas
se secó las manos mirándome
con la mirada mirona
y continuó apaleándome
me / ti / cu / lo / sa / men / te

II

Me voy a dar una ducha dijo
          mientras se secaba la frente
          (tras haberlos torturado salvajemente)
porque si hay  algo que no soporto es este olor a judío de mierda que se  me impregnó en la piel

Regresó al rato
más fresco
y de muy buen humor


dios

En el preciso instante
de infligir
               el máximo dolor

un orgasmo


RESISTENCIA

Estaban convencidos de que resistía
porque me consideraban
            ideológica/política/moral/física
            y mentalmente
            fuerte
En tanto yo evocaba
            con mi cuerpo desolado
el ruido del mar
acariciando la arena y el pedregullo de mis playas

y una frescura luminosa penetró en mi pecho
encegueciendo de vida a la muerte


CUESTIÓN

El asunto es como lograr
seguir siendo
en medio del atroz desamparo del espanto


MONTAND

Cuando me los cruzo en la calle
me acuerdo de Ives Montand en La Confesión

Y siento pena
              por él

              por Montand


PARA COLMO

Uno cree que después de eso
al menos ya no habrán  mas dolores
tan dolorosos
en la vida


LA REVANCHA

No olvidarla
No olvidarlos
No olvidarnos

Seguir trepando la vida
Cabalgarla
Revolcarnos en ella

Hasta dejarla exhausta
De tanto vivirla


 (*) Editorial ARANDU. Goya, Corrientes. Argentina. 2015
(**) Presentado en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (ex ESMA), Buenos Aires, el 27/08/15



lunes, 20 de julio de 2015

Amiga (*)



Fui a conquistarte
siendo un niño asustado
y me recibiste
      sin tenerme en cuenta

 Me hiciste crecer
      a los golpes
y porque no
      a las caricias

 Te conocí de a poco
y me conociste
      a los saltos
Conocerte fue conocerme
y me dejaste
      abandonado

Te amé con toda mi vida
Te odié con toda mi alma

Me diste tanto
y me quitaste
       todo

Yo fui vos
y vos fuiste
        yo
Y aún recuerdo tu luna
tus fríos
tu regazo

Me alentaste
      y perseguiste

Te canté
      y me cantaste

 Me hiciste hombre
      me empequeñeciste

Supe del horror
      y la esperanza

Y quise olvidarme de vos
olvidándome
de mi
      sin poder

Y en mis noches de duelo
que son también de regocijo
porque aún no muero
      (y he muerto tantas veces que ni yo lo creo)
mi corazón me dice que
      Córdoba amiga
            todavía
                  te quiero.

Miguel Angel de Boer

(*) Poema que escribí hace ya varias décadas.

sábado, 21 de marzo de 2015

EL BRINDIS ("Adagio..) (*)



Confieso que ni bien comencé a ver las luces de la ciudad, ya próximos al aeropuerto, el miedo me invadió sorpresivamente al tiempo que se sucedían, una tras otra, imágenes de aquel entonces.

Si bien habíamos atravesado una ( "En mi país que tristeza, la pobreza y el rencor")inquietante turbulencia - que por un momento temí fuera un mal presagio -, supe que se trataba del mismo miedo de mierda que por mas de veinte años me había impedido regresar a mi querida Córdoba, la "docta".

Llegaba ahora sin saber con que me iba a encontrar luego de tanto tiempo, a la vez que con el entusiasmo de concretar un retorno ("Dice mi padre que ya llegará desde el fondo del tiempo otro tiempo") ciento de veces postergado. Aunque en verdad, mi anhelo era poder reencontrarme al menos con algunos de mis compañeros y amigos, y recorrer esas calles y plazas que tanto había añorado a la distancia.

Ya en tierra, una noche calurosa y estrellada me transportó inmediatamente a aquel verano del 67' cuando llegué por ("sobre un pueblo que sueña labrando su verde solar") primera vez, lleno de dudas e ilusiones, a estudiar medicina. Ya camino al centro y a medida que hacíamos el recorrido, para mi sorpresa, fui reconociendo calles y lugares que tenía por olvidadas definitivamente.

Fue así que, casi sin darme cuenta, y luego de contemplar embelesado la Plaza Vélez, cumplí con un deseo que me había prometido antes de salir de Comodoro: tomar una fresca cerveza al ("En mi país que tristeza, la pobreza y el rencor") borde de la Cañada, acompañado por mi hijo Manuel y atendidos por una joven, tierna y simpática moza, que me recordó el encanto y la frescura de las mujeres cordobesas. 

Bueno, no solo de las cordobesas.

Lo que vino después será motivo, tal vez, de otros relatos, porque quiero ahora compartir mi reencuentro con ellos: mis compañeros, mi familia, mis amigos.

Enterados de mi presencia el mismo viernes que llegué, quedamos en comer un asado el domingo al mediodía. Ignoraba quienes iban a asistir, lo que acrecentó aún más mi excitación ("Tu no pediste la guerra madre tierra, yo lo sé") y mi impaciencia. Si bien tenía alguna información, no sabía realmente quienes habían sobrevivido, a quienes se iba a poder ubicar y además habían transcurrido casi treinta años desde que nos viéramos por última vez, con muchos de ellos.

Tras haber pasado una noche bastante agitada, salí a la "reunión" con una mezcla de curiosidad y temor, de angustia y euforia, en tanto ("Dice mi padre que un solo traidor puede con mil valientes") los recuerdos se iban agolpando de un modo errático y vertiginoso, atravesando mi cuerpo y mi mente en un torbellino imparable.

Cuando me iba acercando a la casa, bajo un sol espléndido y un cielo azul como la vida, mi corazón comenzó a palpitar intensamente al ver ("él siente que el pueblo en su inmenso dolor") , maravillado, que todos me estaban esperando en la vereda y caminaban lentamente a mi encuentro.

Fue entonces que un fulgor indescriptible se desparramó por mi pecho, casi hasta el aturdimiento.
Porque me parecía imposible.
Porque tantos  años  tantos, tantos sufrimientos tantos, tanto dolor, tanto, tanto espanto, tanto, se desvanecían en un instante ante ese milagro que ("hoy se niega a beber en la fuente clara del honor") estaba presenciando: algunos de los seres mas queridos de mi vida, se encontraban, juntos, aguardando mi llegada.
Y allí, en la vereda de un barrio cordobés, me sentí, de golpe, el ser mas afortunado de la tierra.
Primero vino la Gorda, casi corriendo, con los brazos abiertos como para atraparme a la distancia. Con sus bellos ojos encendidos, exclamando mi nombre emocionada (y yo el de ella), hasta que ("Tu no pediste la guerra madre tierra, yo lo sé") nos fundimos en un abrazo tan profundo que nos llegó hasta el alma.
Querida Gorda.
Un poco mas allá se encontraban Juan (con su rostro siempre generoso y deslumbrante, a pesar de su evidente parálisis) con su esposa y una de sus ("En mi país somos duros, el futuro lo dirá") hijas, a quien yo conocí de pequeña. Y juro que los brazos no me alcanzaban para acunarlos en mi pecho.

Queridos amigos.

Después nos dimos un abrazo, que hubiéramos querido prolongar eternamente, con el Negro, con quien compartimos tantas cosas que no nos bastaría lo que nos resta de existencia para poder recordarlo.

Querido compañero.

Fue entonces que estallé en un llanto incontrolable, desgarrador, de dolor y de dicha. Con lágrimas que tenía acumuladas vaya a saber desde ("Canta mi pueblo una canción de paz") cuando, pero seguro que no menos de tres décadas, por no decir toda la vida.

Queridos compañeros.

Después hablamos, nos contamos, nos preguntamos: "pero que linda que estás", "te acordás la vez que.", "supiste que se murió la Negra Marta" "no me digas. puta madre..", "pero estás igual que siempre hijo de puta", "nunca supe como fue la muerte de la Flaqui","el Loco también está vivo", "yo de haber sabido donde estabas te hubiera entregado, porque me interrogaban poniéndole la pistola en la cabeza a mi hijo...quiero que lo sepas, perdoname.", "...dejate de joder...estamos todos juntos ahora,¿no?...", ("detrás de cada puerta está alerta mi pueblo") ,"y tu amigo...¿se murió?"..."bueno, en realidad se suicidó…", "no me digas…", "¿a vos también te torturaron en el Cabildo?" ,"yo de pedo no fui a parar a La Perla", "me acuerdo en el Cordobazo...", nos miramos, nos tocamos, nos besamos. Reconociéndonos. Redescubriéndonos.

Evocando y reconstruyendo un pasado que resurgía a borbotones con recuerdos que habían quedado sepultados hasta su inexistencia y que afloraban ahora intactos ("y ya nadie podrá silenciar su canción") o bien para ser corregidos, cotejados, comparados. Como si el olvido (ese olvido) los hubiera estado protegiendo hasta este prodigioso momento.

Deleitándonos con uno de los asados más sabrosos que comí en mi vida, en la mesa más bella del mundo, felices todos, hasta el infinito, de estar juntos otra vez.

La tarde fue transcurriendo ("y mañana también cantará") serena y apacible, como si no nos hubiéramos dejado de ver nunca.

Con la misma confianza y franqueza de entonces. Con el mismo afecto. Con nuestras vivencias intactas. 

Poniéndonos al día como podíamos. Haciéndonos regalos, mirando fotos, develando dudas, confusiones, malentendidos.

En tanto, seguíamos pendientes de la (“En mi país somos duros, el futuro lo dirá") televisión para saber los resultados de las elecciones en Uruguay, apostando a Tabaré y los tupas, claro.

¡Y yo enterándome, después de casi treinta y cinco años de habernos conocido, que el Negro es un bostero!

¡Y todos cagándonos de risa cuando le dije que de haberlo sabido lo hubiera batido para que se quedaran con un hincha menos!

¡Y yo conociendo a mis (“En mi país que tibieza cuando empieza a amanecer") sobrinos y a sus hijos, que con los otros chicos estaban disfrazados porque era Halloween, sintiendo que tiempos disímiles se superponían y entrelazaban mágicamente!

Y mas recuerdos. Y mas anécdotas.

Armando rompecabezas y rompecorazones.

Y mas abrazos. Y más besos. Y más caricias. Y mas miradas. Iluminadas. Dignas. Serenas. Transparentes.

A pesar de todo lo ocurrido.

O por ello mismo.

Fue así que, en un ("Dice mi pueblo que puede leer en su mano de obrero el destino que va a recorrer") momento, decidimos realizar un brindis.

Y lo hicimos: de pie, alzando nuestros vasos y copas, chocandolos unos con otros, con y por la emoción de estar vivos.

Brindando por todo.

Celebrando por todo.

Si, por todo.

Por todos.

Porque estábamos todos.

Porque no sé si para los demás, pero puedo asegurar que para mí no faltaba nadie.

Ni Mary, ni Marta, ni Alfredo, ni Raúl (" y que no hay adivino ni Rey que le pueda marcar el camino que va a recorrer") , ni Aldo, ni el Gringo Tosco, ni el Che (cuyas sendas pequeñas esculturas, realizadas por el magnífico artista Carlos Benavidez, recibí de obsequio), ni el gordo Varas, ni Mena, ni Papillón, ni el Cuqui, ni Nené, ni Yiyí, ni el Tano Carlos, ni Rubén, ni tantos que ya no están, pero siguen y seguirán existiendo, por siempre.

Porque brindamos por ellos y por nuestros sueños mas ("En mi país que tibieza cuando empieza a amanecer") apasionados.

Por todo aquello que compartimos, en las buenas y en las malas, con nuestras convicciones y nuestros ideales.

Por nuestra lucha.

Con alegría.

Con coraje y decisión, pero sin perder la ternura.

Jamás.

Y no la perdimos.

Doy fe.

Miguel Angel de Boer
Comodoro Rivadavia, Marzo, 2006

"En mi país somos miles y miles
De lágrimas y fusiles
Un puño y un canto vibrante
Una llama encendida, un gigante
Que grita: adelante, adelante.

En mi país brillará
Yo lo sé el sol del pueblo
Arderá nuevamente
Alumbrando a mi tierra"


Alfredo Zitarrosa

(*) Escribí la primera versión de este relato en Noviembre del 2004 con la idea de compartirlo en las fiestas de fin de año, pero fue cuando ocurrió la tragedia de Cromagnón y desistí de hacerlo frente a lo conmoción en que nos sumió a todos.
El tiempo ha ido pasando y siento que al cumplirse 30 años del golpe, puedo hacer nuevamente es Brindis con todos.
La foto con Mary (María Haydée Rabuñal, mi primera esposa, fallecido), es  del 74/75 aproximadamente.

miércoles, 18 de marzo de 2015

TO CALETA CORDOVA (*)

I long for that time
back then in Caleta
where life
was not nostalgia
of alcohol and parties
doors open
and a beautiful park
where I played

Afternoons resting
the smell of seaweed
motor boats populating
the green waters,
while a dinghy
spread its nets
accompanied
by a restless seal


Workers
planting fruit
opening tracks
for the next day
on gangplanks
or receiving
sleepless boats
taking the soul away

Mixture of languages
and customs
the whole world
had in my childhood
Spaniards Italians
or provincials
and even a Korean
along the beach

But the lobster
took everything
killing green
killing desire
even homes
were dissolved
along with them
hopes

I went looking for
my own story
and the memory of you
went with me
now I see you
still so tender
that the stars
dance and sing

Do not grieve
do not fade away
Women and men
still love you
honeys from heaven
move waves
so that you may vibrate
and be thus reborn

Miguel Angel de Boer

Caleta Córdova is located a few miles north of Comodoro Rivadavia. It was a typical "ypefiano" [Yacimientos Petrolíferos Fiscales] camp (before the privatization of the Oilfieds in the 90s. The poem is already decades old.


(*) Traducción de Robert “Bob” Gurney, Londres 14/03/15


A CALETA CORDOVA

Añoro ese momento
en ese entonces en Caleta
donde la vida
no era la nostalgia
de alcohol y fiestas
puertas abiertas
y un hermoso parque
donde jugué

Las tardes de descanso
el olor de las algas
barcos de motor que pueblan
las aguas verdes,
mientras que un bote
extendido sus redes
acompañado
por un sello inquieto


Trabajadores
plantación de frutas
la apertura de pistas
para el día siguiente
en pasarelas
o recibir
barcos de insomnio
teniendo el alma de distancia

Mezcla de idiomas
y costumbres
todo el mundo
tenido en mi infancia
Españoles italianos
o provinciales
e incluso un coreano
a lo largo de la playa

Pero la langosta
 tomó todo
verde matando
matando deseo
incluso casas
se disolvieron
junto con ellos
esperanzas

Fui a buscar
mi propia historia
y el recuerdo de usted
se fue conmigo
ahora te veo
siendo tan tierno
que las estrellas
bailar y cantar

No te aflijas
no se desvanecen
Mujeres y hombres
aún te amo
mieles del cielo
ondas de movimiento
para que pueda vibrar
y ser así renacer

Miguel Ángel de Boer

 Caleta Córdova se encuentra a pocos kilómetros al norte de Comodoro Rivadavia. Fue un "ypefiano" típico [Yacimientos Petrolíferos Fiscales] campamento (antes de la privatización de los Oilfieds en los años 90. El poema ya tiene décadas de antigüedad.

viernes, 13 de marzo de 2015

A CALETA CORDOVA (*)



         Añoro un tiempo
            allá en Caleta
            donde la vida
            no era nostalgia
            de alcohol y fiestas
            puertas abiertas
            y un parque bello
            donde jugaba

            Tardes dormidas
            aromas de algas
            lanchas poblando
            las verdes aguas,
            mientras un bote
            tendía sus redes
            y un lobo inquieto     
            lo acompañaba

         Trabajadores
            sembrando frutos
            abriendo huellas
            para el mañana
            en pasarelas
            o recibiendo
            barcos insomnes
            llevándose el alma

            Mezcla de idiomas
            y de costumbres
            el mundo entero
            tenía en mi infancia
            gallegos tanos
            o provincianos
         y hasta un coreano
            allá en la playa

            Mas la langosta
            arrasó con todo
            matando verde
            matando ganas
            hasta las casas
            fueron deshechas
            junto con ellas
            las esperanzas

            Me fui buscando
            mi propia historia
            y tu recuerdo
            me acompañaba
            ahora te veo
            sigues tan tierna
            que las estrellas
            danzan y cantan

            No te acongojes
            no desvanezcas
            mujeres y hombres
            aún te aman
            mieles del cielo
            agitan olas
            para que vibres
            y así renazcas

            Miguel Angel de Boer


 (*) Caleta Córdova esta situada a unos pocos km al norte de Comodoro Rivadavia. Era un típico campamento "ypefiano" (antes de la privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales en la década del 90). El poema tiene ya sus décadas.